Rosas

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viernes, 27 de diciembre de 2013

Los muchachos rosistas de San Martín

Por le Prof. Jbismarck

Corría el año 1946 y un grupo de la juventud nacionalista, cuya acción y pensamiento enfrentaran al régimen imperante durante la denominada “década infame”, integrado por un significativo núcleo de escritores e investigadores, se habían dado a la ímproba tarea de terminar con la falacia de historia falsificada y por medio de sus obras de investigación y divulgación, inauguraron la corriente intelectual más importante, que se haya producido para la recuperación de la cultura nacional : El Revisionismo Histórico, afianzado a partir de la fundación en l938 del Instituto de Investigaciones Históricas “Juan Manuel de Rosas”.
El distrito de general San Martín con una rica historia, por el registro de hechos y personajes de relevancia, también contaba por aquel entonces con un grupo de personas con ideales nacionalistas, en su mayoría jóvenes, dispuestos a continuar dando su cuota de sacrificio para afianzar los ideales y hacer justicia.
Una justicia sobre todo la póstuma, que se les debían a los héroes olvidados y calumniados por “la historia oficial”, que impusieron los beneficiarios herederos de Caseros y Pavón. Una de esas tardes al finalizar las jornadas de estudio y trabajo, varios jóvenes de aquella época, se hallaban comentando los sucesos recientes y haciendo planes y proyectos concordantes con la auspiciosa perspectiva, en el Bar del Club General San Martín (Uno de los memorables lugares, que como El Bar Alemán de don Emilio, la Confitería San Martín, o el clásico “Fortín” de turno) daban rienda suelta a entusiastas reuniones políticas o intelectuales.
En determinado momento se sumó al grupo el entonces aventajado estudiante de medicina Héctor Pedroza, venía del “centro”, pues entre otras virtudes era dirigente estudiantil a nivel nacional y comentando las últimas novedades y entrevistas del día, mencionó una realizada con dirigentes del Instituto Juan Manuel de Rosas. Al tiempo que sugirió: “qué les parece si organizamos una misa y un homenaje al brigadier Juan Manuel de Rosas, con motivo del próximo aniversario de su muerte”.
La iniciativa fue acogida de inmediato como una consigna, ahí se formó la Comisión de Homenaje, se organizó el programa y de allí se llevó a la acción. A la imprenta de Mariano se le ordenó la confección de las invitaciones y circulares aprovechando un original grabado del Restaurador que le conocíamos; a la Florería El Buen Gusto se le encargó una espléndida ofrenda floral de claveles rojos, se cursaron las comunicaciones pertinentes a la Municipalidad y a la Policía. Así también se enviaron invitaciones especiales, principalmente al Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, ubicado entonces en la sede de la calle Perú 359 de Capital Federal, y a notorias personalidades del Revisionismo Histórico.
Dos gestiones paralelas que merecen reseña detallada, por sus diferentes matices y connotaciones, fueron las realizadas ante el entonces cura párroco Dr. Clovis Fernández Mendoza, por una parte y el director del semanario local El Noticioso, Sr. Ortega por la otra. Al padre Clovis (ferviente admirador del ilustre Restaurador) se le solicitó que oficiara la misa recordatoria y también como responsable del semanario parroquial San Martín la inserción – en recuadro- de la solemne convocatoria a sendos homenajes. Ambos pedidos fueron satisfechos sin ningún tipo de condicionamiento por el párroco y así sucesivamente en cada año u oportunidad.
Cuando tomó estado público el propósito reivindicatorio de aquellos muchachos de San Martín y como era de esperarse, se sucedieron por un lado las adhesiones y felicitaciones por la “valiente iniciativa” y por el otro las recriminaciones airadas ente la osadía de glorificación al “tirano”. Indudablemente el clima todavía no de buenas a primeras con semejante homenaje, nada menos en la iglesia parroquial, y ante una sociedad política y cultural, fuertemente atada a los preceptos liberales, donde la “alta burguesía lugareña”, continuaba ligada a los intereses económicos de las grandes empresas extranjeras y sucedáneas nativas.
No obstante pese a las presiones recibidas, desde los ámbitos de actuación social y laboral, hasta llegarse a enojosas situaciones entre viejas amistades, aún las propias familias; los muchachos de San Martín siguieron adelante y concretaron su propósito. En una espléndida mañana de marzo de 1947 y ante una concurrencia que colmaba la nave principal del Templo de Jesús Amoroso se llevó a cabo el oficio religioso. Acto seguido y tal como estaba previsto, la Comisión de Homenaje y asistentes ya en la Plaza principal, depositaron la Ofrenda floral al pie del Monumento al Libertador, cuya cinta patriótica decía: Al Heredero del sable del Gran Capitán de los Andes.
Luego con gran fervor patriótico se entonó el Himno Nacional, finalizando el acto con entusiasta vivas a la Patria, al General José de San Martín y a Juan Manuel de Rosas. Cabe destacar que respondiendo a la convocatoria, se había hecho presente la delegación del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, encabezada por su Secretario General, Manuel Visozo Gorostiaga y el miembro de la Comisión Directiva Alberto Contreras, quienes luego de felicitar efusivamente a los organizadores, los invitaron a concurrir a la sede del Instituto para sumarlos a las tareas y objetivos reivindicatorios que con eficacia venía cumpliendo la entidad desde la década del 30. Que más podía esperar aquella juventud, allí estaban ese día como en jornada de triunfo, se sentían dueños de la Plaza, allí se quedaron largo rato, recibiendo saludos y adhesiones de los concurrentes.
Y bien respondiendo a la invitación, pocos días después, los muchachos de San Martín, concurrieron a la sede del Instituto Rosas de Capital Federal, que se hallaba en la vieja casona de la familia González Del Solar Dorrego, ubicada en Perú 359 de Capital, que fuera testigo de los primeros diez años de actividad de la entidad, uno de los períodos más prolíferos y trascendentes del Revisionismo Histórico. El recibimiento fue extraordinario, mezcla de sencillez y señorío, nada menos que, por parte de directivos e historiadores como el que ejercía la presidencia en esos momentos Julio Irazusta y al que lo acompañaba Visozo Gorostiaga, Antonio Villamil, Alfredo Ortiz de Rozas, Julio César Corvalán Mendilaharzu y Alberto Contreras. En esa ocasión extraordinaria, los visitantes pudieron apreciar la importancia que significaba adherirse a la patriótica labor del Instituto. De ahí mismo salieron con el propósito de constituir la Filial de San Martín, a cuyo efecto los directivos los habían muñido de todos los elementos necesarios, y lo que fue más importante, el aliento y el respaldo de sus famosos integrantes.
Por el Instituto Rosas de Gral. San Martín, pasaron y brindaron su capacidad e ilustración destacadas personalidades del Revisionismo histórico como: Manuel Visozo Gorostiaga, José María Rosa, Julio C. Corvalán Mendilaharzu, Ramón Doll, Federico Ibarguren, Marcelo Barros, Alberto López Fidanza, Juan Pablo Oliver, Alberto Ezcurra Medrano, Oscar Suárez Caviglia, Ricardo Font Ezcurra, Jorge María Ramallo, Jaime Gálvez, etc. La memoria, el archivo en su justo valor histórico brinda el aporte en que cada oportunidad brindaron estos historiadores que tanto han luchado por el esclarecimiento definitivo de nuestro pasado. A todos ellos y a los que alentaron la acción de este baluarte del pensamiento nacional, como en el caso de Alberto Contreras, Jaime González Polero, Jorge F. Perrone y demás fundadores que nos siguen acompañando como en aquel primer día, nuestro más sincero y emocionado agradecimiento.
En 1955 el Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas fue cerrado por las autoridades que derrocaron al gobierno del general Juan Domingo Perón. Igual suerte corrió la filial de Gral. San Martín. En 1960 el Instituto Juan Manuel de Rosas de Gral. San Martín volvió a abrir sus puertas, donde “se realizó un acto público de esa localidad y en concordancia con las celebraciones programadas con motivo del 114 aniversario del Combate de La Vuelta de Obligado, el sábado 14 de noviembre, tuvo lugar en la plaza principal de la ciudad de Gral. San Martín el acto de homenaje de la filial local…En tal oportunidad y ante una concurrencia entusiasta que siguió atentamente su desarrollo, hicieron uso de la palabra: Jaime González Polero, quien se refirió a la obra esclarecedora que para la argentinidad realizan las entidades que propician el Revisionismo Histórico, como así también y en tono enérgico condenó la obra negativa impuesta por la historia oficial y sus sostenedores actuales que se agrupan en la llamada línea Mayo-Caseros. Seguidamente habló el escritor local Jorge Perrone, quien brillantemente, expuso el alto significado de la adhesión popular que se va plasmando en torno a la implantación de la autentica historia y sus consecuencias para el devenir de la nacionalidad. Finalmente y en una enjundiosa exposición historiográfica, cerró el acto el destacado historiador argentino y Presidente del Instituto Dr. José María Rosa (h), refiriéndose a la trascendencia y permanente mensaje de argentinidad que encierra la conmemoración del epígrafe –sintetizada en el “Día de la Soberanía”, como también destacó el ejemplo heroico de los que combatieron en la jornada, imbuidos de la férrea y patriótica voluntad del Ilustre Restaurador, muy digno y necesario de imitarse en la actualidad”.
Hoy luego de muchos años de aquel evento fundacional, encontramos a la institución, inscripta como entidad civil, con Personería Jurídica otorgada por la Dirección de Personas Jurídicas de la Provincia de Buenos Aires (Matrícula 26543, año 2003), como Entidad de Bien Público ante la Municipalidad de Gral. San Martín, y ante la Administración Federal de Ingresos Públicos. Sus actuales autoridades son el jurista e historiador Dr. Carlos Alberto De Santis (Presidente) y el Sr. Mario Andrés Fraire (Secretario). El Instituto Juan Manuel de Rosas edita el periódico El Gran Americano, donde se difunden trabajos sobre Juan Manuel de Rosas y la Confederación Argentina. Las actividades académicas del Instituto Juan Manuel de Rosas de Gral. San Martín se efectúan en el Museo Regional Juan Manuel de Rosas (Calle Diego Pombo nº 3324).
Esta casa funcionó como Comandancia desde 1840 hasta el 3 de febrero de 1852. De 1853 a 1857 la vivienda fue utilizada por el maestro español Diego Pombo para el funcionamiento de la Escuela de Varones de Santos Lugares. Declarada de interés histórico y municipal por Ordenanza nº 3.701 del año 1989 y lugar histórico nacional por Ley 12.665, sancionada por el Senado y la Cámara de Diputados de la Nación.

Fuentes:

“El Movimiento Revisionista en el Interior del País”, en Revista del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas n° 21, Buenos Aires, 1960.
“Los Muchachos de San Martín”, en Periódico “Juan Manuel de Rosas”, San Martín (Pcia. de Buenos Aires), Octubre de 1986.

El día que Argentina se independizó de Uruguay

por Alberto Umpiérrez

Desde principios de 1815, fracasados los repetidos intentos de los centralistas porteños por vencer a las milicias federales Orientales y de las Provincias del Litoral, el entonces Director Supremo Carlos María de Alvear le ofrece a José Artigas el reconocimiento de la independencia absoluta de la Provincia Oriental. Lo hace primero por intermedio de su Secretario Nicolás Herrera y luego a través del coronel Elías Galván, propuestas que Artigas rechaza terminantemente. Ya derrocado y exiliado Alvear, el nuevo Director Supremo General Ignacio Alvarez Thomas reitera la misma iniciativa porteña enviando ante Artigas en Paysandú la misión del coronel Blas Pico y el Dr. Bruno Rivarola. Ya constituida la Liga Federal de los Pueblos Libres, Artigas vuelve a negarse.
Viendo entonces que los pueblos de las Provincias Unidas, incluyendo el de Buenos Aires, muestran cada vez mayor simpatía y adhesión a la causa Federal representada por el caudillo Oriental, resuelven que una de las alternativas posibles es negociar la intervención del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarves. Otra alternativa explorada fue someter las Provincias Unidas del Río de la Plata al Protectorado del Imperio Británico, pero Lord Strangford, representante inglés en Río de Janeiro, la desestimó de plano en atención a los compromisos existentes entre Gran Bretaña y España en el marco de la restauración monárquica.
También se intentó en 1815 mediante una misión a Europa de Manuel Belgrano y Bernardino Rivadavia, llegar a un acuerdo con Fernando VII, pero este ni siquiera se molestó en recibirlos. Así es que se dirigen a Roma para negociar con Carlos IV la eventual coronación de su hijo menor el Infante Francisco de Paula de Borbón, como Rey de las Provincias Unidas. Pero considerando los riesgos y las seguras resistencias de las monarquías europeas, se termina rechazando esta opción por inviable.
En Rio de Janeiro estaban ya orquestando la invasión, por el lado porteño Carlos María de Alvear y su secretario montevideano Nicolás Herrera, a los que se sumaba el designado Embajador Plenipotenciario de las Provincias Unidas Manuel José García. Por el lado portugués comenzaron a llegar desde Lisboa las tropas de elite de veteranos de las guerras napoleónicas al mando del General Carlos Federico Lecor y del general inglés William Carr Beresford (que ya había sido derrotado durante las invasiones inglesas de 1806 y 1807), a quien el propio Regente portugués Joao VI le impuso el grado de Mariscal.
En diciembre de 1815 los agentes de Artigas en Rio de Janeiro le informan sobre los movimientos de tropas y las intenciones que se estaban gestando:
"Amigo mío: ... Ahora es muy justo que entremos en las cosas por acá. Hoy hay revista en la playa grande de los 1.500 que vinieron días pasados de Lisboa y después salen para Santa Catalina a seguir por tierra para estos lados; lo mismo sucederá con los otros que se esperan a mas tardar por enero y tendrán ustedes en esta por abril o mayo el placer de verlos, pues así esta decretado, según las mejores noticias, aunque mejor es esperar a lo que de el tiempo; pero en lo que no hay interpretación en que van a tomar posesión de la Banda Oriental. Hay un manejo de intrigas que asombra, en las que yo creo comprendidos los de Buenos Aires. De estos malditos diplomáticos no se puede sacar sino palabras preñadas que nada significan..."

Para enero de 1816 Artigas ya está prevenido y le notifica al caudillo guaraní Andresito Guacurarí:
“Los portugueses se mueven contra nosotros según las noticias privadas que tengo y esa ultima carta que se ha recibido de Río de Janeiro. En consecuencia es preciso irnos preparando poco a poco y ponernos en términos de contener los esfuerzos de esta potencia, a quien como tan vecina debemos suponerla más enemiga por la experiencia que tenemos de sus procedimientos inicuos, y mayoritariamente cuando se que su plan es decidido a ocupar todo lo que divide la costa oriental del Paraná. Por lo mismo desde esta fecha prohíbame usted todo transito del otro lado a este y de este a aquel, impidiendo absolutamente el transito a todo portugués que venga o vaya a diligencias."

En julio de 1816 se reúne el Congreso de Tucumán y entre otras cosas discuten "off the records" sobre las alternativas ya mencionadas más arriba. Obviamente las Provincias del Litoral organizadas en la Liga Federal no envían ningún diputado y no reconocen a este Congreso auspiciado por los centralistas porteños cómplices de la invasión que ya está en marcha. Al firmarse la Declaración de Independencia el único de los diputados asistentes que deja expresa constancia de su oposición a la negociación de cualquier Protectorado británico o portugués, es Pedro Medrano, diputado por Buenos Aires pero nacido en la Banda Oriental, más precisamente en la isla Gorriti. Éste, a continuación de la expresión "una nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli" agrega "y de toda otra dominación extranjera". Pero una golondrina no hace verano.
El 13 de mayo de 1816, día del cumpleaños del Regente de Portugal y Brasil, Don Joao VI, pasa revista en Rio de Janeiro a las tropas destinadas a la invasión de la Provincia Oriental y la Mesopotamia. Seguramente estarían a su lado el Embajador de las Provincias Unidas, el Embajador de España, el Embajador de Inglaterra, Carlos María de Alvear y su leal secretario Nicolás Herrera. Este último ofició además como asesor del General Lecor, acompañándolo durante todo el viaje hasta Montevideo, donde sería recibido con honores de Libertador.
Artigas pidió el apoyo de las Provincias Unidas contra la invasión portuguesa, pero no esperaba nada, ya sabía del acuerdo entre Buenos Aires y Rio de Janeiro. Y mientras defendía la frontera contra la invasión portuguesa, los porteños organizan un ejército para atacarlo por la retaguardia.
Cabe recordar que José Artigas había planteado ya en 1813, en las Instrucciones a los diputados orientales enviados a la Asamblea General Constituyente de las Provincias Unidas los siguientes principios, entre otros:
"Primeramente pedirá la declaración de la independencia absoluta de estas Colonias, que ellas estén absueltas de toda obligación de fidelidad a la Corona de España y familia de los Borbones y que toda conexión política entre ellas y el Estado de la España es y debe ser totalmente disuelta."

"No admitirá otro sistema que el de confederación para el pacto recíproco con las Provincias que forman nuestro Estado."
"El Gobierno Supremo entenderá solamente en los negocios generales del Estado. El resto es peculiar al Gobierno de cada Provincia."
"Que precisa e indispensable sea fuera de Buenos Aires, donde reside el sitio del Gobierno de las Provincias Unidas."
"La Constitución garantirá a las Provincias Unidas una forma de gobierno republicana; y que asegure a cada una de ellas de las violencias domésticas, usurpación de sus Derechos, libertad y seguridad de su soberanía que con la fuerza armada intente alguna de ellas sofocar los principios proclamados. Y asimismo prestará toda su atención, honor, fidelidad y religiosidad a todo cuanto crea o juzgue necesario para preservar a esta Provincia las ventajas de la Libertad y mantener un Gobierno libre, de piedad, justicia, moderación e industria."

Evidentemente era pedir demasiado. Resulta claro entonces que una de las posibles lecturas de lo ocurrido en el Congreso de Tucumán el 9 de Julio de 1816, es que las Provincias Unidas del Río de la Plata se independizaron de la Provincia Oriental.

viernes, 20 de diciembre de 2013

Belgrano y Moreno frente a las invasiones Inglesas



“…Sabido es la entrada en Buenos Aires del general Beresford, con mil cuatrocientos y tantos hombres en 1806: hacía diez años que era yo capitán de milicias urbanas, más por capricho que por afición a la milicia. Mis primeros ensayos en ella fueron en esta época. El marqués de Sobremonte, virrey que entonces era de las provincias, días antes de esta desgraciada entrada, me llamó para que formase una compañía de jóvenes del comercio, de caballería, y que al efecto me daría oficiales veteranos para la instrucción: los busqué, no los encontré, porque era mucho el odio que había a la milicia en Buenos Aires; con el cual no se había dejado de dar algunos golpes a los que ejercían la autoridad, o tal vez a esta misma que manifestaba demasiado su debilidad. Se tocó la alarma general y conducido del honor volé a la fortaleza, punto de reunión: allí no había orden ni concierto en cosa alguna, como debía suceder en grupos de hombres ignorantes de toda disciplina y sin subordinación alguna: allí se formaron las compañías y yo fui agregado a una de ellas, avergonzado de ignorar hasta los rudimentos más triviales de la milicia, y pendiente de lo que dijera un oficial veterano, que también se agregó de propia voluntad, pues no le daban destino.
Fue la primera compañía que marchó a ocupar la casa de las Filipinas, mientras disputaban las restantes con el mismo virrey de que ellas estaban para defender la ciudad y no salir a campaña, y así sólo se redujeron a ocupar las Barrancas: el resultado fue que no habiendo tropas veteranas ni milicias disciplinadas que oponer al enemigo, venció éste todos los pasos con la mayor facilidad: hubo algunos fuegos fatuos en mi compañía y otros para oponérsele; pero todo se desvaneció, y al mandarnos retirar y cuando íbamos en retirada, yo mismo oí decir: "Hacen bien en disponer que nos retiremos, pues nosotros no somos para esto". Confieso que me indigné, y que nunca sentí más haber ignorado, como ya dije anteriormente, hasta los rudimentos de la milicia; todavía fue mayor mi incomodidad cuando vi. entrar las tropas enemigas y su despreciable número para una población como la de Buenos Aires: esta idea no se apartó de mi imaginación y poco faltó para que me hubiese hecho perder la cabeza: me era muy doloroso ver a mi patria bajo otra dominación y sobre todo en tal estado de degradación, que hubiese sido subyugada. por una empresa aventurera, cual era la del bravo y honrado Beresford, cuyo valor admiro y admiraré siempre en esta peligrosa empresa. Como el Consulado, aunque se titulaba de Buenos Aires, lo era de todo el virreinato, manifesté al prior y cónsules, que debía yo salir con el archivo y sellos adonde estuviese el virrey, para establecerlo donde él y el comercio del virreinato resolviese: al mismo tiempo les expuse que de ningún modo convenía a la fidelidad de nuestros juramentos que la corporación reconociese otro monarca: habiendo adherido a mi opinión, fuimos a ver y a hablar al general, a quien manifesté mi solicitud y defirió a la resolución; Me liberté de cometer, según mi modo de pensar, este atentado, y procuré salir de Buenos Aires casi como fugado; porque el general se había propuesto que yo prestase el juramento, habiendo repetido que luego que sanase lo fuera a ejecutar; y pasé a la banda septentrional del río de la Plata, a vivir en la capilla de Mercedes. Allí supe, pocos días antes de hacerse la recuperación de Buenos Aires, el proyecto, y pensando ir a tener parte en ella, llegó a nosotros la noticia de haberse logrado con el éxito que es sabido…....Ya estaba el cuerpo, capaz de algunas maniobras y su subordinación se sostenía por la voluntad de la misma gente que le componía, aunque ni la disciplina, ni la subordinación era lo que debía ser, cuando el general Auchmuty intentaba tomar a Montevideo; pidió aquel gobernador auxilios, y de todos los cuerpos salieron voluntarios para marchar con el general Liniers. El que más dio fue el de patricios, sin embargo de que hubo un jefe, yo lo vi, que cuando preguntaron a su batallón quién quería ir, le hizo señas con la cabeza para que no contestase. Así es que tomé el partido de volver a ejercer mi empleo de secretario del Consulado, que al mismo tiempo no podía ya servirlo el que hacía de mi sustituto, quedando por oferta mía dispuesto a servir en cualquier acción de guerra que se presentase, dónde y cómo el gobierno quisiera; pasó el tiempo desde el mes de febrero hasta junio, que se presentó la escuadra y transporte que conducían al ejército al mando del general Whitelocke en 1807….El general dispuso que recibiese el juramento a los oficiales prisioneros: con este motivo paso a su habitación el brigadier general Crawford, con sus ayudantes y otros oficiales de consideración: mis pocos conocimientos en el idioma francés, y acaso otros motivos de civilidad, hicieron que el nominado Crawford se dedicase a conversar conmigo con preferencia, y entrásemos a tratar de algunas materias que nos sirviera de entretenimiento, sin perder de vista adquirir conocimientos del país, y muy particularmente respecto de su opinión del gobierno español. Así es que después de haberse desengañado de que yo no era francés ni por elección, ni otra causa, desplegó sus ideas acerca de nuestra independencia, acaso para formar nuevas esperanzas de comunicación con estos países, ya que les habían sido fallidas las de conquistas: le hice ver cuál era nuestro estado, que ciertamente nosotros queríamos el amo viejo o ninguno; pero que nos faltaba mucho para áspirar a la empresa, y que aunque ella se realizase bajo la protección de la Inglaterra, ésta nos abandonaría si se ofrecía un partido ventajoso a Europa, y entonces vendríamos a caer bajo la espada española; no habiendo una nación que no aspirase a su interés sin que le diese cuidado de los males de las otras; convino conmigo y manifestándole cuánto nos faltaba para lograr nuestra independencia, difirió para un siglo su consecución. ¡Tales son en todo los cálculos de los hombres! Pasa un año, y he ahí que sin que nosotros hubiésemos trabajado para ser independientes, Dios mismo nos presenta la ocasión con los sucesos de 1808 en España y en Bayona”
Mariano Moreno por su parte expresó: “Yo he visto en la plaza llorar muchos hombres por la infamia con que se les entregaba; y yo mismo he llorado más que otro algunos, cuando a las tres de la tarde del 27 de junio de 1806, vi entrar 1560 hombres ingleses, que apoderándose de mi patria se alojaron en el fuerte y demás cuarteles de esta ciudad”.
Aquella "ciudad en medio del mar", la gran flota inglesa, que se alejaba de Montevideo conduciendo un ejército vencido en una colonia del reino más adicto al imperio napoleónico, representaba una seria amenaza para las poblaciones del Río de la Plata.
Ni los Borbones de España eran capaces de defender a sus colonias. Precisamente cuando se retiraban los ingleses del Plata poníase más a prueba la monarquía española con respecto a Napoleón y daba un espectáculo que habría de tener en Europa y en España serias derivaciones.

lunes, 16 de diciembre de 2013

El Yrigoyenismo

Por Julio Fernández Baraibar

Antes de hablar del yrigoyenismo creo que es necesario hacer una breve síntesis sobre cómo era la Argentina de la primera década del siglo XX. No solamente como era en su composición, su estructura social en el momento culminante del país agro-exportador, de su incorporación como productor de materias primas al imperio británico y de la oligarquía ganadera como clase dominante de la Argentina y del Rio de la Plata. También quiero describir a ustedes cómo era la composición de las fuerzas políticas en la Argentina de 1900-1910. Análisis que es menos conocido, menos considerado en los distintos relatos históricos.

Significación del roquismo
En 1910 el partido políticamente dominante y de alguna manera determinante de todas las idas y venidas de la política argentina, creado por Julio Argentino Roca, fue el denominado Partido Autonomista Nacional, el PAN. Se incorporó a su seno a todos los autonomistas, viejos autonomistas federales del interior del país, más los sectores antimitristas de la provincia de Buenos Aires. Es el partido roquista, cuya presencia determinará todas las elecciones que van desde 1880 a 1910.

El 80 es un año decisivo en la historia argentina. Se federaliza la Ciudad de Buenos Aires y se nacionaliza la renta del puerto de Buenos Aires para el conjunto de las provincias. Es una fecha que representa una bisagra en la historia argentina, que pone fin a las guerras civiles del siglo XIX, guerras que estaban basadas centralmente en la renta del puerto de Buenos Aires que era el único ingreso importante que tenía el país y que era monopolizado por la provincia de Buenos Aires.

La caída de la Confederación Argentina de Paraná, el deterioro de las economías del interior, el deterioro e incapacidad de las provincias argentinas para enfrentar y dominar a la provincia de Buenos Aires estaban determinados por la enorme riqueza que esta poseía a merced del resto del país. Se federaliza la ciudad de Buenos Aires, se federaliza el puerto de Buenos Aires y entonces el conjunto del país puede por fin disfrutar de parte de las rentas generadas por ese puerto.

A partir de Roca, en 1880, aparece un protagonista político en la historia argentina que ha sido producto de una génesis que se inicia en los años 1870-1875: el Ejercito Nacional.

Este Ejercito Nacional que viene con Roca, es un ejército muy distinto al de las viejas montoneras federales, es un ejército muy distinto al de la Guardia Nacional porteña, puesto que, en primer lugar y por primera vez en la Argentina, existe una institución que conoce y tiene presencia en el conjunto del territorio nacional. Hasta la aparición del ejercito cada provincia, era una situación particular, en donde generalmente no existía ninguna institución -debido a la debilidad del Estado Nacional- cuyos miembros conociesen tanto a Salta, como a Mendoza, como a Entre Ríos, como Corrientes, como a la provincia de Buenos Aires. Los hombres formados en ese ejército (como se mencionó anteriormente, entre los años 1870-1875) son hombres provenientes de todas las provincias, hombres que por su tarea militar, por su profesión militar, van trasladándose de provincia en provincia según las necesidades. Tienen un conocimiento, no solo geográfico, sino también social y político de las distintas provincias, de las distintas roscas provinciales, de los distintos dirigentes de cada una de esas provincias. El Ejército Nacional se convierte en un nuevo factor político de la Argentina que no existía hasta ese momento. Hasta ese entonces los actores políticos eran las viejas clases patricias provinciales, la oligarquía porteña y no había nada como el Ejército como factor político.

Al frente de ese ejército se pone Julio A. Roca. Compuesto por militares de las diversas provincias es definido por la oligarquía porteña –en 1880- como los “chinos” de Roca, que revela su naturaleza “cabecita negra”, para decirlo en un vocabulario más contemporáneo.

El país que se inicia en 1880 alcanza su culminación en 1910, una fecha que coincide con el Centenario de la Revolución de Mayo. Es un país absolutamente distinto al de 30 o 40 años atrás. Si se hubiera despertado cualquier argentino, provinciano o porteño, muerto en 1865 no se hubiera imaginado que este país en el que se despertaba era el mismo en el cual se había muerto. Toda la sociedad había cambiado. La integración de la Argentina al mercado mundial como productora de materias primas agudizaba ese cambio.

Leopoldo Lugones le dedica una de sus Odas seculares, la “Oda a los ganados y a las mieses”. Es un canto poético a esa especie de tierra de promisión en que se ha convertido aquel país hirsuto, con hombres para quienes el único abrigo era un poncho y en lugar de pantalones usaban chiripa, tal como había sido el país hasta los años 60-70 del siglo XIX.

Detrás de Roca -y esto es algo que en general también se olvida- se ponen las viejas fuerzas del federalismo. Ese federalismo provinciano, que había sido derrotado y aplastado junto con el Chacho Peñaloza, con Felipe Varela, con López Jordán, que ha sido perseguido, reprimido hasta con asesinatos ordenados por Bartolomé Mitre y cometidos por los generales colorados uruguayos, encuentra en Roca y en ese Ejercito la posibilidad de acceder nuevamente al centro de la política argentina. Ese federalismo expresa en cierta medida a los viejos sectores patricios de las provincias del interior, vinculados por su pasado a la historia patria, a las guerras de la independencia, a las viejas economías anteriores a 1860, vinculadas por su proximidad a la costa del Pacífico .

El viejo patriciado de apellidos hispánicos, con poca vinculación con el proceso inmigratorio -que se radicaba centralmente en la Ciudad de Buenos Aires- ve que tras el ejército de Roca y la federación de la Ciudad de Buenos Aires y su puerto comienzan a expresarse sus intereses. La provincia de alguna manera participa del despliegue económico que genera nuestra integración al mercado mundial y de algunas de las decisiones políticas más importantes. Lo que quiero decir con esto es que Roca, de algún modo, es, a partir de 1875-1880 hasta 1910, la expresión del conjunto del país frente a la sobrevivencia muy importante del mitrismo en la provincia de Buenos Aires, en la Ciudad de Buenos Aires, y en alguna que otra provincia.
Este régimen que nace en 1880 cambia las características del país. Aparecen, primero a través de inversiones estatales, luego a partir de inversiones extranjeras, el ferrocarril y telégrafo que conectan al conjunto del país. Hay que ubicarse en el medio y en la época para entender la precariedad de los medios de comunicación de entonces, para comprender que estaba sucediendo en el país.

La inmigración
Por otra parte, han comenzado a llegar miles y miles de inmigrantes de todas partes del mundo. No me voy a detener en este punto, en la característica de los inmigrantes, pero lo que sí creo que hay que tener presente para entender el fenómeno que buscamos explicar es que, de golpe, un país que tenía 5 millones de habitantes se encuentra que 2 millones son extranjeros. Estos nuevos habitantes ignoran el pasado inmediato, lo que paso ayer en la historia argentina. Es decir, como si hoy llegaran argentinos a los que le preguntamos qué paso en el 2001 y no saben, no tienen la menor idea, cosa que hoy, con los medios de comunicación, sería difícil que suceda: nuestra crisis del 2001 y sus imágenes televisivas recorrieron el mundo. Imagínense un sirio-libanés, un italiano, un español, campesinos profundos que saben a duras penas leer y escribir a quien le preguntasen en 1895 que había ocurrido en la Batalla de los Corrales, ahí donde está la cancha de Huracán, y el Autódromo. Habían muerto 3.500 argentinos para doblegar la voluntad de la oligarquía porteña que se negaba a entregar las rentas de la aduana al conjunto del país.

Por primera vez se encuentran los criollos, los argentinos de vieja data por así decirlo, con culturas que son verdaderamente extrañas, colores, sabores, olores, vestidos que eran absolutamente desconocidos. Imagínense el impacto que le podía causar a una señora católica de Barrio Norte la aparición de un judío, ruso de Odessa, con sus largas barbas y rulos y su sombrero de piel. El impacto era absoluto. Hoy en día tenemos algunos sectores con problemas para aceptar a los bolivianos, imagínense lo que era esta imagen en la sociedad de entonces, considerando, además, una inmigración creciente, que cada año era mayor que el anterior. Si embargo es necesario mencionar que por lo menos un tercio de la inmigración que vino se volvió a su país de origen en estado de fracaso, por así decirlo. Eran inmigrantes que venían como última posibilidad de su vida a encontrar un destino mejor en el Rio de la Plata y después de dos, tres, cuatro años de intentarlo deciden volver al lugar de donde salieron. Quiero decir, esto tenía una carga de desazón y derrota personal que la teoría o el mito del país promisorio, que generaba riquezas y bienestar a todos los pueblos del mundo que quisieran habitar el suelo Argentino era, en gran parte, eso, un mito.

En 1910 podemos establecer un país que tiene estas características. En lo político, hay tres grandes fuerzas: una es el mitrismo con asiento en la Ciudad de Buenos Aires. Una fuerza que mantiene la misma mezquindad que había caracterizado al mitrismo de toda la vida. Es el núcleo más duro de la oligarquía comercial y terrateniente. El roquismo, por otra parte, donde Roca era su cabeza indiscutible, y que ha determinado la política Argentina en los últimos veinte o veinticinco años en estado de decadencia. La estrella de Julio Argentino comienza a eclipsarse y han aparecido hombres que discuten su hegemonía y su autoridad. Esto era evidente en dos figuras de la clase dominante de la época, donde no existía una idea de integración popular a la política, dos figuras que son Carlos Pellegrini y Roque Saenz Peña. Saenz Peña, un hombre enfrentado inicialmente al roquismo, de vieja raíz federal, y que ademas había participado en el partido de Adolfo Alsina, que fue el primero agrupamiento federal popular (por decirlo de alguna manera), después del triunfo de Pavón. Había participado allí -en el alsinismo- junto con otro hombre de su misma edad -la historia los volverá a encontrar muchos años después- que fue Hipólito Yrigoyen. Su origen político es del alsinismo antimitrista de la provincia de Buenos Aires. Estas dos figuras comienzan a cuestionar la conducción, la hegemonía de Roca. En Saenz Peña hay una resistencia muy fuerte frente a cualquier posibilidad de alianza con el mitrismo para debilitar o perjudicar a Roca. Saenz Peña se niega a lo largo de su vida a armar coaliciones con el mitrismo que tendiera a debilitar a Roca.

Hipólito Yrigoyen
Hay una tercera fuerza que es como los fantasmas, que no existen pero que los hay, los hay. Esta tercera fuerza dirigida por Hipólito Yrigoyen, un hombre que en una época de grandes oradores y grandes discurseadores se niega a hablar en público, no se le conoce discursos públicos en plazas. Ha ido ganando sobre la base de la conversación personal, uno por uno, a todos los viejos sectores federales de la provincia de Buenos Aires, del interior del país, sobre todo de Córdoba, Entre Ríos, que ha creado lo que podríamos llamar el primer partido político moderno de cuadros militantes. Todo esto bajo una sola consigna que constituye todo su programa, y cuando le preguntan por lo que entonces se llamaba un programa dice: “yo no estoy con programitas, tengo un solo lema: el voto secreto, universal y obligatorio”. Además, para evitar la corrupción de este gran sistema militante clandestino, conspirativo que ha armado, se niega rotundamente a participar de ninguna elección que no esté regida por el voto secreto, universal y obligatorio.

Un hombre de la época creo que fue, Pellegrini o alguno de ellos, decía que el sistema electoral argentino había ido mejorando desde 1880 aproximadamente. Se había pasado del voto cantado al voto venal, diciendo que por lo menos al tipo que vota hay que negociarle un precio, hay que comprarlo. Ya no viene y vota y si no lo hacés lo muelen a palos o va preso, sino que ahora hay que comprarlo. Con ironía o con cierto sarcasmo se manifestaba un progreso democrático ya que el voto, al ser pagado, requería una negociación previa. Cuánto cuesta tu voto, de qué manera yo consigo tu voto. En cuanto al lado negativo el voto venal ponía en evidencia la fabulosa corrupción del sistema. Entonces la consiga de Yrigoyen era el voto secreto universal y obligatorio. Para ello ha armado este asombroso y novedoso movimiento político basado en hombres que están iluminados y convencidos de que “la reparación de la ignominia del régimen falaz y descreído” –así hablaba Yrigoyen, es decir, hablaba en términos abstractos – seria corregido por el voto secreto, universal y obligatorio. Hasta tanto esto no se diera este hombre (Yrigoyen) no iba a participar de ninguna elección.

En la presidencia de Quintana se produce la Revolución de 1905. Es una revolución que sorprende por la magnitud del despliegue cívico militar. De repente en cada pueblo del país, en cada provincia, en cada capital de provincia aparecen altos oficiales militares del ejército y civiles en general (abogados de las clases medias patricias no ricas del interior del país) y el nuevo fenómeno del que hablábamos, los inmigrantes la primera generación de argentinos de apellidos italianos. La literatura conservadora, de la élite conservadora de la época, hacia gran hincapié en cuanto a su desprecio y prejuicio sobre los italianos por encimo del prejuicio sobre los judíos. Uno tiende a poner a los judíos como motivo de prejuicio central de esa clase, pero no era lo que ocurría en la Argentina de esos años. Los apellidos italianos producían una sonoridad que hasta daba gracia, su manera de hablar y sus rasgos esenciales habían convertido a los italianos en una especie de amenaza a nuestra identidad hispano-criolla, una forma de conspiración napolitana. En esa conspiración de 1905 que levanta al conjunto del país y que le cuesta mucho al gobierno de Quintana sofocar, aparecen condensados estos sectores. Los viejos federales del interior, una clase media de abogados, farmacéuticos, pequeños estancieros de provincia enfrentados con el régimen oligárquico de Buenos Aires puesto que no podían participar de la integración de este sector al mercado internacional, viendo a sus productos desplazados del puerto de Buenos Aires. Esa clase media, de origen federal, en donde hay apellidos como Elpidio Gonzalez -primer Vicepresidente de Hipólito Yrigoyen, y nieto de un federal de la época de Rosas e hijo de un federal que peleo con Felipe Varela en los 60’ del siglo XIX – y a quine la oligarquía porteña, los conservadores porteños ninguneaban como si fuera la nada social, un recién llegado a la Argentina. Esos sectores se expresan junto a esa clase media inmigrante. Son inmigrantes llegados con anterioridad, cuyos hijos de alguna manera han progresado en el comercio, en algún taller, que poco a poco fue creciendo. Conforman así un nuevo sector social. Sector social al cual, grupos o individualidades de las clases tradicionales consideran que es muy necesario de alguna manera integrarlos políticamente al país. La mera entrega de la libreta de enrolamiento o del servicio militar obligatorio no lo logra si no hay algo que además los haga sentirse parte de la historia que está sucediendo y esto, dentro de los partidos tradicionales, es decir de sus propios partidos, no es posible.

Quintana reprime violentamente el levantamiento de 1905. Mete preso a oficiales que han llegado a detener a José Figueroa Alcorta, vicepresidente de Quintana y enemistado con el mismo. En fin, tal como suele ocurrir con los vicepresidentes en la Argentina. Los revolucionario habían logrado detener al vicepresidente de la República, un hombre de las clases dominantes porteñas, de la oligarquía porteña: Figueroa Alcorta. Es el único hombre en la historia argentina que fue presidente del senado, presidente de la República y presidente de la Corte Suprema de Justicia. No simultáneamente sino a lo largo de su vida. Figueroa Alcorta toma en sus manos la negociación con los insurrectos y logra, contra la voluntad de Manuel Quintana que quiere fusilarlos al mejor estilo mitrista -partido con el que simpatizaba como buen agente inglés- que no los fusilen, pero no logra que los dejen en libertad.

Quintana muere un tiempo después, asumiendo así Figueroa Alcorta. Una de sus primeras medidas es declarar la amnistía de los jefes militares del ejército que estuvieron en la revolución de 1905.

El Ejército se hace radical
Me permito hacer una pequeña reflexión en donde Jauretche ha expresado con una enorme claridad. Creo saber que es en el libro de “El medio pelo en la Sociedad Argentina”. La oligarquía, la tradicional oligarquía argentina, los grandes terratenientes de la provincia de Buenos Aires desde 1890 hasta 1930 se caracterizaban por dos cosas. Primero una absoluta indiferencia y desprecio de la actividad política, estos grandes terratenientes no hacían política. Ellos se dedicaban a tirar manteca al techo. También dice Jauretche que tampoco le interesaba que sus hijos o gente de su propia clase social estuviesen en el ejército. Contados con los dedos de una mano han sido los miembros del ejército provenientes de las clases oligárquicas. Esto generó que las filas del ejército se fuesen llenando de yrigoyenistas. El ejército en 1912 –antes de las elecciones del 16- ya es un ejército yrigoyenista, que no responde a las estructuras sociales y políticas de la oligarquía dominante, sino a esta especie de “religión” (acuérdense ustedes que entre ellos se llamaban correligionario, esa especie de religión en donde cada uno de sus miembros es un correligionario) Esta es la lucha que Yrigoyen llamó contra “el régimen falaz y descreído”. Este era el modo, la estética de don Hipólito, y un poco la estética de la época propia de sustantivos abstractos. Los conservadores, los hijos literatos de los conservadores, que editaban el diario la Fronda contra el yrigoyenismo se burlaban de estos datos estilísticos de la prosa o de la retórica yrigoyenista.

El ejército comienza ahora a ser radical, yrigoyenista para ser más precisos. La constitución de la UCR se da a través de una gran pelea que Hipólito Yrigoyen tiene con su tío y par que fue Leandro Alem. Leandro Alem -del cual se llenan la boca los radicales de hoy- fue desplazado brutalmente por Hipólito Yrigoyen en la presidencia de la UCR por sus relaciones con el mitrismo. Después viene la pelea con los hombres de la provincia de Santa Fe encabezados por Lisandro de la Torre. Don Hipólito se va desprendiendo de esos sectores impregnados del viejo liberalismo mitrista. Nunca se oyó decir, hasta 1916, de boca del propio Yrigoyen, lo que pensaba, no se lo oyó revindicar a Rosas, al partido federal, a las montoneras federales, o atacar a la constitución del 53. Lo único que una vez dijo, antes de la creación de la UCR, en 1880, cuando es diputado provincial de Buenos Aires, ante la propuesta de Alem para sumarse a las filas del mitrismo fue: “Hacerme mitrista sería como hacerme brasilero”. Es el único momento en el que él revela su enfrentamiento conceptual y político con Mitre. Siempre decía lo que su interlocutor quería escuchar para sumarlo a lo que el llamaba “la causa contra el régimen falaz y descreído”.

Alrededor de la década del 70, abandona la política por unos años, para dedicarse a las actividades agropecuarias y poder formar una pequeña fortuna que le diera base a su actividad política. Su pequeña riqueza se reduce a unas hectáreas en San Luis que usa para la política. Lo hace no solo financiando los levantamientos, armando la infraestructura, la logística, la construcción -todo lo que un viejo conspirador se puede imaginar- sino que después gastó su fortuna en reparar y sostener a los perseguidos y perjudicados por los levantamientos que él mismo causaba: ponerle la plata a la mujer y a los hijos de aquel correligionario que se había refugiado en Uruguay, la señora del militar que estaba preso, etc. Y esto generó alrededor de él una especie de leyenda y de mito del hombre magno y magnánimo (llamado así por uno de sus admiradores). Arma así este movimiento que en 1905 muestra las uñas. Ante la indiferencia del partido socialista, cuya territorialidad es casi exclusiva de la ciudad de Buenos Aires y desprecia todo esto en nombre de lo que Juan B. Justo llama despectivamente “la política criolla”.

Me gustaría mencionar por ultimo lo que decía J. B Justo:

En tanto que los partidos pertenecientes a la clase dominante califica de violentos nuestro derecho de huelga (propia represión del estado de sitio declarado por Quintana en 1905) reprimiéndolo ilegalmente y coartándolo con los procedimientos más arbitrarios, ellos practican -como los prueban los recientes sucesos- los más reprobables sistemas de violencia. En consecuencia invitamos a la clase trabajadora a mantenerse alejada de estas rencillas partidistas, provocada por la ambiciosa sed de mando y las mezquinas ambiciones que alegando a su contingencia moral y personal a la obra desmoralizadora que ellos realizan, fortificando y consolidando su organización gremial y política con el objeto de obtener su más próxima eliminación”.

La República Oligárquica llega a su fin
Llegamos al gobierno de Figueroa Alcorta. El Centenario es, por otra parte, la apoteosis del régimen oligárquico con la visita de la Infanta Isabel a las festividades de la Semana de Mayo. Consideren ustedes que este momento constituye, de alguna manera, el momento más alto, del proceso de atomización en pequeños países de lo que fuera la heredad iberoamericana. Es el momento en que cada uno de estos países considera que ha llegado a la construcción de su nacionalidad.

El centenario de 1910 el centenario es el momento culminante de la dispersión latinoamericana. La visita de la Infanta Isabel significaba para el esquema inaugurado a partir de 1860 la consolidación y el reconocimiento de la Madre Patria de la nación argentina por parte de España, representada por esta señora. Un momento culminante en donde la Argentina se considera una nación de la misma magnitud que, por ejemplo, Alemania, Suecia, Japón.

En cuanto al mito de la promoción y el mito de la riqueza generada por la integración de Argentina al mercado mundial es revelado, de manera extraordinaria, por el famoso informe de Bialet Massé. Es un documento verdaderamente extraordinario, de una modernidad en su método y conclusiones digna de cualquier escuela de sociólogía moderna, y pone en negro sobre blanco el verdadero estado en el interior del país que era verdaderamente vergonzoso. El informe explica el proceso de destrucción de las estructuras familiares y sociales en las familias del interior lo que género una especie de proletariado sin trabajo, que primero se instala en la periferia de las ciudades, y luego termina emigrando a los centros urbanos mayores. Bialet Massé hace esto por encargo del presidente Julio Argentino Roca, y de su ministro, el intelectual riojano, Joaquín V. González, unos años antes del Centenario.

En cuanto a la cuestión social, el gobierno reprime al movimiento obrero, y sucede el famoso Primero de Mayo cuando la policía reprime, en la ciudad de Buenos Aires, de una manera brutal el acto obrero y que, como consecuencia de ello, genera el posterior asesinato de Ramón Falcón por el anarquista Simón Radowitzky.

Además de esto, el gobierno de Figueroa Alcorta, en medio del régimen agroexportador, tiene algunas medidas de significación, como las que toma tras el posterior descubrimiento de petróleo en Comodoro Rivadavia. La inmediata decisión del gobierno es poner bajo jurisdicción del estado varios kilómetros alrededor de Comodoro Rivadavia y que sea así solo el Estado el que pueda estudiar y explotar los yacimientos petrolíferos. Al poco tiempo se comienza a reemplazar, como generador de energía, al carbón inglés que se importaba. El gobierno llega a su fin. Comienzan así las discusiones sobre su sucesión. Aparece como figura única la candidatura de Roque Saenz Peña, quien es elegido presidente de la República.

Toda su candidatura, establecida con el apoyo de Figuera Alcorta y de Carlos Pellegrini, tiene como finalidad exclusiva la sanción de la Ley Saenz Peña (1912) que establece el voto universal, secreto y obligatorio. El sector más lúcido de esa oligarquía, de la belle epoque argentina, el que ve con mayor profundidad los fenómenos sociales y políticos producidos en el país, percibe el peligro que significa una creciente población inmigrante europea extranjera sin ningún tipo de integración política, sumada a la presión del creciente pobrerío del interior del país. Encuentran así en la integración electoral el modo de darle una válvula de escape a esa presión que amenaza de raíz a la República oligárquica. Con la sanción de la ley – conversada con el propio Hipólito Yrigoyen, viejo amigo de Saez Peña desde los tiempos del alsinismo- las elecciones de 1916 son ganadas, con una amplia mayoría, por Hipólito Yrigoyen. La magnitud de lo que significó el triunfo de Yrigoyen en 1916 es para los ojos actuales lo más difícil de establecer. Fue lo más parecido a un giro copernicano de la situación social y política del país. Quizás si se imaginan ustedes lo que fue el 17 de octubre del 45, podrán entrever lo que fue la asunción de Yrigoyen en 1916. Apareció en escena un protagonista político, el demos, el pueblo común y silvestre que nunca había participado en la política de esta manera. El presidente de la Cámara de Senadores presidía las sesiones nocturnas del senado de smoking, tal como era la costumbre en la cámara de los lores inglesa y era la costumbre que esa clase social había aceptado para Argentina: una exageración de los buenos estilos típica del parvenu . La asunción de Yrigoyen puso en la calle a decena de miles de personas de pañuelo al cuello, que no conocían la corbata. Introdujo en la Casa Rosada todo el sistema de punteros de comité, de hombres que debían su prestigio y su voto a los favores por una cama de hospital, por una patente de carro, etc. Esto era desconocido para la vieja oligarquía, que si bien poseía un sistema clientelar, éste no aparecía en el centro del poder político. Era solo visto en los suburbios o en los barrios. Este sistema clientelístico en el radicalismo ocupa el centro de la política argentina y esto es visto por la vieja oligarquía como algo horroroso.

Don Hipólito se convierte en el hombre más amado de la Argentina en toda su historia. De pronto, en una república con más habitantes, con mayor complejidad social, donde hay, en Buenos Aires, una incipiente clase obrera, aparece una incipiente clase media profesional que se expresa a través del caudillo Yrigoyen. Este hombre adquiere una popularidad extraordinaria, casi religiosa. Pero a su vez, los epítetos con los que lo llamó la oligarquía a Yrigoyen son innumerables. El sistema oligárquico odió a Yrigoyen con un odio casi comparable con el que esta misma clase le tuvo a Perón y a Evita.

Lo que, de alguna manera, Yrigoyen intentaba era democratizar la renta agraria. Lo que intentaba era repartir un poco en el pobrerío esa extraordinaria renta agraria. Salvando la distancia -toda comparación es odiosa- es necesario observar lo que está pasando con Venezuela, ver las dificultades políticas que ofrece la reconversión de una economía petrolera. La principal tarea de Chávez cuando llega al gobierno fue la democratización de la renta petrolera. Busca que los ingresos producidos por el petróleo -cuyo precio internacional, además, se encarga de aumentar- no queden en manos de una burguesía compradora parásita e inútil, sino convertirlo en hospitales, médicos, escuelas. Lo que se llaman, en Venezuela, las misiones. y mejorando así las condiciones de vida de los venezolanos.

Yrigoyen tiene un impedimento de origen político e ideológico en avanzar sobre un programa que vaya más allá de esa distribución social de la renta agraria. Él es un productor rural de la pampa húmeda y no ve la posibilidad de invertir la renta agraria en un proceso de industrialización. Repartamos la renta agraria, propone, y lo hace mediante el cargo, el cargo público. Comienza a generar cargos que comienzan a solucionar problemas concretos individuales de miles y miles de pobres del interior, de la ciudad de Buenos Aires y de la Provincia. Lo hace mediante la generación de cargos públicos o del subsidio directo. Este proceso de democratización es visto con el mismo horror que hoy ven los sojeros que les entreguemos subsidios a las madres solteras.

Reaparecen en el radicalismo algunas tradiciones del viejo país federal. En primer lugar, y de manera evidente, reaparece en Yrigoyen el americanismo. Yrigoyen se expresa contra la doctrina Monroe. Esta resistencia a los intentos imperialistas en el continente fue recibida con enorme satisfacción por los sectores más patrióticos y latinoamericanistas de muchos países. La política de Yrigoyen fue esencial para la neutralidad de Argentina en la Primera Guerra Mundial. Las embajadas europeas, Inglaterra y Francia, y la oligarquía tradicional argentina ejercieron una presión muy fuerte para que Yrigoyen tomara postura frente a la guerra. Pero fue algo que Yrigoyen no cedió.

Conjuntamente con la distribución de la renta agraria esboza ciertas concesiones. Pese a la dura represión de la Semana Trágica de 1919, Yrigoyen no deja de encontrar políticas de integración a los sectores obreros en la política nacional. Las contradicciones del mundo industrial eran una especie de misterio para un país que no conocía exactamente cómo eran las sociedades industriales. Con la aparición de la industria, la actividad social empezó a observarse de otra manera. Las medidas tomadas por el gobierno de Yrigoyen, las propuestas de los diputados yrigoyenistas aportaron muchas mejoras para la clase trabajadora, votando conjuntamente con socialistas, pese a no compartir algunas de las propuestas por ellos sostenidas.

El yrigoyenismo fue el primer movimiento popular, el primer movimiento de masas que tuvo la Argentina en el siglo XX. Sin el yrigoyenismo es imposible comprender la Reforma Universitaria que pudo desarrollarse gracias a la presencia en el poder de don Hipólito.

Rosas y la juventud

Por Pablo Sánchez

Juan Manuel de Rosas , es para muchos , un “ maldito “ de la historia , por que es así . Es un maldito para aquellos de pluma y letra , sentados en sillones , con libros de evolucionismo y revolución al pié de la letra . Ahora bien , en el ámbito del espectro político , Rosas , ha jugado un papel dinámico . Su figura es defenestrada por el liberalismo , quien logró a sangre y fuego , sacarlo y esquematizarlo como un “ tirano “ . Los sectores de la izquierda “ extranjerizante “ , han pegado un vuelco diferente , lo han de defenestrar poco , por que ni lo conocen , ni pareció interesarles , fue para ellos , simplemente , un aristócrata reaccionario aislado de los asuntos sociales . Y si le sumamos a la derecha y la izquierda de arraigo nacional , lo vemos como un exponente del patriotismo , noble , y defensor de nuestros intereses .
¿ Pero bien? , la cuestión que uno desearía abarcar es , que es lo que expone Rosas a la juventud , que figura o que interés despierta en la masa juvenil el restaurador .  El colectivo juvenil político , en nuestro país, parece estar comandado por el Che Guevara , revolucionario marxista , que si bien fue argentino , realizó sus labores ideológicos en Cuba . Le siguen Perón y Evita , símbolos del justicialismo , movimiento social de fuerte componente juvenil . Un poquito mas atrás, arbitrariamente, Irigoyen, Alfonsín, Kirchner, o hasta Mariano Moreno inclusive .
Ahora bien , de todos estos que hemos denominado , notamos que algo en particular poseen , es la popularidad , es decir , la relación que un determinado período o circunstancia se estrecharon afectivamente con el pueblo , podrá ser arbitrio en ese tema , pero es así , nadie puede cuestionar ,  la popularidad del peronismo y del irigoyenismo hasta hoy , la del alfonsinismo en los 80 , la del kirchnerismo en la actualidad , y las peculiares nominaciones del guevarismo y del morenísmo también , etc .
¿ Y que hay del brigadier Rosas?  . En primer lugar , habría tal vez que aclarar , que el rosismo es la primera y gran fuerte manifestación popular que tuvo esta nación . Su líder , fue un estanciero , que amaba el orden , la paz y el trabajo . Si bien era de familia de clases altas  , se solía frecuentar con gauchos e indios en conversaciones y fiestas . No es ningún espécimen raro , es un nacionalista católico ( aunque no específicamente como los actuales , que tienen influencia del falangismo y de Maurrismo  ) . Para muchos , Rosas fue en magnitud temporal , el hombre mas popular que tuvo esta país , como dice Manuel Gálvez , de enorme figura en el siglo XIX .
Se enfrentó a nada mas y nada menos , que los hombres del “ saber “ , que estaban abarcando su pensamiento por todo el mundo occidental , y que en nuestro país , libró una cruenta guerra civil .
La juventud desconoció por años a este individuo , no por su falta de “ estudios “ , si no mas bien , por la sucia política de encubrimiento y mentiras que la doctrina de los “ iluminados “ hombres del saber han plagado en las escuelas .
Decía Eduardo Galeano en 1970 : “ Rosas es odiado en este país por los conservadores , siendo un conservador también , y ni siquiera su cuerpo ha vuelto a su nación “ .
Si bien la conciencia popular , revisionista , y nacionalista , rescató a Rosas del olvido , la juventud no adquirió tanto saber o mas bien no encajó a Rosas en sus modelos clásicos de Patriotismo , como los San Martin o Belgrano . Más bien , los Sarmiento equipararon los cuadros en estos tiempos . Numerosos jóvenes han revivido a Rosas ente los años 30 – 60 por ejemplo , pero muchos de ellos pertenecieron o estuvieron ligados a minorías , de clases medias altas o altas en sí , fervientes fanáticos , consignas extremas , que lo alejan en sí de la cuestión central del asunto .
Aquí no se trata de hacer de Rosas un héroe .
Se trata de sembrar conciencia a la población , y a la juventud en especial  , de que no se necesita banderear o relacionar libertad con extremismos , y de que los pinceles de la  soberanía y el patriotismo , fueron usados por Rosas por el bien de la armonía de nuestras tierras  .
En estos días , la imagen de Rosas cobra un papel importante dentro pensamiento nacional  , en el cual es un deber como argentinos , como jóvenes , universitarios  , como profesores , e historiadores , darle mayor información precisa , confiable y verídica , de la imagen del restaurador a los jóvenes que inician el estudio , o la política , para demostrar que hubo , alguna vez en estas pampas , un caudillo , detestable por la alta sociedad  , amado por los pueblerinos  , que llegó a tal punto , ser considerado como el Restaurador de las Leyes .

Las falacias de Banegas Lynch (h) sobre Rosas

Por el Dr. Edgardo Atilio Moreno

El economista liberal Alberto Banegas Lynch (h) escribió un articulo titulado “Juan Manuel de Rosas: perfil de un tirano”; que se publicó el 9 de febrero del 2012, en el blog del Centro Para la Prosperidad Global “The Independent Institute”, y en otros sitios de Internet como “libertadyprogresonline.org”.
La nota, de entrada nomás, se despacha con los típicos insultos a la figura del ilustre Caudillo. Con la misma mesura y honestidad de los unitarios del siglo XIX, Lynch considera a Rosas un tirano y un imitador de Caligula. A partir de semejante introito uno se da cuenta que nada serio y objetivo podrá encontrar en ese texto; no obstante ello, y desafiando lo aconsejable para estos casos, nos adentramos en su lectura.
¿Y que es lo que encontramos a continuación? Una trascripción de los argumentos en contra de Rosas que escribió el historiador Isidoro Ruiz Moreno en el diario La Nación del 8 de noviembre de 1999, y que fueron oportuna y prolijamente refutados por el Instituto Juan Manuel de Rosas, en su Revista Nº 57 de octubre/diciembre de 1999.
En aquella nota Ruiz Moreno decía que Rosas “se declaró enemigo de la gesta independentista de 1810 tal como él mismo lo especificó posteriormente en un discurso el 25 de mayo de 1837”.
Pues bien, si uno lee aquel famoso discurso del Restaurador, no tiene la menor duda de que este historiador liberal hace una pésima interpretación del mismo. A decir verdad hay que tener mala fe para encontrar allí una oposición a la gesta independentista; por el contrario, esta clarísimo que Rosas apoyó y reivindicó el Mayo que se desenvolvió fiel a nuestra tradición histórica, y que solo repudió al Mayo masónico y jacobino de los liberales.
Así mismo afirma que “cuando se produjeron las invasiones inglesas, Rosas se retiró a su estancia”. Esto de ser cierto no seria para nada condenable, atento a que por entonces don Juan Manuel era casi un niño; sin embargo es bien sabido, y esta perfectamente documentado, que no obstante su edad combatió en aquellas gloriosas jornadas, y lo hizo con bravura (ver: carta de Liniers a los padres de Rosas y lo dicho por Saldias).
Por otro lado, también le reclama a Rosas que “inició una guerra no declarada con Bolivia que descuidó de tal manera que se perdió Tarija”.  Otra extravagancia. ¿De donde tanta preocupación de un liberal por la perdida de territorios cuando sus principales ideólogos no se cansaron de predicar que el mal que aqueja a la argentina es la extensión, y en virtud de ello perdimos el Alto Peru, Paraguay, la Banda Oriental, las Misiones Orientales, el Estrecho de Magallanes, etc.?
Lo de la guerra con Bolivia se debió a que el dictador boliviano apoyaba a los unitarios de Salta y Tucumán, y pretendía además incorporar estas provincias a sus dominios. Por cierto que hay también ciertas razones de “pesos”, que extraña que los liberales las soslayen siendo que son tan afectos a las cuestiones crematísticas y desprecian como de un anacrónico nacionalismo todas aquellas que tengan que ver con la Unidad Nacional, la Soberanía y el Honor Nacional; nos referimos aquí a los perjuicios económicos que sufría nuestro país por culpa del gobierno de Santa Cruz, que gravaba con un impuesto del 40% las mercaderías destinadas a ultramar introducidas a Bolivia desde las provincias argentinas. (Ver por ejemplo carta de Heredia a Rosas del 21/01/1837).
Mas adelante, Ruiz Moreno nos recuerda que Rosas “en 1838 propuso ceder las Malvinas a los acreedores ingleses”. Viejo lugar común de la historia oficial explicado mil veces.
En realidad existen solo dos borradores confidenciales (que estrictamente hablando no tienen mucho valor como documentos pues no cumplen con los requisitos que exige la critica externa e interna) en los que se habla de indemnización y transacción respecto a las islas. Se trataría en todo caso de un proyecto de propuesta que no llegó a concretarse y que tenía como finalidad hacer reconocer a los ingleses que no eran propietarios de las Islas, pues eventualmente estarían dispuestos a comprarlas. Pensar de otra forma es creer que quien constantemente defendió nuestra soberanía en otras ocasiones, en esto actuaría en forma diferente. Solo el odio a Rosas puede mover a eso. 

Luego Ruiz Moreno toca el tema del bloqueo francés, y aquí nos muestra todo su patriotismo. Al igual que sus antepasados ideológicos se pone de lado de Francia, y dice que Rosas lo estimuló “para desviar la atención de los problemas internos”. La verdad de los hechos es que Francia buscaba hace tiempo una excusa para intervenir (Manuel Belgrano desde Londres ya lo advertía en 1833); por eso los agresores presentaron una nota inaceptable reclamando la libertad de unos franchutes delincuentes comunes, la destitución de quienes los arrestaron, la baja de dos milicianos franceses, y el trato de nación mas favorecida. Una insignificancia, al parecer, para el académico de marras; quien además nos informa que en “el tratado Makau-Arana se aceptaron los reclamos franceses”; aunque parece que los franceses y los unitarios no se enteraron de ello, ya que hasta el mismísimo Florencio Varela dijo: “Bochornoso es comparar el ultimátum de la Francia del 23 de septiembre de 1838 con lo que se ha conseguido”… “En una palabra, lo único que se ha conseguido es el reconocimiento de un principio que no hay que registrar en un tratado, porque el que perjudica a otro le debe indemnización”. Ironías aparte, no hay dudas que un historiador tiene que ser muy miope como para no ver todo lo que la Confederación Argentina obtuvo en ese Tratado. Claro que el animus injuriadi lo puede todo.
Así pues, Ruiz Moreno prosigue con su retahíla de falacias y a continuación  recurre al ya polvoriento reproche según el cual Rosas firma el Pacto Federal por el que se comprometió a convocar a un Congreso Constituyente, lo cual nunca cumplió”. Bueno, habría que notificarle a este hombre que el Pacto Federal no habla para nada de un Congreso Constituyente, solo de una Comisión Representativa, e invita a las provincias a reunirse cuando esten en “plena libertad y tranquilidad”.
Por fin termina sus dichos con la cantinela de que Rosas  “gobernó al país bajo un régimen de terror, en un sistema unitario centralizado y que nunca visitó el interior del país, salvo una vez a Santa Fe”. ¿Que documentación aporta?, ninguna, solo sus propias palabras. Y ya sabemos que lo que gratuitamente se afirma, gratuitamente se niega.
A todo esto Banegas Lynch, para rematar su libelo, nos deja una truculenta serie de citas injuriantes al Restaurador proferidas por personajes como Mitre, Echeverria, Sarmiento y Levene; como si tuvieran algún valor probatorio los dichos sin fundamento de sus mas acérrimos enemigos; los cuales además fueron los responsables de la falsificación de nuestra historia. Hacer eso es querer probar una mentira citando a la propia mentira. 

Inclusive mete en esa misma bolsa putrefacta al general San Martin citando una supuesta carta a Gregorio Gomez del 21 de septiembre de 1839 en la que este desaprueba cierta actitud persecutoria de Rosas respecto de algunas personas de las cuales el Libertador tenia buen concepto; carta que tal como ha sido probado por el historiador Eros Nicola Siri es apócrifa, y que además aunque no lo fuera, esta totalmente descontextualizada.
Si se quiere saber realmente lo que pensaba San Martín de Rosas, hay numerosos documentos al alcance.  En ellos se puede constatar que el Libertador aprobaba “con placer” el gobierno “firme” de Rosas (carta a Tomas Guido del 6 de abril de 1830), y consideraban que no había otra forma de cortar los males que por tanto tiempo han afligido a nuestra desgraciada tierra, que el establecimiento de un gobierno fuerte, o más claro, absoluto, que enseñase a nuestros compatriotas a obedecer” (carta a Guido del 17 de diciembre de 1835).
En esas cartas que la historia oficial trató de ocultar esta clarísimo no solo que el Libertador apoyaba la obra de Rosas sino que condenaba a los unitarios que se unían a las potencias extranjeras. En efecto en una carta del 10 de junio de 1839 decía: “lo que no puedo concebir es el que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su Patria… una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer”. En otra, del 2 de noviembre de 1848, se alegraba por los triunfos del Restaurador diciéndole: “a pesar de la distancia que me separa de nuestra Patria, usted me hará justicia de creer que sus triunfos son un gran consuelo pa mi achacosa vejez”.
Están también –obviamente- las cartas en las que San Martín apoya la forma en que Rosas defendió nuestra soberanía. En ellas además se puede ver la confianza que tenia en el Restaurador. En una decía por ejemplo: “yo estoy tranquilo en cuanto a las exigencias injustas que puedan tener estos gabinetes, por que todas ellas se estrellaran contra la firmeza de nuestro don Juan Manuel” (carta a Guido del 27 de diciembre de 1847).
Y tenemos sobretodo el Testamento del Libertador; en el cual dispone que: “El sable que me ha acompañado en toda la Guerra de la independencia de la América del Sud, le será entregado al General de la República Argentina Don Juan Manuel de Rosas, como prueba de satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido, el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que tratan de humillarla”. Este acto jurídico de gran trascendencia aventa cualquier duda al respecto y constituye el mayor halago y tributo que argentino alguno pueda haber recibido.
Y una cosa más. San Martín al final de su vida le dirá a Rosas lo siguiente: ...como argentino me llena de un verdadero orgullo al ver la prosperidad, la paz interior, el orden y el honor, restablecidos en nuestra querida patria: y todos esos progresos efectuados en medio de circunstancias tan difíciles en que pocos estados se habrán hallado. Por tantos bienes realizados, yo felicito a Ud. Sinceramente… Que goce Ud. de salud completa y que al terminar su vida pública sea colmado del justo reconocimiento de todo argentino. Son los votos que hace y hará siempre a favor de Ud. éste su apasionado amigo y compatriota que besa sus manos” (6 de mayo de 1850).
Que sigan pues los liberales con sus injurias, falacias, y ocultamientos. Nosotros en tanto seguiremos cumpliendo los deseos postreros del general don José de San Martín: colmando a don Juan Manuel del “justo reconocimiento” que se merece.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Rosas y la fundación de Bahia Blanca

Por el escribano Néstor R. GÜichal
CIUDAD DE LA REPÚBLICA Argentina, SITUADA a 7 kilómetros de la costa Atlántica, con un puerto militar, base Puerto Belgrano y dos puertos civiles, el de Ingeniero White, el mas importante en materia de embarque de granos, y el de puerto Galván,
y tiene una historia muy rica y bastantes divergencias respecto de su fundación.
La versión liberal y oficial, es que fue fundada por el Coronel Ramón Bernabé Estomba, el 9 de abril de l828, este jefe militar es el que quedó en el bronce, dejando de lado el esfuerzo y la visión de Juan Manuel de Rosas. Así es que el comandante de la campaña, inicia, una acción dirigida a la fundación de varios fuertes, que serán la base de futuras poblaciones como: 25 de Mayo (cerca de la laguna Cruz de Guerra), el Fuerte Federación (hoy ciudad de Junín). Sin embargo, lo que más preocupaba a Rosas era la fundación de un fuerte en la Bahía Blanca.
El comandante general de la campaña, planificaba la creación de un punto estratégico en la Bahía Blanca, llamada así por la fluorescencia blanquecina, que por los reflejos del salitre se veía en algunas horas. Este punto, era el más importante de todos, pues la salida al mar permitiría sacar la producción de cueros de los saladeros, pero lo mas importante, la sal saldría por el mar a Buenos Aires y se
distribuiría en todos los puntos donde habían saladeros, por el continente
demandaría mas tránsito, pero además existían las distintas postas que regenteaban los caciques tehuelches,araucanos y ranqueles, que exigían una constante negociación para el acceso a las salinas grandes. Retornar por el continente era muy complejo y
más lejos, no había caminos, y a veces aparecían grupos de choque de indígenas que impedían el desplazamiento. Con la salida marítima por el Fuerte Protectora argentina, que hoy se llama Bahía Blanca, esta sería más rápida y menos cruenta, aunque Don Juan Manuel no solo pensaba en la sal, sino también, en todo tipo de producción. En abril de 1828, la nación estaba convulsionada por la renuncia de
Rivadavia, que había asumido su error con la gestión de su ministro García por la pérdida de la Banda Oriental, si, se había perdido un pedazo de tierra más. Dorrego quiere reorganizar el país, pero la inmoralidad comenzó a socavar la estructura
que este montó para lograr la organización nacional, pero no pudo llegar a ello debido al cruento fusilamiento ordenado de Lavalle. Mientras tanto el comandante de la campaña bonaerense, Don Juan Manuel de Rosas, había iniciado en forma minuciosa y organizada la fundación del fuerte Protectora Argentina, a partir del 27 de diciembre
de l827. Pensó en lograr la pacificación inmediata de la zona y alrededores, desde los otros fuertes que ya estaban fundados, se vigilaba el merodeo de los indígenas que existían, estos habían escapado de las inmediaciones de San Luís, y fueron a
reunirse con las tribus establecidas entre Sierra de la Ventana y Tandil. Según cita el historiador Carlos Grau, que publicó un interesante mapa de la provincia de Buenos
Aires, editado en 1824, figuran entre las tribus de la nación pampa, los toldos
del cacique Llanquelen, ubicados en los que serian los partidos de Pringles y Coronel Suárez y en Sierra de la Ventana. Llanquelen había participado en un parlamento con Rosas, también otro gran parlamento de paz se realizo en la zona donde se fundó Bahía Blanca. El Coronel Rauch, había sido mandado por Rivadavia y
había matado y dispersado indígenas. Fue Don Juan Manuel de Rosas quien pacificó el campo, no estando de acuerdo con aplicar una política ofensiva, contra los pampas y algunas tribus ranqueles, así es que fundó, el fuerte Federación, donde hoy se halla
la actual ciudad de Junín, y luego el de Protectora Argentina. Para mayor seguridad de esas fortalezas ideó el sistema de situar en sus inmediaciones tribus de indios amigos, con sueldos y raciones, que informarían las novedades del campo. El General
Pacheco, que en ese entonces era el jefe de la frontera, informaba que los indígenas habían destruido el Fuerte Federación. Rosas tejió a través de una hábil negociación en toda la zona, las pautas de pacificación. Tenia como indios amigos al cacique Santiago Llanquelen en Junín, llevó a Tandil, a los grupos de los caciques Collinao y
Melinao. Destinó a las tribus de Catriel y Cachul para ocupar la zona que después seria el fuerte de Azul y en lo que hoy es Bahía Blanca (El Fuerte Protectora Argentina), estableció a los indígenas amigos, chilenos y pampas del cacique Cañuepan. Rosas inicio, con anterioridad a la efectiva fundación del fuerte protectora, el envió durante casi un semestre de materiales, provisiones, herramientas, como así también un agrimensor y un ingeniero militar, Narciso Parchape. Efectivamente en los papeles históricos el que firma el acta fundacional del fuerte Protectora Argentina (hoy Bahía Blanca), es el Coronel Ramón Bernabé Estomba, quien a recibido de la historia oficial todo el reconocimiento de un fundador, existen numerosas pruebas de la actitud rosista dirigida a la fundación del fuerte. El 14 de enero de 1828, Rosas se dirige a Estomba que se encontraba en el fuerte Independencia y le comunica que será el jefe de la expedición. Le envía 4 inventarios de todo lo que ya este había enviado al fuerte que llamara Protectora Argentina, hoy Bahía Blanca, esto prueba las comunicaciones permanentes entre Rosas y
Estomba y se encuentra en todos los archivos y estudios realizados sobre el tema.
Una vez más, la omisión histórica condenó al ostracismo a Don Juan Manuel de Rosas, que desde el punto de vista geopolítico y económico pensó en la organización del país, al organizar la fundación del fuerte Protectora Argentina, hoy Bahía
Blanca. El reconocimiento histórico oficial será siempre para Estomba.
FUENTES BIBLIOGRAFICAS CONSULTADAS
· Rosas y sus relaciones con los indios (Jorge
Oscar Sulé)
· Nuestros paisanos los indios (Carlos
Sarasola)
· Historia de la confederación Argentina,
Tomo 1 (Adolfo
Saldias)
· Caciques pampas y ranqueles (Santiago
Avendaño)
·Rosas y la problemática del indio (Jorge
Oscar Sulé)

1ro de Mayo de 1886 : Dia del trabajo

Por el Prof. Julio R. Otaño
La revolución industrial (en sus dos etapas, la primera tras la máquina de vapor y la lanzadera volante de las fábricas textiles, y la segunda tras la energía a base de petróleo y electricidad) generó el sistema capitalista y un nuevo grupo social: el proletariado o clase obrera. Las condiciones laborales del naciente grupo social eran realmente deplorables: niños, mujeres y hombres cubrían jornadas de hasta dieciocho horas diarias sin descanso semanal, sin asistencia médica y con unos salarios menos que miserables.
A fines del siglo XIX Chicago era la segunda ciudad norteamericana. Del oeste y del sudeste llegaban cada año por ferrocarril miles de trabajadores rurales desocupados, asentando los primeros asentamientos que albergaban a cientos de miles de familias. A ellos se agregaron numerosos inmigrantes europeos que arribaban literalmente sin nada. Existía una ley que prohibía “trabajar más de 18 horas diarias, salvo caso de necesidad”. La mayoría de los obreros estaba afiliada a la Noble Orden de los Caballeros del Trabajo, pero tenía más preponderancia política y gremial la American Federation of Labor, de origen anarquista.
Un repaso a la historia: 1 de Mayo, Día Internacional de los ...
En 1886, el presidente Andrew Johnson, como medida para combatir la desesperante desocupación, promulgó la llamada Ley Ingersoll, que establecía el máximo de ocho horas de trabajo diarias. Pero la ley no se cumplió en ningún lado y varios Estados la reglamentaron permitiendo jornadas de catorce a dieciocho horas. La AFL convocó a la huelga nacional para el 1º de mayo de 1866 en defensa del cumplimiento de la “Ley de las Ocho horas”. También se sumaron las organizaciones de la Unión Americana y se organizaron entonces cinco mil paros en todo el país. La prensa calificó al movimiento como “indignante e irrespetuoso, delirio de lunáticos poco patriotas”.  El New York Times dijo: “Las huelgas para obligar al cumplimiento de las ocho horas pueden hacer mucho para paralizar nuestra industria, disminuir el comercio y frenar la renaciente prosperidad de nuestra nación, pero no lograrán su objetivo”. Por su parte, el Filadelfia Telegram agregaba: “El elemento laboral ha sido picado por una especie de tarántula universal y se ha vuelto loco de remate: piensa precisamente en estos momentos en iniciar una huelga por el logro del sistema de ocho horas”. El Indianápolis Journal informaba: “Los desfiles callejeros, las fogosas arengas de truhanes y demagogos que viven de los impuestos de hombres honestos pero engañados, las huelgas y amenazas de violencia, señalan la iniciación del movimiento”. Pero el premio lo llevaría el Chicago Tribune, que osó decir: “El plomo es el mejor alimento para los huelguistas… La prisión y los trabajos forzados son la única solución posible a la cuestión social. Es de esperar que su uso se extienda”.
El 1° de mayo de 1886 cientos de miles de obreros iniciaron la huelga en todo el país. En Chicago, en la fábrica McCormick surgieron algunas fricciones que generaron violencia entre los trabajadores que se negaban a entrar a laborar y la policía local; la fuerza pública acometió con armas de fuego contra los obreros, lo que dejó como resultado numerosos heridos y varios muertos. En esa misma ciudad, los obreros habían conseguido un permiso para hacer un acto a las 19.30 en el parque Haymarket. A las 21.30 el alcalde Harrison, quien estuvo presente en el acto para garantizar la seguridad de los obreros, lo dio por terminado. Pero el mismo siguió su desarrollo, con la presencia de más de veinte mil obreros. El inspector de la policía John Bonfield consideró que, habiendo terminado el acto según la manifestación del alcalde, no debía permitir que los obreros siguieran en ese lugar, y junto a ciento ochenta policías uniformados avanzó hacia el parque y empezó a reprimir. De repente estalló entre los policías un artefacto explosivo que mató a un oficial de nombre Degan y produjo heridas en otros. La policía abrió fuego sobre la multitud, matando e hiriendo a un número desconocido de obreros. Se declaró el estado de sitio y el toque de queda, y en los días siguientes se detuvo a centenares de obreros, los cuales fueron golpeados y torturados, acusados del asesinato del policía. Se realizaron cantidad de allanamientos y se “fabricaron” descubrimientos de arsenales de armas, municiones, escondites secretos y hasta “un molde para fabricar torpedos navales”.
La prensa, en general se plegó a esta caza de brujas: “¿Qué mejores sospechosos que la plana mayor de los anarquistas? ¡A la horca los brutos asesinos, rufianes rojos, monstruos sanguinarios, fabricantes de bombas, gentuza que no son otra cosa que el rezago de Europa que buscó nuestras costas para abusar de nuestra hospitalidad y desafiar a la autoridad de nuestra nación, y que en todos estos años no han hecho otra cosa que proclamar doctrinas sediciosas y peligrosas!”. Los diarios reclamaron un juicio sumario por parte de la Corte Suprema responsabilizando a los anarquistas y a todas las figuras prominentes del movimiento obrero.
Se continuó con la detención de cientos de trabajadores en calidad de sospechosos. El 21 de junio de 1886 se inició la causa contra treinta y un responsables, siendo luego reducido el número a ocho. El juicio fue una farsa del principio al fin, violándose todas las normas procesales de forma y de fondo, mientras la prensa hacía sensacionalismo urgiendo a ahorcar a los extranjeros. A pesar de no haberse probado nada en su contra, los ocho de Chicago fueron declarados culpables, acusados de ser enemigos de la sociedad y el orden establecido. Tres de ellos fueron condenados a prisión y cinco a la horca.
1º MAYO - DÍA DEL TRABAJO ::: Paritarios.cl
A todos ellos se los recuerda desde entonces como “Los mártires de Chicago”.
El corresponsal de La Nación de Buenos Aires en Chicago, nada menos que el apóstol cubano José Martí, escribió el relato de la ejecución: “…salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos. Abajo está la concurrencia, sentada en hilera de sillas delante del cadalso como en un teatro… Firmeza en el rostro de Fischer, plegaria en el de Spies, orgullo en el del Parsons, Engel hace un chiste a propósito de su capucha, Spies grita: “¡La voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora!”. Les bajan las capuchas, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen y se balancean en una danza espantable…”.
Finalmente varios sectores patronales accedieron a otorgar la jornada de ocho horas. Sin embargo, Estados Unidos es el único país importante del mundo que no recuerda el 1º de mayo: al día de hoy tampoco hay ninguna placa ni monumento recordatorio en el Haymarket Square de Chicago.
En nuestro país, el 1º de mayo ha sido en el pasado una jornada de lucha; y hasta hemos conocido períodos en los que la fecha se pudo transformar en alegres y fantásticas fiestas del Trabajo que convocaban a millones.
Pero la ciega perversión del proceso histórico contemporáneo (aquí y en todo el mundo) ha terminado produciendo una curiosa involución del sentido, haciendo aparecer al trabajo como un recurso escaso producto de la riqueza, cuando resulta que precisamente el trabajo es el origen de todas las riquezas. Lo cierto es que los bienaventurados que aún trabajan lo hacen en condiciones cada vez peores que, en lugar de otorgar dignidad, la quitan. Y comparten con los que son expulsados del mundo laboral el hambre de todos los días y la vieja injusticia que hace décadas se creía superada. Por todo ello, los pocos que disfrutan plenamente de un empleo y de un ingreso digno van de a poco reemplazando la sana esperanza popular heredada de su comunidad, por un especie de ruego laico de patas cortas, alienado y alienante: “que a mí no me toque…”.
Tal vez sea oportuno recordar hoy la advertencia del recién desaparecido Juan Pablo II en su encíclica Laborem Exercens, de principios de su pontificado: “El error del capitalismo primitivo –concebir el trabajo como mercancía o insumo- puede repetirse dondequiera que el hombre sea tratado de alguna manera a la par de todo el complejo de los medios materiales de producción, como un instrumento y no según la verdadera dignidad de su trabajo, o sea como sujeto y autor y, por consiguiente, como verdadero fin de todo el proceso productivo”.