Rosas

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martes, 21 de mayo de 2013

Fermín Chávez

Por Segundo Rosa

El Domingo 28 de mayo del 2006 falleció en Buenos Aires.

Había nacido hace casi 82 años muy cerca de Nogoyá, y era un hombre de campo.

Fue seminarista, estudió humanidades en C6rdoba, Filosofia en Buenos Aires y Teología en Cuzco, Perú.

Era enormemente curioso por conocer la verdad.
Era profundamente humanista.
Poseía una profunda fe cristiana.
Era un catedrático.
Era filósofo.
Era poeta.
Era historiador.
Era un militante, sin dejar de ser ni poeta, ni historiador, ni filósofo, ni catedrático. Amaba la gente sencilla.
Era monacalmente humilde.
Era sabio, simple y profundo.

Pero fundamentalmente era Maestro, porque traducía sus profundos conocimientos en lenguaje accesible.

Era un prócer que defendió lo nuestro con la ventaja del conocimiento profundo. Dominaba idiomas tan universales como el latín o el griego, y tan nuestros como el quechua.

Podía escribir tanto sobre Gianbattista Vicco como sobre la poesía gauchesca, e investigaba con la misma pasión las ocultadas posiciones políticas de José Hernández como la vida de León Felipe.
Daba gusto escucharlo hilvanar la historia con la actualidad, relacionar nuestro pasado con el pasado de la humanidad.

Sostenía, como muchos en su generación, que la historia debía ser cotidiana entre la gente. Fue protagonista de ese núcleo que se atrevió a cuestionar la historia oficial, la liberal, la de próceres almidonados, asexuados, apolíticos, en donde solo opinaban aquellos que pensaban como sus escribas. .

Como patriota, participó en todas las epopeyas de su tiempo. Trabajó con Eva Perón junto a José María Castiñeira de Dios. Resistió al gobierno de facto del 55. Participó en todas las publicaciones que surgían de sindicatos, organizaciones barriales, centros de estudiantes, y todos aquellos medios que tenía la resistencia para oponerse al régimen.

En 1973 fue nombrado Director de Difusión en la Municipalidad de Buenos Aires por el entonces intendente Embrioni.

Durante el proceso del 76 no se mantuvo quieto ni callado. A fines del mismo editaba la revista Movimiento, uno de los pocos medios que intentaba organizar al pueblo en su lucha cotidiana contra el régimen.

Luego llegó la democracia y también los reconocimientos: lo declararon Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires, de la Provincia de Buenos Aires, de Nogoyá, entre otras distinciones.

Tenía un fantástico sentido del humor, que 10 llevó a escribir la marcha peronista en latín, "descubriéndola" en ocultos manuscritos, para demostrar que la tercera posición trascendía la vida del General, e incluso, la de la Argentina misma.

Tuve el honor de ser elegido su testigo de casamiento en segundas nupcias con Aurora Venturini, poetisa y escritora platense. En tal ocasión, presencié como le respondía en quechua a una atónita jueza de paz, que recibía además la lección de que aquel idioma también era oficial en nuestro país.

De la época actual, a la que él solía llamar de "pelotudización" (globa = pelota), no tenía el mejor de los conceptos, ya que consideraba que nuestro ser nacional estaba en retroceso, merced a las políticas de las potencias y a la complicidad de algunos de nuestros mas destacados dirigentes. "Desde hace muchos años los argentinos venimos haciendo, cotidianamente, actos de descolonización menta1.", solía afirmar.

Del rock decía: "retorna la tradición gauchesca ligada a la denuncia social y política, además de las historias de amor, la picardía, el humor ácido y la crítica de la vida cotidiana" .

Sus obras fueron innumerables, por 10 que solo citaré algunas, entre poesía e investigación histórica:

Primero fue poeta:
Como una antigua queja. / Dos elogios y dos comentarios (editados por peña Eva Perón); Una Provincia al este; Poemas con Fusilados y proscritos; Epigrama del gato amarillo (editado en Brasil); Traduce poemas de Mao Tse Tung (lo acusarían Juego de "maoista");
La falsa tumba de Agamenón (en htín); Un-á.~.para subir al cielo (Tt:aüo para níños};-Barranca Yaco (cantata estrenada en el teatro San Martín); Historia y antología de la poesía gauchesca.

Como militante:
Perón y el peronismo en la historia contemporánea; Eva Perón en la historia; Eva Perón sin mitos; El diputado y el Político (John William Cooke); Pensamiento Nacional; La chispa de Perón; Siete Escolios sobre Perón; El Peronismo visto por Víctor Frankl,
El Che, Perón y León Felipe.

Como historiador:
Vida y muerte de López Jordán; Vida de Chacho; José Hernández; Civilización y Barbarie en la Historia de la Cultura Argentina; Perón y el peronismo en la historia contemporánea; Eva Perón sin mitos; Historia del país de los argentinos; Poemas con matreros y matreras.
Hombre completo, militante incansable. Uno de los últimos. Ojalá tengamos entre nosotros quienes puedan sucederlo. Nos hacen falta.

LAS ENFERMEDADES DEL VIEJO GUERRERO

Por Mario S. Dreyer

En su larga vida, el general San Martín sufrió traumatismos y enfermedades. Con la aplicación correcta del método clínico se puede afirmar con bastante seguridad la patología que padeció.

HERIDAS

Fue herido en la mano y en el pecho cuando fue asaltado por bandoleros en la localidad de Cubo. En la batalla de Albuera, la última en que participo San Martín en Europa, tuvo un enfrentamiento, cuerpo a cuerpo, con un oficial francés. Fue herido en el brazo izquierdo: se supone que cubrió la estocada con ese miembro y con su espada atravesó a su oponente ante la vista de los soldados presentes. En San Lorenzo fue herido en la cara: le quedó una cicatriz indeleble. En el vuelco que sufrió en Falmouth, un vidrio lo hirió en brazo izquierdo, lesión que demoró mucho en curarse. Ninguna de sus heridas tuvo repercusión ulterior para su salud.

CONTUSIONES

En San Lorenzo sufrió el aplastamiento de una pierna y la contusión de un hombro, que se deduce fue el izquierdo.

PROCESOS INFECCIOSOS

T. Di Taranto. Carbonilla sobre papel.
Museo RGC, Buenos Aires.
Cuando San Martín desembarcó en el Perú y el ejército se instaló en el valle de Huaura, la tropa fue afectada por una violenta epidemia de paludismo y, en menor grado, de disentería. San Martín no fue afectado por esta epidemia, pero tuvo vómito de sangre. El Dr. Christmann sostiene, acertadamente, que el episodio era una reactivación de su mal crónico, la úlcera. El prócer, acorralado por las dramáticas circunstancias que adquiría la guerra, hizo reposo de siete días, lapso exiguo para superar un episodio de tanta gravedad. Después de su renuncia al poder, en Perú, y llegado Chile le afectó el reumatismo y concurrió tomar baños termales. Además contrajo chavalongo, nombre vulgar de la fiebre tifoidea: el cuadro clínico que presentó fue similar al que habitualmente nos era familiar en época preantibiótica.
En 1832 una grave epidemia de cólera asoló Europa, incluyendo a Francia. San Martín y su hija no escaparon al flagelo. En meduloso estudio el Dr. Christmann sostiene que no se trató del cólera epidémico, que es gravísimo, sino del cólera morbus-nostras esporádico, cuyo cuadro patológico es un proceso toxico- infeccioso con gran repercusión general y, en la parte digestiva, manifestado por una gastroenteritis con diarrea. En la época de su padecimiento no se conocía la bacteriología (el vibrión colérico y el bacilo de la tuberculosis fueron descubiertos por Robert Koch en 1892). El agente etiológico pudo haber sido algún otro germen: este es el enigma que no puede ser dilucidado. Lo único elocuente es el testimonio de San Martín con su referencia: "Me atacó del modo más terrible, que me tuvo al borde del sepulcro y me ha hecho sufrir inexplicables padecimientos."

AFECCIONES RESPIRATORIAS

a) Asma: sin ninguna duda San Martín padeció esta enfermedad. Se inició en España en 1808 y el proceso fue diversamente interpretado pues, por la intensidad que adquirió, se vio obligado a pedir licencia. No guardó el debido reposo y durante seis meses cumplió tareas administrativas. Cuando se repuso, comunicó la mejoría al marqués de Coupigny y solicitó reintegrarse al ejército que comandaba el general Castaños, consignando que "la respiración ya me permite viajar."
La frase empleada significa que el prócer tenía dificultad respiratoria y las vías bronquiales se habían estrechado: el proceso que padeció fue asma. El primer acceso, ya regresado a su patria, lo tuvo en Tucumán cuando era jefe del Ejército del Norte. El episodio fue coetáneo con el primer vómito de sangre. A principios del siglo XIX no se tenía la menor noción de la etiopatogenia y la fisiopatología y, por supuesto, la terapéutica era nula, pero la entidad asma se conocía y el diagnóstico era fácil.
El asma que padeció el general San Martín debe encuadrarse en la variedad de la exoalergénica, pues se inició a los 30 años, y soportó accesos importantes que lo obligaron en ciertas oportunidades - estando en Mendoza- a pasar toda la noche sentado en una silla para poder respirar. En Europa sus accesos se fueron espaciando y tuvo largas temporadas en que se vio libre de ellos. A pesar de tener que soportar grandes cambios climáticos y fríos intensos, por su oficio guerrero, nunca contrajo la bronquitis.
Otro dato confirma la presunción de asma exoalergénica. Es una noción clínica importante que el asma intrínseca y la tuberculosis se agravan a orillas del mar. En 1834 San Martín fue a Dieppe a tomar baños y en la carta que dirigió a Guido le expresaba: "me han hecho el mayor bien."
b) Tuberculosis: se pensó que San Martín padeció de tuberculosis pulmonar. El diagnóstico se basó en sus reiteradas enfermedades al pecho y sus vómitos de sangre, que se juzgaron como hemoptisis. El primer episodio ocurrió en España, en 1808, y con una repetición ulterior cuando estuvo en Tucumán. La hipótesis fue robustecida por el hecho de que efectuó una cura climática en Córdoba. A esto se agregó la tuberculosis pulmonar que padeció su mujer, según algunos, adquirida por contagio de su marido.
La conclusión que San Martín estuvo afectado de tuberculosis es errónea: juicios sensatos y la documentación existente así lo prueban. Cuando San Martín padeció desde 1808 el asma, tuvo una larga convalecencia que despertó la sospecha de una bacilosis. La suposición de una tuberculosis queda descartada, pues cuando pidió la baja del ejército se deja constancia que tiene una fuerte complexión y una salud robusta. Por otra parte, la carta que el cirujano del ejército Dr. Juan Isidro Zapata dirigió a Tomás Guido el 16 de julio de 1817, es terminante para reafirmar dos conceptos: el general San Martín antepuso el deber y su patria a su propia existencia y sus enfermedades y, segundo, que fue decisiva la influencia del sistema nervioso en la renuencia y agravación de sus males. Desde el punto de vista semiológico, no establece de dónde provenía el "hematoe", nombre que en la época se daba a la sangre azul expulsada por la boca. El texto no discrimina si se trataba de una hemoptisis o una hematemesis, en que la sangre proviene del pulmón o del estómago, respectivamente. Para que fuera una hemoptisis le falta un cortejo sintomatológico característico que no se halla en la descripción de Zapata. En la hematemesis, la iniciación y la terminación de la hemorragia son bruscas: en esta condición encuadra la pérdida de sangre del general San Martín.
Mitre y Rojas emitieron este juicio: padeciendo una tuberculosis, enfermedad astenizante, crónica a rebrotes evolutivos que llevan a la caquexia, San Martín no habría podido soportar los intensos fríos y escalar altas montañas. En los diez años de su trajinada vida militar, aún enfermo, no descansó un solo día (Rojas), y Ruiz Moreno agregó: "no existe documento que consigne que tuvo fiebre, tos y expectoración". Por todo ello, la tuberculosis pulmonar debe descartarse.

REUMATISMO

Es indiscutible que San Martín tuvo numerosos ataques reumáticos: se calculan unos diez o doce los sufridos durante su vida. El Dr. Aníbal Ruiz Moreno ha realizado al respecto un exhaustivo trabajo. Por su autoridad y el acierto de sus consideraciones, resumimos sus conclusiones: se sabe que el día de la batalla de Chacabuco el general San Martín estaba aquejado de un ataque reumático-nervioso que apenas le permitía mantenerse a caballo. En una carta que dirigió al congresal Tomás Godoy Cruz, le expresaba: "mi salud está arruinada." Ruiz Moreno hace consideraciones exactas por las que se puede descartar la fiebre reumática, que es más frecuente en los adolescentes y ataca en un alto alto porcentaje al corazón. Se puede afirmar que el prócer no padeció del corazón, pues no hubiera podido soportar los esfuerzos a que sometió su organismo. También excluyo la artritis reumatoide, que es deformante y hubiera dejado secuelas que habrían sido exteriorizadas en los cuadros que se pintaron y, principalmente, en el daguerrotipo de 1848, dos años antes de su muerte.

PATOLOGÍA DEL APARATO DIGESTIVO

Padeció de úlcera, gastritis, hemorroides gangrenadas y estreñimiento. Nos detendrá el estudio de la úlcera; la gastritis no está confirmada, pero se la sospecha por la confesión del prócer, que comía sólo "para no tentarme con los manjares y la debilidad de mi estómago." La úlcera fue la principal patología de San Martín, desde 1814, en que una hematemesis marcó la iniciación clínica, hasta el 17 de agosto de 1850, en que una nueva hemorragia lo llevó al deceso. La semiología exigida para formular el diagnóstico de úlcera está ampliamente reunida en la sintomatología que padeció el general San Martín, con una cronología perfecta:
a) tuvo períodos de reposo de su lesión, en que se encontró bien; b) períodos de actividad: ya hemos referido las gastralgias repetidas. Dolores que fueron cíclicos con las comidas, o sea, que tuvieron ritmo diario y que se deducen por la confesión del prócer en la carta dirigida a Guido en 1845, en que manifestaba: "cerca de cuatro meses de continuos padecimientos en que no podía tomar el menor alimento sin que, a la hora, me atacasen cólicos sumamente violentos." c) Dolores ultratardíos: los presentaba a las cuatro de la madrugada (probablemente lo despertaban), tomaba un brebaje para calmarlos y, desde ese momento, comenzaba las tareas del día. Ceballos los interpretó como dolores en ayuna.
d) Periodicidad anual: lo refleja la circunstancia que repitiera, casi anualmente, épocas libres de síntomas. Fue la sintomatología que experimentó en Europa. especialmente entre 1841 y 1850. En 1847, en la carta a Guido del 27 de diciembre, hace referencia a los "tres ataques nerviosos" (así llamaba a sus episodios de dolor gástrico), y en la que le enviara un mes después expresaba: "yo me hallaba batallando con mi periódico dolor de estómago". Si alguna duda quedara, debemos remontarnos al año 1821 en que, durante su estadía en el Perú, su úlcera tuvo dos empujes evolutivos en ese año, confirmados por menciones realizadas al respecto en la correspondencia del prócer al general chileno Luis de la Cruz y a su amigo el general O'Higgins.

COMPLICACIONES

En el caso de San Martín, estuvieron representadas por las hemorragias y la fiebre. Las hemorragias fueron muy importantes y pusieron en peligro su vida. Es interesante recordar algunos episodios, como el primero, sufrido en Tucumán, y los reiterados que tuvo en Mendoza. El 1º de enero de 1816 año de la reunión del Congreso de Tucumán, lo sorprendió con otro episodio. El Libertador lo menciona en la carta a Godoy Cruz: "un furioso ataque de sangre y en consecuencia una extrema debilidad me han tenido 19 días postrado en mi cama." Ya fue mencionada la hemorragia padecida en el Perú y la última que le llevó a la muerte, merecerá una consideración especial.
Cabe una pregunta: ¿La úlcera fue gástrica o duodenal? Sin la documentación incontrastable de la radiología o de la autopsia, para afirmar la localización, todas las consideraciones son elucubraciones y no se puede emitir una afirmación categórica. No obstante, nos inclinamos por la implantación duodenal. MANIFESTACIONES NERVIOSAS: San Martín padeció de insomnio, excitaciones nerviosas y temblor de la mano derecha. Las causas de estos padecimientos deben buscarse en las largas y agotadoras jornadas de trabajo, sus preocupaciones y sus disgustos. Respecto del insomnio, dijo: "Lo que no me deja dormir no son los enemigos, sino cómo atravesar esos inmensos montes." En 1818 padeció un temblor en la mano derecha que le impedía escribir. La manifestación no ha tenido explicación y probablemente no la tendrá nunca. Por otra parte fue transitoria.
También sus enfermedades dejaron su marca. En la carta que en 1837 dirigió a su gran colaborador Toribio de Luzuriaga, le refería: "Desde el año '33, en que fui atacado de cólera, me quedó una enfermedad de nervios que me ha tenido varias veces a las márgenes del sepulcro; en el día me encuentro restablecido a beneficio de los aires del campo en donde vivo y, más que todo, a la vida enteramente aislada y tranquila que sigo." Es muy difícil ubicar semiológicamente a esa manifestación; de la misma opinión es Ruiz Moreno. Es razonable pensar que la acción tóxica de las infecciones que sufrió pudo gravitar sobre el cerebro. Tampoco surge la luz de las mismas descripciones de San Martín, pues a los espasmos de su úlcera los ha descrito como cólicos sumamente violentos o ataques nerviosos al estómago, y la consecuencia es una gran debilidad con desarreglo de funciones. El mismo prócer percibió que le producía un estado muy irritable.
La explicación de las manifestaciones nerviosas de San Martín debe buscarse en las toxemias que sufrió su cerebro con los procesos infecciosos que soportó, en sus tensiones síquicas, en lo mucho que sufrió física y moralmente, en sus largas jornadas de trabajo y en la responsabilidad que cargó sobre sus hombros. No debe haberse inmutado en el fragor del combate, pues él era un guerrero, pero su espíritu sensible se sacudió más de una vez frente al cuadro de desolación y muerte que ante su vista ofrecía el campo de batalla.

CATARATAS

Le afectaron en el último lustro de su existencia. Un año antes de su fallecimiento fue operado, con un pobre resultado. Perdida la esperanza de recuperar la visión, se acentuó su carácter melancólico y taciturno, prefiriendo el aislamiento y la soledad.
Según el concepto actual, la patología que afectó al general San Martín fue de las enfermedadesde la civilización. Por lo menos cuatro de ellas encuadran dentro de este concepto: el asma, el reumatismo, la úlcera y las manifestaciones nerviosas. El paradigma de las enfermedades de la civilización, que magistralmente analizó y difundió el Dr. Mariano R. Castex, es la úlcera, especialmente con implantación duodenal.

CAUSAS DEL FALLECIMIENTO

Se debió a una hemorragia cataclísmica, consecuencia del empuje de su úlcera. Se han formulado varias hipótesis:
1) Por claudicación del ventrículo derecho, en un corazón pulmonar crónico, consecutivo a una fibrosis pulmonar postuberculosis. San Martín no tuvo tuberculosis ni tampoco fibrosis, que es una causa muy infrecuente de hipertensión pulmonar y de corazón pulmonar crónico. Jamás San Martín tuvo insuficiencia cardíaca; no existe ninguna referencia que se le hincharan los pies.
2) Por muerte cardíaca:
a) Por infarto: surge de la referencia de Mitre que San Martín, cuando el 6 de agosto se encontraba frente al canal de la Mancha, se llevó la mano al pecho. El prócer pudo haber tenido un angor o bien un episodio de disnea debido a su anemia, que era indudable, pues le faltaban las fuerzas y su debilidad fue creciente. En ese estado pudo haber sufrido cualquiera de los dos síntomas, pero fueron pasajeros pues no se hace otra mención en los diez días finales.
b) Por hipertrofia cardíaca: sugirió esta causa Mr. Gérard, abogado. El diagnóstico en esa época, en ausencia de rayos X, se hacía con la percusión, método falaz muy poco empleado.
c) Por rotura de un aneurisma: formularon esta sugerencia autores como Mitre y Otero. La rotura conforma un síndrome perforativo, y el dolor que produce es violentísimo (llamado en puñalada): el dolor que tuvo San Martín fue el habitual, localizado en el epigastrio, y repetimos la descripción del prócer: "yo me hallaba batallando con mi periódico dolor de estómago." En el episodio final tuvo una alcamia y luego reagudeció con intensidad. El dolor debido a perforación de un aneurisma no da tregua al paciente y la intensidad es creciente. Las hipótesis por muerte cardíaca deben desecharse, no resistiendo el análisis clínico.
3) Por cáncer: insinuaron esta posibilidad distinguidos médicos que, seguramente, fundamentaron el diagnóstico en la inapetencia y la delgadez de San Martín. En los períodos evolutivos de su úlcera, su estado se alteraba ostensiblemente. En 1819 el comerciante y viajero inglés Samuel Haigh ha dejado una descripción magistral del estado de salud de San Martín: "encontré al héroe de Maipú en su lecho de enfermo y con un aspecto tan pálido y enflaquecido que, a no ser por el brillo de sus ojos, difícilmente lo habría reconocido; me recibió con una sonrisa lánguida y extendió la mano sudorosa para darme la bienvenida." La inapetencia sigue repetida en la carta a O'Higgins y en la referencia de Iturregui y Valdés Carrera.
En los períodos de remisión experimentaba una excelente recuperación: así lo conoció Alberdi. Pero en Europa, la inapetencia fue casi permanente y veinte o más años es un lapso demasiado prolongado para un cáncer A veces limitaba su alimentación por temor a los dolores. Además, si bien tenía inapetencia y comía moderadamente, no tenía repugnancia ni aversión electiva por ningún alimento. Este dato está bien documentado en el relato de Mariano Balcarce, sobre su última comida: si bien frugalmente, comió sin repugnancia. Por otra parte, un canceroso entra en un estado de caquexia progresiva; en el último mes queda confinado al lecho y, en algunos casos aparece el clásico edema de hambre que presagia un fin. La hipótesis de la muerte por cáncer también debe ser descartada.
4) Por complicación de su úlcera. En su caso son dos las posibles complicaciones: la perforación y la hemorragia. Por diversas consideraciones clínicas, la perforación debe descartarse. La hemorragia fue la causa final de la muerte de San Martín y no la pueden explicar quienes se han limitado a informarse por el relato de Félix Frías. Augusto Barcia Trelles dice textualmente: "Eran las dos de la tarde cuando San Martín se sintió atacado por las torturas de las gastralgias y presa de un frío que paralizaba la sangre." Fue colocado sobre el lecho de su hija, que lo abrazó con enorme emoción. San Martín, acariciándola, le dijo: "Mercedes, ésta es la fatiga de la muerte", y volviéndose hacia Balcarce, con una terrible fatiga que llegaba a dificultar la emisión de su voz le dijo, casi deletreándolas, estas cuatro palabras: "Mariano a mi cuarto". No transcurrió un minuto y el cuerpo de San Martín sufrió una fuerte sacudida. EI Había muerto a las tres de la tarde del 17 de agosto de 1850! Esta sucinta descripción está tomada de textos de Frías, Gérard, Vicuña Mackenna, Rosales y Otero. El frío que paralizaba su sangre, según Barcia Trelles, o el frío glacial que comenzó a discurrir por sus extremidades, según Otero, constituyeron la base para fundamentar el diagnóstico del shock hemorrágico final. Podemos hacer un resumen de la sintomatología que experimentó el general San Martín: es una página del libro de la patología ulcerosa, con sus tres períodos: de reposo, de actividad y de complicaciones.
En el primero, libre de síntomas, debió cuidar su alimentación para no provocar la exacerbación de la úlcera: ello explica que comiera solo, para no tentarse con manjares. En el segundo, vivió atormentado por los dolores que duraron semanas y, a veces, sobrepasaron el mes. Esos períodos alternaron con otros de acalmia. En el tercer período, que es variable para cada paciente, nunca tuvo un síndrome pilórico, aunque algunas veces tuvo vómitos. La complicación se presentó con las hemorragias que iniciaron la escena clínica de 1814 y la final, cataclísmica, que lo llevó a la muerte el 17 de agosto de 1850.

EL SERVICIO RELIGIOSO PARA LAS NUEVAS TROPAS

Por Cayetano Bruno
Cuando San Martín comenzó a organizar en Mendoza el ejército, el escaso número inicial de efectivos era asistido espiritualmente por el párroco de esa ciudad pero, a medida que arribaban los nuevos contingentes para engrosar las filas, se acrecentaba también la acción pastoral. “Eran hombres educados en la religión católica - decía Belgrano- afianzados en las virtudes naturales cristianas y religiosas. Con tal motivo San Martín dirige desde Mendoza, el 3 de noviembre de 1815, un oficio al secretario de guerra, coronel Marcos González Balcarce, por el cual solicita el nombramiento de un vicario castrense como inicio del cuerpo de capellanes. Decía el Libertador: “se hace ya sensible la falta de un vicario castrense que, contraído por su carácter al servicio exclusivo del ejército, se halle éste mejor atendido en sus necesidades espirituales y religiosas... Conforme a ello, propongo para el vicario general castrense el Pbro. Dr. José Lorenzo Güiraldes. Este eclesiástico, que al buen desempeño de su ministerio reúne un patriotismo decidido, ejercerá aquel con la piedad y circunspección apetecibles.” Güiraldes era mendocino y ejercía el sagrado ministerio en aquella ciudad. Era ferviente patriota y había demostrado siempre con la mayor decisión su adhesión a la causa de la libertad americana. Organizó el clero castrense que desarrolló su actividad pastoral en el campamento del Plumerillo, brindando asiduo apoyo religioso a los efectivos allí concentrados que, a principio de 1817, eran 3.987 hombres, entre jefes, oficiales y tropa. La actividad que debían desarrollar los capellanes había sido reglamentada por Güiraldes en las denominadas “Instrucciones Generales”. Ellas se ajustaban a las normas canónicas castrenses que regían, pero adecuadas a la situación propia de los ejércitos de la patria. Esas ordenanzas establecían que se omitiera en las preces litúrgicas de la santa misa la mención “por el rey Fernando VII y su familia”, igual que la petición “por los ejércitos y pueblos realistas”, rogando, en cambio, sólo por los ejércitos y pueblos que sostenían la libertad de América. Las normas también establecían que los capellanes debían exhortar a la tropa a la subordinación a sus jefes y oficiales, enalteciendo la santidad de nuestra religión y la justa causa que defendían.
A LA IZQUIERDA: Octavio Gomez. San Martín presentando la bandera de los Andes y el Bastón
de Mando para su bendición. Óleo. Celda de San Martín, Convento de Santo Domingo. San Juan
A LA DERECHA: Althabe. San Martín ofrenda su bastón de mando a la Virgen del Carmen.
Óleo. INS. Buenos Aires
El cuerpo auxiliar de los capellanes castrenses del Ejército de los Andes se hallaba constituido, además, con los sacerdotes chilenos exiliados, que brindaron una eficaz colaboración. Entre ellos merece citarse al Pbro. Casimiro Albano y Pereyra, quien tenía una acendrada amistad, desde su niñez, con Bernardo O’Higgins, razón por la cual éste le llamaba “hermano”. En 1844 Albano y Pereyra publicó el primer ensayo biográfico del héroe, titulado “Memoria del Excmo. Señor Don Bernardo O’Higgins”. Fue capellán del ejército patriota chileno durante la campaña de la Patria Vieja y lo siguió siendo en el Ejército de los Andes, además del cargo que se le asignó como “proveedor general”. Cinco religiosos bethlemitas se integraron al cuerpo de sanidad como médicos de este ejército, cumpliendo la doble misión espiritual y humana en grado honroso. El benemérito fray Antonio de San Alberto - dice el general Espejo- continuó sus servicios como cirujano y aún se embarcó en Valparaíso, en agosto de 1820, con el Ejército Libertador del Perú, bajo las órdenes del general San Martín. En el año 1823, en que entró en Lima el libertador Simón Bolívar, le nombró su médico de cámara y le expidió el despacho de teniente coronel del ejército. A su lado asistió al resto de la campaña. Para las celebraciones religiosas del Ejército de los Andes en campaña, el general San Martín había ordenado la preparación de cuatro capillas portátiles, con los respectivos ornamentos y objetos litúrgicos. “Los capellanes, que hasta el presente han servido sin sueldo ni gratificación alguna -le decía Güiraldes a San Martín-son acreedores a que V.E. los incorpore ya en las revistas y estados generales con arreglo a ordenanzas, donde perciban sus sueldos, dignándose mandarles algún socorro para que se preparen a la marcha como miembros del ejército.” En efecto, aquellos capellanes, henchidos de amor a la patria y decididos por la emancipación americana, partieron con la tropa para cumplir la campaña de los Andes. Las arduas jornadas cordilleranas supieron de su abnegada misión al compartir plenamente las vicisitudes del soldado. En realidad, todo ello era el testimonio del afecto y lealtad que brindaron los capellanes castrenses al Gran Capitán.
La proclamación de la Virgen del Carmen como patrona del Ejército de los Andes y el solemne juramento a la gloriosa bandera -actos realizados el 5 de enero de 1817- centraron las solemnes manifestaciones de piedad y marcialidad en la ciudad de Mendoza, antes de la partida para el cruce de los Andes. En la iglesia matriz, el general San Martín presentó la bandera para ser bendecida por el capellán general castrense José Lorenzo Güiraldes. Con oración, sacrificio y heroísmo, partía aquel ejército hacia la ardorosa campaña de los Andes: “Dios mediante para el 15 - decía San Martín a Godoy Cruz- ya Chile es de vida o muerte... Dios nos dé acierto; mi amigo, para salir bien de tamaña empresa.”

martes, 14 de mayo de 2013

Urquiza el especulador.....

Por el Dr. Leonardo Pablo Portolano
En la proclama del 6 de noviembre, Felipe Varela hace una apelación a Urquiza, dando por sentado que éste apoya el pronunciamiento. Es que Varela, sagazmente, incita al levantamiento del pueblo entrerriano. Si bien es cierto que Varela vivió un tiempo con López Jordán y fue edecán de Urquiza, sería tan aventurado como incorrecto creer que el jefe montonero dependió de Urquiza o fue instrumento en algún momento, de la política de éste. La denuncia que Elizalde le hiciera a Mitre en tal sentido, carece de fundamento y resulta totalmente falsa e intrigante, por fundarse exclusivamente en la rivalidad electoral existente entre Urquiza y Elizalde, como candidatos que eran a la presidencia.

Al producirse el levantamiento del Coronel del pueblo, el “Eco de Corrientes”, informó que: “Una carta del Paraná asegura que hoy los reaccionarios están furibundamente enojados contra el Gral. Urquiza por la cesación de los periódicos y que asegura que aquel General ha enviado al Gral. Mitre el borrador de un manifiesto en que condena terminantemente la revolución del interior”.

¿Se trató simplemente de un error de Varela, en el sentido de creer en las insinceras, o en todo caso vacilantes, promesas de Urquiza, de que apoyaría el pronunciamiento? ¿Era, una vez más, una maniobra del entrerriano para negociar con el Banco de Londres y el Gobierno de Buenos Aires ventajas personales, a cambio de su “neutralidad”? El rico hacendado de San José, que controlaba el Banco Entrerriano, el estanciero con mil acciones del británico “Ferrocarril Central Argentino”, tal vez pensó utilizar a Varela como había hecho con Angel Vicente Peñaloza.

Si bien el pronunciamiento del Chacho careció de un plan político y una base seria, y tenía como único punto de apoyo la heroica resistencia del caudillo al mitrismo, Urquiza capitalizó su neutralidad, con simulacros de apoyo al mismo. Cada vez que aparentaba solidarizarse con el montonero, el Banco de Londres le compraba sus producciones de lana, huesos, cenizas, etc., y Urquiza volvía, entonces, a la “legalidad”.

Felipe Varela, en cambio, trató de incorporar a su gesta libertadora a Urquiza. El proyecto resultaba coherente también, porque nuevos acontecimientos habían ocurrido en el litoral mesopotámico que facilitaban una alianza con la montonera provinciana. En primer lugar, el fracaso total de la libre navegación de los ríos, luego la esterilidad de las medidas aparentemente proteccionistas tomadas por Urquiza. Y por último, la sumisión y dependencia total del litoral mesopotámico, simbolizada y encarnada por Justo José, con respecto a la banca británica.

Todo este sometimiento económico financiero, encontraba su máxima expresión política en la guerra imperialista llevada a cabo contra el Paraguay.

Por eso, en realidad, la invitación revolucionaria de Varela no tenía por destinatario a Justo José de Urquiza. Este sólo revestía en esa época, el carácter –caduco, pero significativo- de ser el portador simbólico de la bandera entrerriana. El caudillo real, al cual estaba dirigida la invitación montonera, era Ricardo López Jordán.

López Jordán era el hombre que se había opuesto de antemano, a la guerra contra el Paraguay, y que junto con Varela, organizara el desbande de las tropas reunidas por Urquiza en Basualdo y Toledo.

Fermín Chávez, en sus investigaciones, ha probado que el levantamiento de López Jordán estaba preparado para estallar coetáneamente con el de Varela. Sin embargo, Urquiza, que se informaba continuamente de lo que ocurría en el interior mediterráneo argentino por la correspondencia de Manuel Lucero, astuto político cordobés, impidió el levantamiento de López Jordán.

En carta de Urquiza a Emilio Conesa, de fecha 16 de febrero de 1867, aquél sostenía: “Entre tanto viene a tranquilizar mi agitado espíritu la convicción de que el carácter conciliador del Gral. Mitre, su experiencia de la vida política y el respeto que inspira la autoridad cuando se usa en discreta parsimonia, dará a la lucha la pacífica solución que conviene entre hermanos (…)”. Entre líneas, Urquiza rogaba que Mitre tranquilizara el país, para poder ser él, Urquiza, presidente del “orden”. El 1º de febrero de ese año 1867, Urquiza le había escrito a Felipe Saá, pidiéndole la libertad del ex gobernador Daract, puesto en prisión por los revolucionarios. Esa era la respuesta del caudillo, a la comunicación que once días antes, le había dirigido Carlos Juan Rodríguez y Felipe Saá, requiriéndole apoyo para la revolución y haciéndole saber el estado de la misma. El pronunciamiento perturbaba en realidad, sus planes políticos y es obvio, sus intereses económicos, fundamentos reales, estos últimos, de la calculada política urquicista.

Al saberse la revolución varelista, José Buschental le escribiría a Julio Victorica: “Montevideo, 26 de noviembre de 1866. Mi querido Victorica: (…) Parece que la cosa de Cuyo amenaza de tomar cuerpo, espero que S. E. no se comprometa con esa gente. C’est trop prompt’ (…)” (“es demasiado pronto”, aclara Urquiza en el documento, traduciendo la expresión de Buschental). El experimentado “capitán de industria” no se equivocaba. El general Urquiza no apoyaría a “esa gente”. Porque no tenía “recelos” del Brasil, y efectivamente, recordaba “las glorias de Caseros”. Este “recuerdo” constante y sus derivadas complicaciones económicas, fueron las que impidieron a Urquiza apoyar la revolución popular, como se lo manifestaría en carta a Mauá. Se cumplía lo que éste le escribiera a Mitre con fecha 14 de diciembre de 1861: “No comprendo la conducta de la prensa de Buenos Aires contra el general Urquiza; porque es evidente que la influencia personal de este General puede ser hábilmente aprovechada para comprimir y modificar completamente el elemento “gaucho”, y es positivo que si se le “dirige bien” y es convenientemente aconsejado, puede ser instrumento vigoroso para dar vigor al funcionamiento de las instituciones”.

El 9 de diciembre de 1867, Urquiza le escribirá a José León a Córdoba, para que “descubra la conspiración que se hace en su nombre”; el 10 del mismo mes y año se dirige a Manuel Lucero, pidiéndole cautela, para que no se comprometa con “mashorqueros y salvajes”; el 3 de marzo de 1868, Urquiza se cartea con Tomás Armstrong, disculpándose por no haber pagado puntualmente los vencimientos de sus cuotas en el Ferrocarril Central Argentino; el 25 de marzo le escribe a Antonio Taboada, refiriéndose a la necesaria “pacificación” que debe reinar en el país y a la “simpatía que tiene por sus ideas políticas”. Estas cuatro cartas, bastarían para revisar totalmente la figura oblicua de Urquiza, su pensamiento de clase acerca de la montonera estrechamente ligado a sus compromisos económicos y políticos, que en los momentos decisivos siempre lo volcaron hacia el lado de Buenos Aires contra el país.

Nada más revelador, para comprender su actitud hacia el interior provinciano, que analizar el papel cumplido por el “Ferrocarril Central Argentino” –del cual él fuera principal accionista e impulsor- en relación al mercado interno. El ferrocarril debía avanzar de Rosario hacia Córdoba, ciudad esta última, que desde la época virreinal, era el centro de todas las comunicaciones del interior provinciano. Por eso, el “manco” Paz, en 1829, no había vacilado, como buen estratega que era, en ocuparla militarmente. Mitre le escribiría, precisamente a Elizalde, respecto a Córdoba: “Los recursos que la Aduana de Rosario ha de producir, se han de aplicar a objetos nacionales, es decir de la revolución, incluso gastos del Ejército de Buenos Aires, considerado como ejército libertador. Pero la aduana de Rosario apenas pagará sus gastos mientras no abramos los caminos comerciales y por ello mi empeño en dominar a Córdoba”. También Mr. Wheelright insistiría en los oficios dirigidos al gobierno en hacer resaltar la importancia de Córdoba, como centro de comunicaciones.

Los accionistas entre los que se encontraba Otto Bemberg y Cía. –uno de cuyos integrantes sería nombrado cónsul argentino en París-, sabía perfectamente que la función del ferrocarril sería muy distinta a la esperada por los provincianos mediterráneos.

El ferrocarril avanzaba lentamente. Al comenzar la guerra contra el Paraguay, se había construido el tramo Rosario-Las Tortuguitas. Ya era “útil”, por de pronto, para trasladar a los contingentes de “voluntarios” hasta su muerte en tierra paraguaya. A pesar de los agudos informes técnicos adversos, como el de Kurt Lindmark –autor que no pudiera consultar Raúl Scalabrini Ortiz- se seguía utilizando “capital extranjero”, para la construcción de un ferrocarril que debía y podía ser nacional. Sarmiento le diría a Posse, en carta de 5 de abril de 1866: “Llevado del celo del bien, y entrando esto en mis instrucciones, pasé una nota al Ministro de Gobierno de cuatro renglones indicando la idea. Me contestó una de los pliegos de polémica, para probar, que él se lo debía y que las leyes de los Estados Unidos le habían servido de modelo, al dar la línea de Córdoba a Rosario toda entera a una compañía extranjera”.

Sarmiento no objetaba la entrega, y en su momento la completaría y complementaría.

Los compromisos de Urquiza, que eran los de la clase ganadera del litoral mesopotámico, no podían ser afectados por las necesidades del mercado interno provinciano. Había que colocar la producción inglesa allí, en el interior. Ese era el “obsequio” que se le debía realizar a nuestro único comprador de productos ganaderos. Urquiza trataba de aparecer, como encarnando el “orden” y la “pacificación”. Buscaba lograr de ese modo, una especie de síntesis o integración, entre “mashorqueros” y “salvajes unitarios”. Con la cabeza puesta en la presidencia, los pies apoyados en el ferrocarril y las manos atesorando sus riquezas ganaderas, Justo José de Urquiza encarnaba la más perfecta imagen del especulador.

En julio de 1867, al aproximarse las fechas electorales, preocupado por la campaña de Felipe Varela, envía a su secretario Victorica a entrevistarlo. El Dr. Victorica hace el penoso camino hasta Santa Cruz de la Sierra, de allí a Chuquisaca y por último, previo paso por Atacama, llega a Antofagasta. El secretario de Urquiza trata de convencer a Varela que debe desistir de su campaña revolucionaria. Pero el jefe montonero, advertirá perfectamente, que nada puede esperar del viejo servidor del Brasil, y rechazará indignado los ofrecimientos del especulador.

Urquiza, fracasada la misión encomendada a Victorica, afectado por la insurrección montonera, sostendrá el 11 de febrero de 1868, cuando se enfrentaba con Rufino de Elizalde, como candidato a la presidencia: “Varela y su montonera, producto legítimo de los excesos del poder y de una política bastarda, jamás pudo ser para nadie, la expresión o el agente de mis ideas. La mejor prueba era que él abusaba de mi nombre, sin que ningún hecho mío lo autorizase. Los que han abusado del nombre de Dios y de la Religión para explotar a las masas crédulas, tienen tanta razón para ser creídos como la que ha tenido Varela, si sus bandas se entregaban a la disolución o el pillaje (…). Usted ha tenido ocasión de conocer mis sentimientos personalmente. Mi Patria sabe que soy hombre de principios y no de partido, y menos de montonera. Jamás las he tolerado siquiera. Reprobé todas las que se lanzaron a Buenos Aires en tiempo de su rebelión contra la República (…) Mi deferencia hasta con los enemigos que me insultaban, mi respecto al gobierno que surgió de la preponderancia de mis enemigos (…) ¿No bastaban a salvarme de la imputación absurda de alentar una lucha como la que ha hecho Varela? (…) ¿A qué amigo de los que tengo en las provincias he escrito sin condenar semejante esfuerzos tan estériles como dolorosos y desacreditadores para el país? (…) Y la autoridad tenía una prueba de mi admiración (…) esa prueba que aludo es la guerra con el Paraguay (…) La guerra estalló, el Presidente solicitó mi concurso, y se lo presté arrastrando forzadamente a un pueblo, para quien esa lucha era terriblemente antipática (…) No; yo no he alentado esa lucha desordenada; por el contrario, he hecho esfuerzos poderosos por salvar al litoral de comprometerse en ella, y de ello se hace por otros un crimen”.

Este era el pensamiento de Urquiza acerca de Varela y de la guerra imperialista. El condenaba a la montonera, es decir, a las clases provincianas oprimidas, que se levantaban en combate, por su subsistencia. Presionado por su mala conciencia, Justo José de Urquiza le escribía a Juan Eastman, en enero 15 de 1869: “Ahí tiene V. a Coronado, mi víctima. Después de colmarlo de beneficios, fue desleal, porque decía que yo me había vendido a los enemigos del país que gobernaban Buenos Aires”.

Tiempo después de la muerte de Urquiza, José Hernández sostendría: “Urquiza, era el Gobernador tirano de Entre Ríos, pero era más que todo, el Jefe Traidor del Gran partido Federal, y su muerte mil veces merecida, es una justicia tremenda y ejemplar del partido otras tantas veces sacrificado y vendido por él. La reacción del partido debía por lo tanto iniciarse por un acto de moral política, como era el justo castigo del Jefe Traidor”.

Por eso, para poder llevar a cabo Ricardo López Jordán, el último pronunciamiento montonero de significación de la historia argentina, la expiación debía precederlo. Los hombres de Simón Luengo, que entraron a detener a Urquiza, al matarlo, vengaban a los montoneros sacrificados en la grandiosa lucha por nuestra liberación obscurecida por la historiografía infame de los vencedores, que no en vano han convertido a Urquiza, un provinciano como Sarmiento, traidor a las provincias, en prócer esplendente. (1)

Referencia

(1) La referencia al “Eco de Corrientes”, en Chávez Fermín, “Vida y Muerte de López Jordán”. En 1868, Urquiza tenía, según los cálculos de Burton, 200.000 ovejas y 800.000 cabezas de ganado, estimándose el valor en 8 pesos fuertes la cabeza. Que Urquiza era accionista del Ferrocarril Central Argentino, al igual que Otto Bemberg y Cía. Cfr. Carrasco E., “Anales de Rosario”, página 622 y Archivo General de la Nación, Archivo Urquiza.

Fuente

Peña, R. O. y Duhalde. E. – Felipe Varela – Schapire editor – Buenos Aires (1975).

martes, 30 de abril de 2013

"Los Hitos de la Soberanía" por el Dr. Arturo Pellet Lastra

Crónica por el Prof.Jbismarck

El Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas de General San Martín continuando con su labor de divulgación de la verdadera Historia Argentina organizó y nos invitó a concurrir a una notable conferencia.
Dr. Arturo Pellet Lastra (Doctor en Derecho y Ciencias Sociales, autor de 15 libros de Historia y Derecho, periodista Profesional y Profesor Titular Consulto de Teoría del Estado e Investigador permanente de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires) disertó el día 20 de Noviembre del año 2010 en el Museo Brigadier Gral. Don Juan Manuel de Rosas de Gral San Martín, allí se refirió a lo que el consideraba los principales hitos de nuestra Soberanía.
Para el Historiador e Investigador ellos fueron:
a)El golpe de Estado del 25 de Mayo de 1810
b)La Asamblea del año 1813
c)La declaración de la Independencia
d)La firma del Pacto Federal que dio origen a la Confederación Argentina y la unificación de la Nación
e)La Defensa Nacional en la Epopeya del Paraná (que recuerda precisamente el “Día de la Soberanía” con su icono: la hazaña de la Vuelta de Obligado)
f)La posición de Neutralidad sostenida por el Presidente Yrigoyen durante la primera guerra mundial
g)La misma posición sostenida por el Presidente Castillo durante la segunda guerra Mundial
h)La declaración de la Independencia Económica realizada por el Presidente Perón el 9 de julio de 1947
i)La Guerra de Malvinas, a pesar de los horrores diplomáticos del Dictador Galtieri.

Pellet Lastra considera que el 25 de mayo de 1810 se produjo el primer Golpe de Estado ya que fue destituido una autoridad nombrada por la metrópoli española y se formó el primer gobierno autónomo. Este fue el primer paso de un proceso independentista que culmina en la declaración de la Independencia. Sostuvo como figuras fundamentales al Coronel Saavedra Jefe de Patricios, a Manuel Belgrano y a Juan José Paso en su labor técnica.
Luego rescata la figura del General San Martín tanto en la Asamblea del año XIII donde se realizan actos soberanos como la aprobación del Himno, del escudo, de la Bandera y se proclama la “libertad de vientres” permitiendo la libertad a los hijos de esclavos nacidos luego del 31 de enero de 1813.
La declaración de la Independencia para Pellet Lastra. fue posible gracias a las presiones de San Martín, Belgrano y Guemes.
Luego el historiador señalo la importancia del Pacto Federal y no dudo en calificarlo como “Punto de nacimiento político del país” a traves de la creación de la “Confederación Argentina” ya que permitía al Gobernador de Buenos Aires representar diplomáticamente al país dándole un sentido Nacional y gracias a ello el Restaurador Don Juan Manuel de Rosas fue un verdadero Jefe de Estado y su figura trascendió mucho mas de las fronteras, luego de la heroica resistencia ofrecida a las dos grandes potencias mundiales Gran Bretaña y Francia y el triunfo diplomático posterior…lo que le valió el reconocimiento del más grande de los argentinos: el Gral San Martín quien lo elogió públicamente y le legó su Sable glorioso-
Finalmente el Historiador rescató la defensa de la soberanía realizada por los presidentes Yrigoyen y Castillo frente a las multiples presiones en torno a abandonar la neutralidad argentina durante la 1ra y 2da guerras Mundiales. También Pellet señaló como hitos fundamentales la declaración de la Independencia Económica de 1947 realizada por el Gral Perón, ya que sin economía es muy difícil ser soberanos… finalmente señaló la valentía demostrada por nuestros héroes de Malvinas quienes combatieron a las tropas expertas de la NATO en combates desiguales donde mostraron un coraje sin igual.
La Conferencia culminó con un interesante debate.

jueves, 25 de abril de 2013

Rosas

Por "El Gaucho Cibernético"

En gran parte el artículo esta basado en la obra del inmortal y querido Fermín Chávez. Los tiempos de Rosas fueron de graves dificultades, guerras intestinas y ataques extranjeros promovidos por los representantes de "la ilustraci ... Ver m ... Ver másásón". No obstante ello, Rosas difundió la enseñanza, creó casas de estudios superiores y estimuló muy valiosas actividades intelectuales. Durante su gobierno se publicó, por don Pedro de Angelis, la famosa Colección, de obras y documentos relativos a las historias antigua y moderna de las Provincias del Río de la, Plata. en seis volúmenes, impresa en la Litografía del Estado en 1836/37, el Cancionero argentino, en 1837, La lira española, en 1844 y El mosaico literario, en 1848, así como La galería de ilustres contemporáneos, publicada por Arzac, en la Litografía de las Artes, en 1844. Recuérdese, asimismo, que La Gaceta Mercantil se publicó con desusada regularidad durante su gobierno, así como El Archivo Americano, redactado en idioma español, inglés y francés, y el British Packet, diario escrito en inglés.

A pesar de las intrigas y la guerra civil, durante la época de Rosas se dio un fuerte impulso a la instrucción primaria y superior. Una comisión nombrada para estudiar al reforma terminó sus trabajos con un proyecto “en el cual puede verse una anticipación de algunos aspectos de la reforma universitaria argentina, y que guarda tantos puntos de coincidencia con el sistema administrativo y docente que rige actualmente” (A. Salvador. La Universidad de Buenos Aires. La Plata 1937.p.70 – Julio Irazusta Vida política de Juan Manuel de Rosas.t.II.70)

“A pesar de las difíciles circunstancias en que el país se hallaba envuelto, parecía que nada influyera en la educación de la juventud que cada día se mostraba más afanosa por corresponder a los cuidados que se le prodigaban.” (Sarmiento) (El presupuesto para educación, que en 1829 era de 37.141 pesos fue elevado en 1830 a 49.980.)

El propio Rosas era un hombre muy culto y no tenía el menor parecido con la estampa de caudillo ignorante y brutal que nos sirven los difamadores liberales. Por ser de quien es, mucho vale la opinión del célebre poeta español (aunque nacido en Buenos Aires), don Ventura de la Vega. Visitó a Rosas en Southampton, en julio de 1853; en carta a su mujer, que se hallaba en Madrid, le expresaba: “Decían que sólo tenía talento natural y que era poco culto; no es cierto. Es un hombre instruidísimo y me lo probó con las citas que hacía en su conversación; conoce muy bien nuestra literatura y sabe de memoria muchos versos de los poetas clásicos españoles" (Carta de Ventura de la Vega a su mujer. Londres, 21 de julio de 1853. - Cfr. Ventura de la Vega: Cartas íntimas, pág. 103. Madrid, 1874). Sus escritos, discursos v correspondencia revelan la originalidad de su cultura; la oración pronunciada en las exequias de Dorrego es una pieza de antología. La Protesta contra el despotismo del gobierno de Buenos Aires, publicada en 1857, tiene pensamientos hondos y frases elocuentes. "El juicio del General Rosas -decía- compete solamente a Dios y a la Historia, porque solamente Dios y la Historia pueden juzgar a los pueblos. Porque no pueden constituirse en jueces los enemigos ni los amigos de Rosas, las mismas víctimas que se dicen, ni las que pueden ser tachadas de complicidad en los delitos... No hay que esperar moderación cuando el furor ocupa el alma..." (General Rosas: Protesta).

El francés Alfred Brossad, que acompañó a conde Walewsky en la misión diplomática de 1847, como no podía ser de otra manera, criticó a la enseñanza rosista. Entre las críticas que formuló, dice que una de las cuestiones más largamente tratadas en el programa de geografía fuera la siguiente: “Demostración de los derechos perfectos de la Confederación Agentina sobre Paraguay, sobre la costa patagónica y las islas Malvinas; derechos injustamente rebatidos y desconocidos por las potencias europeas”

El francés criticaba a la educación rosita por enseñar precisamente lo que nunca debió dejarse de enseñar. No se puede Discutir a Rosas. Los libertarios saben que es una batalla perdida de antemano.....

martes, 23 de abril de 2013

Alberdi contra Mitre y el centralismo porteño

Por el Ingeniero Leonardo Castagnino

Respecto a la política mitrista y el centralismo porteño, nos deja Juan Bautista Alberdi una página significativa:

“El que entregó la provincia de Corrientes –dice Alberdi refiriéndose a Mitre- a los brasileros para que la empelaran como una batería contra Paraguay, es en efecto el que ha traído a los paraguayos al suelo argentino.
“¿Cuál es la unión que el patriotismo del general Mitre evita con el mayor cuidado en medio de la crisis actual? La unión de los argentinos en el goce de la renta de diez millones, que todos ellos en su Aduana de Buenos Aires. El frenesí de amor por la República Argentina no va a devolverles sus diez millones de pesos fuertes.
“La unión decantada deja en pie toda la acusa de la guerra civil de cincuenta años, a saber, la renta de las catorce provincias invertida en la sola provincia de Buenos Aires. “En lugar de unir dos países se han contentado con unir dos hombres. Esto se ha llamado recoger el fruto de una gran política, es decir, que Urquiza deshaga ahora su propia obra.

Con la frase “recoger el fruto de una gran política”, se refiere Alberdi a la capitulación de Urquiza en Pavón, tras lo cual se recluye en su estancia entrerriana mientras el mitrismo arrasa con las demás provincias del interior.

“La unión del general Urquiza con el general Mitre –prosigue Alberdi-, en efecto no impide que el presupuesto provincial de Buenos Aires, de valor de diez millones de duros, prosigue en plena unión, garantizándose y pagándose con los diez millones en que consiste la renta total de las provincias, aún después de los cinco años que asignó a esa garantía el Convenio de noviembre de 1869.

“¿Qué hace a este respecto el patriotismo del general Mitre? En lugar de devolver a las provincias sus diez millones de duros se los deja a Buenos Aires, y envía al señor Riestra a Londres a buscar diez millones prestados, por cuenta de las provincias, bien entendido, para hacer a guerra al Paraguay; es decir, para desarmar a la Nación Argentina del único aliado que puede ayudarla un día a reivindicar los diez millones que Buenos Aires prometió devolverle en el Convenio de unión, de que se hizo garante el Paraguay, y que en vez de devolver aspira a retener toda la vida, como los retendrá indudablemente mientras la ciudad y el puerto de Buenos Aires sean propiedad de la provincia y no de la nación, conforme a la Constitución reformada por el patriotismo argentino del general Mitre.


“Es verdaderamente curioso que Buenos Aires, a quien la Nación le tiene prestada toda su renta, por razón de que no le basta su renta local y propia, se abstenga de acudir a un empresario en Londres, y que sea la nación (que no necesita pedir diez millones porque los tiene) la que busca en Londres esos diez millones en lugar de tomar los suyos que le tiene Buenos Aires. “¿Qué hace entretanto el patriotismo argentino de esta provincia? Hace préstamos mensuales a la nación con su propio dinero de ella, a cargo de devolución (sic) y con un moderado interés”

Con este análisis implacable se reivindicaba Alberdi de sus errores pasados.


“La Nación”
El diario “La Nación”, propiedad de Mitre, llama a Alberdi “traidor”, “sicario” y “renegado” mientras Sarmiento lo calumnia de estar “a sueldo de Solano López”.

Alberdi, atacado en su patriotismo, le arrojó este certero dardo a la cara de Mitre, el antiguo artillero de Caseros:

“Si al menos hubiera yo tomado una escarapela, una espada, una bandera de otro país, para hacer oposición al Gobierno del mío -dice Alberdi-, como en Monte Caseros lo hizo otro Argentino contra Buenos Aires, con la escarapela Oriental, como oficial Oriental, bajo la bandera oriental y alineado con los soldados de brasil…”.

El destinatario no podía ser otro que Mitre, el artillero de Caseros.


“¿Podrá extrañar al lector –se pregunta la pluma filosa de Abelardo Ramos- que cuando los ejemplares de ese ensayo revelador llegaron a Buenos Aires, centro de la historia bélica del mitrismo, el gobierno adquiriese todos los ejemplares de una sola vez, para sacarlo de circulación? ¡Y al prole de Mitre aburre al país desde hace 80 años perorando cínicamente sobre la ‘libertad de pensamiento´”.(Ramos Abelardo. Revolución y contrarrevolución en la argentina. p.180)


Fuentes:

- Ramos Abelardo. Revolución y contrarrevolución en la argentina.

martes, 16 de abril de 2013

Alberdi y la guerra del Paraguay

Por el Profesor Jbismarck

Se cumplen 200 años del nacimiento de uno de los intelectuales más brillantes y discutidos de la Historia Argentina: Juan Bautista Alberdi. Vamos a hacer referencia a un aspecto no tan conocido de su pensamiento: el referente a una de las páginas más tristes de la Historia Americana: la llamada “Guerra del Paraguay”.

El 29 de agosto de 1810 nacía en San Miguel del Tucumán Juan Bautista Alberdi, hijo de Salvador de Alberdi, comerciante próspero de la región y vecino respetable, y de Josefa de Aráoz, quien pertenecía a una familia tradicional y aristocrática del noroeste argentino. A los pocos meses del nacimiento de Juan Bautista muere su madre, y cuando él tiene 10 años, su padre. Recibe la instrucción primaria en una de las escuelas que Belgrano donara a su provincia natal y luego estudiará Derecho en la Universidad de Buenos Aires.
A los 25 años Juan Bautista Alberdi, formaba parte de Asociación de Mayo; jóvenes románticos, idealistas y liberales, obnubilados por las nuevas corrientes filosóficas y encandilados los “las luces” de Europa, creen poder convencer al Restaurador Rosas de sus ideas. Alberdi lo llama “el Gran Rosas”. Pronto, al ver que Rosas no está en camino de aplicar las libertades ni filosofías de la Revolución Francesa, serán sus enemigos. Alberdi publica artículos en “La Moda” de crítica costumbrista, con el seudónimo de Figarillo. Este grupo de jóvenes afrancesados se sienten en cierta forma amenazados y Alberdi, temeroso, pide audiencia a Rosas: “Más tolerante que sus consejeros, me dispensó de ella, mandándome palabras calmantes por medio de Mariño” confesará Alberdi. Emigrado en Montevideo (1838), junto a otros jóvenes se dedicará a combatir a Rosas. Alberdi reconoce que emigran espontáneamente, sin ofensas ni odios y sin motivos personales, y solo por combatir la “Dictadura”. Desde “El Nacional” predica la alianza entre los emigrados y la escuadra francesa que bloquea y ataca. A la confederación. Cuales son los argumentos: “nosotros no somos hijos de nuestra tierra sino de la Humanidad” (…) “para los espíritus vastos y serios que saben no estacionarse en el círculo estrecho de la Nación, la patria es la Humanidad“.dice Alberdi. En 1847 desde Chile, publica “La Republica Argentina luego de 37 años después de la revolución de Mayo” donde dice…. “Rosas es un mal y un remedio a la vez”… “Bolívar no ocupó tanto el mundo con su nombre como el actual gobernador de Buenos Aires” … “el nombre de Washington es adorado en el mundo, pero no más conocido”… “los Estados Unidos, a pesar de su celeridad, no tienen hoy un hombre público más expectable que el General Rosas”… “se habla de él popularmente de un cabo al otro de América”… “no hay lugar en el mundo donde se ignore su nombre…” “Cual es la celeridad parlamentaria de esta época que no se haya ocupado de él”… “A pesar de ser un enemigo político de Rosas, honestamente…” “Si se pidiesen títulos de Rosas a la nacionalidad Argentina, yo contribuiría con un sacrificio no pequeño al logro de su rescate”…. “El primer partido de América que haya repelido a los estados de Europa, es el de Rosas”.
A la caída de Rosas surgen las disensiones entre los emigrados Las intenciones constituyentes de Urquiza pondrán en funcionamiento el genio de Alberdi, dando origen a las Bases y puntos de partida para la organización nacional. La lucha política no atrae a Alberdi; pero se convierte en un decidido defensor de la política urquicista. En 1854 Urquiza es designado presidente de la República y Alberdi es nombrado encargado de negocios ante los gobiernos de Francia, Inglaterra y España. Sin hacer escala en Buenos Aires, se embarca para Europa a bordo del “Lima”. El gobierno de Mitre lo remueve de su cartera diplomática. Publica en 1869 una serie de folletos denunciando el carácter de la guerra, reunidos bajo el título “EL CRIMEN DE LA GUERRA”
En 1863 una revolu­ción fraguada en Uruguay contra el presidente uruguayo Pereyra (Blanco) por el coronel Venancio Flores (colorado), que había formado en las filas de los liberales mitristas que avasalla­ron el interior argentino, le dio ocasión al imperio de Brasil para algo de mayor alcance. El gobierno paraguayo solicitado por el de Mon­tevideo en sus apuros, intervino en el conflicto ante la amenaza que para el equilibrio de la Amé­rica Austral, comportaba la descarada intromisión imperial Brasileña en el Plata. Lo cierto es que el Paraguay de Francisco Solano López resistió durante cinco años a la Argentina de los liberales mitristas, al Uruguay de Venancio Flores y al Imperio del Brasil en la denominada “Guerra de la triple alianza” que algunos historiadores llaman de la “Triple Infamia”

Estos le llevaron guerra de exterminio. Esa guerra que resultó de la injerencia argen­tino-brasileña en el Uruguay; se inició con el bom­bardeo de Paysandú por la escuadra imperial, mandada por el almirante Tamandaré el 2 de ene­ro de 1865.

El asedio de la plaza por los revolucionados orientales en tierra y por los marinos brasileños en el agua, duró tanto que los pertre­chos de guerra de la escuadra imperial se agotaron. Y entonces el arsenal de Buenos Aires suministró las bombas que faltaban a los atacantes para con­tinuar el bombardeo. Mostrando su beligerancia.

Solano López (Presidente Paraguayo) solicitó permiso para cruzar territorio correntino y atacar la ciudad Brasileña de Uruguayana; Mitre le contesta que no porque ÄRGENTINA ERA NEUTRAL” entonces Solano López ataca a Corrientes (previa de­claración de guerra) el 13 de abril de 1865; Provincias enteras se mostraban apáticas ante este ataque.

El gobierno nacional debió constantemente dis­traer tropas del ejército en guerra con el Paraguay, a cuidar su retaguardia en el interior. En la lucha fratricida las fuerzas de los dos países her­manos (Argentina y Paraguay) hicieron prodigios de valor y de heroísmo sin ninguna ventaja para ninguno de ellos, sino únicamente para el Brasil,

Mitre, aliado a Brasil y al gobierno impuesto por este, declarara la Guerra al Paraguay, como de costumbre, con frases célebres: “Tres días en los cuarteles, tres semanas en campaña, tres meses en Asunción”. La guerra duraría cinco penosos años, y Mitre, como no podía ser menos, fue general de todos los ejércitos. No gana ni una batalla y los brasileros lo reemplazan. Una guerra injusta, un genocidio del pueblo paraguayo.

Muchos se opusieron a esa guerra infame, entre otros el autor del Martín Fierro, José Hernández y Juan Bautista Alberdi….éste entabla con Mitre una agria polémica publica en la que entre otras cosas, refiriéndose al propio Mitre, le enrostró la siguiente frase: “Si al menos hubiera yo tomado una escarapela, una espadas, una bandera de otro país, para hacer oposición al Gobierno del mío, como en Monte Caseros lo hizo otro Argentino contra Buenos Aires, con la escarapela Oriental, como oficial Oriental, bajo la bandera oriental y alienado con los soldados de brasil..” y opinando luego además sobre la política del mitrismo agrega: “Para gobernar a la República Argentina vencida, sometida, enemiga, la alianza del Brasil era una parte esencial de la organización Mitre-Sarmiento; para dar a esa alianza de gobierno interior un pretexto internacional, la guerra al Estado Oriental y al Paraguay, viene a ser una necesidad de política interior; para justificar una guerra al mejor gobierno que haya tenido el Paraguay, era necesario encontrar abominables y monstruosos esos dos gobiernos; y López y Berro han sido víctimas de la lógica del crimen de sus adversarios”. (Juan Bautista Alberdi)

“En nombre de la libertad y con pretensiones de servirla, nuestros liberales, Mitre, Sarmiento y Cía., han establecido un despotismo turco en la historia, en la política abstracta, en la leyenda, en la biografía de los argentinos. Sobre la revolución de Mayo, sobre la guerra de la independencia, sobre sus batallas, sobre sus guerras ellos tienen un Alcorán, que es de ley aceptar, creer, profesar, so pena de excomunión por el crimen de barbarie y caudillaje”

Juan Bautista Aberdi al hacer referencia a los Empréstitos y negociados para reconstruir el Paraguay luego de la guerra dice que “los empréstitos paraguayos tuvieron inspiraciones extranjeras al Paraguay”. Alberdi ve claramente esos episodios de vasallaje y extorsión financiera sobre Paraguay, y señaló los empréstitos como “un entuerto que por su origen e inspiración no fue paraguayo, sino exótico, y surgido desde fuera por gentes afiliadas desde mucho antes en la obra de destruir Paraguay, en el interés de un poder que aspira a absorberlo todo después de arrasado”, y dirá con razón: “López no dejó deuda exterior paraguaya. La tiranía no pensaba como el liberalismo de sus adversarios que han probado su ´patriotismo´ endeudando a su país en millones que su tesoro escaso no puede pagar. Hechos después de la guerra y como consecuencia suya, se diría que esos empréstitos han sido una prosecución de la campaña contra ese país, al coincidir sus efectos y condiciones desastrosas y el papel de sus inspiradores durante la celebre contienda”

“Toda la prensa del General Mitre - escribió Alberdi - ha recibido la consigna de imputarme el folleto titulado “Les dissensions des Républiques de La Plata er les machinactions du Brasil”, como un acto de traición…Que el folleto precitado sea o no mío, es cuestión de poca monta, desde que todas sus ideas me pertenecen” (Alberdi: Los intereses argentinos en la guerra)
La campaña de los “liberales Mitre y Sarmiento” siguió personalizándose en Alberdi porque su voz era la mas respetable y resonante de todas las que habían logrado sucumbir de esa hecatombe.
El ilustre pensador no dejó de presentarles batalla. En 1867 sintetizaba la esencia del problema: “Luego yo he sido atacado esta vez, no por defender al Paraguay, sino por defensor de la República Argentina; no por aparaguayado como se dice en Buenos Aires, sino por argentino; es el patriotismo nacional argentino bien entendido”
Todavía en 1879, en conversación que tuvo en Paris con el doctor Ernesto Quesada, Alberdi le decía:
“Para consolidar tal ´Redención´ y uniformar el país en ese sentido, los hombres de Buenos Aires se enfeudaron a la política brasilera, y fomentaron la revolución Oriental de Flores, el escándalo de Paysandú y terminaron con el tratado de la triple alianza para arrasar al Paraguay y obligar a las provincias, so capa de la guerra internacional y merced al estad de sitio, a someterse a la política porteña. Consideré tal guerra como el más funesto error histórico y la mayor calamidad para nuestra nacionalidad: por eso la combatí desde el extranjero, como lo hicieron Guido Spano y la mismo Navarro Viola, que como verdadero patriota, debía mostrar a nuestras provincias el abismo que conducía tan monstruosa guerra, contraria a los intereses verdaderos de Plata y que solo serviría al Brasil para debilitar a sus linderos del Sud, consolidar su influencia agresivamente imperialista y legalizar sus usurpaciones territoriales…”( Entrevista celebrada en Paria, el 6 de junio de 1879. Quesada: La figura histórica de Alberdi)
La estadía de Alberdi en Buenos Aires no po­día ser pacifica. Su sola presencia era un factor de beligerancia. Cuando el Presidente Julio A. Roca, admirador confeso del padre de la Consti­tución, envió un mensaje al Congreso (14 de no­viembre de 1880) solicitando una edición de las obras de Alberdi, Mitre y “La Nación” declararon abiertamente la guerra contra lo que constituía la reivindicación oficial de sus ideas sobre la or­ganización nacional, sobre la guerra del Para­guay y otros tantos temas.
Los mitristas habrían de oponerse también al nombramiento de Alber­di como representante diplomático en París, ne­gando al Presidente Roca el acuerdo del Senado.
El 8 de agosto de 1881, enfermo y amargado, Alberdi volvió a Europa, embarcándose en el Equateur. Roca lo nombró ministro en Chile, pe­ro la enfermedad de Alberdi, agravada su viaje a Europa, le Impedirla ya definitivamen­te regresar.
Su misión en la patria estaba cumplida. La patria le daba un mezquino agradecimiento para remediar sus angustias económicas: el Presidente Roca lo nom­bró Comisario de Inmigración, y aún el Congre­so le acordó una pensión. No era mucho; pero si mucho mas que lo que dio a otros grandes hom­bres. Murió en Nueilly-Sur-Seine, cerca de París, el 19 de junio de 1884.
Sus restos fueron repatriados en 1889 y descansan en la Casa de Gobierno de la provincia de Tucumán.
Bibliografía:
García Mellid, Atilio ”Proceso a los Falsificadores de la Guerra del Paraguay“
García Mellad, Atilio “Proceso al liberalismo Argentino”
“La Gazeta”.com
Quesada Ernesto “La figura histórica de Alberdi”
Rosa, José María “Historia Argentina”
Rosa, José María “La Guerra del Paraguay y las montoneras Argentinas”

La Comandancia del Cuartel General de Los Santos Lugares 1840 - 170 años de su fundación - 2010


POR EL DR. CARLOS A. DE SANTIS
Los acontecimientos civiles y militares desarrollados en nuestro país, fueron innumerables y muchos con un mismo objetivo: independizar nuestro territorio y sostener nuestra soberanía. Ello, no se logra con una simple reunión de cabildantes o una suma de voluntades escritas en un papel, sino con hechos concretos, que sucedieron mucho antes del 25 de mayo de 1810 y que continúan aún en nuestros días. Cuando hablamos de historia, debemos tener en cuenta que "repensamos los acontecimientos sucedidos en el pasado", que por supuesto no hemos vivido; y para transmitir los mismos a otras personas con clara honestidad y verdad histórica, debemos valernos de fuentes escritas por hombres probos y sinceros, caso contrario estaríamos expresando verdades a medias, ímprobas y falsas. En ese camino, también debemos comprobar que el historiador del cual nosotros tomamos los conocimientos del pasado, haya realizado las pesquisas suficientes, para afirmar y trasmitir su relato. Es decir, haber recurrido a los antecedentes idóneos para sostener su dictamen, y la suficiente adecuación a un método histórico con aportes suficientes y necesarios de las ciencias auxiliares como la antropología, la sociología, etc. En su defecto u omisión, estaríamos novelando el pasado, interpretando erróneamente el presente y planificando el futuro falaz. Uno de esos actos concretos para la defensa de nuestro territorio soberano e independiente, sosteniendo con las acciones las ideas de mayo y del 9 de Julio de 1816, fue la creación hace 170 años (1840) del Cuartel Gral de los Santos Lugares de Rosas. El historial desarrollado en el primitivo pago de los Santos Lugares de Rosas anteriormente llamado el Pago de la Virgen, o terrenos de la Merced, fue muy importante. Allí se desarrollaron muchos acontecimientos, entre los cuales podemos mencionar: la Posta que sirvió de albergue en 1813 a los ejércitos patriotas del Libertador San Martín y sus granaderos a caballo; en 1816 se estableció el Cuartel de los Chacareros al mando del comandante Conejo y Amores; se radicaron las congregaciones de los Padres Franciscanos y Mercedarios; el 1º de agosto de 1806 se produjo el Combate de Perdriel; en 1821 se establece el Correo Nacional de Campaña; en 1823 se crea la escuela Pública para varones de los Santos Lugares; en 1825 se funda la parroquia bajo el patrocinio de "Jesús Amoroso"; el día 10 de diciembre de 1824, en la chacra Pueyrredón, (actual "Museo Histórico José Hernández") nace nuestro inmortal periodista, poeta, escritor, político y soldado de la Confederación Argentina: Don José Hernández; el 25 de marzo de 1836 se funda el pueblo "Santos Lugares de Rosas". En el orden nacional, a partir del año 1838 se presentaron severas amenazas para la estabilidad del gobierno y la integridad territorial de la Confederación Argentina, que inquietaron al pueblo y sus autoridades y que pusieron en peligro la soberanía nacional (recordemos que Rosas fue gobernador de Buenos Aires, a cargo de las relaciones exteriores de la Confederación desde 6 de diciembre de 1829 hasta 1832 y del 7 de marzo 1835 al 3 de febrero de 1852). Es decir que Rosas, en las circunstancias descriptas estaba ejerciendosu segundo mandato de gobierno. En ese contexto, a los fines de poder ubicarnos con precisión histórica, podemos citar algunas circunstancias que nos describen la situación imperante en ese momento:
a) El bloqueo del Rio de la Plata por la escuadra Francesa.
b) La invasión de Juan Galo Lavalle. Los expatriados unitarios en Montevideo y el general Fructuoso Rivera que había usurpado el gobierno de la Banda Oriental a su legítimo presidente el general Oribe, aprovecharon la presencia de las fuerzas francesas, arman los ejércitos que al mando de éste y de Lavalle invadirían el litoral argentino a partir de 1839 (Primera Coalición de fuerzas unitarias-extranjeras).
c) La agresión del mariscal Santa Cruz: las pretensiones expansionistas impulsadas por el dictador de la Confederación Peruano-Boliviana, mariscal Santa Cruz, precipitan la guerra librada contra la Argentina y Chile.
d) La Rebelión de los Hacendados: en el año 1839, en el sur estalla la rebelión de un grupo de hacendados de las zonas de Dolores y Chascomús, en combinación con Lavalle y el apoyo de las fuerzas francesas.
e) La conspiración de Maza en Buenos Aires.
f) La sublevación de Berón de Astrada.
g) La Coalición del Norte: en el año 1840, las aciagas secuelas, fueron con epicentro en Tucumán, el levantamiento unitario conocido como "Coalición del Norte", con el asesinato del gobernador federal Heredia y la simultánea invasión de la provincia de Buenos Aires por el ejército de Lavalle apoyado por la escuadra francesa. Todo esto no hacía otra cosa que confirmar aquel sonado "plan de sangre y escándalo" denunciado por el ministro argentino en Londres a fines de 1834 y que comenzara, en la práctica, con el asesinato de Facundo Quiroga en 1835. En esta situación, el entonces gobernador de Buenos Aires y encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina, brigadier general Don Juan Manuel de Rosas, se ve obligado a adoptar extraordinarias medidas de defensa y a retomar también la iniciativa,comenzando entre otras disposiciones por estructurar un fuerte asentamiento de instrucción,rearme, remonta y reclutamiento permanente del Ejército. El lugar estratégico Ante el avance de Lavalle con 2500 soldados veteranos bien armados y apoyado por las fuerzas francesas, Rosas manifestó: "El hombre se nos viene y lo peor es que se nos viene sin que podamos detenerlo". Analizada la situación, y compenetrado de la gravedad de la situación, Rosas imparte órdenes
a las unidades y guarniciones para concentrarlas en un determinado punto estratégico, que sería el antiguo pago de los Santos Lugares, que el gobernador conocía desde hacía años. El sitio mencionado, era un incipiente pueblo de campaña con posta y cruce de caminos hacia el norte y el oeste del país; y en el cual existían dos grandes construcciones -una de las cuales había sido utilizada como cuartelque estaban a disposición del gobierno, desde las expropiaciones realizadas por Bernardino Rivadavia, (Padres Mercedarios) con motivo de la "reforma eclesiástica". El 16 de agosto de 1840 las fuerzas militares de la Confederación Argentina se instalan en "Los Santos Lugares de Rosas" (Hoy Gral. San Martín), y Rosas asume personalmente la conducción de la comandancia; previo a ello, delega el mando gubernativo de Buenos Aires a su ministro Dr. Felipe Arana. En dicho campamento se convocó a las milicias rurales del sur que debería reunirse con los veteranos (parte de los batallones Guardia Argentina,Serenos y piquetes de vigilantes) y algunos Cívicos de la ciudad. La estrategia planificada era la de encerrar al -autodenominado- ejército libertador entre las tropas de la confederación,las milicias de Garretón en San Nicolás, las de Pacheco en Salto, y las de Vicente González en Monte. Asimismo, ante un posible desembarco de las tropas francesas en el sur, ordenó a Prudencio Rosas a cubrir con sus tropas las zonas de Quilmes, Ensenada y Magdalena. La defensa de Buenos Aires quedó a cargo de Mansilla, Soler y Ruiz Huidobro con la mayor parte de los Cívicos. Asimismo se planificó la defensa de la Plaza de la Victoria y la Sociedad Restauradora (La Mazorca) organizó cantones en los balcones en el norte y oeste de la ciudad, en La Recoleta y la Quinta de Lorea. En breves días de la llegada del brigadier a Los Santos Lugares o Chacra de Caseros, se adaptaron las edificaciones existentes, se construyeron barracas, reparos para tropas, corrales para las caballadas, se preparó el arsenal y se acumuló armas, pólvoras, y cañones. También se continuó con la plantación de arboles frutales, el sembrado y cosecha de trigo, la elaboración del pan, que mediante carretas tiradas por bueyes, se entregaban en pulperías, tahonas y en diversas ciudades, incluso Buenos Aires. Asimismo se continuó el sembrado y almacenamiento de alfalfa para alimento de caballos y bueyes. Rosas, previa evaluación eligió personalmente a los oficiales, suboficiales y su estado mayor, supervisando la instrucción de los reclutas y los trabajos generales de la Comandancia. En poco tiempo había conseguido reunir 5.000 hombres de caballería bien montados y disciplinados, además de sumar una artillería e infantería significativas. También designó como jefe-encargado de dicho campamento al sargento mayor don Antonino Reyes. En ese camino, y con la prontitud el caso, mandó construir habitaciones adecuadas para su alojamiento, debido al prolongado tiempo de debería permanecer en el mencionado cuartel general. Estas instalaciones quedaron ubicadas como a cien varas al norte de los edificios del cuartel. Las principales construcciones que utiliza Rosas, componen el único edificio que perduró intacto y al que con el tiempo - antes y después de Caseros- la denominaron "Casa de Rosas". La instalación del cuartel posibilitó el crecimiento poblacional del lugar y una multiciplicidad de actividades, como nuevos asentamientos humanos, locales comerciales, pulperías, etc. El nuevo campamento fue el más importante centro militar de la Confederación Argentina. En el mismo se realizaba el reclutamiento y la instrucción; fue arsenal y taller general del ejército federal. El edificio principal consistía en lo que había sido la capilla de los padres mercedarios, a la cual se le denominaba "La Crujia", en virtud que la misma tenía un pasillo o corredor largo que daba acceso en ambos lados del mismo, a las habitaciones donde los sacerdotes realizaban su retiros espirituales. La entrada al campamento era por la actual Avda. Pte. Perón y Ayacucho, continuado por un largo camino que llegaba al centro de la Comandancia, rodeados de arboles y prados, con similitud a las plantaciones del denominado "Caserón de Rosas" ubicado en San Benito de Palermo. Las edificaciones podemos describirlas a grandes rasgos, con más de veinte habitaciones para alojamiento de las tropas, oficiales, maestranzas, depósitos, capilla y cárcel. Tenía tres patios, que se comunicaban mediante un pasadizo, donde se encontraban las habitaciones de los jefes y oficiales, la capilla y la guardia. En el segundo patio se encontraban las cuadras de las tropas y al otro costado el sector de maestranza, y a varios metros al fondo los calabozos y el arsenal. El tercer patio era el de las ejecuciones. La casa para alojamiento de Rosas estaba integrada por dos grandes habitaciones, una como de diez varas de largo, con una estufa en la pared y otro como aposento, con puerta vidriada en medio de ambas. Toda la construcción en material cocido, con paredes dobles circunvaladas por un corredor sostenido por pilares de patina y bajo cerco de pared francesa, con dos portones, uno al sur y otro al norte. Se proveía de agua mediante su extracción del pozo de balde. Integraban asimismo el mencionado alojamiento, un aparte para oficina, ranchos, galpones, cocina y hornos. José Ramos Mejía en su libro "Rosas y su tiempo" manifiesta: "Santos Lugares parecía una pequeña ciudad industrial. Aproximadamente seis mil hombres habría allí, a la par de los soldados, obreros, mecánicos y aprendices. Grupos numerosos de mujeres condenadas por delitos correccionales, las esposas y queridas de la tropa ocupándose en trabajos de sastrería y costura, bajo la dirección de un gallego Callegas, asmático y por ende renegón… La carpintería era dirigida por un obrero de San Fernando Nogueiras de apellido; y la herrería por Lobatón cuya especialidad eran los grillos gruesos y pesados y largas moharras pampas flamígeras de las lanzas federales. Bonifacio Doistua, un asturiano silencioso y de gigante estatura, sargento del famoso batallón "Nueva Creación", al mando de Antonino Reyes, era un armero muy trabajador, y se esmeraba para transformar la vieja y desvencijada tercerola, enviada por el comandante de campaña, en un perfecto instrumento de guerra…. En ningún campamento o juzgado se utilizaba un objeto sin venir a las Usinas de Santos Lugares ….a experimentar su renovación o consagrar su definitiva inutilización. Basta decir que las viejas vainas de sables, las hojas rotas y melladas tenían que pasar por las manos de Doistua, de donde salían convertidas en excelentes machetes para la policía rural o en cuchillos y punzones para usos industriales; sin arte o pretenciosas cinceladas, si se quiere, pero aquella solidez y fidelidad que era lo único que le exigía Rosas”. En esta histórica Comandancia de la Confederación, no solo se vivieron acontecimientos de carácter provincial y nacional, sino otros que trascendieron el plano internacional; entre varias podemos citar, el 31 de octubre año 1840, el acto de ratificación de la Convención denominada "Arana-Mackau" entre Francia y el gobierno de la Provincia de Buenos Aires (encargado de la Relaciones Exteriores de la Confederación) como también la visita en varias oportunidades de destacadas personalidades civiles, militares y diplomáticas, como fue la excursión realizada a Santos Lugares por Lord Howden en compañía de Manuelita Rosas y gran comitiva. Instalado en la Comandancia, Rosas proveyó el abastecimiento de provisiones de guerra y alimentos a dos ejércitos: el de Operaciones de Echague y el de Vanguardia de Oribe (presidente legal de la República Oriental) y ordenaba los movimientos como director general de la Guerra. Asimismo, albergó en sus calabozos al ex sacerdote L. Gutiérrez y su amante Camila O´Gorman, en los días previos a su fusilamiento, el día 18 de agosto de 1848. La orden la impartió Rosas previa consulta a los distinguidos juristas de la época: Dalmasio Vélez Sarsfield Lorenzo Torres y Baldomero García; las opiniones y el veredicto se basaron en el Fuero Juzgo, el código gregoriano y las leyes recopiladas de Indias. Fue un delito privado, no político, juzgado por las leyes de entonces, deformado en sus principios, como otros tantos, por los enemigos de Rosas. Podemos rescatar de la historia, que la denominada Guerra del Paraná (1845), el 1 de enero de 1846 Tonelero y Acevedo (Barrancas), el día 9 de enero San Lorenzo y el 2 de abril la batalla del Quebracho, fue dirigida por Rosas desde este cuartel general. En el año 1852, la derrota del ejército de la Confederación Argentina, en la batalla de Caseros, por la Alianza de Urquiza con el ejercito del Imperio del Brasil, cambia el rumbo de la historia argentina y el proyecto de país. En consecuencia, la casa es abandonada durante un tiempo, previa ejecución mediante armas de fuego y ser degollados muchos de los oficiales que se encontraban en el cuartel, por las fuerzas del ejercito invasor. Las división brasileña al mando del Marquez de Souza acampa en el cuartel de los Santos Lugares para después continuar con su ingreso triunfal a la Ciudad de Buenos Aires de la mano de Justo José de Urquiza. Para la histórica casa, comenzaba otra etapa de su existencia, que será relatada en la segunda parte de este artículo, que comprende desde el año 1853 hasta nuestros días, con la presencia del actual "Museo Histórico Regional Brig. Gral. Don Juan Manuel de Rosas de Gral. San Martín", y “Las Huellas de la Historia en la Casa de Rosas".

jueves, 11 de abril de 2013

Acerca de la historia Iberoamericana

por Hugo Chumbita*

La comunidad de los países iberoamericanos es una realidad histórica de larga data que se estableció por la conquista, atravesó épocas de resistencia y revolución, sufrió los embates de los imperialismos y hoy ofrece nuevas posibilidades de fructificar.
Vale la pena recapitular algunos momentos de esa historia, que sin duda tiene numerosas enseñanzas para el presente.
Del colonialismo a la revolución. En los comienzos de su aventura colonial en el mundo, España y Portugal, reinos descendientes de la antigua Hispania romana, trazaron la línea de Tordesillas y acordaron repartirse sus espacios de conquista.
La competencia entre los dos reinos no podía estar exenta de fricciones, pero ambas coronas estaban emparentadas y abrigaban contrapuestas ambiciones de unirse, lo cual llegó a consumarse bajo la hegemonía española en 1580, con Felipe II.
La separación posterior de Portugal y su prolongada rivalidad con España, especialmente sensible en la disputa de los territorios sudamericanos, tiene mucho que ver con la ingerencia de Inglaterra, que se convirtió en aliada y garante del imperio portugués para penetrar en sus dominios coloniales.
A comienzos del siglo XIX se rompieron los lazos de dependencia, cuando las guerras europeas crearon las condiciones: la invasión de la península provocó la revolución de las colonias españolas contra la metrópoli; y por otro lado determinó que, al huir la corona portuguesa a Rio de Janeiro, esa dinastía se prolongara en Brasil y articulara una independencia sin revolución.
El precursor Francisco de Miranda, criollo de ascendencia canaria, batalló por la emancipación concibiendo una síntesis de las herencias culturales del nuevo continente con las ideas revolucionarias de su tiempo.
Proyectó unir a todos los países hispanoamericanos en una federación con el nombre de Colombia, y propuso la forma monárquica o republicana cuya cabeza debía ser un inca, adaptando el parlamentarismo europeo en armonía con la tradición andina.
Manuel Belgrano y José de San Martín replantearon más tarde una iniciativa semejante, y Simón Bolívar fue el continuador y ejecutor de los planes de unión continental de Miranda, a pesar de que una trágica desavenencia causó que el precursor fuera prisionero a morir en una cárcel de Cádiz.
¿Era posible mantener la vinculación entre la antigua metrópoli y las repúblicas emancipadas? Los españoles también debieron levantarse en 1808 para luchar por su independencia contra Napoleón, y el inca Dionisio Yupanqui lo advirtió en las Cortes de Cádiz con una sentencia memorable: "un pueblo que oprime a otro no puede ser libre".
San Martín, el cura mexicano Servando Teresa de Mier, el guerrero español Francisco Javier Mina, el fugaz emperador de México Agustín de Iturbide, entre muchos otros, apostaron a un acuerdo con el movimiento constitucionalista de la península, que en 1820 produjo la revolución de Rafael del Riego y el "trienio liberal".
Los patriotas americanos podían encontrar fértiles coincidencias ideológicas con los liberales españoles, aun que ello no resultó viable y en definitiva prevalecieron los resabios imperiales del absolutismo.
Unión y desunión. En 1822, los libertadores acordaron unir a los estados de "la América antes española". Bolívar presidía la gran Colombia (que incluía Venezuela, Ecuador y Panamá) y firmó con el Protectorado de San Martín en Perú y con el Directorio de Bernardo O´Higgins en Chile sendos tratados de Unión, Liga y Confederación Perpetua, comprometiéndose a gestionar la incorporación de las demás repúblicas. El año siguiente se firmó un convenio del mismo tenor con México.

Bolívar no logró que el gobierno rivadaviano de Buenos Aires suscribiera el mismo, sino otro acuerdo limitado a una alianza defensiva.
En esa oportunidad, Rivadavia contrapropuso un plan muy distinto, remitido desde Lisboa, para reunir en Washington otro congreso de "confederación armada contra la Santa Alianza", que integrarían España, Portugal, Grecia y Estados Unidos junto a los países sudamericanos; extraña idea que Bolívar desechó, viendo allí insinuada la hegemonía norteamericana.
El Congreso de Panamá de 1826, convocado por Bolívar para concretar la unión, tropezó con la ostensible aversión estadounidense y la menos visible oposición inglesa, que consideraban como una amenaza el surgimiento de otra potencia, y en particular el proyecto de una operación conjunta para liberar Cuba y Puerto Rico.

Se aprobó un Tratado de Confederación Perpetua que creaba una asamblea periódica de plenipotenciarios, establecía una ciudadanía común y garantizaba la cooperación militar, la seguridad, la independencia y el régimen republicano y democrático de los países miembros. Pero sólo fue ratificado por el Congreso de Colombia, y no entró en vigor.
En la década de 1860, las relaciones de nuestros países con España fueron perturbadas sobre todo por las desafortunadas agresiones colonialistas de la Marina española en México, Perú y Chile, que motivaron como reacción la convocatoria de otros congresos y la proliferación de la red de asociaciones de "la Unión Americana".
A la vez, la política del Imperio Brasileño obraba como una cuña de persistentes hostilidades con las repúblicas del Cono Sur. Bajo los regímenes oligárquicos y la sumisión a la influencia británica o yanqui, los estados del continente se daban la espalda entre sí.
La historia fue cambiando en el siglo XX, a medida que España y Portugal fueron emergiendo de las dictaduras reaccionarias y oscurantistas, y cuando los movimientos democráticos y populares de los países sudamericanos lograron contrarrestar las presiones imperialistas.
Ello permitió abrir otras perspectivas y superar incluso el divorcio con el vecino Brasil. Los vínculos fraternales entre los pueblos nunca desaparecieron.
Hay diferencias de perspectiva muy difíciles de salvar entre el mundo europeo y el mundo americano. Pero hay también una afinidad de lenguaje y un pasado compartido que es necesario asumir, con beneficio de inventario, para que la comunidad iberoamericana sea una relación entre iguales y asegure una venturos a reciprocidad.