Rosas

Rosas

domingo, 22 de abril de 2018

Motivos del Revisionismo y del Antirrevisionismo Históricos

  Por Pedro De Paoli
La
cuestión histórica es clave. Con anterioridad solamente se planteó la cuestión de algunos hechos históricos, pero tratados empíricamente, desde su importancia como episodios, y dentro de los  límites puramente formales y estrechos de la crónica.  Jamás se fue al contenido de los hechos históricos, como tampoco se los trató en su conjunto como raíz de un pueblo nuevo y como causa de un acontecer que se proyectaba hacia el futuro obedeciendo al sino de un momento histórico dado, y al que ninguna fuerza era capaz de detener. Donde había una fuerza inmaterial que daba nacimiento a un nuevo acontecimiento histórico, como ocurrió con el nacimiento de Babilonia, Grecia, Roma, la Edad media, o el Renacimiento, nuestros historiadores sólo vieron tal o cual hecho, o episodio, provocado por la voluntad personal de aquel o éste personaje civil o militar. Y lejos de ser capaces de penetrar en los designios del sino histórico de los pueblos, de las razas o de las culturas, desde el punto de vista filosófico o teológico, hasta fueron incapaces de unir al estudio de esos hechos históricos, las ciencias indispensables a tales estudios: cuales son la etnografía, la economía, la filosofía la arqueología, la sociología… Y es que de todos nuestros llamados historiadores ninguno fue filósofo, ni economista, ni político. Los unos fueron periodistas y los otros militares. No se cultivaba, entonces, en nuestro país ni la ciencia histórica ni el método histórico. De ahí que quienes pretendieron ser historiadores quedaron en meros cronistas. Por eso nosotros no tenemos una Historia Argentina, sino que solamente tenemos una crónica de los hechos históricos de la Argentina.   Sarmiento intentó en el ‘Facundo’ realizar un estudio histórico, dentro de los lineamientos y del sentido real y profundo de esta ciencia, de acuerdo con los conocimientos de su época. Su falta de cultura, de entonces, y su pasionismo, se lo impidieron. Por eso dice el Dr, Alfredo L. Palacios que “Facundo no es libro de historia, ni es tampoco un libro de sociología”.
 Imagen relacionada
      Con ese pasionismo o preconceptos, nacen nuestros libros de historia argentina, en los que hemos estudiado siendo niños y jóvenes, y con los que hemos enseñado luego siendo maestros. Y así se formó nuestro concepto histórico del pasado argentino con libros escritos por cronistas cuyo interés principal fue el de defender al padre que fue actor de importancia en algunos hechos históricos, a la propia familia que se hizo de éstos o aquellos bienes; al Partido en que el historiador militó, o para defender al historiador mismo de hechos que él realizó y que necesito explicar y justificar ante sus contemporáneos y aun ante la posteridad.  Historia escrita por los triunfadores de uno de los dos bandos en luchas, está viciada por ese ‘sistema’ que menciona don Valentín Alsina y por la falta de cultura histórica de quienes se erigieron en nuestros historiadores.  Era, pues, natural que, con el tiempo llegase una generación que, penetrando  resueltamente por la angosta puerta de los archivos históricos, tomara de los estantes los legajos amarillentos, y pacientemente se pusiese a leer y releer documentos históricos sobre éste o aquel hecho, sobre éste o aquel personaje. Y ha ocurrido lo que era inevitable que ocurriese; Se descubrieron los ‘sistemas’ con que fue escrita nuestra pretendida historia argentina. Y esta generación, que es la actual, con los documentos en la mano, salió a la calle y comenzó a gritar la verdad de este o aquel hecho histórico, sobre este o aquel personaje de nuestra historia. Y tal hecho y tal personaje comenzaron a cambiar de fisonomía, a cambiar de alma; algunos para bien, otros para mal de ellos mismos.  Si la historia fuese una ciencia, como lo es en realidad, como las matemáticas o la botánica, o la medicina, aceptando por un instante como ciencia el arte de curar, no hubiera ocurrido nada, nadie se hubiese alarmado, y nadie hubiera sido combatido ni perseguido por ello. Porque ¿qué importa si mañana se descubre una mejor manera de resolver un teorema, o si tal planta en lugar de ser de una especie, resulta que es de otra, o si la bronconeumonía se cura mejor con este medicamento que con aquel? Desde el punto de vista de la especulación científica, todo ello da lugar a que se aplauda, porque nadie se perjudica en sus intereses, ni morales ni materiales.  Si la historia, incluso la argentina, fuese tratada como debiera tratarse, esto es, puramente como una ciencia, cuando se llegara a transformar un concepto dándole una forma o un sentido diferente a los que tenía anteriormente, nadie se alarmaría,  nadie se  violentaría,  y nadie sería combatido ni perseguido, ni calumniado por eso. Más aun, cuando vemos de pronto que personajes de la historia de otro país, como Catilina, por ejemplo, que siempre fue tenido por un corrompido y mal ciudadano, resulta que no es así; cuando a un hombre como Junio Bruto, a quien se tuvo por el repúblico puro por excelencia, y se descubre luego, que era un tartufo oligarcón y que la muerte de Julio César, de la que fue responsable en primer término, fue un crimen de lesa patria; cuando se sostiene y se prueba que Cicerón, el gran Cicerón con su verba incomparable, más que de patriota tenía de demagogo y simulador; nadie, absolutamente nadie, se enoja, ni se llena de odio, y a quienes sostienen tal transformación de conceptos históricos, no se los persigue ni aquí, ni en ninguna parte. Pero en cambio, ¡guay! de quien aquí, entre nosotros, sale un día a la calle con un documento insospechado e irrefutable en la mano, y dice: tal hecho que se creía que era así, es de esta otra manera, o tal personaje que se ha sostenido siempre que era tal, resulta ahora que es cual. ¡Guay! de él.       ¿Cuál es el motivo? ¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué a nosotros que sostenemos lo que se ha dado en llamar el ‘revisionismo histórico’ se nos combate tanto, y se nos persigue sin tregua? En otras palabras: ¿por qué está condenado a muerte el ‘revisionismo histórico’?
      ¿Cuáles son los motivos del ‘revisionismo y del antirrevisionismo históricos? He aquí la cuestión.
      La historia y sus hechos están íntimamente ligados a la política del pueblo respectivo. No hay hecho histórico sin intereses, causas y motivos políticos. No hay motivos políticos sin intereses económicos. La política y la economía son partes integrantes de la Historia. Los intereses de una clase social, de un grupo, y hasta de un individuo o de una familia, están íntimamente ligados a la política del  país. Escribir la historia de un país es escribir los hechos políticos de ese país, o dicho más concretamente, no se puede escribir la historia de un país, sin exponer como fue la política de ese país en ese mismo período histórico. Y exponer en una historia como fue la política de ese país, en tal tiempo o época, es describir como se defendieron los intereses de las diferentes clases sociales, familias, castas, instituciones o individuos. De cómo se escriba la historia resultan patriotas o antipatriotas, morales o inmorales, santos o protervos, próceres o delincuentes, ésta o aquella clase social, este o aquel partido político, esta o aquella institución, estas o aquellas familias, este o aquel personaje.  Si la historia de Florencia del 1200 al 1300 la escriben los güelfos, ¡Dios guarde a los gibelinos de cómo salen de ella!, y si la escriben los gibelinos ¡Dios guarde como salen los güelfos! Se voltean unas estatuas y se levantan otras; se cambian los nombres de las calles, las plazas se denominan de otra manera y Dante es o no desterrado.  Nuestra historia fue escrita ayer nomás, por hombres de un mismo partido político y miembros de una misma sociedad internacional secreta. Eran hombres que, aunque pudieran tener esporádicamente algunas divergencias políticas, defendían los mismo intereses morales y materiales, y pertenecían a una misma corriente ideológica. Ellos, con sus historiadores, dieron certificado de buena conducta y patente de próceres a hombres y partidos, y marcaron de antipatriotas y bandidos a otros hombres y partidos. Cambiar los conceptos históricos por ellos establecidos, es cambiar las calificaciones que ellos hicieron , y los afectados en sus intereses morales o materiales, o en su partido político, en su sociedad secreta, o en sus nombres, salen en defensa de lo suyo armados de cualquier arma, con tal que sea ofensiva.  Al cambiar los conceptos históricos que figuran en los libros que se estudian en escuelas y universidades, surgen a la superficie los intereses materiales que fueron los motores de la política movida por los próceres de nuestra pretendida historia. Y este es el punto gordiano de la cuestión. Señalar como se urdieron y quienes se beneficiaron con esa política es dar nacimiento a lo que se ha dado en llamar “revisionismo histórico”;  mantener como verdad inconcusa, eterna e inconmovible, los conceptos establecidos por nuestros historiadores clásicos, es colocarse dentro del “antirrevisionismo histórico”.  ¿Cuáles eran los intereses que con tanto afán ponen los enemigos del “revisionismo histórico” en que no se hurguen? ¿De qué clase eran tales intereses? ¿Qué relación tenían con el destino de la patria, con la libertad absoluta de la patria, con la grandeza de la patria, esos intereses que el “revisionismo histórico “quiere exponer a la luz del día?
      Largo, larguísimo sería exponer el tema en toda su integridad. Habría que arrancar desde antes de mayo de 1810. Habría que introducirse por la maraña de los acontecimientos antes del alborear histórico; de los que ocurrieron cuando la patria advino; cuando ocurrieron los de la época de Rivadavia, de los caudillos, de Rosas. Pero como nuestra historia fue escrita  después de la caída del gobierno de Rosas, arrancaré desde entonces, haciendo una leve referencia a los acontecimientos anteriores de esa época: Rosas cae ante el embate de un ejército internacional formado por tropas argentinas, uruguayas y brasileñas. Los emigrados, a cuyo frente están Mitre, Alsina Mármol, Sarmiento, los Varela… días antes de la batalla de Pavón, en la logia de Rosario, como he expuesto en mi libro:”Los motivos del Martín Fierro en la vida de José Hernandez”, eliminan a Urquiza, Buenos Aires sienta su hegemonía, y militares uruguayos al servicio de Mitre, aplastan a sangre y fuego todas resistencia sed las provincias. Es la época en que ocurre el asesinato alevoso de ‘El Chacho’. Y sometido, desarmado y vencido, el país queda a merced del grupo dirigente del Partido Unitario, llamado ahora el Partido de la Ilustración, el Partido Liberal.  Tendido de norte a sur está el suelo patrio cuajado de riquezas sin explotar. Campos ubérrimos, riquísimos; llanuras inmensas y fértiles; bosque tupidos de maderas industriales; ríos, cascadas, montañas, rodeos de vacas y de yeguarizo de miles de cabezas que no tienen dueño; minas de mineral riquísimo, todo, todo está allí, al alcance de la mano, esperando la mano del hombre, que, empuñando la herramienta de trabajo, abra los cauces de esa riqueza y prodúzcale asombro del mundo. Y todo es nuestro; la previsión maravillosa de España inmortal hizo que ni nación extranjera, ni persona extranjera, ni compañía extranjera se apoderada de nada de esta tierra. Más aún, casi todo eso, casi toda esa riqueza, más que nuestra es fiscal, es del gobierno, y éste puede, con tanto prodigio hacer la grandeza patria y la felicidad y bienestar de sus hijos.  Ya lo dice entonces Sarmiento al leer su mensaje presidencial al Congreso el año 1869: “Tierra de sobra e inmigración abundante tenemos nosotros, y sólo inteligencia, previsión, virtudes nos faltarán, si iguales causas no produjesen, en este extremo sur, iguales efectos que en el norte” (Estados Unidos).        Evidentemente la política argentina de entonces no produjo aquí los resultados que allá produjo la política de Washington, Franklin, Lincoln, etc. Ateniéndonos a las palabras mismas de Sarmiento, tanto a éste como a los otros gobernantes de su tiempo les faltó inteligencia, previsión y virtudes.        De los dos partidos en lucha, el Federal y el Unitario, uno miraba hacia adentro del país; el otro hacia fuera. El uno, el Federal, sentía la madre tierra, vivía con el espíritu tradicional de la Madre España, alimentaba su alma con la fe en la religión católica apostólica romana, y fincaba el porvenir de la patria, en la inteligencia, laboriosidad y virtudes de sus hijos y en los frutos que dieran las riquezas naturales del país, dirigidas por los mismos argentinos: por eso, cuando el gobernador de Buenos Aires, doctor Dardo Rocha comisiona al senador provincial don José Hernández, autor del Martín Fierra, que era federal, a que viaje a Europa y Australia para que aprenda allá los métodos de cultivo agrícola y de explotación ganadera para aplicarlos luego en la Argentina, Hernandez se niega a ir porque sostiene, que la tierra argentina y la ganadería argentina necesitan métodos argentinos y que éstos, que ya existían, eran para nosotros superiores a los de Australia y de Europa. En el Partido Federal, en los hombres Federales, había un sentir tradicional y católico en lo que a la moral y las costumbres se refiere, y en lo que atañe a la patria y a la política, había un sentido nacionalista, en el buen sentido de la palabra.        El Partido Federal no era retrógrado ni reaccionario, ni obscurantista. Por el contrario, era progresista, pero así como combatía la política centralizadora de la hegemonía de Buenos Aires contra las Provincias, sostenía que nuestro país no debia convertirse en colonia inglesa ni norteamericana, y que el progreso del país, el resurgimiento de sus industrias y de adelantos, debía ser obra de los argentinos mismos, y que el país tenía elementos necesarios: riquezas naturales y hombres para ello. Y de que en caso de necesitar hombres con conocimientos técnicos, porque aquí faltasen, más que traerlos de Europa y hacerlos dueños de nuestras riquezas, convenía enviar argentinos a estudiar en Europa para que allá adquiriesen esos conocimientos técnicos. En una palabra: no entregar las fuentes de nuestras riquezas naturales, porque eso era entregar la patria misma al dominio extranjero que siempre es un dominio imperialista, y convierte a los países dominados por él, en colonias. 
 Resultado de imagen para pedro de paoli  Resultado de imagen para pedro de paoli
Era hacer, en parte, lo que estaba haciendo en el Paraguay, esa gran figura americana tan calumniada, la figura del Mariscal Francisco Solano López, quien enviaba jóvenes estudiantes paraguayos a las universidades de Europa, costeados todos los gastos por cuenta del gobierno paraguayo, para que el Paraguay tuviese en manos paraguayas todas las riquezas naturales, sin desdeñar, como Solano López no desdeñaba, la colaboración de técnicos extranjeros, pero no como dueños, no como directores de empresas imperialistas extranjeras, sino como simples empleados a sueldo del gobierno paraguayo. Por eso el gran Paraguay de Solano López, creo no equivocarme al decir que tuvo ferrocarriles antes que nosotros, altos hornos antes que nosotros, telégrafos antes que nosotros, y marina propia que surcaba todos los mares del mundo con la bandera nacional al tope, cien años antes  que nosotros. Era el fruto, no de una política dictatorial, como se ha pretendido sostener, sino de una sana y patriótica política nacionalista que a nosotros siempre nos faltó. El otro partido, el Partido Unitario, que luego se lo designó con muchos nombres: Partido Liberal, Partido de la Ilustración. de las luces, de la civilización, constitucional, autonomista, cocido, pandillero y otros más, dirigido por hombres, los más de los cuales llenan nuestras plazas con sus estatuas, las calles y los ferrocarriles con sus nombres, veían el problema del porvenir del país de manera opuesta. Para ellos la Argentina no tenía los elementos suficientes para dirigir los trabajos de resurgimiento del progreso. Más que de las virtudes y la inteligencia de los hombres argentinos, el progreso del país dependía del capital, del dinero que según ellos, en el país no existía en cantidad suficiente. El capital extranjero, la técnica extranjera y el sentir extranjero, eran los únicos elementos capaces de realizar el progreso del país.  Viajaban frecuentemente a Europa, y algunos a Estados Unidos, aspiración suprema de todos ellos, y de allá venían imbuidos y sugestionados por el sentir europeo o norteamericano.       Si de paso, o por casualidad, visitaban España era para proclamar luego, a los cuatro vientos, el atraso de España, el reaccionarismo de España, el obscurantismo de España, sirviendo todo ello para  lamentar en todos los tonos la desgracia que habíamos tenido, y seguíamos teniendo, de que España nos hubiese descubierto, conquistado y colonizado, haciendo recaer en ellos todos nuestros males. Y como corolario, comparar a nuestro país con Estados unidos, sacando conclusión de que Estados Unidos era progresista, nada más que porque había sido colonizada con métodos ingleses, métodos protestantes, métodos cuáqueros, puritanos. Y ya que estoy hablando de ello, permítaseme observar que ninguno de  los hombres, que tanto alabaron esos métodos y vituperaron los de España, no nos dijeron nunca en qué consistían esos métodos de colonización protestantes, cuáqueros puritanos. Y como esos métodos eran un tanto ‘originales’ y contrarios a nuestro sentir cristiano y católico, voy a referirme en un breve paréntesis a ellos: Entre las distintas obras de autores norteamericanos que tratan de los métodos de colonización que allá emplearon, tomo el libro : “El Desarrollo de las ideas en EE. Unidos” de Vernon Louis Parrington. En el tomo primero dice al respecto: “Después de los escocio-irlandeses, que en mayor parte eran labriegos libres, la clase más importante que vino a agregarse a la población norteamericana, fue la de los trabajadores escriturados, (obligados por contrato a servir a un amo, quien tenía el derecho de traspasarlos a  terceros, o sea, en realidad, a venderlos: eran de hecho esclavos). Casi todos eran ingleses, escoceses, irlandeses y alemanes, y entre ellos se contaban trabajadores de todos los oficios y de algunas profesiones. En aquellos tiempos los traficantes de gente estaban bien organizados y tenían un comercio activo, bastante provechoso, y de continuo enviaban a América multitud de trabajadores escriturados que venían a mover las ruedas de la industria colonial. En su historia de los redencionistas alemanes (emigrantes que, en pago de pasaje se obligaban a servir durante un tiempo especificado), el autor Diffenderfer, reproduce varios anuncios curiosos que arrojan luz sobre este tráfico. He aquí dos de ellos:        Del American Weekly Mercury, del 18 de febrero de 1729: “Llegada recientemente de Londres una partida de trabajadores muy prometedores, hombres y mujeres; algunos de  los hombres son menestrales. Se venden a precios módicos y a plazos. Entenderse con Charles Read, de Filadelfia, o con el capitán John Ball a bordo de su barco, en el muelle de Anthony Millkimson”.        Del mismo periódico, 22 de mayo de 1729, anuncios de dos barcos: “Acaba de llegar de Escocia una partida de trabajadores escoceses escogidos: sastres, tejedores, zapateros y labradores, algunos alquilados por cinco y otros por siete años. Importados por James Coults”.       “Acaba de llegar de Londres en el barco Providence, del capitán Jonathan Clarke, una partida de trabajadores muy prometedores, casi todos menestrales, que se venden según condiciones razonables”.        Tales eran los métodos de colonización de los protestantes, cuáqueros, puritanos, etc., ingleses que tanto alaban los escritores unitarios. Compraban y vendían a sus propios hermanos de raza, de religión y de patria. Han sido, sin duda métodos muy eficaces para la colonización de Estados Unidos, pero a pesar de ello, nosotros seguimos prefiriendo los que aquí, en Sud América, utilizó la atrasada y reaccionaria España, a cuyo espíritu y a cuya alma católica, apostólica romana, repugnaba la compra y venta de hermanos de la propia fe, de la propia raza , y de la propia patria, aunque ello diera mucho dinero y mucho progreso.
      Imbuidos  y sugestionados por el sentir europeo, los hombres del partido liberal desecharon para el primer plano, o plano superior, todo lo autóctono, lo argentino. Desde las locomotoras hasta los zapatos y desde los cueros hasta los alimentos, todo era superior si era europeo excluido, desde luego, los español, considerada España rémora de Europa.  El hombre mismo, como ser biológico, era superior sui era europeo. Para lo único que tenía capacidad el argentino, era para la política, porque era manejada por ellos mismos. Así fue creándose en nosotros el complejo de inferioridad de lo argentino frente a lo europeo o norteamericano, desde los hombres hasta las cosas.        Así se introdujeron las teorías y las doctrinas sociales y económicas extranjeras, sin modificarse en cuanto a las características y exigencias argentinas; así se dio a empresas imperialistas extranjeras el dominio absoluto de las principales fuentes de riqueza y de servicios públicos nuestros; así se vilipendió la memoria de gobernantes, de militares, de intelectuales del bando contrario, y así se llegó a pintar al gaucho, el arquetipo de la nacionalidad, como el representante de la barbarie, sentándose como axioma  el enunciado de “civilización o barbarie”, civilización la ciudad y barbarie el campo.  Al conjuro de su propia riqueza, el país comenzó a dar sus frutos prodigiosos apenas la técnica imperialista movió sus tornillos, que al mismo tiempo eran torniquetes para la independencia patria. Bien pronto se estuvo en presencia de un constante y maravilloso afluir de producción riquísima: cereales, carnes, maderas, minerales. Pero todo ya estaba supeditado al determinar de las empresas extranjeras. Y las órdenes para que reprodujera esto o aquello, en más o menos cantidad, no partían de argentinos ni de ninguna ciudad argentina; esas órdenes partía de Londres y las daban hombres extranjeros.
      Ante la presencia de tanta riqueza que debía explotarse activamente, la intelectualidad liberal, dueña de la Universidad, no le dio a esta ni la forma ni el contenido que esa riqueza a explotarse activamente exigía; la Universidad argentina mantuvo su estructura colonial y se dio a la exclusiva tarea de formar médicos y abogados, porque los médicos y los abogados, como profesionales, no eran ni un peligro ni una competencia frente a las compañías imperialistas extranjeras. No se formaron los técnicos que las nacientes industrias reclamaban a gritos. No, los técnicos venían de  Europa, sobre todo de Inglaterra.  La Universidad argentina no formaba  ingenieros, no formaba agrónomos, no formaban químicos industriales, en lo que se refiere a las Facultades de Ciencias Sociales y Políticas, no se hablaba de la relación estrecha que existe entre la independencia política y la independencia económica. Los más de los textos eran extranjeros, seleccionados cuidadosamente, no ser cosa que despertaran en los argentinos el espíritu de construcción de la nacionalidad.
     Resultado de imagen para pedro de paoli Resultado de imagen para pedro de paoli
 Si, la Universidad estuvo durante un siglo en retardo con respecto a las necesidades y exigencias de la explotación de las riquezas naturales del país, base indispensable de su independencia económica y política. Y era que la Universidad, como todo el país, estaba en manos de esos hombres intelectuales que tenían la mirada fija en Europa, hombres enemigos del Partido que miraba hacia la tierra argentina, que sentía la tierra argentina y que tenía fe en la tierra argentina, y en el patriotismo, las virtudes y la inteligencia de los hombres argentinos para realizar el progreso de la nación argentina.         La Universidad estuvo en retardo con respecto a las  exigencias y necesidades  del progreso y la liberación económica y política argentina: había que abrir caminos, que construir puentes, que hacer diques, que instalar ferrocarriles, que construir barcos,  que explotar la agricultura y la ganadería. Para ello era indispensable técnicos argentinos. No los hizo la Universidad argentina en su hora; recién ahora, bajo el signo de nuestra Revolución del 4 de junio, a la que pertenecemos de alma desde la primera hora, la Universidad argentina se está ajustando al reclamo imperioso de la patria.        Cuando nosotros, “revisionistas de la historia”, queremos hurgar, queremos rastrear, queremos indagar que ha ocurrido con todo esto, es cuando los antirrevisionistas de la historia  claman desesperadamente que la historias Argentina es una cosa inmutable, intocable, irrevisable, y que sus hombres y sus hechos ya han sido definitivamente  juzgados. Entonces viene, no el embate de las ideas, las luchas de la inteligencia, que son tan subyugantes y tan hermosas, sino la persecución, la calumnia, y el reducir al revisionista de la historia por hambre, privándolo del empleo público. Eso hace un siglo que ocurre, en contra del derecho de la libertad de la investigación histórica.
      Los motivos del revisionismo y del antirrevisionismo histórico no fincan, pues, exclusivamente en tal o cual hecho aislado de nuestra historia. Al hablar de revisionismo y antirrevisionismo históricos, no se trata de sostener o negar si el fusilamiento de la pobre Camila O`Gorman fue o no un crimen (que lo fue sin duda alguna), que si el apuñalamiento y mutilación de ‘El  Chacho’ fue o no un crimen horrendo (que también lo fue sin ninguna clase de dudas). El revisionismo histórico no tiene como fin exclusivo ni ha nacido expresamente para reivindicar a Rosas, como parecen entenderlo no pocas personas, ni para arrojar alquitrán a las estatuas de Sarmiento, como el antirrevisionismo histórico no ha nacido exclusivamente para gritar que Rosas era un tirano, que Sarmiento era el hombre más veraz y  más civilizador del país, que ‘El Chacho’ era un bandido y que si San Martín donó su sable a Rosas, fue simplemente para hacer una gracia o por error. No, el revisionismo histórico y el antirrevisionismo histórico tienen otros motivos: el uno lucha por quitar de nuestra patria  hasta el último vestigio de colonia de éste o de aquel imperialismo; por quebrar el complejo de inferioridad de lo argentino frente a lo foráneo, por ser fiel a las fuerzas telúricas que nos dictan su afinidad  con la tierra madre; por ser fieles a nuestra tradición criolla y a nuestra religión católica, apostólica, romana, por realizar la independencia económica y política integralmente, por revisar la historia argentina a la luz de una documentación insospechable, llevando a hombres y a hechos a su verdadero lugar, por seguir, de acuerdo con nuestra tradición, proclamando la soberanía de lo espiritual frente a lo material…
      El antirrevisionismo histórico parte de otros principios, tiene otras concepciones filosóficas, políticas e históricas. A partir de la Reforma –de Alemania- dos corrientes se abren paso en el mundo trabadas en lucha tenaz y a muerte. Son leves transformaciones de las dos mismas fuerzas que luchan desde los tiempos bíblicos; la carne y el espíritu; la materia y el espíritu; el cuerpo y el alma; la vida corporal como simple tránsito por la tierra, y la vida como principio y fin; la idea de una sola vida, la de la tierra; el principio de que todos somos hermanos por el vínculo divino, y que por lo tanto, nos debemos ayuda mutua, y el principio de que somos simples hijos de la materia y por lo tanto somos entes materiales sin vinculación de unos con otros, y como lógica consecuencia, con libertad de que un hombre pueda explotar a otro hombre, sancionando con fuerza legal y moral, el enunciado de que el hombre es el lobo del hombre.
      Esas dos fuerzas que vienen luchando desde los albores mismos de la Humanidad, y que en el transcurso del tiempo han adoptado diferentes nombres, que se han ramificado en distintas corrientes, que han adquirido diferentes formas son las que animan la una, el revisionismo histórico; la otra, al antirrevisionismo histórico.
      De las formas simplemente espirituales, que en algunas etapas distinguen a esas corrientes, en  el Renacimiento llegan a saturar el intelecto y a plasmarse en el arte. Manifestaciones de esas dos corrientes son las maravillosas creaciones artísticas de Leonardo, Miguel Ángel, de Rafael. Ellas son exclusivamente fuerzas del espíritu que se manifiestan a la faz del mundo como una réplica a la Reforma, y como una continuación de la exaltación del espíritu, que las catedrales góticas de la Edad Media representan con caracteres eternos. En la infraestructura del Renacimiento, explotan las expresiones de la Reforma, que durante un siglo habían estado acumulando potencialidad. Y esas explosiones, como la Reforma misma, no son expresiones puramente teológicas, ni tampoco se trata de una simple interpretación libre de los versículos bíblicos desde el punto de vista religioso, sino que es toda una concepción de un  mundo distinto al que imperaba y se sentía  hasta entonces.       Esas dos corrientes, la una espiritual y tradicional; la otra reformista y materialista, se abren cauce a través del tiempo, y mientras la una predicando el vínculo divino del hombre con Dios y de la prolongación de la vida mediante la inmortalidad del alma, la otra llenando de orgullo el corazón del hombre, da nacimiento a una filosofía negadora y pesimista que va demoliendo las fuerzas espirituales del hombre, destruyendo la poesía encantadora de la Creación y reduce al ser a un simple animal con un poco más de raciocinio que una simple bestia.       De esta lucha cruenta, de esas teorías negadoras, nació la burguesía del siglo XUX, que muy pronto sentó la hegemonía de la máquina frente al hombre, y redujo a éste aun simple engranaje. Necesidad imperiosa de esa concepción burguesa y maquinista, comercial y fabril, fue su expansión más allá de las fronteras nacionales.  Esa expansión necesitó la protección de su respectivo gobierno, de sus leyes,  su diplomacia y sus fuerzas armadas. Esa expansión es la que conocemos con el nombre de Imperialismo, origen, causa y motivos de los mayores males que viene sufriendo la Humanidad desde hace siglos. Esa fuerza imperialista llegó a nuestras playas y ocupó la ciudad de Buenos Aires el año 1806. Rechazada, volvió a insistir, y vuelta a ser rechazada, aguardó mejor oportunidad,        Fue con la caída del gobierno de Rosas que la oportunidad se le ofreció, pero no ya en forma de invasión armada, sino en la forma simulada del aporte de capitales para el fomento de las industrias. Esa fuerza que nos invadió después del gobierno de Rosas, fue traída de la mano de argentinos ilustres; los que sucedieron en el mando del país al general Rosas, los famosos prohombres de la oligarquía ilustrada del 60, del 70 y del 80.  El fuerte espíritu nacionalista de las masas y de los intelectuales federales argentinos, era necesario abatirlo por medio de doctrinas contrarias, porque ese fuerte espíritu nacionalista se hubiese resistido y hubiese rechazado nuevamente la invasión extranjera (como los rechazó durante el gobierno de Rosas cuando se presentaron coaligadas las dos naciones imperialistas más fuertes del mundo: Inglaterra y Francia), no porque fuese contrario al progreso ni a los extranjeros, sino porque no hubiese admitido a éstos como patrones, como dominadores, como fuerza imperialista subyugadora y corrupta.
      Los hombres del partido liberal –durante el gobierno de Rosas- ya estaban de acuerdo con los imperialistas ingleses, y antes aún, cada vez que las fuerzas federales estaban en la inminencia de apoderarse del gobierno del país, los prohombres unitarios clamaban protección a Inglaterra o a Francia, aún entregando la nacionalidad misma, porque para ellos sus intereses  particulares o de clase, estaban por encima de la patria misma. Así lo prueba la siguiente carta, que en 1814, escribe el Director Supremo, Carlos María de Alvear al Ministro de Negocios Extranjeros de Inglaterra, y dice  así: “Estas provincias  desean pertenecer a la Gran Bretaña, recibir sus leyes, obedecer su gobierno y vivir bajo su influjo poderoso. Ellas se abandonan sin condición alguna a la buena fe del pueblo inglés, y estoy resuelto a sostener tan justa solicitud para liberarlas de los males que las afligen. Es necesario que aprovechen los momentos; que vengan tropas que impongan a los genios díscolos, y  un Jefe plenamente autorizado que empiece a dar al país las formas que sean de su beneplácito, del Rey y de la Nación, a cuyos efectos espero que V.E., me dará sus avisos con la reserva y prontitud que conviene, para preparar oportunamente la ejecución”.
      Tal prueba  de la traición a la patria ante las perspectivas que las fuerzas federales se adueñaran del poder. Los viajes que frecuentemente se hacían a Inglaterra, no tenían otro objeto que procurarse los medios para aplastar el espíritu de nacionalidad y de federalismo argentinos. Así fueron los viajes de Valentín Alsina y así los tan mentados y prolongados de Bernardino Rivadavia, el más famoso de los cuales, fue exclusivamente para informar a la Compañía Inglesa de Minas, a la que debia entregársele las famosas minas de Famatina, en  La Rioja, Compañía de la que Rivadavia mismo era accionista y comisionista.  Esa intentona de entregar el mineral argentino a una empresa imperialista inglesa, fue el origen y la causa de la Constitución Unitaria de 1824, y la que encendió la guerra entre federales y unitarios que duró medio siglo.        Durante el gobierno de Rosas se perdieron las perspectivas de dominar el país, ya con fuerzas militares, ya con fuerzas imperialistas. Pero los proscriptos, en Montevideo y en Chile, por sus ligazones con el imperialismo inglés, tenían la esperanza de dominar el país apenas Rosas cayera. Los diarios que escribían entonces, los convenios de la Comisión Argentinaen Montevideo, y los viajes de Florencio Varela a Inglaterra lo prueban acabadamente.        No es pura casualidad que todos los proscriptos fuesen masones, ya que Rosas jamás entabló una lucha directa y particular contra la masonería. Es que la masonería inglesa y la francesa eran las que financiaban las campañas contra Rosas, ya con fondos propios, ya con los de esos dos gobiernos que estaban en manos de l a masonería. Allí, en las logias de Santiago y de Montevideo, se establecieron los compromisos para cuando Rosas cayera.      Así nuestro país cayó en manos de la dominación imperialista inglesa. Los historiadores unitarios que fueron los que escribieron nuestra historia, tenían que ocultar estos hechos, y escribieron una historia argentina donde todo ello está oculto.
      Por eso la oligarquía ilustrada que gobernó el país  desde la caída de Rosas hasta nuestra Revolución del 4 de junio (y hago caso omiso de los gobiernos radicales, porque el Partido Radical, que fue en un principio continuación directa y fiel  del Partido federal, constituido y dirigido por hijos de rosistas distinguidos, como Leandro N. Alem, Hipólito Irigoyen y Aristóbulo del Valle, cuando llegó al poder ya estaba dominado por  la oligarquía conservadora), por eso, repito, la oligarquía ilustrada que gobernó el país, desde la caída de Rosas hasta la Revolución del 4 de junio de 1943, tuvo especial  interés en dominar totalmente todo cuanto se relacionara con la cultura: las universidades, las escuelas, el periodismo y la literatura. Por eso tuvo mucho cuidado en escribir la historia argentina e imponerla dictatorialmente en universidades y escuelas. Por eso fabricó próceres caprichosamente y llenó el país con sus estatuas y las plazas y calles con sus nombres. Por eso vilipendió a otras figuras históricas, dignas y patrióticas, las  que están  proscriptas injustamente ante la consideración  pública.  Por eso procuró, y lo consiguió en gran parte, cambiar el alma nacional, borrar cuanto de España y de latinos tenemos, cuanto de espiritual sentimos, cuanto de tradición vivimos. Por eso procuró cambiar nuestro espíritu nacional por otra internacional, y por eso ha procurado apagar la llama católica de nuestra fe, por la nada fría y despiadada del incredulidad.
      Allí está el antirrevisionismo histórico, allí sus motivos y sus causas.
      Nunca como en la actualidad estas dos corrientes han estado empeñadas en una lucha decisiva. No sólo en nuestro país, sino en el mundo entero estas dos fuerzas se aperciben para una decisión que puede ser para muchos siglos. Es una lucha en un aspecto que nunca tuvo: no ya la de dominar un mercado, la de apropiarse de una provincia o región, sino la de apropiarse del hombre, del espíritu del hombre. Ya no interesan solamente los mercados, las regiones, ni aún las naciones: interesa el hombre en su espíritu.  Ahora se pretende que el hombre sea prisionero en su espíritu de la pequeña oligarquía que desde un gobierno subyugará a todo el mundo. Es una lucha total, ya que el hombre es la representación de tonas las cosas y del universo mismo. Prisionero el espíritu del hombre, ¿qué queda de la vida del hombre? Establecidas, desde el gobierno las reglas y las formas del arte ¿qué queda del espíritu creador del hombre? Muchedumbre inmensa que se agita, lucha, sufre, goza, espera, canta y llora, la Humanidad, en el transcurso del tiempo, siempre oteó una meta en el remoto horizonte donde depositar su esperanza.
      En las épocas más oscuras por las que los pueblos pasaron, siempre hubo en el espíritu del hombre una llama encendida que se comunicaba con Dios, que se alimentaba de fe, que vibraba de emoción ante el encanto de la naturaleza y del universo, fulgurando en el brillo portentoso de las estrellas, y que un día, en un instante de inspiración, dio una fórmula, enunció un aforismo, concibió una ley, creó una fórmula bella, todo lo que sirvió para alumbrar a la Humanidad en el camino de la perfección.
      Esa llama es el alma de los espíritus libres, abiertos a la inspiración de Dios y a la consideración de los hombres de bien. Si las fuerzas del mal triunfan ¿Qué será del espíritu del hombre?
      Asi nuestra época es decisiva, ¿qué es lo que peligra? El hombre en su espíritu ¿qué es lo que tiene mayor importancia? El espíritu del hombre. Y la lucha actual es contra el espíritu del hombre.
      Revisionismo de la historia y antirrevisionismo de la historia. Ambos conceptos no tienen un motivo simplista, no se agitan por rever un simple episodio de la historia patria. Más hacia el fondo de la cuestión, hay un motivo que es primordial: se trata de estar de parte del espíritu del hombre en amplia libertad, o de estar por el aprisionamiento del espíritu del hombre para reducirlo a la esclavitud.
      Ante ese dilema hay que tomar posición de combate. Nosotros, luchamos desde abajo, desde el llano. Se nos persigue, se nos calumnia, y se nos excluye de los cargos públicos, pero en medio de tal persecución, mejor dicho, cuando la persecución es mayor, sentimos que el espíritu es más libre, es más grande y es más luminoso. Y como creemos que nosotros no somos el cuerpo físico, sino el espíritu,  nos sentimos, en persona, más libres y más luminosos.
      Si la lucha ahora es recia, sabemos que no ha de tardar en ser más recia aún. Pero vencedores o vencidos, ningún poder humano podrá ser capaz de hacer que cese el encanto maravilloso del cosmos, que las estrellas dejen de encantarnos con su brillo portentoso, que las plantas den sus flores cuyos colores y  cuyo aroma embelezan el espíritu del mundo; que la brisa susurre entre las ramas, que los pájaros nos maravillen con sus trinos, y que el cielo sea azul., azul maravilloso como el alma del artista. Y mientras ello permanezca inmutable, el hombre ha de sugestionarse siempre con el encanto de tanta maravilla, y su espíritu lo llenará de esperanza, de fe, de luz, de divino aliento de Dios. Y seguirá siendo el hombre en espíritu, aunque prisionero, hasta el día en que alboreará de nuevo en su alma. En su aurora de liberación, la Humanidad seguirá su curso como durante el desarrollo de otras culturas, y la historia registrará un acontecimiento más.

      Mientras, nosotros que somos testigos y actores, aunque modestos, en la lucha de hoy, llenémonos de fe en el porvenir, y libres de toda traba, sugestionados por el encanto de la lucha, y algo poetas, dejemos que nuestra alma vibre, que se eleve, que espere y crea, que vuele y cante.

sábado, 21 de abril de 2018

Juana Azurduy

Por Alberto Lapolla

Francisco de Miranda murió en las mazmorras de Fernando VII en Cádiz. Mariano Moreno fue envenenado por el capitán de un barco británico y su cadáver arrojado al mar, anticipando un destino recurrente para los revolucionarios argentinos. Manuel Belgrano murió en la pobreza en 1820, cuando aún la América necesitaba de sus inigualables servicios. Todavía no se habían cumplido ocho años de que hubiera salvado a la Revolución continental en Tucumán. Bolívar murió solo, perseguido por facciones oligárquicas que combatían su proyecto de unidad continental, expresando con amargura “he sembrado en el viento y arado en el mar.” Bernardo O’Higginns fue desterrado y perseguido luego de luchar toda su vida por la libertad americana. Monteagudo fue apuñalado en una oscura calle de Lima. Dorrego fue fusilado sin juicio alguno -por instigación de Rivadavia- por su antiguo compañero de mil batallas, “el sable sin cabeza”, el genocida Juan Galo de Lavalle. Juan J. Castelli el “orador supremo de la Revolución”, quien destruyera los argumentos realistas en mayo de 1810, el jefe del ejército libertador americano que más cerca estuvo de llegar a Lima y destruir de un golpe el poder imperial español, antes de la llegada de San Martín, murió con su lengua cortada, preso y perseguido. Apenas dos días antes San Martín, Alvear y su discípulo Monteagudo acababan de desalojar al gobierno contrarrevolucionario de Rivadavia y el Primer Triunvirato, retomando la senda de Moreno y la Revolución. 
 Resultado de imagen para juana azurduy
En este marco de ingratitud caída sobre nuestros revolucionarios, aquellos que nos dieron la libertad y produjeron la más grande de las revoluciones del mundo occidental del siglo XIX, no es de extrañar que Juana Azurduy, la mayor guerrera de América, ‘Juana de América’ -en un continente que hizo de la resistencia su identidad-, terminara sus días como una mendiga miserable en la calles de Chuquisaca habitando un rancho de paja.
Juana Azurduy y su esposo el prócer americano Manuel Ascencio Padilla, son los máximos héroes de la libertad del Alto Perú y por ende de nuestra libertad como americanos y como provincia argentina de la gran nación americana. Sólo la ignominia que aún campea sobre nuestra historia y sobre sus mejores hijos, hace que la República de Bolivia -escindida de la gran nación rioplatense, por el elitismo sin par de los ejércitos porteños que desfilaron, saquearon, defeccionaron y abandonaron el Alto Perú, a excepción del general Belgrano y por las apetencias oligárquicas- no considere a Juana y a su esposo el Coronel Padilla, como sus máximos héroes, y sí rinda honores al mariscal Santa Cruz uno de los generales realistas que reprimió la Revolución de La Paz de 1809, y que se pasó a las filas patriotas al final de la guerra de la Independencia. Fue el propio Bolívar quien al visitar a Doña Juana -ya destruida por las muertes de los suyos, el olvido de sus conciudadanos y el saqueo de sus bienes- le expresara ante la sorpresa de sus compatriotas, que Bolivia no debía llevar su nombre sino el de Padilla, su mayor jefe revolucionario. Pero los adulones destruyen las revoluciones.     Juana Azurduy -junto a su esposo- simbolizan lo mejor de la revolución americana, lo popular y lo indio de nuestra gesta emancipadora. Combatieron por la libertad del Alto Perú -por entonces parte del Virreinato del Río de la Plata primero y de las Provincias Unidas después- desde la revolución de Chuquisaca y la Paz en 1809 -que fueran ahogadas en sangre desde Lima y Buenos Aires. Y en particular guerrrearon sin descanso y sin cuartel desde el grito de libertad del 25 de mayo de 1810. Ellos y los 105 caudillos indios y gauchos como Vicente Camargo, el Cacique Buscay, el Coronel Warnes, el padre Muñecas, Francisco Uriondo, Angulo, Zelaya, el Marqués de Tojo, el Marqués de Yavi, José Miguel Lanza, Esquivel, Méndez, Jacinto Cueto, el indio Lira, Mendieta, Fuente Zerna, Mateo Ramírez y Avilés entre muchos otros, junto a Güemes en Salta, fueron quienes impidieron que luego de las sucesivas derrotas de los ejércitos porteños al Norte, los realistas pudieran avanzar sobre Buenos Aires y destruyeran la revolución. Juana y Padilla eran oriundos de Chuquisaca -también llamada La Plata o Charcas- sede de la universidad. Allí estudiaron -y conspiraron- Mariano Moreno, Juan José Castelli y Bernardo de Monteagudo. Castelli, ya jefe del ejército del Norte, se hospedó en la casa de Padilla en su marcha hacia La Paz. Moreno era abogado defensor de indios pobres y perseguidos en el estudio del doctor Gascón en Chuquisaca. Allí contactó con el movimiento revolucionario. Juana nació en 1780, el año en que Túpac Amaru lanzó su revolución indígena que casi liquida al poder español. Sería el mismo favorito -de la reina- Godoy, quien señalara que la rebelión de Túpac estuvo a punto de quitarle a España los virreinatos del Perú y del Plata. Esa rebelión ahogada en la sangre de los cien mil indios ajusticiados por la represión genocida española y en los gritos del suplicio del gran Túpac, su esposa Micaela Bastidas Puyucawa y sus hijos, abrió el camino de la libertad pese a su derrota. El ejemplo del Inca Condorcanqui no podía sino conmover hasta los tuétanos el corazón de la América del Sur, del cual el Alto Perú y el Perú eran su núcleo principal de población original, con culturas profundas y altivas. Nada sería igual después de la rebelión de Túpac: ni el dominio español ni la resistencia americana. La generación posterior a su derrota, sabría vengar su suplicio y expulsaría a los criminales españoles por mucho tiempo -por lo menos hasta la llegada del Traidor Carlos Saúl I, ya al final del siglo XX. Es así que el sol de nuestra bandera es el glorioso sol de los incas y de Túpac Amaru.
La Revolución continental Juana Azurduy es la máxima heroína de la Independencia Americana y su vida un verdadero ejemplo de la entrega a la revolución y a la lucha por la libertad de sus semejantes. El Alto Perú era el corazón del sistema colonial español y del genocidio indígena. Allí los indios enviados al socavón del Potosí eran despedidos para nunca más volver. Morían a los veinte años de edad con los pulmones perforados, a los dos años de llegar a la bocamina. Allí todas las injusticias eran realizadas en nombre del rey de España. Los azotes -las arrobas- eran el trato habitual para el indio. Juana, una hermosa mujer de familia criolla, habría podido tener una vida acomodada de mujer casada. En lugar de ello prefirió el combate sin cuartel por la libertad. En esa lucha perdió de la manera más cruel a sus cuatro hijos pequeños, destruidos por el hambre, las penurias y el paludismo. Vio la cabeza de su esposo -el héroe Padilla- clavada en una pica carcomida por los gusanos. Vio a los ejércitos elitistas porteños, subir hasta la garganta del Desaguadero y ser destruidos uno tras otro por las tropas del Virrey del Perú. Arrogantes al extremo de impedir que las fuerzas guerrilleras -mejor capacitados que ellos para el Alto Perú- combatieran como parte del ejército regular. Cada vez más deteriorados, centralistas, autoritarios y cada vez más odiosos contra lo indígena. El extremo fue el ejército corrupto, de Rondeau y Martín Rodríguez, que en el colmo de su impericia hizo volver al General Arenales que oficiaba -por orden de San Martín- como comandante de las montoneras, dejándolas sin estrategia de conjunto. Martín Rodríguez por su parte, hizo su aprendizaje de saqueo y enriquecimiento ilícito en el Alto Perú, para luego continuarlo en la “feliz experiencia” de la restauración rivadaviana posterior a 1820. Primero fue Castelli, que en su ejemplar afán revolucionario no estuvo exento de un jacobinismo a veces desmesurado, en particular por las actitudes iconoclastas del joven Monteagudo. Belgrano intentó reparar luego, los excesos de su primo Castelli. Él ayudó y premió a Juana y al coronel Padilla. Fue sin duda la mejor de las expediciones, pero tenía por meta un imposible como era llegar a Lima por allí, cuestión que Don Manuel ya sabía. Sólo aceptó continuar por las presiones de Buenos Aires. Luego, la lamentable experiencia de Rondeau. Por último el intento también fallido de Lamadrid, enviado por Belgrano para auxiliar la feroz represión de que eran objeto los ejércitos montoneros de los caudillos altoperuanos luego de Sipe Sipe.
La Guerra gaucha montonera Luego de Vilcapugio y Ayohuma, pero en particular a posteriori del desastre de Sipe Sipe en 1815, la situación del Alto Perú se tornó terrible. El poder español impuso un terror desenfrenado como política de ‘pacificación’ de la revolución altoperuana. Decenas de miles de paisanos fueron pasados por las armas o murieron en combate. Las torturas más atroces y los escarmientos más crueles fueron aplicados a los guerrilleros mayoritariamente indios de lo que hoy es Bolivia. 105 caudillos altoperuanos libraron la Guerra Gaucha. “La Guerra de las Republiquetas” la llamó Mitre en su historia oficial, para no usar la palabra montonera, pues su gobierno había sido enfrentado por la montonera federal -y que él pasó a degüello de la misma manera que los españoles- de todo el país. Fue la mayor guerra de guerrillas del continente americano entre 1810 y 1825. De los 105 jefes sólo sobrevivirían nueve, al final de la guerra. La mayoría moriría en combate o sería bárbaramente ajusticiada por el terror de Abascal y Pezuela. Sus cabezas serían clavadas en picas en las plazas de los pueblos para escarmiento popular. La guerra de partidarios -partisanos- montoneros o de recursos, la guerrilla del Alto Perú y la de Güemes en Salta, fueron organizadas por el General San Martín veterano de la guerra de guerrillas en España contra Napoleón. Pocos saben que esta guerra sería el ejemplo que tomarían los patriotas italianos, franceses, yugoeslavos, rusos, bielorrusos, ucranianos y griegos para luchar contra la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial. Hasta allí llegaría el rumor potente y victorioso de Juana de América y sus compañeros, pese a que entre nosostros Doña Juana sea sólo una canción.
La historia oficial argentina prefirió olvidar a los gloriosos revolucionarios del Alto Perú, por dos razones. Primero porque debido a las infamias cometidas por los ejércitos porteños, lograda su independencia en 1825 -y tal cual dejó entrever Ascencio Padilla en la carta que envió al fugitivo Rondeau- el Alto Perú decidió independizarse no sólo de España, sino también de Buenos Aires. Pasaría a llamarse Bolívar primero y Bolivia después, pese a la oposición del Libertador que comprendía que así ambas naciones perdían, pero el Alto Perú perdía más. La medida a su vez profundizaba la balcanización de la América unida que Gran Bretaña piloteaba a toda máquina apoyada en los Rivadavia y García de cada ciudad-puerto del continente. La segunda razón del olvido altoperuano en la historia argentina, obedece a razones más abyectas. La guerra del alto Perú es esencialmente una guerra de indios, de caudillos, de gauchos, de los patriotas de a caballo, del pueblo puro de América. Ese mismo pueblo que las tropas porteñas destruirían una y otra vez en la Banda Oriental, en el litoral o en el interior y finalmente en el Paraguay. Además eran guerrilleros, caudillos militares y habían ganado su grados -Manuel Ascencio Padilla fue designado Coronel del ejército del Norte cuando su cabeza estaba ya clavada en una pica. Juana Azurduy fue nombrada Teniente Coronel del ejército argentino a pedido de Manuel Belgrano- en el combate. Reivindicar su memoria para la historia oficial es nombrar lo innombrable. Lo gaucho. La “barbarie” de Sarmiento, la lucha de los pobres. Reconocer que los indios, los gauchos, los negros, los esclavos, los mestizos no eran inferiores sino que por el contrario, lucharon con mayor tenacidad y desprendimiento que la clase culta porteña por la libertad. Reconocerlo es negar el papel rector de Buenos Aires en el destino americano que inventó el partido unitario -y luego mitrista- y tanto daño hizo a la causa americana. Mejor es olvidar. “No sólo son bolivianos -‘bolitas’- además son indios, negros, matacos –monos”.
Era verdad como demostraría San Martín que por el Alto Perú no se podía llegar a Lima, pero Buenos Aires con la historia oficial oculta algo más grave que explica el suplicio de la población altoperuana, jujeña y salteña entregada a la represión genocida española. Buenos Aires pudo haber liberado un gran ejército que tuvo combatiendo largo tiempo en la Banda Oriental para auxilio de los pueblos del Norte. Sólo debía reconocer -tal cual lo planteó Moreno en su Plan Revolucionario- que Artigas debía comandar la guerra por la liberación de la Banda Oriental, con sus gauchos y su pueblo, del cual era el jefe natural. Pero eso era inadmisible para la elitista y exclusionista clase mercantil porteña. En lugar de eso prefirieron entregar la Banda Oriental, primero a Portugal -se lo propusieron en secreto Alvear, Alvárez Thomas y Pueyrredón- y luego aceptaron su “independencia” colonial británica, que lograba así crear otro Estado en la boca del Plata, impidiendo que la Argentina tuviera el exclusivo control de los ríos de la Cuenca. Esa y no otra fue la causa de todas las guerras contra Rosas, Caseros incluida. Cualquier cosa antes de aceptar que los gauchos se manden a sí mismos o peor aún que “nos manden”. Con sólo enviar esas tropas al Alto Perú y estacionarlas en Potosí -como señalaron Belgrano y San Martín- mientras se preparaba el cruce de los Andes, el pueblo boliviano habría sido salvado de sufrir lo indecible.   Juana Azurduy es la Revolución, es el pueblo en armas, son las mujeres del pueblo en armas, que pelean junto a los hombres, igual o mejor que ellos, que los mandan. Mujeres y hombres que destruyen ejércitos completos, superiores en número y armamento. Armados con hondas, macanas, lanzas, boleadoras, a fuerza de coraje y fiereza. Coraje y fiereza que dan la decisión de luchar hasta el fin por la libertad, por la justicia contra la opresión y el sometimiento de los semejantes. Luego del asesinato de su esposo y de varios de los principales jefes guerrilleros, Juana bajó a Salta y combatió junto a Güemes, quien la protegió y le dio el lugar correspondiente. Luego del asesinato de Güemes en 1821, Juana entró en una profunda depresión. En 1825 solicitó auxilio económico al gobierno argentino para retornar a Chuiquisaca. La respuesta del gobierno salteño resultó indignante, apenas le otorgó ‘50 pesos y cuatro mulas’ para llegar a la ‘nueva nación de Bolivia’. Doña Juana murió a los 82 años en la mayor pobreza. “Juana avanzaba casi en línea recta, rodeada por sus feroces amazonas descargando su sable a diestra y siniestra, matando e hiriendo. Cuando llegó a donde quería llegar, junto al abanderado de las fuerzas enemigas, sudorosa y sangrante, lo atravesó con un vigoroso envión de su sable, lo derribó de su caballo y estirándose hacia el suelo aferrada del pomo de su montura conquistó la enseña del reino de España que llevaba los lauros de los triunfos realistas en Puno, Cuzco, Arequipa y La Paz.” (1) Por esta acción en la batalla del Villar, en 1816, Juana Azurduy fue ascendida por Belgrano al grado de Teniente Coronel del Ejército de las Provincias Unidas.

viernes, 20 de abril de 2018

José Gaspar Rodríguez de Francia

por Teodoro Boot
[El 20 de septiembre de 1840]  moría en Asunción Gaspar Rodríguez de Francia, que sin haber declarado la independencia del Paraguay puede con justicia ser considerado el padre de la misma, así como el principal artífice de su secesión de las Provincias Unidas.
El caso de este doctor en Teología y Filosofía no será raro en la historia de América. Denostado hasta la infamia y la tergiversación por las gentes decentes y principales (hasta el punto de haberse destruido el monumento que señalaba la ubicación de sus restos, cuyo paradero en la actualidad se desconoce) fue intensamente amado por los hombres y mujeres sencillos, hasta el punto de que sólo otras dos personalidades recibieron el honroso título de Karaí Guasú (Gran Señor o Señor Grande) por el que los pueblos de linaje guaraní conocieron a quienes habían sido sus líderes y benefactores: José Gervasio Artigas y Francisco Solano López.  Y por esas cosas del azar o acaso de la clarividencia popular, el destino de estos dos hombres estuvo signado por la elección que hizo Francia ante las opciones que se le presentaban al Paraguay de su época.
Paraguay en 1810 Para el momento en que tiene lugar en Buenos Aires la Revolución de Mayo, Asunción ocupaba el lugar de la última de las periferias de un sistema extractivo que tenía como embudo el puerto de Buenos Aires, gobernado por una bur­guesía intermediaria, dueña del negocio de la importación y exportación, y por intelectua­les y políticos imbuidos de la ideología de la Ilustración y seducidos por las teorías del liberalismo económico británico. Tradicionalmente satélite de Cádiz y concentradora de las riquezas producidas por el conjunto del virreinato, Buenos Aires se integra con facilidad como satélite al siste­ma del Imperio Británi­co. Desde allí se exportan las ma­terias primas producidas en el interior y se importan las manufacturas inglesas que luego se revenden en todo el ámbito de las Provincias Unidas. Y así como In­glaterra es metrópoli de Buenos Aires, ésta es, a su vez, submetrópoli de las capitales de provincia donde actúan burguesías interme­diarias asociadas a la de la gran ciudad-puerto.
Resultado de imagen para gaspar rodriguez de francia
El historiador uruguayo Vivian Trías lo explicaría así: “Las capitales de provincia ope­ran según la misma ambigüedad de Buenos Aires. Son satélites de aquélla, pero submetrópolis de los pueblos y villas de la campaña. Y éstos, a su vez, son satélites de las capitales provinciales y submetrópolis de su periferia rural. De esa manera, una cadena de metrópolis-satélites y satélites-metrópolis ar­ticula los intereses de la City londinense con el trabajo de los pro­ductores rurales, los peones, arrie­ros, pastores, boyeros, etc.” Pero no se trataba únicamente de que se mantuviera constante el flujo de materias primas hacia la metrópoli de ultramar y de que, por la misma ruta, en sentido inverso, las manufacturas inglesas fueran libremente comercializadas sino de que, siguiendo a Trías, “cada economía creciera ‘hacia afuera’, especializándose en la producción de aquellas materias primas para las cuales era más apta y que podía vender más barato, de que aceptara el dominio de las finanzas inglesas, el diseño de los ferrocarriles ingleses y cumpliera religiosamente con las reglas del patrón oro”. Básicamente, lo que se ha dado en llamar “división internacional del trabajo”.
Sin embargo, aun con la complicidad de una clase domi­nante de terratenientes, comercian­tes, mineros, banqueros y políticos, no sería tan sencillo desplumar la gallina sin que chillara. Y así como el sistema colonial español había acabado por provocar las revoluciones independentistas y autonomistas, era dable esperar que este sistema neocolonial despertara resistencias, las que dieron origen en las Provincias Unidas a una larga guerra civil que no cesaría sino hasta 1880. Cabe apuntar que con la federalización del puerto y la aduana de  Buenos Aires terminaron los enfrentamientos armados pero sin que fuera suprimida la distorsión que los había provocado.
Unitarios y federales  Ya desde los primeros momentos posteriores a Mayo, Buenos Aires se arrogó la facultad de gobernar a las provincias, actuar en su nombre e imponerles sus gobiernos,  tendencia que se acentuó con la instauración del Primer Triunvirato y dio origen al unitarismo, expresión política de esa estructura dependiente. Se trataba de instaurar un gobierno centralizado del conjunto de las provincias, a las que revender las manufacturas británicas y de las que extraer las materias primas según las fuera requiriendo la metrópoli. Es así que bajo los auspicios de Rivadavia se exportan cebos y cueros y se importan botas, ponchos tejidos en los telares industriales de Manchester y hasta patines para hielo. La incipiente industria criolla, incapacitada de competir con las manufacturas británicas, quedó arruinada por la libre importación, y con ella, las provincias, ya que para los unitarios, el puerto y las rentas de aduana eran patrimonio exclusivo de Buenos Aires. De ese modo, las rentas derivadas de la riqueza que las provincias producían y de las manufacturas que compraban, quedaban en Buenos Aires.  Semejante sistema afectaba en forma tan notable los intereses y necesidades de los pueblos del interior, que éstos reaccionaron encolumnándose detrás del más lúcido caudillos argentino: José Artigas.
El programa de Artigas La reacción artiguista fue instantánea, prácticamente simultánea a los primeros intentos de instauración del sistema unitario y es Artigas quien primero advierte dónde se encuentra el origen de los males que se abaten sobre los pueblos del interior: el dominio del puerto y de los ríos por parte de una burguesía intermediaria, la apertura aduanera y el sistema en el cual medran las clases dominantes locales, que al tiempo que son esquilmadas por la metrópoli son a su vez las encargadas de esquilmar a sus propios satélites.  En consecuencia, el programa artiguista consistió en nacionalizar las rentas de aduana, proteger las artesanías y pequeñas industrias, abrir la navegación de los ríos de manera de habilitar otros puertos, distribuir la tierra entre los más humildes y organizar a las provincias en una gran nación federal dotada de un gobierno único capaz de expresar y respetar las autonomías provinciales. Su lema “naides es más que naides” tenía un doble significado, el de una nación donde rigiera la igualdad entre los hombres pero también la igualdad entre regiones, y no un país compuesto de metrópolis y satélites, submetrópolis y subsatélites.
La guerra civil provocada por proyectos tan disímiles, que comienza con el desconocimiento y encarcelamiento de los delegados orientales a la asamblea constituyente y la complicidad de los gobernantes porteños con la invasión portuguesa a la Banda Oriental, es el escenario en el cual Gaspar Rodríguez de Francia hará su opción política y desarrollará su estrategia.
II. El Dr. Francia y el aislamiento del Paraguay Probablemente ninguna otra ciudad del virreinato se opuso más terminantemente que Asunción a la pretensión hegemónica de la Junta de Mayo. Era lógico: si bien confinada en un margen del sistema español y arruinada tras la expulsión de los jesuitas, había sido desde Asunción desde donde se fundaron las ciudades del litoral argentino, incluida la veleidosa Buenos Aires, y desde donde el asunceno Hernandarias había regido los destinos de la Gobernación del Río de la Plata y el Paraguay, así como era también nacido en Asunción un nieto de Domingo Martínez de Irala y de Leonor, una de sus concubinas de origen guaraní, el cronista Ruy Díaz de Guzmán, primero en denominar Argentina a su región natal y primero entre nosotros en usar la palabra patria para referirse a ella. Por otra parte, desde sus mismos orígenes el Paraguay tenía una fuerte tradición autonomista que le venía de la temprana rebelión de Irala, la experiencia jesuítica y la revolución comunera.  Fue debido a estos antecedentes y a la situación de último satélite del sistema de exacción virreinal que tenía como principal submetrópoli a Buenos Aires, que Paraguay no se plegó al movimiento revolucionario de Mayo, fue invadida por Buenos Aires y derrotó al pequeño ejército comandado por Manuel Belgrano.  Poco después, al influjo de las conversaciones con Belgrano y de las promesas de poder comercializar libremente la yerba y el tabaco, la oligarquía asuncena ins­tauraba una Junta revolucionaria en la que Gaspar Rodríguez de Francia va cobrando preeminencia y pronto dirige en los hechos la política exterior paraguaya. En principio, el nuevo gobierno revolucionario firma un tratado con Buenos Aires que es considerado el primer antecedente del federalismo y luego, lenta y perseverantemente, Francia va imponiendo su idea aislacionista. Fiel a su lema de que “el Paraguay no quiere paz ni guerra con nadie”, hace lo imposible por no verse involucrado en la guerra civil que ya entonces anarquiza a las Provincias Unidas, impidiendo su desarrollo.
¿Qué la “anar­quía al modo de ver de Francia? No otra cosa que el choque entre el proyecto neocolonial y el independentista, que toma la forma de un enfrentamiento cada vez más violento entre las elites comerciales y terratenientes apoyadas en ejércitos de línea, y los pueblos desposeídos conducidos por sus caudillos. La consecuencia del afán aislacionista de Francia, empeñado en mantener al Paraguay a salvo de la guerra civil, es la elección de una estrategia contraria a la de los unitarios porteños, pues se tratará entonces de “crecer hacia adentro”, para lo cual se hace necesario adoptar o más precisamente llevar a la práctica el programa artiguista, aunque en el caso de Paraguay esto se hará con una sustancial salvedad que, según se mire, desencadenará a la postre la tragedia.
A la vez que Francia rechaza la invitación de Artigas a sumar al Paraguay a la Federación de los Pueblos Libres, se le hace evidente que para perseverar en el aislamiento y propiciar un desarrollo autónomo deberá enfrentar a la clase dominante local, vinculada comercialmente con la metrópoli británica o en su defecto, la submetrópoli porteña. Valido de su prestigio como distinguido abogado que nunca ha cobrado honorarios a los pobres, se apoyó en los campesinos, mayoritariamente indígenas, peones, artesanos, modestos indus­triales y comerciantes. Y no vaciló en reprimir la conjura de 1820, sancionando con el patíbulo, la cárcel, el destierro, y muy especialmente la confiscación de bienes, a lo más granado de la elite paraguaya.  Su actitud ante las diversas clases sociales no dejaba lugar a dudas. En un furibundo panfleto publicado en Buenos Aires, el opositor Fray Mariano Velazco escribía: "A vosotros consta por experiencia que cuando llega a sus puertas un rústico o torpe campesino, al punto le franquea su trato familiar y la licencia para estrecharse con él. Admira el ver a este hombre encapotado y taciturno, rebosando de alegría. ¡Con qué cariño recibe a su gran huésped! Lo toma de la mano, lo introduce en su mismo estudio, lo acaricia, lo halaga, lo palmea, lo llena de satisfacción, le sienta a su lado... Por el contrario, si pide audiencia un ciudadano culto y noble, lo veis ya transformado en una figura muy diferente y tan feroz como su genio”.
El crecimiento hacia adentro El aislamiento político tenía necesariamente que derivar en el aislamiento económico, pero la estrategia del doctor Francia no consistió solamente en “prohibir” los vínculos con el exterior sino en sustituir el “crecimiento hacia fuera” por el “crecimiento hacia adentro”, tarea que no podía ser encarada por una elite revendedora de las mercaderías europeas importadas y expor­tadora de yerba y tabaco. Sostiene el historiador Vivian Trías: "No había en el Paraguay una verdadera burguesía nacional e industrial. De ahí que para ensayar la autarquía hubiera que quebrar el espinazo a la elite asuncena y poner en manos del Es­tado, apoyado en las masas, la direc­ción de la nueva política económi­ca”.  Esa nueva política consistió en disminuir o directamente eliminar la apropiación de los intermediarios internos del Paraguay (comerciantes españoles, acopiadores, grandes hacendados y la Iglesia como propietaria, financista y cobradora de diezmos y otros beneficios) transfiriendo los beneficios a los productores primarios mediante el arrendamiento a bajo precio de las tierras expropiadas, y la eliminación de los intermediarios externos mediante el monopolio estatal del comercio exterior y el manejo de las licencias comerciales, la fijación de precios mínimos para los productos de exportación y de máximos para los de importación.  El Estado comenzó a ser un gran actor en el mercado, tanto en la compra como en la venta, utilizando las Estancias de la Patria y los Almacenes del Estado. Asimismo, intervino en la demanda de mano de obra, en la fijación de salarios, las tarifas de los arrendamientos, y para, evitar las fluctuaciones derivadas de los tiempos de escasez y la consiguiente especulación, el establecimiento de precios máximos a bienes de primera necesidad como la carne, el maíz, la mandioca y la sal. Esto provocó una importante redistribución de la riqueza hacia los campesinos y artesanos, que fueron también beneficiados con una reforma impositiva de carácter progresivo. El resultado fue la conformación de un Estado lo suficientemente fuerte como para impedir la concentración o la fuga de las riquezas.
III. La enseñanza paraguaya El aislamiento –que en rigor de verdad no fue tal, pues Francia no prohibió el comercio exterior, sino que lo nacionalizó–, supuso inevitablemente la desarticulación de la oligarquía, concitó el apoyo popular y propició el desarrollo económico autónomo. A fin de un mayor control y desconcentración, se establecieron dos puntos de comercio exterior, anteriormente concentrado en Asunción: uno en Itapúa, para el tráfico con Brasil, y el otro en Pilar, para el comercio con el litoral argentino.
El im­puesto sobre las importaciones era de un 19% sobre el precio de la mercadería, pero podía modificarse en cada caso, mientras que las exportaciones, también muy controladas a fin de reducir evasiones, eran gravadas con un 9%, prohibiéndose el pago en metales preciosos y, como modo de evitar el monopolio comercial de extranjeros y la escasez de plata, se estableció el trueque obligatorio por productos paraguayos.
Los dueños de la tierra  Una de las primeras medidas de Francia había sido la de revertir el proceso de concentración de tierras que tuvo lugar luego de la expulsión de los jesuitas, para lo que comenzó por apoderarse de las tierras que habían pertenecido a las misiones, y expropiar y multar a los grandes propietarios, incluida la Iglesia, a un ritmo tal que para 1840 más de la mitad de las tierras de la Región Oriental y la totalidad del territorio del Chaco pertenecían al Estado. Estas tierras eran arrendadas a los campesinos con la condición de ser dedicadas a cultivos decididos por el Estado tendientes a lograr el completo autoabastecimiento del país. Fue así que el arroz el maíz, las legumbres, el algodón que anteriormente debían comprarse en el exterior, al promediar el período francista se producían en el país en cantidad suficiente para cubrir las necesidades de la población y aun ser exportados. Asimismo, con la organización de las Estancias de la Patria, se impulsó la producción ganadera y se reinstauró la práctica jesuítica de hacer dos cosechas anuales.
Educación popular y desarrollo industrial La educación pública primaria se hizo obligatoria y gratuita y se extendió a todos los niveles de la sociedad. En un principio, las municipalidades locales fueron encargadas de abonar a los maestros y los jueces locales de construir nuevas escuelas de manera tal que a menos de quince años de la revolución prácticamente la totalidad de los paraguayos estaban alfabetizados. Para 1835 el Estado abonaba salarios uniformes a 140 maestros rurales, a los que también proveía de vestimenta y ganado, que enseñaban a 5000 alumnos. Durante el gobierno del doctor Francia se creó la primera Biblioteca Pública del Paraguay en base a herencias en favor del Estado, a confiscaciones a la clase ilustrada, así como a la biblioteca personal del propio Francia.
Junto al notable incremento de la producción agraria y al régimen de tenencia de la tierra que benefició básicamente a la población campesina, al cesar la importación de numerosas manufacturas, se produjo un desarrollo impensado de la producción artesanal e industrial.
A la muerte de Francia, ocurrida el 20 de septiembre de 1840, el Paraguay estaba listo para el gran salto industrializador que impulsaría Carlos Antonio López, quien profundizó y sistematizó la política económica francista.
Carlos Antonio López completó la estatización de prácticamente la totalidad de las tierras, que eran cedidas en explotación a los campesinos por ocho años renovables, dio a los pueblos indígenas la nacionalidad paraguaya, otorgándoles la igualdad de derechos, y con los recursos del comercio exterior construyó importantes obras de infraestructura, como el alto horno de Ibicuy, los astilleros desde los que se armó una importante flota fluvial, el tendido del primer ferrocarril de Sudamérica y de una amplia red telegráfica, y se financió un desarrollo industrial inusitado para época y la región.  Pero el sistema de Francia constituyó también una limitación. Como pudo comprobarse dos décadas después, la derrota de la oligarquía local en base al aumento del poder popular, la justicia social, la defensa de la soberanía y el desarrollo industrial no serían suficientes para consolidar un país independiente si simultáneamente no se construía una nación, la Patria Grande republicana y federal que proponía Artigas.   Fue así como al no llegarse a una solución justa al problema del puerto y los ríos para que dejaran de ser privilegio porteño y fueran patrimonio de to­das las provincias, el desarrollo y la independencia paraguaya serían trágicamente truncados por obra de las elites mercantiles frente a las cuales el doctor Francia había dejado solo a José Artigas.  Además de mantener una sorprendente actualidad, la experiencia paraguaya muestra de qué modo son posibles el desarrollo industrial, la igualdad social y la soberanía política mediante el fortalecimiento del Estado, el empoderamiento de los sectores populares, la destrucción de las oligarquías nativas y la apropiación por parte del conjunto de la sociedad de las rentas del comercio exterior. Pero muestra también las enormes dificultades de ese sistema para prolongarse en el tiempo si paralelamente no se lleva a cabo un simultáneo proceso de integración regional, justa y equitativa, que diluya las desigualdades y dé forma a una nación sudamericana de carácter republicano y federal. Si los pueblos, diría el Dr. Francia, no se organizan según sus aspiraciones y necesidades, serán organizados según los intereses y propósitos de las potencias.

martes, 10 de abril de 2018

El asesinato de Gadafi

Por John Wight

El 20 de octubre de 2011 el presidente de Libia, Muammar al-Gadafi fue brutalmente asesinado por una turba de la OTAN respaldada por los "rebeldes", luego de ser golpeado y violado de la manera más brutal. La historia hoy no deja ninguna duda de aquel día no sólo asesinaron al líder libio, sino también a la propia Libia. La banda que cambió el régimen, dominada por los gobiernos occidentales, tiene una larga hoja de acusaciones contra de sus integrantes. Desde el 11-S, cuando comenzaron a causar estragos y miseria humana a gran escala por su determinación de reformar y poseer con opción a compra un mundo que nunca ha sido de ellos. Afganistán, Irak, Libia, Siria -actualmente envuelta en un conflicto implacable para su supervivencia como Estado laico y no sectario- son el miserable legado de naciones que hablan el lenguaje de la democracia mientras practican la política de dominación.
Resultado de imagen para Gadafi
De entre las víctimas antes mencionadas del imperialismo occidental hay un fuerte argumento para afirmar que la destrucción de Libia constituye un delito especialmente grave. Después de todo, en 2010, el año antes de que experimentara su "revolución", el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo consideraba a Libia un país de alto desarrollo en el Oriente Medio y el Norte de África. En términos concretos, este estatus traducido lleva a una tasa de alfabetización del 88,4 %, una esperanza de vida de 74,5 años, igualdad de género y varios indicadores positivos más. Además, Libia disfrutó de un crecimiento económico del 4,2 % en 2010 y podía presumir de activos en el exterior de más de 150.000 millones de dólares.
Comparen este registro con la Libia de 2016. De acuerdo con el testimonio proporcionado en el mes de marzo de este año por el general del ejército de Estados Unidos David Rodríguez al Comité de Servicios Armados del Senado de Estados Unidos, Libia es un estado fallido y el general estima que tomaría "10 años más o menos" lograr estabilidad a largo plazo en lo que es una "sociedad fracturada".
Actualmente no existe un solo Gobierno o autoridad en Libia cuyas órdenes se ejecuten en todo el país. En su lugar, tres autoridades rivalizan para controlar sus propios feudos. El Gobierno reconocido internacionalmente es el Gobierno de Acuerdo Nacional (GNC siglas en inglés), dirigido por Fayez al-Sarraj, ubicado en la capital, Trípoli. También está el Gobierno de Salvación Nacional, liderado por Khalifa Ghwell, también basado en Trípoli. El tercer centro de poder, por su parte, se encuentra en Tobruk, en el este del país. Está dirigido por un general antiislamista, Khalifa Haftar, que comanda el Ejército Libio (LNA). Económicamente los ingresos del petróleo, recurso que aportaba el 90 % de los ingresos de Gadafi, se ha reducido a la mitad, la violencia se ha generalizado y desde 2011 el Dáesh ha conseguido hacer pie en Libia, aunque en los últimos meses la organización terrorista ha estado bajo una gran presión de las fuerzas del Gobierno de Acuerdo Nacional en su bastión de Sirte. 
El impacto del caos que se ha apoderado del país desde que Gadafi fue derrocado y asesinado se puede medir por el torrente de libios que han intentado el peligroso viaje a través del Mediterráneo con el objetivo de llegar a Europa. En el proceso miles y miles de personas han perecido.
La Resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU, aprobada en marzo de 2011, marcó el final de la primavera árabe y el comienzo del invierno árabe. Las manifestaciones masivas y populares que lograron derrocar al dictador tunecino Ben Ali y a su homólogo egipcio Hosni Mubarak no se replicaron en Libia. En cambio en Bengasi, donde se centró el movimiento anti-Gadafi, predominaban los islamistas. No había ningún movimiento de masas a escala nacional en Libia como las que atravesaron a Túnez y a Egipto, así como tampoco había apoyo popular para derrocar ´l Gobierno y al líder que presidió una sociedad que disfrutó de la más alta calidad de vida que cualquier otro país en África.  No fueron las fuerzas de la oposición de Bengasi las que vencieron a las fuerzas leales a Gadafi, sino las fuerzas de la OTAN. De hecho fue en el momento en que las fuerzas armadas del país se acercaban a Bengasi, preparadas para aplastar el levantamiento, cuando la OTAN intervino, basándose en la mentira de la protección de los civiles cuando en realidad tenía la intención de un cambio de régimen.  Para los ojos de Occidente, el crimen de Gadafi no fue porque él era un dictador autoritario. ¿Cómo podría haber sido si era un aliado en la región de Arabia Saudí? Su crimen, que se reveló ante los ojos occidentales en los correos electrónicos reservados de Clinton, se llevó a cabo porque Gadafi tenía la intención de establecer una divisa -como moneda de reserva internacional de África- respaldada por oro para competir con el euro y el dólar. En este sentido el presidente francés de entonces Nicolas Sarkozy y la secretaria de estado de EE.UU Hillary Clinton, fueron actores claves en el impulso para la intervención de la OTAN. El petróleo de Libia también fue un factor. Los mensajes de correo electrónico clasificados prueban más allá de toda duda que lo que ocurrió en Libia fue un monstruoso crimen del cual los responsables aún tienen que rendir cuentas. Por el contrario, Sarkozy está ahora en el proceso de preparar otra candidatura como presidente de Francia, mientras que Hillary Clinton es favorita para ganar la carrera por la Casa Blanca contra el candidato republicano Donald Trump. De los dos es Clinton a la que se filmó aplaudiendo y riéndose de la noticia del asesinato de Muammar Gadafi en 2011. Fue Clinton la que presionó para la intervención militar que terminó en la destrucción de Libia. Y es Hillary Clinton quien tiene el descaro de presentarse para la presidencia de Estados Unidos como una gigante moral en comparación con su rival.
El pueblo libio bien puede estar en desacuerdo.
*John Wight es el autor de una políticamente incorrecta e irreverente memoria de Hollywood "Dreams That Die" publicada por Zero Books. También ha escrito cinco novelas, que están disponibles como libros electrónicos como Kindle eBooks. Lo puedes seguir en Twitter en @JohnWight1.
Fuente: Rebelión

jueves, 5 de abril de 2018

Apuntes electorales del “PRO”.

Por Carlos Pistelli
Quienes me leen seguido saben que no soy muy dado a hablar de política presente porque me revientan nuestros representantes actuales. Pero, como el bicho pica, a veces debo dejar de lado mi retraimiento y recordar que fui un militante político y, por sobre todo, soy un ciudadano. Intentaré abordar estas elecciones pasadas como lo que intento ser: un historiador.
La ratificación del PRO en las elecciones denominadas de medio término sorprendieron a más de uno: En parte, porque nadie le daba un céntimo al Presidente como líder político, menospreciándolo; porque se pensó  (y con esto, escapo a mi visión del tema, ya expresado por otra parte), que el caso de Santiago Maldonado pegaría en el electorado; y porque no se termina de valorar del todo, esa fortaleza que tiene el gobierno en la protección mediática de sus actos.  Dicho esto, cabe referir que como historiador intento abstraerme de las opiniones vertidas cualesquiera y por cualesquiera fueran, para poder llegar bastante limpio a las investigaciones, lecturas, etc. Eso que se llama honestidad intelectual, pero, fundamentalmente, el intento de escribir historia aún contra mi opinión primaria de lo que estoy relatando. Quitarme el prejuicio, y mi posicionamiento político. Sería muy difícil escribir sobre el General Roca si me dejase llevar por eso que les digo..
Mitre.Macri
Tres disparadores quisiera referir en estos apuntes al voleo que escribo:
El primero de ellos consiste en referir que el PRO es un partido moderno que surge de la eclosión política del 2001. Se termina ese más mítico que real bipartidismo radical-peronista, y el PRO se presenta como una expresión moderna de representatividad y con un discurso sesgado que golpea a la política clásica desde esa mirada “antipolítica” que conjura que todo ‘político es corrupto’. Mucha gente compra ese verso, aunque tiene bastante asidero en la realidad. Y es la primera vez que un Partido que representa intereses identificados con las dicatduras del siglo pasado, gana en forma honesta las elecciones. Esa modernidad que encuentra el PRO, dentro de la llamada “posverdad”, es un baluarte que han establecido para intentar perdurar un poco más que los 4 años de mandato constitucional. Comiendo, en la vieja clientela electoral gorila que identificaba a la UCR; Y creciendo, desde el Puerto hacia el resto del páis. Es interesante remarcar, otro dato de la construcción PRO, que difiere de las construcciones radicales y peronistas. En los primeros, la mayoría de sus dirigentes y militantes, aún antes de Franja Morada, provenían del mundo universitario; Así como en el peronismo, del mundo trabajador, y no es menor el dato que Perón tuvo una brillante carrera militar. Ellos construyen a sus dirigentes, y militantes, desde otra óptica, novedosa, que abarca una heterogeneidad que se homogeneidiza detrás del liderazgo absoluto de McCree. Es un abanico amplio, desde CEOs de corporaciones, a gente del mundo artístico y deportivo, que les picó el vicio de lo público, como de mucha gente “común”: El segundo verso, el de la gente común.
Pero a su vez, el PRO, como heredero de la UCR y los gobiernos dictatoriales, ha roto con el machismo de esas fuerzas. Nómbreme a los máximos referentes radicales de su historia, y no hay ninguna mujer: El PRO ha encontrado, en la hoy alicaída Gabriela Micheti (¡a dios gracias!), y en María Eugenia Vidal, referencias electorales que lo han puesto en la pole position de la política vernácula. Y ese es un dato, no menor. ¿Se siente identificadas las mujeres con el PRO, cuyas banderas feministas dejan que desear?, ¿O no?. La cuestión es que han conquistado triunfos electorales en donde antes todo era color peruca.
Nota al pie: Eso no quita una cosa: Que el PRO cohesionó un electorado que le permite ser la primer minoría, ante un peronismo desunido. En su apogeo, el 54% de Cristina de 2011, no difiere en nada a la sumatoria de los candidatos del domingo pasado: Ella (37%) + Massa (11%), + Florencio (4%). Es el PJ el que le ha cedido en bandeja la oportunidad, y hay que decirlo.
Pero a los historiadores nunca se nos escapa, como así a muchos analistas, cómo el mundo y América incide en el interior argentino. Los cambios de época funcionan, como fichas de dominó que van cayendo y reconfiguran los mapas políticos. Si en los ’90, el neoliberalismo impregnó América, con el Cailos; Lacalle-Sanguinetti-Battle; Collor de Melo-Iramar-Cardozo; Fujimori; la Venezuela pre chavista, etc; y en la década pasada América siguió la extraordinaria impronta de Chávez…
Nota al pie: Ud puede gustar, o no, de don Hugo, pero el cambio de época lo marca su llegada al gobierno de Caracas. La capacidad, el olfato, y el carisma de Chávez, hizo de Venezuela, un país siempre segundón en el continente, aún con Bolívar, en un referente ineludible de la discusión política. No por nada hablamos de las cuestiones que suceden en el país hermano, como si en otros países de América no pasaran cosas similares a las de Venezuela. Chávez, se abocó a ubicarse en un centro político, que ningún dirigente venezolano jamás pudo conseguir, ni siquiera Bolívar.
Esa impronta chavista, que corrió por América bajo la definición “populista”, perduró casi diez años, un poco más, y con su muerte, esa antorcha se detuvo. No son menores las repercusiones que generaron su ausencia.
Hoy América vive signos de cambios, dentro de una paridad equilibrada: Perviven Maduro y Evo, conviviendo con McCree y Temer (tema el brasileño central por la separación escandalosa de Dilma), y países que están cohabitando en ese equilibrio.
¿Y el mundo?. En el mundo siempre hay cambios, y la llegada de Donald Trump cerrando EEUU al mundo comercial, para intentar abocarse a reconstruir la industria yanqui, dejan a McCree ante una interesante disyuntiva: Seguirá su instinto ideológico/político, el de recostar en EEUU aunque nos la pongan doblada; O, algo de la experiencia empresarial pragmática que pudo departirle el truhán del padre, lo lleve a darse cuenta, que América, Argentina dentro de ella, debe ir a Oriente: Debe ir, a China y a la India. ¿Sabrá el Presidente aprovechar oportunidades históricas?, ¿O quedará como un pasajero transitorio, de un cargo suponen, eterno?.Mitre.Macri
El mitrismo, ha regresado, y con todo, ¿para quedarse?.