Rosas

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martes, 30 de junio de 2015

FORJA 80 AÑOS DE VIDA

Por Ernesto Jauretche
Es el lunes 24 de junio. Seguro que frío y nublado.
  A la tardecita.
  En el café El Foro, de Corrientes y Uruguay, se reunió una treintena de hombres maduros, abogados, ingenieros, médicos, periodistas, escritores, artistas, todos notables militantes del partido fundado por Leandro Alem, con el propósito de lanzar una nueva agrupación política como corriente de pensamiento irigoyenista dentro de la UCR.
 
Bajo la dirección inicial de Juan B. Fleitas y Manuel Ortiz Pereyra, el grupo que unos días más tarde daría origen a la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina –
 
FORJA estaba integrado por Arturo Jauretche, Homero Manzione (Manzi), Félix García Ramírez, José María Cané, Oscar López Serrot, José Constantino Barro, Juan Luis Alvarado, Conrado Míguez, Abel Sánchez Uncal, Amable Gutiérrez Diez, Juan Molas Teran, Germán Pais, Ismael Segovia, Atilio García Mellid, Gabriel del Mazo, José Peco, Jorge Walter Perkins, Carlos Menica, Luis Dellepiane, Silvano Santander, Martín Irigoyen, Manuel Belnicoff, Rodolfo Alvarez Prado, Camilo Stanchina, Ernesto Laclau, Jorge Luis Borges, Ernesto Vatteone, Guillermo y Carlos Maya, Oscar Correa, Angel y Nestor Banfi, Jorge del Río, Oscar Meana, Orlando Paoletta y los hermanos Fernando, Carlos y Ubaldo Estrada, entre otros.
 
Raúl Scalabrini Ortíz participa pero no adhirió por no cumplir con la condición de ser afiliado radical.
Ese mismo día.
 
Al anochecer. Las voces del canillita disuelvieron la reunión.
 
Crítica: titular en tipografía catástrofe.
 
Carlos Gardel muere en un accidente aéreo en Medellín.
 
Conmoción y congoja nacional.
 
Manzi le escribe un epitafio imperecedero: “...en esta Patria que tiene un pueblo sentimental como una novia, derecho como una daga y amigo como un poncho, a Gardel se lo considera un compañero más”.
29 de junio de 1935. Sábado. En un sótano de Corrientes 1778, se lanzó, por fin, la “Fuerza de Orientación Radical de la Nueva Argentina”, FORJA. Presidían la primera reunión Jauretche, Manzi, Alvarado, Dellepiane, del Río, Correa y Molas Terán.
 
El nombre de la agrupación, inspirado en un concepto atribuido a Yrigoyen, describía a la vez el panorama pavoroso de la década infame y la oportunidad luminosa que animaba los jóvenes militantes del nacionalismo popular y democrático de aquellos tiempos: “Todo taller de forja parece un mundo que se derrumba”.
FORJA, a partir de esa definición fundacional, fue una experiencia inédita en la política nacional: “De los nacionalistas, compartimos la exaltación patriótica y de los comunistas, su conocimiento del fenómeno imperialista.
 
Pero el patriotismo de símbolos de los nacionalistas fue, en nosotros, amor a la sustancia de lo argentino y no su expresión abstracta, y de la concepción doctrinaria de los segundos, apreciamos las generalizaciones y el aspecto mecánico del capitalismo, para abocarnos al conocimiento y soluciones de nuestra realidad...
 
Los socialistas pretenden excluir la realidad para cambiarla, en lugar de comprenderla para superarla.
 
Así han fracasado en el interior, al rechazar a las masas por incultas, ineptas, etc...
 
Las masas se saben desapreciadas por la petulancia socialista...
 
El partido socialista es el de los hombres que no quieren que pase nada.
 
A los nacionalistas les dije: el nacionalismo de ustedes se parece al amor del hijo junto a la tumba de su padre.
 
El nuestro, se parece al amor del padre, junto a la cuna del hijo y ésta es la sustancial diferencia.
 
Para ustedes, la Nación se realizó y fue derogada; para nosotros, todavía sigue naciendo”.[1]
Jauretche declina la presidencia, que a propuesta de Manzi recae en Luis Dellepiane.
Ese pequeño grupo marginado de la llamada política grande consagró términos que luego serían cotidianos, como “vendepatria” y “cipayo”, y desnudó  "Estatuto legal del coloniaje" que dio el carácter de “infame” a la década.
 
Pero lo más importante: fue el primer intento orgánico de ver la Argentina con ojos argentinos y de crear categorías propias de análisis para entender la realidad nacional.
 
 
Desde entonces hasta hoy las definiciones forjistas constituyen el piso conceptual en que se asienta todo proyecto nacional, popular y democrático.
“Hasta entonces se había procedido así: dada tal doctrina, es necesario que la realidad se someta a ella.
 
Nosotros nos propusimos que dada nuestra realidad, resultase una doctrina que sirviera a nuestros intereses y no a los ajenos. Hasta entonces habíamos ido al almacén con el "manual del perfecto comprador", pero escrito por el almacenero.
 
Empezamos por estudiar, libres de las anteojeras, algunos problemas de nuestro presente y de nuestro pasado.
 
De su conocimiento resultaron conclusiones que siguen dando frutos.
 
Del conjunto de esas conclusiones han resultado puntos de vista generales que, ahora sí, permiten deducciones propias y auténticas.
 
Se era liberal, marxista o nacionalista, partiendo del supuesto que el país debía adoptar el liberalismo, el socialismo o el nacionalismo y adaptarse a él, partiendo del supuesto doctrinario importado, reproduciéndolo y forzando a la naturaleza a condicionarse a él.
 
La tarea de FORJA no fue hacer ni liberalismo, ni marxismo ni nacionalismo, sino contribuir a una comprensión en que el proceso fuera inverso y que las ideas universales se tomaran sólo en su valor universal, pero según las necesidades del país y según su momento histórico las reclamasen, como creaciones propias del mismo, en su marcha ascendente.
 
En una palabra, utilizar las doctrinas y las ideologías y no ser utilizado”[2].
De esa época es el siguiente texto, que denota la vocación latinoamericanista revolucionaria del nuevo grupo:
 
 “Como en 1810, sólo por la acción de los pueblos, la Argentina y los países indoamericanos conquistarán la emancipación económica.
 
Ciudadano, no se resigne. Luche.
 
Oponga la rebelión de su conciencia a la fuerza de los usurpadores”.
Juan José Hernández Arregui describe el momento:
 
“Jauretche no fue solamente uno de los fundadores de FORJA, sino su activista panfletario...
 
A diferencia de los fantasmas hinchados por la oligarquía, Arturo prefirió al narcisismo literario el folleto anónimo, el volante insurrecto, el fragor callejero y el puñetazo, en medio del terrible muro de silencio, cuestionado por economistas universitarios y escritores lacayos del imperialismo y, por eso, famosos.
 
La antipatria le cerró a Jauretche y a su generación, todos los caminos.
 
Me alegro.
 
En un país colonial, el patriotismo es eso.
 
Mirar a la Patria, olvidarse de uno y darle al pueblo lo mejor de si mismo”:
Un volante de FORJA convoca, para el miércoles 31 de marzo de 1940, a un GRAN MITIN DEL SALON AUGUSTEO, templo de los bailarines de tango de la época (¡qué paradoja!: otro 29 de junio, pero de 2006, un incendio provocó graves daños en el salón).
Titula: LOS PROBLEMAS DE LA PATRIA –la corrupción de las direcciones políticas; su traición a la democracia; la colonización económica; el caos social; SERAN DENUNCIADOS POR FORJA, con claridad, con franqueza, con energía. UNA CITA RADICAL Y ARGENTINA.
Serán ORADORES: Atilio García Mellid, Homero Manzione, Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortíz, Luis Dellepiane.
Otro volante de FORJA, que adelanta la definición de conceptos que el peronismo convertirá en sus banderas una década y media después, dice: “En el territorio más rico de la tierra vive un pueblo pobre, mal nutrido y con salarios de hambre. Hasta que los argentinos no recuperemos para la Nación y el Pueblo el dominio de nuestras riquezas, no seremos una Nación soberana ni un pueblo feliz. Hay que sentir y obrar como argentinos.
 
Contra todos los vendepatrias nativos y contra todo imperialismo.
 
La restauración argentina sólo podrá cumplirse sobre la base de la soberanía popular, la emancipación económica y el imperio de la justicia”.
Manzi escribe la “Milonga de FORJA”: “Forjista que estás de guardia/si te preguntan, contesta,/que estás de guardia en la noche/esperando que amanezca./ Bajo la luz del crucero,/signo plateado de estrellas,/el sol del Inca y de Mayo/dora tu afán en la espera./ Está velando la noche/en que Argentina despierta:/mañana cuando haya sol/será libre nuestra América./ Bajo la luz del crucero/ si alguno a caer acierta;/¡un laurel para su frente/y adelante los que quedan./ Que se rompa y no se doble/ésa es la voz de tu espera./¡Qué lindo será mañana,/mañana cuando amanezca ”
Recién el 2 de setiembre se dio a conocer el Manifiesto liminar de FORJA, puesto a consideración en la reunión fundacional del 29 de junio: “Somos una Argentina colonial. Queremos ser una Argentina libre”.
 
Estas palabras, ahora en boca de los forjistas, hubieran sonado inverosímiles antes de la crisis de los años 30.
 
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Sin embargo, en esos momentos, desnudaban la realidad: la orgullosa Argentina del Centenario, con gran impudicia, confesaba su dependencia del Imperio Británico.
En su Preámbulo, el Manifiesto denunciaba a las direcciones de la UCR “que tienden a destruirla por el abandono de los ideales que le dieron origen y por el debilitamiento de los valores morales que han definido al movimiento histórico del radicalismo...” y las acusa de “colaborar con las oligarquías económicas entregadas al capital extranjero...” (hace casi un siglo y nada nuevo, no?)
El documento de la Asamblea Constituyente de la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina, consideraba: “Que el proceso histórico argentino en particular y Latinoamericano en general, revelan la existencia de una lucha permanente del pueblo en procura de la Soberanía Popular, para la realización de los fines emancipadores de la Revolución Americana, contra las oligarquías como agentes de los imperialismos en su penetración económica, política y cultural, que se oponen al total cumplimiento de los destinos de América...”, declara:
 
“Que la tarea de la nueva emancipación sólo puede realizarse por la acción de los pueblos... consumando hasta la totalidad la obra truncada por la desaparición de Hipólito Yrigoyen... única forma de cumplir incorruptiblemente los ideales que le dieron vida y determinan su perduración histórica al servicio de la Nación Argentina”, y “abre sus puertas a todos los radicales y particularmente a los jóvenes que aspiren a intervenir en la construcción de la Argentina grande y libre soñada por Hipólito Yrigoyen”.
 
Y concluye: “Por el radicalismo a la soberanía popular. Por la soberanía nacional a la emancipación del pueblo argentino”.
Se fijaron como objetivo revelar el silencio de radicales alvearistas y socialistas frente a lo que denominaban “El estatuto legal del coloniaje”:
1.- la entrega a Otto Niemeyer del Banco Central;
2.- la unificación de los impuestos internos;
3.- la Coordinación de Transportes;
4.- las Juntas Reguladoras;
5.- el Tratado de Londres (Pacto Roca-Runciman);
6.- el abandono de la neutralidad internacional de Yrigoyen;
7.- el Régimen de Cambios;
8.- la Política Petrolífera;
9.- la sujeción de la enseñanza a organizaciones extranjeras;
10.- la participación en intervenciones militares en América Latina;
11.- la restricción de las libertades de palabra y asociación;
12.- leyes que otorgan facultades discrecionales al Poder Ejecutivo;
13.- las graves irregularidades con la venta de armamentos, la política frigorífica y la venta de carnes comprobadas en la investigación parlamentaria y el asesinato del senador Bordabehere;
14.- la implantación de la censura previa y,
15.- la complicidad del Poder Judicial.
Sus  consignas reclamarán: “Patria, Pan y Poder al Pueblo”, “Ni plutocracia ni nazifascismo”, y después del golpe de Estado del 4 de junio del 43, “Radicalizar la revolución y revolucionar al radicalismo”.
Hacia 1940, la facción liderada por Dellepiane y Del Mazo pactó su reintegración a la conducción nacional de la UCR, y abandonó el movimiento.
 
Esto favoreció a la línea más radicalizada, que representaba Scalabrini Ortiz —quien se incorporó formalmente al eliminarse la obligatoria adhesión a la UCR—, y colocó a Jauretche al frente del grupo.
“Se prepara una revolución radical”, anunciaba el coronel Pomar a sus amigos forjistas.
 
Aludía a las reuniones que oficiales del GOU sostienían con el general Arturo Rawson en Campo de Mayo.
 
A un llamado, los muchachos de FORJA se juntaron en el sótano de la calle Lavalle, uniformados, de boina blanca y bajo el liderazgo de Darío Alessandro.
 
Jauretche concurrió al Edelweiss de la calle Libertad, lugar habitual de reunión de nacionalistas y forjistas y allí, por boca de un mensajero de los conjurados, confirmó la partida de las tropas.
 
Trescientos forjistas marcharon hacia el Congreso para sumarse a la columna militar que baja por la avenida Rivadavia.
 
Diez mil hombres convergieron desde todos los rumbos sobre la Plaza de Mayo.
El movimiento castrense del 4 de junio de 1943 derrocó al presidente Castillo.
 
El general Arturo Rawson ocupó el sillón presidencial sin resistencia alguna.
 
 
El primer decreto del gobierno revolucionario nombró a oficiales del GOU en los comandos de los regimientos y de la policía.
 
El  segundo disuelvió el Congreso y los partidos políticos.
Con un comunicado, FORJA caracterizaba al nuevo gobierno militar como el fin de la década infame: “FORJA declara que contempla con serenidad no exenta de esperanza la constitución de las nuevas autoridades nacionales, en cuanto las mismas surgen de un movimiento que derroca al ‘régimen’ y han adquirido el compromiso de reparar la disolución moral en que se debatía nuestra política y de crear un sistema basado en normas éticas y en claros principios de responsabilidad y soberanía. FORJA... ratifica su demanda total de emancipación nacional y soberanía política...”.
El nuevo jefe de gobierno, general Arturo Rawson, que ha firmado un decreto rompiendo relaciones con el Eje que no llega a publicarse, mantuvo una entrevista con Jauretche: “Con esas ideas, le dice, no va a ser presidente por mucho tiempo”.
El general Pedro Pablo Ramírez, de posición neutralista, desplazó al belicista Rawson y nombró a Farrell secretario de Guerra y éste a Perón en la subsecretaría. Los logistas instalaron otros integrantes del GOU en puestos clave de gobierno. Los forjistas miraban con esperanza el avance de los viejos conocidos y especialmente de Perón, en el que reconocen un lector de sus “Cuadernos”, los libros de José Luis Torres y  la “Historia de los ferrocarriles” de Raúl Scalabrini.
Sin embargo, FORJA no cesaba su combate desde las bases.
El frente de trabajo universitario de FORJA había alcanzado para esas fechas importantes conquistas: el presidente de la FUA, Francisco J. Capelli, provenía de las filas forjistas de la ciudad de La Plata. Carlos Maya era presidente del Centro de Derecho de la UBA y Mario Pascale era delegado a la FUBA. En Córdoba, el forjista José Cafasso y Mario Roberto, vinculado a Sabattini, constituían una agrupación de  gran relieve: la Unión Federalista Revolucionaria Argentina, que defendía posiciones federalistas y latinoamericanas. En Tucumán, Celestino Gelsi (que llegó a ser Gobernador de la provincia en la década del 50), en Mendoza Mathus Hoyos, en Santa Fe Alejandro Greca, en Salta Juan Carlos Cornejo Linares (también de distinguida actuación política más tarde) y en La Rioja Ramón Torres Molina eran militantes forjistas e importantes dirigentes universitarios. En todas las facultades de la Universidad de La Plata había forjistas que ocupaban cargos dirigentes.
A causa de la suspensión de los partidos políticos decretada por el gobierno de facto, FORJA funcionó como “Club Argentino” en Florida 334. 
 
Ante ciertas actitudes autoritarias y ultramontanas de sectores del gobierno (como la prohibición del lunfardo en las letras de tango) y una serie de medidas inspiradas en el nacionalismo oligárquico, FORJA emitió un pronunciamiento: “La revolución del 4 de junio ha abierto un paréntesis en la política argentina y ese paréntesis se ha poblado de interrogantes...
La única salida del movimiento de junio es alinearse junto a la voluntad de las grandes mayorías sin sectarismos de estilo, subordinándose a un movimiento nacional que está en la calle y en las fábricas a la espera de canales políticos que lo interpreten...
Lo que en FORJA llamamos voluntad nacional, es cosa distinta a la simple y ocasional suma de voluntades que se da en oportunidades electorales...
Y no puede construirse desde arriba sino trabajando en el seno del pueblo”.
 
En octubre del 43 el gobierno dió a conocer como decreto-ley el “Estatuto del peón”, lo que despiertó un violento rechazo de todo el establishment económico y político, encabezado por la Sociedad Rural y la “prensa seria”.
 
La serie de normas legales que tenían por objeto proteger a los trabajadores del campo, manejados hasta entonces como parias, había sido diseñada por Jauretche. Perón respondió con un discurso de neta hechura jauretcheana: “Hoy llegamos con el Estatuto del Peón.
 
Se bien que ello no agrada a algunos explotadores sin conciencia.
 
Se también que será motivo de crítica por parte de algunos merodeadores de las grandes empresas y escribas sin escrúpulos al servicio de los vacunos, que ya han visto mal que yo defienda con más entusiasmo el perfeccionamiento de la raza humana que la de los toros y los perros argentinos”.
 
El 16 de diciembre apareció el primer número del semanario “La Víspera”, un tabloid que dirige Francisco J. Capelli.
 
El primer editorial escrito por Jauretche decía: “La Víspera es una publicación modesta.
 
Saldrá una vez por semana.
 
El sábado... Del sábado inglés La Víspera aspira a hacer un sábado argentino...
 
No es La Víspera una voz nueva.
 
Viene desde el fondo de la historia... porque el pueblo está en la raíz de lo nacional...
 
En lo grande no se han equivocado nunca ni el pueblo de la emancipación ni el de los caudillos federales, ni el de Yrigoyen. Los doctorcitos son los que se equivocan...
 
Por eso no somos maestros de nada.
 
Nos dimos cuenta, simplemente, de lo que verdaderamente intuíamos hasta hacerlo pensamiento primero que otros, y nada más.
 
Ahora queremos ayudar a que ese descubrimiento de la verdad de cada uno se haga en todos.
 
Cuando ello haya ocurrido habrá dejado de ser La Víspera. Será el día”.
 
El periódico sobrevivirá a las graves penurias financieras y a la ofensiva reaccionaria hasta el 24 de marzo de 1945.
 
Adquirió la apariencia de vocero forjista, no siéndolo oficialmente.
 
Escribieron en sus páginas un nutrido grupo de intelectuales jóvenes que con los años se destacarán en la política y en la academia universitaria: José Aralda, Guillermo Borda, Miguel López Francés, Mario Pascale, Carlos Maya, César Bunge, Roque Raúl Aragón, Basilio Ruiz, Vicente Trípoli, Atilio García Mellid, Juan Pastor y los latinoamericanos Natalicio González, paraguayo, Tulio Cestero Burgos, puertorriqueño, Isa Carballo, cubano, etc. Publican poemas de Andrés Bello, Guido Spano, Rafael Alberti, Rubén Darío y, entre otros, de Julián Barrientos, seudónimo de Jauretche.
 
Algunos títulos de las principales notas son indicativos de la línea editorial del periódico: “El imperialismo: historia y utopía”, de Abel Cardelicchio; “La Tercera Posición”, de Alejandro Greca; “Rehabilitación de la figura revolucionaria de Castelli”, de Guillermo Borda; “¿Adónde va indoamérica”, de Cestero Burgos; “Valores estéticos en la música popular”, de Vicente Demarco; “Iniciativa privada y librecomercio: bases del predominio yanqui”, de López Francés, etc.
 
“La Víspera” defiendía la neutralidad argentina frente a la guerra mundial. Jauretche tituló su nota: “General Farrell: queremos morir aquí” .
 
El presidente Farrell clausuró entonces el periódico y el Club Argentino.
 
Al tiempo que el gobierno declara la guerra al Eje, EEUU envía al embajador designado para atender los asuntos argentinos: Spruille Braden.
De allí en adelante los forjistas, contando con la anuencia y apoyo de Perón, empiezaron a recorrer el país.
 
En Villa María, Jauretche se entrevistó todas las semanas, durante todo un año, con Amadeo Sabattini, la más caracterizada figura del radicalismo de entonces.
 
Le planteó organizar un movimiento de solidaridad con la gestión de la flamante Secretaría de Trabajo y Previsión.
 
Sabattini, sin rechazar la propuesta, quedó en que lo pensaría, lo que dio lugar a otros numerosos encuentros. “... todos estaban de acuerdo, pero no se animaban a dar el primer paso.
 Los radicales son enfermos de timidez”, acusará Jauretche admitiendo el fracaso de intentar hacer converger en un único movimiento político al radicalismo con la emergente fuerza histórica.
 
En otoño López Francés y René Orsi viajaron desde la Plata a la casa de Moisés Lebensohn en Junín con el mismo propósito.
 
A Lebensohn no le disgustaba la posibilidad de apoyar el Secretario de Trabajo, pero disentía con su posición de neutralidad frente a la guerra.
 
Al fin, solicitó tiempo para consultar con don Amadeo para fijar posición conjunta, lo que nunca se concretó.
 
Jauretche  declina el ofrecimiento de Perón de ser nombrado Interventor Federal en la provincia de Buenos Aires.
 
En cambio, acepta comprometer a varios de sus compañeros forjistas para integrar el gabinete de gobierno del interventor militar designado: el general Juan Carlos Sanguinetti.
 
El acuerdo consistía en que la casa de gobierno de La Plata pasaría a ser el nódulo central de la política sustentada por FORJA.
 
Pero Sanguinetti no respeta el acuerdo y Jauretche se distancia entonces de Perón considerando que no ha hecho todo lo necesario para llevar a cabo el cumplimiento de su palabra.
 
E interrumpe sus visitas al coronel.
 
El mismo Jauretche le puso fecha a esta separación: “En julio del `44 me disgusté con Perón”.
 
El lunes 8 de octubre de 1945 Perón cumplía 50 años: una jornada turbulenta.
 
En la mañana siguiente renunciará a todos sus cargos: secretario de Trabajo y Previsión, ministro de Guerra y vicepresidente de la República.
 
La noticia sacudió al país.
 
En su despedida de los afligidos trabajadores que lo aclamaron cuando se retiraba de la Secretaría que él mismo había creado, Perón pronunció frases que quedaron para siempre grabadas en la conciencia proletaria: "Los trabajadores sólo deben confiar en sí mismos y recordar que la emancipación de la clase obrera está en el propio obrero".
El 11 de octubre Jauretche se entrevistó con el dirigente radical intransigente Amadeo Sabattini solicitándole que asuma el gobierno.
 
Pero los radicales insistieron con la entrega del gobierno a la Corte.
 
“Ya no hay otra alternativa para el país que Perón o la oligarquía –expresa Jauretche. Nosotros nos vamos con Perón”.
 
Entre los forjistas el 17 de octubre provocó un terremoto.
 
Unos iniciaron su emigración hacia el Partido Laborista; otros creyeron que eliminando la palabra Radical de la sigla, FORJA  podría subsistir; los menos se aprestarán a regresar al radicalismo atemorizados por las masas en la calle.
 
El 15 de diciembre, FORJA se disuelvió:
 
“...el pensamiento y las finalidades perseguidas por FORJA están cumplidas al definirse un movimiento popular en condiciones políticas y sociales que son la expresión de una voluntad nacional de realización...
Las ideas que habíamos sembrado habían madurado y percibíamos su eclosión en el movimiento en marcha.
La bandera de las clases medias que el radicalismo irigoyenista no ha sabido sostener pasó a manos de los trabajadores que la llevaron a la victoria”.

La industria de la Memoria

 Por  Alberto Buela

El título del presente artículo es un remedo del famoso libro de Norman Finkelstein La industria del holocausto donde el autor judío denuncia a todos aquellos paisanos suyos que, sin haber padecido los horrores de la segunda guerra, se aprovechan del holocausto para enriquecerse y victimizarse para vivir bien. Pues en la sociedad de consumo la víctima racial y política es un ser privilegiado. El holocausto se ha transformado en una industria que utiliza la reivindicación como una fábrica productora de bienes: dinero, fama y honores.
La industria de la memoria viene a ser una especie de hermana menor de la industria del holocausto. Sitial reservado al exclusivo club de los judíos en donde no se permite la entrada de otras comunidades: gitanos, gay, católicos, etc., también exterminados en los campos de concentración.
Cuando la presidente Cristina Kirchner declaró en París: Argentina sufrió un holocausto durante la dictadura militar, la Liga antidifamatoria francesa la reprendió diciendo que hubo un solo holocausto que es el de ellos. Pasó lo mismo con los armenios y su reclamo de genocidio, a lo que el primer ministro israelí Simón Péres respondió: el único genocidio es el nuestro.
Este límite en cuanto a la jerarquía de las víctimas impuesto mundialmente luego de la guerra de Yon Kipur allá por 1973, obligó a las otras víctimas, las de la izquierda activa y progresista a la creación de la industria de la memoria para tener un lugar teórico donde referenciarse y reivindicarse. Así, los gobiernos de corte socialdemócrata tanto en España y Portugal como en Iberoamérica comenzaron a utilizarla en función de sus intereses y en beneficio de las víctimas o pseudo víctimas tanto del franquismo, del Estado Novo, como de las dictaduras militares recientes.
Estas víctimas o pseudo víctimas se multiplicaron por miles, así como sus familiares, con el objeto expreso de cobrar suculentas indemnizaciones del Estado, que en algunos casos durarán ad vitam.
El caso argentino es emblemático pues a partir de los 6.415 desaparecidos y 743 víctimas de ejecución sumaria, que el gobierno de Menem indemnizó con un promedio de U$S 220.000 la cifra trepó con las reparaciones compensatorias a más de 12.000 beneficiarios, casi el doble del número reconocido oficialmente. A ellos se sumaron luego los descendientes y familiares. Así, por ejemplo, un hijo de desaparecidos cobra mensualmente un promedio de tres salarios mínimos, unos u$s 1.000. Qué en Argentina es hoy un muy buen sueldo.
 Como afirma el profesor D´Angelo: El fraude ideológico sobre el número de personas desaparecidas esconde un verdadero fraude económico, que le ha costado una suma sideral al Estado argentino.
Esta multiplicación exagerada de víctimas se produce por el uso de la memoria histórica o memoria colectiva en donde se viene a justificar con razones meramente subjetivas y no históricas el carácter de víctima, que en su inmensa mayoría son pseudo víctimas, como se ha probado hasta el cansancio o ad nauseam. El buen filósofo español Gustavo Bueno afirma que: el concepto de memoria es esencialmente subjetivo, psicológico, individual: la memoria está grabada en un cerebro individual y no en un cerebro colectivo.
Es que la memoria no es otra cosa que la evocación de las imágenes del pasado. La memoria es sensible pues se maneja con imágenes, no existe la memoria intelectual pues el acto de aplicarse a nociones abstractas es un acto de la razón.
La memoria tiene dos funciones principales, como reminiscencia, esto es, como reproducción del pasado sin reconocimiento y  como recuerdo, cuando reconoce y localiza las imágenes del pasado. En cuanto al olvido no es otra cosa que una retención caída.
Hoy en Occidente la victimización es la manera más cómoda de vivir en sociedad. No solo porque el carácter de víctima permite vivir sin trabajar sino porque otorga  impunidad en los juicios. Las barbaridades que ha dicho Hebe de  Bonafini, de las Madres de Plaza de Mayo, han gozado de una impunidad absoluta y así como ella, tantos otros beneficiarios de la industria de la memoria.
El caso emblemático en España fue el de republicano catalán Enric Marco quien se presentó durante treinta años como sobreviviente de un campo de concentración nazi, hasta que un historiador profesional desenmascaró que no había estado prisionero.
La reacción de la izquierda progresista no fue de condena sino que salió a escribir novelas con semejante personaje. Es decir, que la industria de la memoria da tanto para un zurcido como para un fregado.
Es que ni las máximas contradicciones la detienen pues se apoya en una versión subjetiva y parcial. Es que la memoria histórica es siempre sesgada, considera a unos y a otros no. No existe la imparcialidad. Es como afirma el gran historiador alemán Reinhart Koselleck  (1923-2006): un producto ideológico a partir del cual no podemos conseguir ningún conocimiento cierto.
La memoria colectiva o histórica se transforma así en un registro de relatos personales o colectivos que busca reconstruir el pasado a partir de los valores de una izquierda progresista que no tiene en cuenta al otro. Por ejemplo, en España la Asociación para la recuperación de la memoria histórica (ARMH) reivindica las víctimas del franquismo pero no las víctimas de los rojos, los siete mil sacerdotes asesinados o la masacre de Paracuellos ordenada y ejecutada por Ramón Carrillo jefe del partido comunista español.
Nuestra observación es que la industria de la memoria con su utilización espuria pone en crisis o en  duda la existencia de una genuina conciencia colectiva que para nosotros, los que nos situamos desde la perspectiva de “los pueblos”, es una cuestión importante. Pues sostenemos que existe una memoria de los pueblos que se expresa a través de sus tradiciones nacionales y se encarna en su ethos particular, pero que no está adecuadamente expuesta en las historias oficiales, siempre dóciles a los poderes políticos de turno.
Es que no se puede pensar de manera genuina, no se puede hacer filosofía sino desde una tradición nacional de pertenencia y esa tradición nacional se encuentra anclada y es expresión de un ethos nacional. Por eso un filósofo de la altura de Hans Georg Gadamer: la filosofía es la aclaración erger en la formulación de una nueva historia a la historia oral, la historia cotiteórica de un ethos vigente, porque el ethos no es creado por los fílósofos
La cuestión es ¿cómo lograr una genuina conciencia colectiva sin desvirtuarla ideológicamente? Haciendo converger en la formulación de una nueva historia a la historia oral, a la historia cotidiana, incluso a memoria particular, alejándola de los clichés ideológicos para anclarla en los valores y vivencias del ethos nacional.
Este ethos adquiere su significación plena cuando tiene como marco de referencia;  la ecúmene cultural a la que pertenecemos por derecho propio: en nuestro caso Iberoamérica.
En resumen para reconstruir el pasado en forma genuina tenemos que recurrir a la ciencia histórica y sus métodos, pensarla desde la tradición nacional, y allí utilizar los distintos instrumentos con que se nutre. Tradición que a su vez se expresa en un ethos, pero que no se limita a la Argentina sino que tiene su anclaje en la ecúmene iberoamericana.
Cuando el historiador Ernst Nolte demostró allá por los años ochenta del siglo pasado que la historia reciente de Alemania, especialmente la de la segunda guerra mundial, se había transformado en un pasado que no pasa, el mundo académico y los voceros de la policía del pensamiento saltaron como leche hervida. Es que Nolte puso en evidencia el mecanismo por el cual la memoria histórica había reemplazado a la historia como ciencia, con lo que quedó en evidencia la incapacidad histórica de los famosos académicos y los presupuestos ideológicos-políticos que guiaban sus investigaciones.
Es sabido que la memoria es siempre la memoria de un sujeto individual o si se quiere de una persona, singular y concreta. La memoria no existe más que como memoria de alguien. Su naturaleza estriba en otorgarle al sujeto el principio de identidad. Yo soy yo y me reconozco como tal a lo largo del tiempo de mi vida por la memoria que tengo de mi mismo desde que existo hasta el presente. Si existe o no una “memoria colectiva” esta es una cuestión que no está resuelta. El gran historiador alemán  Reinhart Koselleck (1923-2006) sostuvo que no. Así, en su última  entrevista en Madrid, publicada póstumamente el 24/4/2007, afirma:
“ Y mi posición personal en este tema es muy estricta en contra de la memoria colectiva, puesto que estuve sometido a la memoria colectiva de la época nazi durante doce años de mi vida. Me desagrada cualquier memoria colectiva porque sé que la memoria real es independiente de la llamada "memoria colectiva", y mi posición al respecto es que mi memoria depende de mis experiencias, y nada más. Y se diga lo que se diga, sé cuáles son mis experiencias personales y no renuncio a ninguna de ellas. Tengo derecho a mantener mi experiencia personal según la he memorizado, y los acontecimientos que guardo en mi memoria constituyen mi identidad personal. Lo de la "identidad colectiva" vino de las famosas siete pes alemanas: los profesores, los sacerdotes (en el inglés original de la entrevista: priests), los políticos, los poetas, la prensa..., en fin, personas que se supone que son los guardianes de la memoria colectiva, que la pagan, que la producen, que la usan, muchas veces con el objetivo de infundir seguridad o confianza en la gente... Para mí todo eso no es más que ideología. Y en mi caso concreto, no es fácil que me convenza ninguna experiencia que no sea la mía propia. Yo contesto: "Si no les importa, me quedo con mi posición personal e individual, en la que confío". Así pues, la memoria colectiva es siempre una ideología, que en el caso de Francia fue suministrada por Durkheim y Halbwachs, quienes, en lugar de encabezar una Iglesia nacional francesa, inventaron para la nación republicana una memoria colectiva que, en torno a 1900, proporcionó a la República francesa una forma de autoidentificación adecuada en una Europa mayoritariamente monárquica, en la que Francia constituía una excepción. De ese modo, en aquel mundo de monarquías, la Francia republicana tenía su propia identidad basada en la memoria colectiva. Pero todo esto no dejaba de ser una invención académica, asunto de profesores.”
En concordancia con esto ya había reaccionado cuando el gobierno alemán decidió erigir un símil de la estatua de La Piedad en la Neue Wache para venerar a las víctimas de las guerras producidas por Alemania. Koselleck levantó su voz crítica para advertir que un monumento de connotación cristiana resultaba una "aporía de la memoria" frente a los millones de judíos caídos en ese trance. Pero también en 1997, cuando el ayuntamiento de Berlín decidió erigir un monumento para recordar el Holocausto judío, volvió a la palestra para recordar que los alemanes habían matado por igual a católicos, comunistas, soviéticos, gitanos y gays. Nadie como él, entre los historiadores, hizo tanto para desembarazar a la escritura y a las representaciones de la historia del brete a que la someten los ideólogos de la “memoria histórica”.
 El reemplazo de la historia como ciencia, como conocimiento por las causas, con el manejo metodológico que exige el trabajo sobre los testimonios y materiales del pasado, por parte de la memoria histórica siempre parcial e interesada (la ideología es un conjunto de ideas que enmascara los intereses de un grupo, clase o sector) ha desembocado en la moderna damnatio memoriae o condena de la memoria.
La damnatio memoriae era una condena judicial que practicaba el senado romano con los emperadores muertos por la cual se eliminaba todo aquello que lo recordaba. Desde Augusto en el 27 a.C. hasta Julio Nepote en el 480 d.C. fueron 34 los emperadores condenados. Se llegaba incluso hasta la abolitio nominis, borrando su nombre de todo documento e inscripción. Se buscaba la destrucción de todo recuerdo. Se destruían sus bustos y estatuas. Suetonio cuenta que los senadores lanzaban sobre el emperador muerto las más ultrajantes y crueles invectivas. La intención era borrar del pasado todo vestigio que recordara su presencia.
Las damnationes se realizaban a partir del poder constituido y su presupuesto ideológico era: de aquello que no se habla no existe. Arturo Jauretche, ese gran pensador popular argentino en su necrológica de nuestro maestro, José Luís Torres, nos habla de la confabulación del silencio como mejor mecanismo de los grupos de poder.  Es una manifestación de prepotencia del poder establecido, con lo que busca eliminar el recuerdo del adversario, quedando así el poder actual como único dueño del pasado  colectivo.
No es necesario ser un sutil pensador para comparar estas destrucciones de la memoria y eliminaciones de  todo recuerdo con lo que sucede con nuestros gobiernos de hoy. En España una vez muerto Franco comenzó una campaña de difamación contra su persona y sus obras que llegó hasta cambiarle el nombre al pueblo donde nació. En Argentina cuando cayó Perón en 1955 se prohibió hasta su nombre (por dictador), reapareció la vieja abolitio nominis. Hace poco tiempo el gobierno de Kirchner hizo bajar el cuadro del ex presidente Videla (por antidemócrata). Al General Roca que llevó la guerra contra el indio le quieren voltear la estatua (por genocida). Se le quitó el nombre del popular escritor Hugo Wast a un salón de la biblioteca nacional (por antijudío). Y así suma y sigue.
Cuando la historia de un pueblo cae en manos de la memoria colectiva o de la memoria histórica lo que se produce habitualmente es la tergiversación de dicha historia, cuya consecuencia es la perplejidad de ese pueblo, pues se conmueven los elementos que conforman su identidad.
Es que la memoria lleva, por su subjetividad, necesariamente a valorar de manera interesada lo qué sucedió y cómo sucedió. Así para seguir con los ejemplos puestos, objetivamente considerados, Franco fue un gobernante austero y eficaz, Perón no fue un dictador, Videla fue un liberal cruel, Roca no fue un genocida y Wast fue un novelista católico. Vemos que aquello que deja la memoria histórica es un relato mentiroso que extraña al hombre del pueblo sobre sí mismo.
La memoria histórica es un producto de la mentalidad y los gobiernos jacobinos, aquellos que gobiernan a favor de unos grupos y en contra de otros. Aquellos que utilizan los aparatos del Estado no en función de la concordia interior sino como ejercicio del resentimiento, esto es, del rencor retenido, dando a los amigos y quitando a los enemigos. La sana tolerancia de la visión y versión del otro acerca de los acontecimientos históricos es algo que la memoria histórica no puede soportar, la rechaza de plano. La consecuencia lógica es la dammnatio memoriae, la condena de la memoria del otro.

Juana Azurduy

Por Miguel Landro Lamoreaux 
Nació, en el cantón de Toroca en las cercanías de Chuquisaca, el 12 de julio de 1780.  Ese año la ciudad de La Paz fue sitiada por Tupac Catari y Bartolina Sisa, alzados en armas en apoyo a Túpac Amaru.  
Durante su infancia su familia tiene un buen pasar. Ella aprenderá el quechua y el aymará.  Trabajará en el campo, en las tareas de la casa, y se relacionará con los campesinos e indios. A la muerte de su madre primero y luego de su padre, su crianza quedará a cargo de sus tíos junto a su hermana Rosalía.  
Su adolescencia será conflictiva, ya que chocará con el conservadurismo de su tía, por lo que será enclaustrada en el Convento de Santa Teresa.  
Se rebelará contra la rígida disciplina, promoviendo reuniones clandestinas, donde conocerá la vida de Túpac Amaru y Micaela.  

Leerá la vida de Sor Juana Inés de la Cruz entre otros, lo que le llevará a la expulsión a los 8 meses de internada.  
De regreso a su región natal, conoce a Melchor Padilla, padre de su futuro marido, amigo de los indios y obediente de las leyes realistas, quien muere lejos de su casa, en una cárcel porteña, acusado de colaborar con otra rebelión indígena, en el año 1784. 

Ligados a la historia de la resistencia alto peruana, estos hitos biográficos de Padilla ejercerán una enorme influencia sobre la formación de Juana Azurduy.  
Manuel Padilla, hijo, establece una relación de profunda amistad con Juana. 
 
Éste frecuentó las universidades de Chuquisaca y compartió con Juana, su conocimiento por la revolución Francesa, las ideas republicanas, la lucha por la libertad, la igualdad, la fraternidad. 
 
Conoció los nombres de: Castelli, Moreno, Monteagudo.
El 8 de marzo de 1805 contrajeron matrimonio, y tuvieron tres hijos: Marino, Juliana y Mercedes. 
 
Gozaron de una buena posición económica, pero Don Manuel como era criollo no pudo participar de cargos en el cabildo. 
Con la caída de Fernando VII bajo la ocupación de Napoleón, el 25 de mayo de 1809 se produjo la revolución de Potosí.
 
Manuel Padilla se sumó a la resistencia y encabezó a los indios Chayanta y triunfó. Juró servir a la causa americana y vengó a los patriotas fusilados en el levantamiento de La Paz.  
Un año después el general Vicento Nieto asumió la Real Audiencia , y condenó a la cárcel y a las mazmorras a todos aquellos que participaron de los levantamientos, entre ellos Padilla.  Juana defendió con rebenque en mano su propiedad ante los realistas.  Al año siguiente de la Revolución de Mayo, Manuel Padilla se unió a Martín Miguel de Güemes, fueron la pesadilla del ejército realista.  
Doña Juana quiso acompañarlos pero estaba prohibida la presencia de mujeres en el ejército.
 
Su casa fue confiscada y debió ocultarse en la casa de una amiga. Manuel Padilla se enfrentó con las tropas realistas utilizando el método de guerrillas, venció en varias oportunidades y su nombre comenzó a convertirse en leyenda. 
 Hacia 1813 los revolucionarios ocuparon Potosí y Padilla fue el encargado de organizar el ejército, tarea a la 
cual se sumó ahora sí Juana.  
Su ejemplo hizo que muchas mujeres se sumaran a la gesta. "En poco tiempo, el prestigio de Juana Azurduy se incrementó a límites casi míticos: los soldados de Padilla veían en ella la conjunción de una madre y esposa ejemplar con la valerosa luchadora; los indígenas prácticamente la convirtieron en objeto de culto, como una presencia vívida de la propia Pachamama". 
Luego de la derrota de Vilcapugio y Ayohuma, la lucha se desplazó al nordeste de Bolivia, se le llamó la 
"Guerra de las Republiquetas". 
Durante este tiempo el cacique Juan Huallparrimachi, músico, poeta y descendiente de los incas, se unió a Juana Azurduy, fue su fiel lugarteniente.  
En el mes de marzo de 1814. Padilla y Azurduy vencieron a los realistas en Tarvita y Pomabamba. 
 
Pezuela, el jefe del ejército español, puso todo su batallón a perseguir a la pareja de caudillos. 
 
Las tropas revolucionarias debieron dividirse: Padilla se encaminó hacia La Laguna y Juana Azurduy se internó en una zona de pantanos con sus cuatro hijos pequeños. 
 
Allí se enfermaron cada uno de sus cuatro hijos, donde murieron Manuel y Mariano, antes de que Padilla y Juan Huallparrimachi, llegaran en auxilio. 
 
De vueltas en el refugio del valle de Segura murieron Juliana y Mercedes, las dos hijas, de fiebre palúdica y disentería.  

"Dicen los biógrafos que comienza aquí la guerra brutal contra los realistas:"Padilla es cruel, es sanguinario (...) La guerra se ha desatado bárbaramente; ya no es la ley del Talión la que prima, sino una ley más inhumana, por un muerto se exigen dos, por dos, cuatro", afirma Gantier"."Juana Azurduy está nuevamente embarazada cuando combate el 2 de agosto de 1814 con Padilla y su tropa, en el cerro de Carretas. Y Juana Azurduy sufre ya los dolores de parto cuando escucha las pisadas de la caballería realista entrando en Pitantora. Luisa Padilla, la última hija de los amantes guerreros, nace junto al Río Grande y experimenta ahora en brazos de su madre los ardores de la vida revolucionaria". 
Un grupo de suboficiales quisieron arrebatarle la caja con el tesoro de sesenta mil duros, el botín de guerra con el que contaban para su supervivencia las tropas revolucionarias, y que Juana Azurduy custodiaba con celoso fervor.  

Juana se alzó frente a ellos con su hija en brazos y la espada obsequiada por el General Belgrano. 
Feroz y decidida, montó a caballo con la pequeña Luisa y, juntas, se zambulleron en el río. 
Lograron llegar con vida a la otra orilla.  

La hija recién nacida quedó a cargo de Anastasia Mamani, una india que la cuidó durante el resto de los años en que su madre continuó luchando por la independencia americana.  
En 1816 Juana y su esposo, quienes tenían bajo sus ordenes 6000 indios, sitiaron por segunda vez la ciudad de Chuquisaca.  

Los realistas lograron poner fin al cerco, y en Tinteros, Manuel Ascencio Padilla encontró la muerte. Manuel Belgrano, en un hecho inédito, envió una carta donde la nombraba teniente coronel. 
 
La cabeza de Padilla fue exhibida en la plaza pública durante meses, ésta se convirtió en un símbolo de la resistencia. 
 
El 15 de mayo de 1817 Juana al frente de cientos de cholos la recuperó.
 
Juana Azurduy intentó reorganizar la tropa sin recursos, acosada por el enemigo, perdió toda colaboración de los porteños. 
Juana decidió dirigirse a Salta a combatir junto a las tropas de Güemes, con quien estuvo tres años hasta ser sorprendida por la muerte de éste, en 1821. 
 
Decidió regresar junto a su hija de 6 años, pero recién en 1825 logró que el gobierno le dé cuatro mulas y cinco pesos para poder regresar. 
 
En 1825 se declaró la independencia de Bolivia, el mariscal Sucre fue nombrado presidente vitalicio.
 
Este le otorgó a Juana una pensión, que le fue quitada en 1857 bajo el gobierno de José María Linares. 
 
Doña Juana terminó sus días olvidada y en la pobreza, el día 25 de mayo de 1862 cuando estaba por cumplir 82 años. 
 Sus restos fueron exhumados 100 años después, para ser guardados en un mausoleo que se construyó en su homenaje. 
Esta carta fue escrita ocho años más tarde de la muerte de Güemes, cuando vagaba pobre y deprimida por las selvas del Chaco argentino:
 
"A las muy honorables juntas Provinciales: Doña Juana Azurduy, coronada con el grado de Teniente Coronel por el Supremo Poder Ejecutivo Nacional, emigrada de las provincias de Charcas, me presento y digo: Que para concitar la compasión de V. H. y llamar vuestra atención sobre mi deplorable y lastimera suerte, juzgo inútil recorrer mi historia en el curso de la Revolución. 
Uno de los pocos momentos de felicidad fue aquel en que sorpresivamente Simón Bolívar, acompañado de Sucre, el caudillo Lanza y otros, se presentó en su humilde vivienda para expresarle su reconocimiento y homenaje a tan gran luchadora. El general venezolano la colmó de elogios en presencia de los demás, y dícese que le manifestó que la nueva república no debería llevar su propio apellido sino el de Padilla, y le concedió una pensión mensual de 60 pesos que luego Sucre aumentó a cien, respondiendo a la solicitud de la caudilla: Sólo el sagrado amor a la patria me ha hecho soportable la pérdida de un marido sobre cuya tumba había jurado vengar su muerte y seguir su ejemplo; mas el cielo que señala ya el término de los tiranos, mediante la invencible espada de V.E. quiso regresase a mi casa donde he encontrado disipados mis intereses y agotados todos los medios que pudieran proporcionar mi subsistencia; en fin rodeada de una numerosa familia y de una tierna hija que no tiene más patrimonio que mis lágrimas; ellas son las que ahora me revisten de una gran confianza para presentar a V.E. la funesta lámina de mis desgracias, para que teniéndolas en consideración se digne ordenar el goce de la viudedad de mi finado marido el sueldo que por mi propia graduación puede corresponderme". 


Juana Azurduy
(Letra: Féliz Luna - Música: Ariel Ramírez)

Juana Azurduy,
flor del Alto Perú:
no hay otro capitán
más valiente que tú.

Oigo tu voz
más allá de Jujuy
y tu galope audaz,
Doña Juana Azurduy.

Me enamora la patria en agraz,
desvelada, recorro su faz;
el español no pasará
con mujeres tendrá que pelear.

Juana Azurduy,
flor del Alto Perú,
no hay otro capitán
más valiente que tú.

Estribillo
Truena el cañón,
préstame tu fusil
que la revolución
viene oliendo a jazmín.

Tierra del sol
en el Alto Perú,
el eco nombra aún
a Tupac Amaru.

Tierra en armas que se hace mujer,
amazona de la libertad.
Quiero formar
en tu escuadrón
y al clarín de tu voz
atacar.