Rosas

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viernes, 29 de enero de 2016

San Martín, dos veces traicionado en la historia

por Pablo Yurman
El 28 de julio de 1821 se declaraba, en Lima, la independencia del Perú, designándose al General José de San Martín Protector de su pueblo.

Resuenan aún en mis oídos las esclarecedoras palabras del pensador uruguayo Alberto Methol Ferré, fallecido hace pocos años, quien al sintetizar el proceso histórico de emancipación política de las ex colonias españolas decía más o menos lo que sigue: “Con el colapso definitivo del Imperio Español, abiertos los procesos emancipatorios desde México a Chile y Argentina, hubo dos grandes líneas: la que liderarían, entre nosotros, José Gervasio de Artigas y José de San Martín, que apostó siempre a mantener la unidad de las ex colonias para formar una Patria Grande que no se desmembrara en minúsculos estados insignificantes; y otra, la comandada por Carlos María de Alvear y luego por Bernardino Rivadavia, que siguiendo dócilmente los dictados del Foreign Office apostó a pequeñas unidades políticas ligadas al comercio de los puertos del continente.”
Los roles de José de San Martín y Simón Bolívar en la ...

En efecto, puede afirmarse que aquel 28 de julio fue casi la culminación del plan geoestratégico que San Martín, en combinación con Bolívar desde el norte, había ideado años antes: liberar las distintas ex colonias pero no para formar luego micro-estados, o como decía Methol Ferré, estados enanos que nada o muy poco podrían hacer ante la nueva potencia hegemónica mundial, es decir, Inglaterra, dueña de océanos y en avanzado proceso de industrialización. San Martín veía claramente lo que los unitarios porteños con su cortedad parroquiana no podían o no querían apreciar.

Seguramente por tal visión continental de conjunto, con base en diversas realidades políticas pero que habrían de formar una Patria Grande que conservara la unidad tras el colapso español, el ejército que cruzó Los Andes no fue un ejército nacional argentino, sino que se lo llamó, precisamente, Ejército de los Andes, teniendo por bandera no el pabellón de uno de los países a liberar primero para federar luego, sino un estandarte propio, capaz de cobijar a todos los pueblos americanos. 
Esa misma visión continental es la que, si se me permite la extrapolación cronológica, yendo contracorriente inspiraría al Presidente peruano Fernando Belaúnde Terry a intervenir decididamente, como si de una reciprocidad con 1821 se tratara, a favor de la Argentina en pleno conflicto con Inglaterra y contra la OTAN en 1982, gesto que dice mucho, muchísimo, sobre la hidalguía con la que los peruanos siempre se han tomado los vínculos históricos que hermanan ambos pueblos, pese a que nuestra diplomacia no haya demostrado estar siempre a esa misma altura.

        Derrotado definitivamente el proyecto de integración continental y triunfante la mirada atomizadora, que en Argentina se dio definitivamente a partir de la batalla de Pavón de 1861, era inevitable que la figura del Padre de la Patria se presentara de manera parcial y mezquina a las futuras generaciones, siendo la “Historia de San Martín” de Bartolomé Mitre paradigma de lo antes afirmado. Vino luego el revisionismo de primera generación a intentar corregir esos defectos, a través de una vasta bibliografía que no hace al presente trabajo aquí citar, y ahora, con el post-revisionismo, se corre el riesgo cierto de caer en una nueva manipulación, tal como la que consciente o inconscientemente realiza Norberto Galasso en su obra “Seamos libres, que lo demás no importa nada”, texto que inspiró el guión de la producción fílmica gubernamental llevada a la pantalla grande poco tiempo atrás.
Un día como hoy muere José de San Martín | Noticias | teleSUR
        Galasso, pese a su acierto en reafirmar la visión continentalista que atribuye documentadamente al Libertador, la cual no es, ciertamente, originaria del nombrado, se manca por otro costado no menos importante, incurriendo así en una suerte de “mitrismo” a la inversa, intentado presentar un San Martín “progre” y anticatólico infiriendo dicho autor poco menos que si aquél viviera entre nosotros podría confundírselo en una marcha por la legalización del aborto o que bien podría haber elegido como lugartenientes para sus campañas a Alex Freyre (plantitas incluidas) y los activistas de la FLGBT. Se parece mucho al viejo truco mitrista de pretender apropiarse del héroe mítico, del icono colectivo por antonomasia, para convalidar desde ese sitial las preferencias ideológicas actuales. 
        Pero al igual que la historia oficial fundada por Mitre, este pseudo-revisionismo de ceño adusto y en clave deprimente que pareciera representar Galasso, incurre en una falsificación, menos grosera y ramplona que aquella, pero falsificación al fin. Si Mitre presentó un San Martín como genio militar pero lavado en términos políticos, que no habría tenido nunca definiciones respecto de los actores políticos nacionales, Galasso en cambio nos ofrece un San Martín abanderado del liberalismo político y, fundamentalmente, cultural dispuesto a desmontar uno por uno los valores y costumbres identitarios de los pueblos iberoamericanos, un quijote volteriano cuyo combustible habría sido, siguiendo ese revisionismo en su lógica sesgada e interesada, dirimir más una contienda entre “progresistas” y “oscurantistas” que la que realmente se libró entre, por un lado, disgregacionistas funcionales a Gran Bretaña y, por otra parte, americanistas en defensa de la unidad política de las ex colonias.
        En su ya mencionado libro, Galasso incurre, sin perjuicio de su gran acierto en desbaratar al San Martín a-político y padre de una nacionalidad sólo argentina, tal como nos fuera presentado por Mitre, en contradicciones, o inferencias que obedecen acaso más a un deseo por apropiarse del Libertador para justificar preferencias ideológicas actuales, pero que carecen de adecuada documentación que las convalide.
        Así, respecto de la afinidad entre el prócer y los caudillos federales que durante la década de 1820 se opondrían tenazmente a las ideas rivadavianas, nos dice: “Esta confluencia de los caudillos federales alrededor del General parece residir en que hallen en él una política nacional progresista y popular que cada uno de ellos, por sí solos, no alcanzan a formular. En este sentido conviene recordar las apreciaciones de Enrique Rivera, quien señala que los caudillos federales de las provincias interiores desarrollaron, frente a la prepotencia oligárquica porteña, una política defensiva, dirigida a proteger intereses locales que, incluso, a menudo recurría a formulaciones ideológicas reaccionarias, como lo sería, por ejemplo, el ‘Religión o muerte’  levantado en un momento por Facundo. Atacados por el librecambio porteño, que desintegra sus modestas economías –liquidando artesanías y gérmenes de manufacturas- así como por el monopolio de la aduana por parte de la oligarquía de Buenos Aires que le quitan medios de financiación, las provincias reaccionan con enormedebilidad y primitivismo.” (el destacado me pertenece).
Entrevista de Guayaquil - Wikipedia, la enciclopedia libre
        La afirmación de que los caudillos se referenciaban en San Martín por hallar en él una política que además de nacional y popular fuera “progresista” (con todo lo ambiguo de este último término) corre por cuenta del autor citado toda vez que tal palabra ni siquiera era parte del léxico de la época, aunque se vislumbra que la extrapolación no resulta ingenua por el sentido que dicho término tiene en la actualidad.
Pero quizás lo más de fondo en el planteo sea, por un lado, considerar “primitivismo” (lo que por cierto nada tiene que envidiarle a Sarmiento y Mitre) la defensa de los valores religiosos que eran expresión genuina de un pueblo que sabía que la independencia política de España no suponía desvincularse de las tradiciones y, por otro lado, omitir en el análisis que la reacción provincial, con obedecer a causas políticas (el unitarismo de las constituciones de 1819 y 1826, rechazadas airadamente por las provincias) y económicas vinculadas al librecambio preconizado desde el puerto de Buenos Aires (sustituido por Rosas en 1835 con la ley de aduana que fue aplaudida en el interior) no quedaba sólo en esos aspectos. En efecto, la bandera de Quiroga y sus gauchos, es decir, del pueblo, que rezaba “Religión o muerte” no se levantó sólo por redistribución de renta pública o por una constitución escrita más o menos federal o unitaria, sino en reacción contra la politica laicista desarrollada por Rivadavia y su círculo volteriano de amigos, primero en el ámbito de la provincia de Buenos Aires y luego con pretensiones de extenderla a todo el país.
        Por ello, la visión de Galasso según la cual nos ofrece un San Martín, con visión continental, sí, pero liberal o “progresista” no logra explicar por qué motivos entonces no existe un solo documento firmado por él en el que avalara explícitamente las políticas de Rivadavia en temas tan sensibles y de tanta trascendencia estratégica, campo en el que, como en el militar, también se libraba y se seguiría librando una batalla contra el enemigo.
        Al respecto, cabe recordar que en carta dirigida por San Martín a O’Higgins, luego del derrocamiento y fusilamiento de Manuel Dorrego, se lee con total claridad: “Por otra parte, los autores del movimiento de diciembre, son Rivadavia y sus satélites y a Ud. le constan los inmensos males que estos hombres han hecho, no sólo al país, sino al resto de América con su infernal conducta; si mi alma fuese tan despreciable como las suyas, yo aprovecharía esta ocasión para vengarme de las persecuciones que mi honra ha sufrido de estos hombres, pero es necesario enseñarles la diferencia que hay de un hombre de bien a un malvado.” Es difícil encontrar en la correspondencia del héroe conceptos tan fuertes dirigidos a destinatarios con nombre y apellido. El prestigio y la coherencia de vida del Libertador confieren a sus expresiones el valor de una trascendental definición.
        Menos aún explica Galasso que cuando tras la firma del Pacto Federal de 1831, y su adhesión por parte del resto de las provincias, se iniciara entre nosotros la experiencia confederal, delegando las provincias en Juan Manuel de Rosas el manejo de las relaciones exteriores, no hubiera ocultado San Martín desde Europa su constante adhesión a la política llevada a cabo por el Restaurador, fundamentalmente en lo que a la defensa de la soberanía territorial refiere, teniendo un gesto que para un militar de sus quilates constituye un símbolo que ahorra miles de párrafos: legarle a Rosas nada menos que el sable que lo acompañó durante la guerra de la independencia. Salvo que Galasso lo atribuya, como hizo Sarmiento, a una “chochera” sanmartiniana.
Acaso José Pablo Feinmann interprete fielmente el sentido más profundo que el federalismo asumiría con Rosas, con estas palabras: “Crearlo todo de nuevo proponía Rosas. Crearlo todo, era la tarea de Alberdi. Y en eso de nuevo que exige el caudillo y omite el escritor, está la secreta causa que los llevó a enfrentarse. Porque crearlo todo de nuevo no es crearlo todo sino restaurarlo todo (…). El fracaso del unitarismo había terminado por aclararle las cosas a Rosas. Los ‘doctores’, dedujo, no entendían nada. Obtenida esta certeza su aplicada lectura de los hechos le hizo concebir la idea de fortalecer las estructuras tradicionales del país (…). Aún estaba fuerte el recuerdo de Rivadavia. El laicismo impuesto por las exigencias inglesas, la Constitución antipopular, los empréstitos y el liberalismo ruinoso para las provincias. Para acabar con eso y, más aún, para erigir al país como una entidad autónoma, era necesario reconquistar una nacionalidad amenazada por un doble frente externo e interno. Y nada de proponerse buscar esa nacionalidad en Mayo, pues no era allí donde estaba, sino en las profundas y lejanas creaciones del pueblo: en sus instituciones jurídicas, en sus modalidades idiomáticas, artísticas y técnicas. No se trataba aquí de algo surgido apenas veintisiete años atrás, sino de una pretérita cultura de siglo. El españolismo de Rosas, que muchos liberales de izquierda y de derecha han entendido como restauración de la colonia, feudalismo o meramente barbarie, significa la clara percepción de un problema político: desligar a un pueblo de su pasado es debilitarlo como nación."
UN CONDUCTOR CONSUSTANCIADO CON SU PUEBLO
Pero, ya que tocamos ese tema que constituye un clásico histórico entre nosotros y que vincula a caudillos y pueblos que ven en ellos la encarnación de sus anhelos colectivos, Galasso también opina lo siguiente: "…no bien aparece Juan Manuel de Rosas como importante figura de nuestras luchas políticas, San Martín lo observa con expectación, suponiendo que ese estanciero con poder económico y militar podría jugar un rol decisivo como fuerza integradora. Así, por lo menos, lo ve hacia 1830. Pero, al mismo tiempo, su liberalismo se disgusta ante la carga de valores tradicionales que sustenta el futuro Restaurador, especialmente en lo que se refiere al tema religioso." (el destacado me pertenece) 
Decíamos más arriba que acaso el neo-revisionismo de nuevo cuño se asemeje al mitrismo histórico en esto de intentar acomodar los héroes del pasado a las preferencias políticas que se tienen. Detengámonos un poco en el párrafo transcripto: en primer lugar, San Martín, y no sólo en base a lo ya dicho sobre su sable de militar, sino a partir de abundante correspondencia epistolar, no se limitaría a observar a la distancia la política rosista, sino que la aplaudiría en cuanta ocasión se le presentara. En todo caso, la expectativa de 1830 mutaría en decidido apoyo en los años posteriores.
En segundo lugar, el alegado "disgusto" del "progresista" Libertador ante la política de restauración en materia de moral pública ("temas religiosos" según Galasso) llevada a cabo por Rosas es, a lo sumo, una conjetura del autor citado, no convalidada con carta o nota alguna firmada por la pluma de San Martín. Acaso el disgusto acerca de esa temática, omnipresente en su obra ciertamente, corresponda a Galasso, y no tanto a San Martín. Y de nada sirve que el historiador abunde relatando actos ejecutivos llevados a cabo por San Martín una vez instalado en el gobierno de Lima destituyendo frailes o apercibiendo a algún que otro obispo del lugar, puesto que ello obedeció más a que la Iglesia se había vuelto rehén del Estado Español, es decir, regalista, en el último siglo, bajo el gobierno de los borbones. Ergo, tratándose de una Revolución, aquél que estuviera con el enemigo, fuese laico o sacerdote, podría ser tratado como un traidor a la causa de América, como efectivamente hizo San Martín. Pero eso no lo vuelve anticatólico. Semejante deducción sería como afirmar que Carlos V era también anticatólico porque sus tropas entraron a sangre y fuego en Roma en el famoso Gran Sacco de mayo de 1527. En ambos casos se trataba de disputas políticas y no religiosas de fondo.
Volviendo a San Martín, es posible afirmar que su visión de conjunto le permitiera vislumbrar, al decir de Feinmann, que cortar las raíces culturales de los pueblos fuese una forma más, junto con la militar y económica, de debilitarlo como nación. 
Alejandro Pandra matiza recordándonos una anécdota que vincula a Belgrano con San Martín diciendo que "en carta a San Martín de 1814, el creador de la bandera aconsejaba: 'Son muy respetables las preocupaciones de los pueblos, y mucho más aquellas que se apoyan, por poco que sea, en cosa que huela a religión. [...] La guerra no la ha de hacer usted allí [en el interior] con las armas, sino con la opinión, afianzándose siempre ésta en las virtudes morales cristianas y religiosas. [...] Acuérdese usted que es un general cristiano, apostólico romano; cele usted de que en nada, ni aún en las conversaciones más triviales, se falte el respeto en cuanto diga nuestra santa religión; tenga presente no sólo a los generales del pueblo de Israel sino a los gentiles, y al gran Julio César que jamás dejó de invocar a los dioses inmortales'" 
¿Fue lo de San Martín genuino o impostado en cuestiones como las que aquí analizamos? Las fuentes ideológicas que alimentaban y los intereses a quienes resultaban funcionales sus enemigos declarados por una parte, pero también la conducta que asumiría a lo largo de su carrera y vida, por otro lado, parecieran sugerir que lo suyo estaba guiado por un genuino convencimiento más que por mero cálculo o interés. Algunos ejemplos que confirman tal aseveración, entre muchos otros pero que se omiten para no aburrir al lector.
En vísperas de enfrentar acaso su mayor desafío como estratega militar que fue el cruce de Los Andes, habiendo establecido su campamento en El Plumerillo en las afueras de la ciudad de Mendoza, conciente de la disciplina y destreza que debían demostrar sus granaderos, el Libertador no descuidó la moral de su tropa. Se ha dicho que "Algunos días se hacían simulacros de combate y guerrillas, para acostumbrar al soldado a estar preparado para esos actos. Por la tarde volvía a comenzar el ejercicio de armas y de maniobras, hasta la oración, en que se pasaba lista, se rezaba el Rosario a la retreta, y entonces solamente iban a descansar." 
Según el historiador Pueyrredón, San Martín dio al ejército un cuaderno de leyes penales escrito por él mismo, de las que sólo se han conservado el principio y el fin, como se puede apreciar en el fragmento que sigue:
"LEYES PENALES DEL EJÉRCITO DE LOS ANDES PARA LEER EN LOS CUERPOS A LA TROPA; La Patria no hace al soldado para que la deshonre con sus crímenes, ni le da armas para que cometa la bajeza de abusar de esta ventaja, ofendiendo a los ciudadanos con cuyos sacrificios se sostiene.
La tropa debe ser tanto más virtuosa y honesta, cuando es creada para conservar el bueno orden de los pueblos, afianzar el poder de las leyes y dar fuerza al Gobierno para ejecutarlas y hacerse respetar de los malvados, que serían más insolentes con el mal ejemplo de los militares.
A proporción de estos grandes fines se dictaron las penas para sus delitos; y para que ninguno alegue ignorancia, se manda notificar a los cuerpos en los términos siguientes:
Art. 1º - Todo el que blasfemase contra el Santo Nombre de Dios, etc. ...
Las penas aquí establecidas y las que se dictasen según la ley serán aplicadas irremisiblemente: sea honrado el que no quiera sufrirlas: la Patria no es abrigadora de crímenes. Cuartel General en Mendoza: José de San Martín" 
En lo que son las ruinas de la antigua Iglesia Matriz de la ciudad de Mendoza, se lee que allí mismo "el 5 de enero de 1817, frente a esta iglesia, se alzó el altar con la imagen de la Virgen del Carmen de Cuyo, donde San Martín la proclamó 'Patrona y Generala del Ejército de los Andes'. En el acto litúrgico se bendijo a la Bandera del Ejército de los Andes y el bastón de mando."
Asimismo, al ingresar al atrio del famoso Convento de San Carlos, en la ciudad de San Lorenzo, Provincia de Santa Fe, en una enorme placa de mármol se reproduce parte de la carta enviada al prior del convento tras el Combate que tuviera lugar el 3 de febrero de 1813 y que constituyera el bautismo de fuego del Regimiento de Granaderos a Caballo por él creado. En esa carta el Libertador expresa su profunda gratitud a toda la comunidad franciscana no sólo por la ayuda que le prestara antes del combate sino también con posterioridad, fundamentalmente en lo que refiere a la atención de los heridos y las exequias por los muertos de ambos bandos. Esa carta, para quien la lea con un mínimo de objetividad, trasunta reconocimiento sincero, lo que no se condice, lamentablemente, con el guión de la película "San Martín: el combate de San Lorenzo" de 2008, que presenta un héroe recelando permanentemente del los frailes por sospecharlos en connivencia con el enemigo. Un desatino completo, a juzgar por la misiva a la que se hiciera referencia.
Por su parte, Cayetano Bruno nos ilustra documentadamente que San Martín tomó muy en serio la preparación espiritual de su tropa, citando una carta dirigida por él al Secretario de Guerra del Directorio, Marcos González Balcarce, en la que expresa: "se hace ya sensible la falta de un vicario castrense que, contraído por su carácter al servicio exclusivo del ejército, se halle éste mejor atendido en sus necesidades espirituales y religiosas... Conforme a ello, propongo para el vicario general castrense el Pbro. Dr. José Lorenzo Güiraldes. Este eclesiástico, que al buen desempeño de su ministerio reúne un patriotismo decidido, ejercerá aquel con la piedad y circunspección apetecibles." 
En síntesis, lo emblemático de la figura de San Martín constituye acaso siempre una tentación para acomodarla según las preferencias ideológicas del momento. Está muy bien abundar en lecturas históricas y escribir sobre historia, pero acaso ayude a comprender mejor la misma el tomar contacto directo con los sitios en los que la historia tuvo lugar, para así tener la oportunidad de, con tan sólo leer una placa, advertir posibles tergiversaciones de la misma.

jueves, 28 de enero de 2016

“No pertenezco a mí mismo sino a la causa del continente americano”



Por Juan Marcelo Calabria
“Mi juventud fue sacrificada al servicio de los españoles; mi edad media, al de mi patria. Creo que tengo derecho a disponer de mi vejez”, escribía el 25/8/1822 San Martín a su amigo O’Higgins desde Lima. En pocas palabras, el Libertador de América, sencilla y lacónicamente, sintetizaba toda su vida. Último hijo de la familia San Martín -integrada por Juan de San Martín y Gómez y su esposa Doña Gregoria Matorras del Ser, siendo sus hermanos María Elena, Manuel Tadeo, Juan Fermín y Justo Rufino- nació en Nuestra Señora de los Reyes de Yapeyú el 25 de febrero de 1778, casi por casualidad. En 1781 los San Martín se trasladaron a Buenos Aires y posteriormente rumbo a España para no volver jamás. Sólo “José Francisco, el que menos trabajo me ha dado” -al decir de su madre-, retornó a América en busca de su destino. En julio de 1789, el pequeño José ingresó al Regimiento de Infantería de Murcia “El Leal”, en Málaga. Los años en los ejércitos europeos y el influjo de las ideas de la Revolución Francesa permitieron al futuro libertador adquirir competencias de liderazgo y conducción que harán, del pequeño niño de las misiones, un dirigente comprometido con la nueva causa de la humanidad: la declaración de los Derechos del Hombre Nuevo.
En tanto en América, hacia 1810, comenzaban los primeros gritos de libertad con la aventura de formar gobiernos locales. En ese momento crucial: “Una reunión de americanos en Cádiz, sabedores de los primeros movimientos acaecidos en Caracas y Buenos Aires (...) resolvimos regresar cada uno al país de nuestro nacimiento, a fin de prestarle nuestro servicio en la lucha, que calculábamos se había de empeñar”, según las palabras del propio San Martín. El 9/3/1812 llegó al Plata listo para ofrecer “sus cortos servicios” a la revolución que había comenzado. Sin relaciones de familia ni dinero, munido únicamente de su sable morisco y sus habilidades y competencias, fue recibido con desconfianza por el Primer Triunvirato. Pasadas las primeras impresiones, aceptado y reconocido en su grado de teniente coronel de Caballería, se abocó a la formación del Regimiento de Granaderos a Caballo. El 3 de febrero de 1813 al frente de “sus muchachos”, pudo demostrar que estaba dispuesto a dar su vida por la Revolución en la batalla de San Lorenzo. Pocos meses después, luego de las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma, fue enviado para reforzar, y luego remplazar, al insigne general y amigo Manuel Belgrano. En enero de 1814 los dos protagonistas se encontraron cara a cara y compartieron las vivencias de la Revolución; allí San Martín comprenderá “que la revolución no hará camino por el Norte” y madurará su Plan de Liberación Continental de las Provincias Unidas, Chile y Perú.
En 1814, desde la Estancia de Saldán, en Córdoba, solicita al gobierno de Buenos Aires su traslado “al oscuro destino mendocino” en calidad de Gobernador Intendente de Cuyo, y desde la “Ínsula Cuyana”, a fuerza de voluntad, persuasión y liderazgo, forjará el Ejército Libertador de los Andes, impulsará la formación del Congreso de Tucumán, la Declaración de la Independencia y emprenderá la campaña a Chile, donde librará la batalla de Chacabuco, se repondrá del desastre de Cancha Rayada y asegurará la libertad en los llanos de Maipú.
El 20/8/1820 emprenderá “el último camino de su destino que lo llama” al frente de la expedición libertadora hacia el Perú. Designado Protector de los Pueblos Libres del Perú, proclamó su independencia el 28 de julio de 1821 y sentó las bases de una República Liberal y Progresista. En 1822, sin recursos y agotado por 10 años de lucha, decide entregar “la pesada carga del mando” al libertador Simón Bolívar en Guayaquil donde tratará, sin éxito, de convencer a su “hermano” de causa de terminar juntos la guerra de la Independencia. Tras renunciar al Protectorado del Perú y luego de una breve estadía en Chile, regresa a su Tebaida mendocina y desde allí parte a Buenos Aires, donde junto a su hija Mercedes partirá al ostracismo voluntario. Después de agitadas negociaciones en Inglaterra en pos del reconocimiento de la independencia, José y Merceditas comenzarán su derrotero por Europa.
En Francia, la vida familiar y la visita de amigos y compatriotas, complementan una nutrida correspondencia donde la palabra remplazó la espada en su lucha por el progreso y bienestar de América. Allá lo alcanzarán los honores que la “maledicencia y falsa chismografía” le habían negado. El 11/2/1841, el Mercurio de Chile publica el artículo: “12 de Febrero de 1817”, escrito por Domingo Faustino Sarmiento recordando a los hermanos chilenos los servicios del viejo libertador. Luego un nuevo artículo del sanjuanino: “Los dieciocho días de Chile: desde la derrota de Cancha Rayada hasta la victoria de Maipú” motivó un decreto del Congreso Nacional que establecía: “Al general José de San Martín se le considerará por toda su vida como en servicio activo en el Ejército y se le abonará el sueldo íntegro correspondiente a su clase aun cuando resida fuera del territorio de la República”.
En la Argentina, en 1844, durante su discurso a la Legislatura, el brigadier general Juan Manuel de Rosas realizará la relación de las glorias del Gran Capitán, y le escribirá una carta diciendo: “...la gratitud de la Confederación Argentina y la América, nunca puede olvidar a usted: lo seguirá a su retiro y siempre honrará su memoria”. Poco después, el 9/12/1848 la Sociedad Patriótica, Fraternidad, Igualdad y Unión del Perú le reconocían como Fundador de la Libertad del Perú, tal el título que San Martín ostentaba desde 1822, siendo su “miembro nato fundador”. Estos tardíos reconocimientos arrancaron del Libertador las siguientes palabras: “La mayor recompensa que todo hombre público puede desear es la aprobación de su conducta por sus contemporáneos; así es que, a pesar de una vejez y una salud sumamente quebrantadas y sobre todo próximo a perder la vista por cataratas, mi existencia en medio de estos males recibe consuelos que los hacen más soportables, recordando que los actuales gobiernos del Perú, Chile y la Confederación Argentina me dan con frecuencia pruebas inequívocas del aprecio que les merezco y por este medio veo recompensado con usura los cortos pero bien intencionados servicios que la suerte me proporcionó rendir a estas repúblicas en la guerra de nuestra independencia”.
Así la gloria lo alcanza en la última parte de su vida luego de persecuciones y olvidos. Con el equilibrio y la entereza que lo habían caracterizado toda su vida, recibía con alivio y alegría los encomios de las generaciones que lo sucedieron y que veían en el “viejo guerrero” al primero de sus ilustres fundadores. Al decir del general Las Heras: “Hubo una época, época gloriosa en la historia de este continente, en que todos los americanos éramos compatriotas, unidos por el doble vínculo de nuestro común infortunio y nuestros comunes esfuerzos por la independencia. A esa época pertenece el varón ilustre, el capitán general de los ejércitos de Chile, a cuya memoria Chile, agradecido, levanta hoy este monumento” (Santiago de Chile, 05/04/1863).
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* Por Juan Marcelo Calabria - Docente y Ensayista. Autor del libro “San Martín, modelo de líder americano”.

miércoles, 20 de enero de 2016

Leonardo Castellani nos habla de Sarmiento, Mitre, Rosas y del Liberalismo.

Por Leonardo Castellani
En ninguna parte leo que los que entregan las riquezas del país a los extranjeros tengan ni siquiera un año de prisión; la Constitución no tiene castigo ni remedio alguno para ese crimen; a no ser el castigo de hacerles una estatua y proponerlos como modelos de grandes ciudadanos a los chicos escueleros.
Me dirán por qué triunfó tanto tiempo el Liberalismo si era malo; les diré que ni triunfó del todo ni al comienzo era malo del todo. Sarmiento era liberal y no era malo del todo; por lo menos no era tan malo como Mitre; y por eso quizás murió en el destierro y Mitre en su cama, confesado y comulgado por una tía suya. El Liberalismo en su comienzo tenía algo de bueno, pues no hay error tan grande que no tenga algo de verdad, ni herejía que no se base en un dogma cristiano (en la corrupción de un dogma cristiano). Las tres divisas del Liberalismo: Libertad, Igualdad, Fraternidad, no eran más que las antiguas palabras cristianas: Orden, Jerarquía y Caridad que habían colgado la sotana, como nuestros famosos “curas liberales”.
Lo que había de bueno en el liberalismo de antaño, de 1820 a 1860, consistía en una especie de ímpetu juvenil contra un montón de cosas que tenían que morir; a saber, el absolutismo de los reyes, inventado por los reyes protestantes; el despotismo demasiado cerrado de los Gremios y Corporaciones medievales; y una decadencia en la Religión, que originó en Inglaterra el deísmo y en Francia el filosofismo. Así que toda la juventud europea a principios del pasado siglo se conmovía con ese grito de Libertad, y sabía lo que significaba para ellos esa palabra ambigua, que no lo era para ellos; lo que no sabían era lo que estaba detrás. Se sentían apretados, estrechos y cansados y al decir ¡Libertad! decían “queremos salir de esto”. Lo que no sabían todos era que detrás de esa dorada y sonrosada libertad del Liberalismo había primero un error, después una ficción y después una herejía; el error de la libertad de comercio, la ficción de la soberanía del pueblo y la herejía de la Religión de la Libertad (opuesta aunque derivada de la Religión de Cristo).
Esto que dije arriba de que el Liberalismo en el fondo es una herejía es muy importante. Ustedes lo saben ya; pero por las dudas les voy a leer una página que escribí hace dos meses en San Juan, donde se me enojaron altamente (algunos) y se me quejaron al Arzobispo (algunas) porque en un discurso sobre el 25 de mayo no nombré a Sarmiento; o mejor dicho, lo nombré, pero no dije “el Gran Sarmiento”.
“San Juan, 27 de julio de 1960.”
“¡Ojalá que estén en el cielo actualmente Sarmiento, Urquiza y Mitre!; pero en vida han sido puercos. No es un mal que en la Argentina haya habido traidores y traiciones; el mal está en hacer estatuas a los traidores y adorar traiciones. En todas las naciones ha habido crímenes; pero una nación que no distingue el crimen de la virtud, no puede ser nación. En San Juan si usted dice un discurso el 25 de mayo y no nombra a Sarmiento, le pasa lo mismo que si en la Edad Media usted hubiera dicho que no había Dios. Eso es religión, no me vengan con macanas: es religión al revés, o sea, una especie de religión satánica. «Hoy los Católicos han rendido homenaje a Sarmiento» dice el diario TRIBUNA del 22 de junio de 1960. Traducción: «Hoy los discípulos de Cristo han rendido homenaje a un hombre inmoral», o sea: «hoy los católicos han idolatrado»”.
“Si los niños en la escuela se les pone como objetos de reverencia, de admiración y de imitación a hombres inmorales, las bases mismas de la moral quedan minadas. ¿Qué hombres íntegros saldrán de allí? Una nación no puede ser independiente si no tiene una suficiente proporción de hombres éticos. Hombres éticos no son los que tienen solamente la moral rudimentaria del miedo a la policía y el respeto a las convenciones sociales; hombres éticos son los que tienen la pasión de la Justicia. La Escuela Argentina no tiende a hacer esos hombres; al contrario más bien.”
“Mejor es no creer en nada, ni en Cristo ni en Sarmiento, que creer a la vez en Cristo y Sarmiento. Lo primero da un ateo; lo segundo, un católico mistongo.”
 
Díganle a monseñor NN de mi parte, con todo respeto y amor, que el Liberalismo es una idolatría y el Nacionalismo no es una idolatría. ¿Y por qué no? Si el liberal al hacer la Libertad con mayúscula un Fin Absoluto (y peor aun hacer un ídolo dese getudo indiscreto que fue Sarmiento) es idólatra, ¿por qué no será idólatra también el nacionalista que hace de la Nación con mayúscula un Fin Absoluto? Porque no; porque yo digo que no hay mucho peligro deso en la Argentina. No niego que sea posible en Alemania o Inglaterra; pero no hace tanto peligro deso en la raza hispánica; el gallego nunca va a hacer un dios de Francisco Franco, ni el argentino va a poner la estatua de Rosas en los altares; al gallego lo van a encontrar siempre hablando mal de Franco e incluso de España. ¡No hay peligro que el argentino adore a su patria, más bien actualmente hay peligro que la desprecie, escupida como está por los judíos! Pero miento, no es la patria: no ha escupido el Reino de Israel a la Patria sino al Estado; y ni siquiera al Estado; ha escupido al Gobierno; es decir, los judíos han escupido a otro judío. Así que díganle a monseñor NN, que dice que yo soy nazi y un energúmeno, con todo respeto y amor, que si yo soy nazi por entrar en esta casa, en esta casa somos nazis blancos, no somos nazis negros. Somos nazis azulyblancos, los cuales nunca adorarán a la nación como si fuese Dios, sino que amarán a Dios a través de su propia nación; porque si no amas a tu madre a la cual ves, ¿cómo podrás amar a Dios al cual no ves? Para muchos de nosotros, hacer Patria es sinónimo dese hacer Dios de que hablé al principio.
Así que el Liberalismo, movimiento histórico muy confuso en el cual estamos metidos, y el cual a mí me ha hecho mucho daño, puede ser considerado en tres planos diferentes, en el plano empírico, en el plano filosófico y en el plano teológico; que corresponden a las tres vidas que hay en el hombre: a la vida de los sentidos, a la vida del intelecto y a la vida sobrenatural de la gracia; en el plano empírico era una invención de la oligarquía inglesa y su posterior imperialismo, después adoptada por toda la burguesía europea, cuya meta era el Dinero; en el plano filosófico fue un intento de resolver para siempre el eterno problema de la persona frente a la sociedad; en el plano teológico fue una singular herejía que yo denominaría una de las Tres Ranas del Apocalipsis. Aquí lo hemos considerado en el plano filosófico; pero nos falta todavía la tercera definición, a saber: el Liberalismo fue un tremendo esfuerzo fallido por encontrar un equilibrio perenne entre el individuo y la Sociedad.
Esta es la definición más general y por tanto más filosófica del Liberalismo: fue un intento ambicioso y fallido de resolver para siempre la eterna antinomia entre el hombre y la sociedad; o sea, entre los dos polos de todos los sistemas políticos, la Autoridad y la Libertad; Yo no voy a decir los que dicen tantos, que es un país de m..., o como dijo Ricardo Rojas un país de loquitos, o como dijo Raymundo Pardo un país de semisalvajes, o como dijo Unamuno un país de cazadores de pesos, o como dijo Baroja un país de cursis; y tampoco que es un gran país, como dicen por radio, que basta escuchar la radio ahora para ponerlo en duda. Para mí hay una Argentina que me deja vivir a mí, la cual naturalmente tiene que ser muy buena; y otra Argentina mala, que no me deja vivir (no es que tenga demasiado empeño en vivir). Y ha llegado el momento en que una de las dos Argentinas elimine a la otra, como dijo San Martín: los de AZUL Y BLANCO lo arreglan muy cómodamente diciendo que una de ellas no existe (el “país real” supone que el otro país es “irreal”). No. Las dos existen; y la que a mí no me gusta está ahora arriba; y con todas sus fuerzas procura eliminar a la otra como mandó San Martín.
Eliminar ¿cómo? ¿Matando a todos los liberales? No es ése nuestro sistema, es el sistema dellos. El sistema nuestro es hacer Verdad como dije: durante un siglo entero el Nacionalismo en España estuvo haciendo Verdad: desde el doctor Filósofo Rancio hasta el mártir Ramiro de Maeztu; cosa que aquí no hemos tenido sino muy en precario. Pero para hacer Verdad ¿no hay que matar a alguno? A veces por desgracia hay que matar, sintiéndolo enormemente, a alguno, como lo hace Franco, en defensa propia; a algún malhechor, como hizo Rosas. En propia mía, no hay que matar a nadie. Nunca he querido tener un arma de fuego, a pesar de que tiro muy bien revólver, porque en último caso prefiero la muerte de Ramiro de Maeztu (que me maten por hablar demasiado) antes que matar a algún milico como en tiempo de Lonardi. Pero mejor es vivir sin matar a nadie ni ser muerto: lo cual no sé ya si durará todavía una década en la Argentina.
El error del Nacionalismo: es poner los ojos en el poder a corto plazo en vez de ponerlos en la Verdad a largo alcance. Creer que el fin último de la política es alcanzar o arrebatar el Poder es un error y una estupidez: es el error de Maquiavelo y la estupidez de los políticos baratos y pueriles que nos están moliendo y perdiendo. No se le puede pedir a un político, pongamos a Marcelo Sánchez Sorondo, que aspire al Sufrimiento y a la Derrota (es decir al Martirio); eso es propio del hombre religioso, no del hombre ético; y un buen político es un hombre ético; no se les debe pedir a los nacionalistas que no aspiren a la Victoria; pero es menester pedirles que no pongan su Victoria en la consecución del Poder (por ejemplo, una embajada) sino en la difusión triunfante de sus ideas (suponiendo que las tengan). O sea, que puedan como dijo el héroe nacionalista que nombré a sus asesinos: “yo sé por qué muero; y ustedes no saben por qué me matan” y pudiera haber añadido: “¡Pero muero para que lo sepan!”.
 
A pesar de que el Papa es infalible, si el Papa definiera que los nacionalistas argentinos son nazis (como me dicen que hay inminente peligro) yo no lo creería; porque si fuesen nazis serían alemanes; y si fuesen alemanes estarían organizados. Si los nacionalistas estuvieran organizados, tomarían estos dos discursos míos y repartirían 150.000 ejemplares por todo el país; como hicieron los requetés navarros en 1868 con el discurso de Aparisi Guijarro cuando la caída de Isabel II; la cual fue una especie de general Lonardi con polleras. O más bien, ya que ahora la imprenta es más barata un millón y medio de ejemplares. No pueden negar que esta idea es práctica, por lo menos para mí.
La definición argentina de hombre libre tal vez no sea muy filosófica pero es bien argentina. Dice así:
“Me siento libre... La justicia de Dios está más alta que la soberbia de los hombres. El hombre verdaderamente «libre» es aquel que exento de temores infundados y deseos innecesarios en cualquier país y cualquier condición en que se halle, está «sujeto» [es decir libremente cautivo] a los mandatos de Dios, al dictado de su conciencia y a los dictámenes de la sana razón...”.
Carta de don Juan Manuel de Rosas desde el destierro a doña Josefa Gómez: paréntesis mío.

LEONARDO CASTELLANI

15 de octubre de 1960.C

sábado, 9 de enero de 2016

Hallaron al Glorioso "Republicano"

"El 23 de octubre pasado y mientras realizábamos una recorrida habitual por el Paraná en tareas de reconocimiento y filmación para el Museo, un equipo de sonar de barrido lateral detectó un elemento delgado y recto que se hallaba en el fondo del río, en cuya base se podía apreciar un elemento rectangular", Dijo José Luis Aguilar, quien junto con su hijo Felipe, Javier Saucedo y Marcelo Duca efectuaban el rastrillaje.  El barco de la flota argentina "Republicano", que combatió en la histórica batalla de la Vuelta de Obligado en 1845, donde las tropas argentinas enfrentaron a una poderosa escuadra anglo-francesa a la altura de la localidad bonaerense de San Pedro, fue encontrado en el fondo del río Paraná casi en el mismo lugar donde las referencias históricas aseguran que se hundió por decisión de su comandante, para evitar ser capturado por el enemigo.

  Tres cadenas gruesas cruzaban el Paraná de costa a costa, sostenidas sobre 24 embarcaciones. De un lado, la escuadra anglofrancesa; del otro, las fuerzas de la Confederación Argentina. Detrás de las cadenas, en primera línea de cara al enemigo, se ubicó el Republicano, uno de los buques encargados de defender la soberanía nacional. Su capitán era Tomás Craig, un marino de origen irlandés nacionalizado argentino. Los primeros ataques fueron a las 8 de la mañana; pasado el mediodía, ya sin municiones y para evitar que los enemigos tomaran el barco, Craig detonó sus últimos explosivos y lo hundió.El histórico hallazgo fue presentado el viernes pasado en la Municipalidad de San Pedro por las autoridades del Museo Paleontológico de esa localidad, que localizaron la embarcación, la comuna local y autoridades del ministerio de Defensa de la Nación y la Armada Argentina.   La embarcación hallada es del tipo "Bergantín Goleta" y había sido ubicada por el general Lucio Mancilla en uno de los extremos de la línea de cadenas dispuesta a lo largo del Paraná para reforzar e impedir que la flota anglo francesa corte esa línea y avance aguas arriba del río.
El comandante de la nave Tomas Craig, al mando de 40 hombres, una vez que agotó las municiones de sus seis cañones y registrandose un incendio en el sector de proa por el fuego enemigo, tomó la decisión de hacer estallar el barco como estrategia de combate y antes de que fuera tomado por la flota anglo francesa.
Saucedo destacó que "cuando vimos la primera imagen enseguida dedujimos que era algún elemento de la batalla" y Aguilar refirió que "luego visualizamos que el elemento delgado era un mástil con su punta a unos 8,50 metros de la superficie y su base a unos 18,5 metros de profundidad". Posteriores imágenes emitidas por el sonar "revelaron que la base rectangular del mástil era la sección de popa de un casco de navío semienterrado que podía tener una longitud de unos 11 metros".
Aguilar destacó que "ninguna de las embarcaciones, salvo el Republicano, que dispuso Mansilla en la batalla para custodiar la hilada de cadenas tenía mástil, tampoco se produjo durante la batalla el hundimiento de ninguna embarcación enemiga, ni ninguna de ellas perdió un mástil, al tiempo que no se registraron naufragios en la zona con posterioridad a la batalla, el 20 de noviembre de 1845".
El comandante del área naval fluvial de la Armada, Germán Cibeira, destacó que "las evidencias son más que elocuentes, el Republicano fue un buque que perteneció a la Comandancia de Marina de aquella época y estuvo en la defensa en ese combate histórico, por lo que lo primordial para nosotros es rescatar ese patrimonio".
"Después de 170 años poder encontrar un navío hundido ex profeso como una táctica de combate es algo muy importante, probablemente no podamos reflotar la totalidad del barco, pero si recuperar sus partes como el mástil o el cañón para exponerlo en un museo", destacó Cibeira.
Javier Saucedo es un ex combatiente de Malvinas y fue uno de los que estuvo arriba de la lancha que descubrió el barco que protagonizó esa epopeya patriótica, por lo que el hallazgo le despertó sensaciones mas especiales. "Esta es la segunda vez que la vida me pone como un actor en primer plano de una porción de la historia argentina. Cuando era muy joven, a los 19 años, con mi querida Fuerza Aérea, tuve la oportunidad de vivir en primer plano una lucha tan cara a los argentinos", dijo Saucedo.
Y añadió: "Ahora, por esas cosas de la vida por segunda vez el destino me vuelve a brindar la oportunidad de reflotar este tipo de cosas. El día del hallazgo nos sentimos niños de nuevo, como sampedrino el amor a la Patria nos toca muy profundamente, porque para mí es como un viejo soldado que desde otro lugar sigue luchando".
El hallazgo fue corroborado en diciembre por la Armada Argentina, y ayer lo hicieron público las autoridades del Museo junto con funcionarios de la Armada, Ministerio de Defensa, el Senado provincial y el intendente de San Pedro. 
“Si se observan las cartas náuticas de la zona, se puede ver que el punto de hallazgo se corresponde con el sector donde operó el Republicano. El hecho de que hoy se encuentre en el medio del río obedece a que, en estos 170 años, la costa frente a Obligado perdió más de 200 metros tierra adentro. Al momento de ser hundido por su capitán, el Republicano estaba anclado a una distancia de entre 50 y 80 metros de la costa de 1845”.
Solo medio barco quedó a salvo de que lo cubriera la sedimentación del río. “Esto puede obedecer a que la explosión inducida por Tomás Craig infligió mayor daño desde la mitad del buque hacia proa, mientras que la zona de popa se mantuvo entera. Al caer al fondo, el buque queda con su mitad anterior desarmada y aplastada, que luego será sedimentada con el pasar de los años, pero su mitad posterior, al mantener su altura, escapó del limo y todavía yace a la vista del sonar”, señaló Aguilar.
Según concluyeron los expertos, en todos estos años el Republicano no se movió porque estaba doblemente anclado para poder apuntar al enemigo y soportar la corriente del río sin moverse. Eso hizo que se hundiera en el mismo lugar donde combatía. El informe de los autores del hallazgo describe que el buque está sumergido en el fondo del Paraná “inclinado hacia proa y notablemente escorado hacia estribor”.
Luego de Obligado, Tomás Craig siguió sirviendo en la armada argentina y se mantuvo leal a Rosas. Alguna calle de Capital lleva su nombre; sin embargo, la figura de Craig es apenas recordada. Tal vez ahora adquiera otro relieve, gracias a ese mástil del Republicano que permaneció erguido durante 170 años, como sosteniendo la memoria de una batalla clave para que la Argentina fuera algún día un país independiente y soberano.

viernes, 8 de enero de 2016

Falleció el Historiador Jorge María Ramallo

En el día de ayer, 7 de enero de 2016 a los 87 años, falleció el Historiador Jorge María Ramallo.  La docencia ha sido su constante vocación. Fue profesor emérito de la Universidad Católica Argentina. Ha sido catedrático en la Facultad de Historia y Letras de la Universidad del Salvador, de Historia Americana y Argentina y de Metodología de la Enseñanza de la Historia; de HistoriaEconómica Universal y Argentina en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires; de Historia Política, Económica y Social Argentina en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Católica Argentina; y de Historia de la Educación Argentina en la Facultad de Filosofía y Letras, en la misma Con una franca vocación por el estudio y la investigación de los problemas históricos, se dedicó a ellos como complemento invariable a su interés por la reflexión pedagógica. Su fecunda labor y vasta trayectoria ha sido reconocida por diferentes institutos y academias. Por ello ha sido reconocido como miembro de número de la Junta de Historia Eclesiástica Argentina de la Academia Nacional Sanmartiniana, al igual que en el Instituto Nacional de InvestigacionesHistóricas Juan Manuel de Rosas. Entre sus libros pueden citarse: Los grupos políticos en la Revolución de Mayo (1983).); El Colegio y la Universidad de Buenos Aires en la época de Rosas (1992); Historia argentina fundamental: los ciclos y los hechos (1992), Historia del sable de San Martín (1995); Los ciclos históricos argentinos (1999); San Martín y las Sociedades Secretas (2000); Etapas históricasde la educación argentina; La religión de nuestra Tierra. Testimonios Históricos (1727-1902) (2006).
QEPD.

viernes, 1 de enero de 2016

Karl Marx y los Conflictos Sociales; Gramsci y la "Hegemonia"

Por el Prof. Julio R. Otaño
Durante el siglo XIX comenzó a manifestarse en la doctrina una tendencia a acentuar la distinción entre el Estado y la sociedad civil.  La sociedad deja de ser considerada como un conjunto de individuos aglutinados por el Estado, y pasa a ser vista como un grupo formado por las interrelaciones que surgen al pretender sus miembros satisfacer sus propias necesidades. Las teorías de Hegel impregnaron la elaboración científica posterior y ejercieron una gran influencia decisivo en el pensamiento político de la época, hasta el punto de inspirar doctrinas como el nacionalismo, que se extendió por Europa e impulso los cambios políticos que convulsionaron el continente durante la última parte del siglo. Basadas en una peculiar interpretación de los postulados idealistas, las formulaciones más radicales del nacionalismo sirvieron de justificación teórica para la aparición de un nuevo tipo de Estado, el totalitario, El Estado se convierte en una entidad omnipotente que anula los derechos individuales y modela a su antojo la colectividad sobre la que ejerce su poder.   Otras concepciones del Estado surgidas durante el XIX tomaron como punto de partida el enfoque sociológico, muy relacionado con la metodología del positivismo, que abogaba por despojar la ciencia políticas de cuestiones éticas y metafísicas.  
Así, el fenómeno estatal es contemplado como mero instrumento de las clases sociales, idea que comparten, entre otros autores, Max Weber, para el cual sólo se diferencia de otras formas de gobierno por ostentar el “monopolio legítimo de la fuerza”, o los utilitaristas ingleses, cuyo máximo representante fue Jeremy Bentham, que concebía el Estado como un medio artificial de conseguir la armonía entre individuos y lograr así la estabilidad social.  
Karl Marx, en su concepción, considera al Estado como una entidad de carácter transitorio, surgida de la división en clases de la sociedad con el fin de perpetuar el dominio de la clase superior, que debe ser sustituida por una “dictadura del proletariado” y cuyo destino es desaparecer cuando las clases hayan sido abolidas por el comunismo  Karl Marx: Pensador socialista y activista revolucionario de origen alemán (Tréveris, Prusia occidental, 1818 - Londres, 1883). 
  FRASES DE KARL MARX - Sus frases célebres, Famosas, Motivadoras ...Frase Carlos Marx | Carlos marx, Marx, Frases históricas
Karl Marx procedía de una familia judía de clase media. Estudió en las universidades de Bonn, Berlín y Jena, doctorándose en Filosofía por esta última en 1841.
Sus ideas políticas le obligaron a dejar Alemania e instalarse en París (1843).   Estableció una duradera amistad con Friedrich Engels (un gran empresario textil), que se plasmaría en la estrecha colaboración intelectual y política de ambos.
Fue expulsado de Francia en 1845 y se refugió en Bruselas. Su dedicación a la causa del socialismo le hizo sufrir grandes dificultades materiales y el exilio definitivo en la ciudad de Londres, superados gracias a la ayuda económica de Engels. 
Marx partió de la crítica a los socialistas anteriores, a los que calificó de «utópicos», quienes se habían limitado a imaginar cómo podría ser la sociedad perfecta del futuro y a esperar que su implantación resultara del convencimiento general y del ejemplo de unas pocas comunidades modélicas. 
Por el contrario, Marx y Engels pretendían hacer un «socialismo científico», basado en la crítica sistemática del orden establecido y el descubrimiento de las leyes objetivas que conducirían a su superación; la fuerza de la Revolución (y no el convencimiento pacífico ni las reformas graduales) serían la forma de acabar con la civilización burguesa. 
En 1848, a petición de una Liga revolucionaria clandestina formada por emigrantes alemanes, Marx y Engels plasmaron tales ideas en el Manifiesto Comunista, un panfleto de retórica incendiaria situado en el contexto de las revoluciones europeas de 1848.  
Posteriormente, durante su estancia en Inglaterra, Marx profundizó en el estudio de la economía política clásica y, apoyándose fundamentalmente en el modelo de David Ricardo, construyó su propia doctrina económica, que plasmó en El Capital;  de esa obra monumental sólo llegó a publicar el primer volumen (1867), mientras que los dos restantes los editaría después de su muerte su amigo Engels, poniendo en orden los manuscritos preparados por Marx.
Partiendo de la doctrina clásica, según la cual sólo el trabajo humano produce valor, Marx denunció la explotación patente en la extracción de la plusvalía, es decir, la parte del trabajo no pagada al obrero y apropiada por el capitalista, de donde surge la acumulación del capital. 
Criticó hasta el extremo la esencia injusta, ilegítima y violenta del sistema económico capitalista, en el que veía la base de la dominación de clase que ejercía la burguesía.  Sin embargo, su análisis aseguraba que el capitalismo tenía carácter histórico, como cualquier otro sistema y estaba abocado a hundirse por sus propias contradicciones internas, dejando paso al socialismo.  
La tendencia inevitable al descenso de las tasas de ganancia se iría reflejando en crisis periódicas de intensidad creciente hasta llegar al virtual derrumbamiento de la sociedad burguesa; para entonces, la lógica del sistema habría polarizado a la sociedad en dos clases contrapuestas por intereses irreconciliables propietarios y proletarios, de tal modo que las masas proletarizadas, conscientes de su explotación, acabarían protagonizando la Revolución que daría paso al socialismo.  
En otras obras suyas, Marx completó esta base económica de su razonamiento con otras reflexiones de carácter histórico y político: precisó la lógica de lucha de clases que, en su opinión, subyace en toda la historia de la humanidad.   También indicó Marx el sentido de la Revolución socialista que esperaba, como emancipación definitiva y global del hombre (al abolir la propiedad privada de los medios de producción, que era la causa de la alienación de los trabajadores), completando la emancipación meramente jurídica y política realizada por la Revolución burguesa (que identificaba con el modelo francés); sobre esa base, apuntaba hacia un futuro socialista entendido como realización plena de las ideas de libertad, igualdad y fraternidad, como fruto de una auténtica democracia; 
la «dictadura del proletariado» tendría un carácter meramente instrumental y transitorio, pues el objetivo no era el reforzamiento del poder estatal con la nacionalización de los medios de producción, sino el paso -tan pronto como fuera posible- a la fase comunista en la que, desaparecidas las contradicciones de clase, ya no sería necesario el poder coercitivo del Estado.   Marx tuvo seguidores y los tiene en la actualidad-  Éstos seguidores se escindieron entre una rama socialdemócrata cada vez más orientada a la lucha parlamentaria y a la defensa de mejoras graduales salvaguardando las libertades políticas individuales (Kautsky, Bernstein, Ebert) y una rama comunista que dio lugar a la Revolución bolchevique en Rusia y al establecimiento de Estados socialistas con economía planificada y dictadura de partido único (Lenin, Stalin, Mao)
La teoría marxista fue reelaborada por sus continuadores, entre los que destacó Lenin, (Nació el 22 de abril de 1870 en Simbirsk Hijo de un funcionario).   En 1887, la policía arrestó y ejecutó a su hermano mayor Alexander por haber participado en una conspiración para asesinar al zar Alejandro III.   Cursó estudios en la Universidad de Kazán ese mismo año, pero fue expulsado al poco tiempo por participar en actividades revolucionarias. Estudió las obras clásicas del pensamiento revolucionario europeo, especialmente El capital de Karl Marx.   Admitido en la Universidad de San Petersburgo terminó Derecho en 1891.  Cuando estalló la I Guerra Mundial en 1914, Lenin se opuso a la intervención de Rusia en el conflicto alegando que supondría una lucha fratricida entre los obreros de toda Europa en beneficio de la burguesía y alentó a los socialistas a “transformar la guerra imperialista en una guerra civil”.   La Revolución Rusa de 1917 lo tuvo como actor principal.
El Zar Nicolás II fue asesinado junto a toda su familia y Lenin fue elegido presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo (jefe de gobierno).  El régimen soviético se impuso en una cruenta guerra civil (1918-1921). Gracias a la labor del Ejército Rojo, creado y organizado por León Trotski, el régimen soviético salió triunfante de este enfrentamiento.   La primera de las tres aplopejías que sufrió Lenin en mayo de 1922 le dejó incapacitado para cumplir con las obligaciones de su cargo. Nunca volvió a desempeñar un papel activo en el gobierno o en el partido.   Se había recuperado parcialmente a finales de 1922, pero sufrió un segundo ataque en marzo de 1923 en el que perdió el habla.  Lenin murió el 21 de enero de 1924 en la localidad de Gorki.)  Para Lenin el Estado es tan sólo un mecanismo de coerción utilizado por la clase dominante para sojuzgar a la dominada.   Para que las clases, con intereses económicos en pugna, no se devoren entre sí se hizo necesario un Poder, y este Poder que brota de la sociedad, pero que se coloca por encima de ella y que se divorcia cada vez más de ella, es el Estado.
Cuando hayan desaparecido los capitalistas, cuando no haya clases, sólo entonces desaparecerá el Estado y podrá hablarse de libertad.  Sólo entonces se hará realidad una democracia completa y sólo entonces la democracia comenzará a extinguirse
Historia: Lenin, Trotski y Stalin bebiendo cerveza en los bares de ...

ESTADO Y HEGEMONÍA: ANTONIO GRAMSCI  (Cerdeña, 22 de enero de 1891 - Roma, 27 de abril de 1937) fue un filósofo, teórico marxista, político y periodista italiano.

Escribió sobre teoría política, sociología, antropología y lingüística.
Fue uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano, encarcelado bajo el régimen fascista de Benito Mussolini, estudia al Estado italiano desde su conformación como unidad, destacando su naturaleza de clase.  Siguiendo a los clásicos, dice que el Estado es en esencia coerción, dictadura, dominación.   
Reafirma así los elementos aportados por el desarrollo de la teoría marxista introduciendo el elemento del consenso, de la dirección, de la hegemonía, que completa la forma de supremacía de las clases dominantes en los capitalismos desarrollados.  “La supremacía de un grupo social se manifiesta de dos modos, como dominio y como dirección intelectual y moral‟  Gramsci estableciendo un estudio de hegemonía de la clase dominante.  La supremacía de una clase aparece como un momento sintético que unifica la hegemonía y la dominación, el consenso y la coerción, la dirección y la dictadura en el Estado.
80 años de la muerte de Gramsci: "La indiferencia es el peso ...
Y es precisamente mediante la sociedad civil que las clases dominantes logran consolidar su poder, como lugar donde se difunde su “visión del mundo“.
Lo que sucede es que se detiene a analizar la forma en que la fuerza se combina con el consenso ideológico para integrar a las masas en el Estado.  El derecho no expresa toda la sociedad, sino la clase dirigente, que «impone» a toda la sociedad las normas de conducta que están más ligadas a su razón de ser y a su desarrollo.  La función máxima del derecho es la de presuponer que todos los ciudadanos deben aceptar libremente el conformismo por él señalado.  
La libertad informativa se reduce a la libertad de empresa informativa, con lo que se ejerce coacción respecto al tipo de mensajes ideológicos que se difunden y los que son expulsados del sistema de circulación de ideas o directamente no llegan a conformarse.
La clase dominante ejerce su poder, no sólo por medio de la coerción, sino además porque logra imponer una visión del mundo, una filosofía, una moral, unas costumbres, un “sentido común” que favorecen el reconocimiento de su dominación por las clases dominadas. 
Existe una política de alianzas como elemento necesario para la conformación hegemónica de una clase social. “El Estado es concebido como un organismo propio de un grupo, destinado a crear las condiciones favorables para la máxima expansión del mismo grupo” 
La clase dominante necesita, para hacer valer sus intereses, como decía Marx, presentar al Estado ante la sociedad como representante del conjunto del pueblo.
Las divisiones económicas entre los “ciudadanos” se ocultan tras la paridad jurídica entre explotadores y explotados y junto con ellas, se oculta también la completa separación y no participación de las masas en las labores parlamentarias.  
Por eso es tan fundamental que el proletariado logre la dirección del conjunto de las clases subalternas para, a partir de amalgamar en una visión integral proyectar su hegemonía al conjunto de la sociedad. 
✅ Frases y citas célebres de Antonio Gramsci 📖
El concepto gramsciano de hegemonía no se resume en lo cultural, sino que presupone el aspecto político.  “La hegemonía política puede y debe existir antes de llegar al gobierno…”. 
Gramsci atribuyó un papel central a los conceptos de infraestructura (base real de la sociedad que incluye fuerzas de producción y relaciones sociales de producción) / superestructura (“ideología”, constituida por las instituciones, sistemas de ideas, doctrinas y creencias de una sociedad), a partir del concepto de “bloque hegemónico”
El poder de las clases dominantes sobre el proletariado y todas las clases sometidas en el modo de producción capitalista, no está dado simplemente por el control de los aparatos represivos del Estado pues, si así lo fuera, dicho poder sería relativamente fácil de derrocar  dicho poder está dado fundamentalmente por la “hegemonía” cultural que las clases dominantes logran ejercer sobre las clases sometidas, a través del control del sistema educativo, de las instituciones religiosas y de los medios de comunicación.  A través de estos medios, las clases dominantes “educan” a los dominados para que estos vivan su sometimiento y la supremacía de las primeras como algo natural y conveniente, inhibiendo así su potencialidad revolucionaria.   En prisión escribió 30 libretas de historia y análisis conocidos como Los cuadernos de la cárcel (Quaderni del carcere), que incluyen su recuento de la historia italiana y  el nacionalismo, así como ideas sobre teoría marxista, teoría educativa y de crítica