Rosas

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lunes, 21 de noviembre de 2016

Jauretche, Rosas y el Revisionismo histórico

Por Marcelo Gullo*


Desde hace algunos años han proliferado historiadores, biógrafos y ensayistas que definiéndose todos ellos, de alguna manera, como admiradores y continuadores del pensamiento de Arturo Jauretche que dieron a luz una copiosa producción de escritos en los cuales, paradójicamente, opinan sobre Juan Manuel de Rosas todo lo contrario de lo que expresara sobre el Restaurador de las Leyes, don Arturo Jauretche durante toda su vida. 
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Los mismos, ubican a Rosas como una expresión más del centralismo porteño, e interpretan la traición de Urquiza que -en momentos en que la Confederación Argentina se encontraba en guerra contra el Imperio esclavista del Brasil- decidió marchar sobre Buenos Aires y no sobre Río de Janeiro – como una reacción de los pueblos del interior contra la hegemonía porteña. Ven a Rosas -a quien San Martín le legara su sable, el sable que lo acompañó en la guerra de la Independencia de España, por considerar que Rosas había combatido una segunda guerra de independencia contra Francia e Inglaterra– como una expresión más de la concepción portuaria de la Patria Chica, como un Rivadavia, vestido de colorado.

 
En esta nueva y curiosa versión de la historia – como en la elaborada por Mitre – la batalla de Caseros tiene un sentido positivo. Rosas, aparece como un unitario disfrazado de federal y la batalla de Caseros, como una importante victoria del campo nacional y popular. Podría tratarse, pensaran algunos, de que estos nuevos historiadores, que se declaran jauretcheanos, tienen apenas una diferencia de matices con el pensamiento de Jauretche. Sin embargo, creemos que estos ensayistas no plantean una simple cuestión de matices sino que, por el contrario, contradicen el nudo o la piedra angular del pensamiento de Jauretche. Podría pensarse también que aun siendo así, esa diferenciación con el pensamiento del maestro, no tiene hoy una mayor relevancia política, que no tiene implicaciones prácticas y que, en nada afecta al presente y futuro de los argentinos y de la Argentina. Creemos, sin embargo, que esta nueva tergiversación de la historia realizada irónicamente en nombre de don Arturo Jauretche – que combatió durante toda su agitada vida intelectual y política contra la falsificación de la historia- tiene una importancia fundamental porque, como enseñara justamente don Arturo, sin el conocimiento de una historia auténtica, es imposible el conocimiento del presente y el desconocimiento de presente lleva implícita la imposibilidad de calcular el futuro. Lo de “ahora” – nunca se cansó de repetir Jauretche- no se puede resolver sin entender, `previamente, “lo de antes”.

Rosas, pivote histórico  Fue el rescate de la figura histórica de Juan Manuel de Rosas – quien fuera el objetivo táctico principal del primer revisionismo histórico- el elemento que le permitió a Jauretche articular, definitiva y sistemáticamente, su pensamiento: “De mí, puedo decir que sólo he integrado mi pensamiento nacional a través del revisionismo, al que llegué tarde. Sólo el conocimiento de la historia verdadera me ha permitido articular piezas que andaban dispersas y no formaban un todo.” [1]


Desde su conversión al revisionismo histórico, Jauretche se convirtió en uno de los más agudos y perseverantes predicadores de ese “revisionismo histórico” y de la reivindicación de la figura del Brigadier Juan Manuel de Rosas. Fruto directo de esa incansable prédica, fue su libro “Política Nacional y Revisionismo histórico”, un texto que Jauretche construyó con los apuntes de dos conferencias que pronunciara en la sede central del Instituto Juan Manuel de Rosas y en la filial “Fuerte Federación” de la ciudad de Junín en la Provincia de Buenos Aires. En dicho libro, Jauretche afirma: “El revisionismo histórico se ha particularizado en un momento de la historia argentina: el que va del año veinte a Caseros, aunque cada vez se extienda más, hacia atrás y hacia adelante. Su pivote ha sido la discusión de la figura de don Juan Manuel de Rosas y su momento. Explicaremos que no podía ser de otra manera porque es figura clave; tan clave, que la falsificación de la historia hubo de hacerse tomándolo como pivote a la inversa. Nada se puede entender sobre esa época ni lo que ocurrió más adelante, sino se trata de entender lo que significó Rosas.” [2]

 


El retorno de la política nacional de la Patria Grande


 En su libro “Ejército y Política” – escrito poco después del derrocamiento del General Juan Domingo Perón el 16 de setiembre de 1955 -, Arturo Jauretche, tratando de explicar el significado histórico de Rosas afirma: “La PATRIA GRANDE resurge por la aparición, en Buenos Aires, de una tendencia opuesta a los directoriales y unitarios, cuya expresión política es Rosas. Esta tendencia, que no se divorcia del pasado hispanoamericano, tiene la concepción política de la PATRIA GRANDE, es celosa del mantenimiento de la extensión, y si bien representa las tendencias predominantes del puerto, comprende la necesidad de una conciliación con los intereses del interior y representa los primeros pasos industrializados del país, en la economía precapitalista del saladero, que es propia.”[3]

Más adelante en el tiempo, en su libro “Política Nacional y Revisionismo histórico” – al que ya hemos hecho referencia -, Jauretche le contesta a aquellos historiadores que, para negar la figura de Rosas argumentan que el Restaurador mantuvo tercamente en sus manos el control de la Aduana tal como habían hecho antes los unitarios y que la verdadera figura que expresó el federalismo, por aquellos días , fue el gobernador de Corrientes, Pedro Ferré, que: “La necesidad de mantener la aduana para conservar el poder unificador que exigía la permanente guerra internacional, como garantía del orden en peligro, es cosa que se olvida, se le impuso cualquiera fueran sus puntos de vista teóricos. Anótese en cambio la ley de aduanas que significó la defensa de la industria del interior, que reverdeció bajo su influencia restableciendo el trabajo estable y organizado en las provincias. Se pretende reeditar un viejo argumento falsificador, presentando a Rosas como a un unitario vestido de colorado, para lo que es necesario aceptar que los cándidos federales se engañaban. Por el contrario éstos eran políticos realistas; tal vez para ellos Rosas no fuera lo más federal pero era lo más aproximado a un federal que podía dar Buenos Aires, pues la opción eran los rivadavianos y sus continuadores. Es cierto que un antirrosista, Don Pedro Ferré, intelectualmente era el federal más profundo, pero éste, en los hechos, actuó siempre a favor de los unitarios, y en política son los hechos y no las ideas abstractas, los que valen.”[4]

Y, como precisamente son los hechos los que valen, por aquello de que la única verdad es la realidad, conviene, en este momento de nuestra argumentación, realizar una breve reseña histórica del gobierno de Juan Manuel de Rosas para poder situar, en su real dimensión, las afirmaciones realizadas por Jauretche sobre Rosas y su gobierno.


La insubordinación ideológica de 1830 y la Ley de Aduana de 1835


El primer gobierno de Rosas fue una época de salarios altos donde la economía creció más que la disponibilidad de mano de obra pero, no rompió con el esquema de libre comercio heredado de la época colonial borbónica y de los primeros gobiernos autónomos que se sucedieron a partir de 1810.[5]

Rosas, en su primer gobierno, no supo, no quiso, o no pudo, manifestarse en contradel libre comercio. Sin embargo, esta posición pro-librecambista, cambiaría radicalmente cuando fuera nuevamente elegido, por una amplia mayoría popular, para ejercer un segundo mandato.[6]

En los primeros años de la década de 1830, comienza una asombrosa Insubordinación Ideológica, que rechazará al liberalismo económico y su doctrina del libre comercio, identificándola como una ideología de dominación al servicio de los intereses británicos. En 1831, en ocasión de discutirse el Pacto Federal, Pedro Ferré planteó la necesidad de una política aduanera proteccionista. El diputado por Corrientes Manuel Leiva – partidario de la reunión de un Congreso Constituyente que estableciera el proteccionismo económico y la nacionalización de la Aduana de Buenos Aires – escribe una carta al catamarqueño Tadeo Acuña que será publicada en todas las provincias y hará doctrina. En ella, afirma Leiva: “Buenos Aires es quien únicamente resiste a la formación del Congreso porque pierde el manejo de nuestro tesoro con que nos ha hecho la guerra y se cortará el comercio de extranjería que es el que más le produce…los provincianos debemos trabajar en sentido contrario a ellos para que nuestro tesoro nos pertenezca y para oponer trabas a ese comercio que insume nuestros caudales, ha muerto nuestra industria y nos ha reducido a una miseria espantosa.”[7]

La carta de Leiva a Acuña, vía Facundo Quiroga, llegó rápidamente a las manos de Juan Manuel de Rosas. Paulatinamente, la polémica proteccionismo-librecambio se fue agudizando y caldeando los ánimos de los intelectuales y de la mayoría de la población delasProvincias Unidas. La discusión llega a su punto más alto cuando los amigos de Ferré, publican un folleto anónimo abiertamente anti-librecambista en el que se sostiene: “El proteccionismo resolvería indudablemente muchos de los problemas que afligen al país. Abriría nuevos campos de acción a la actividad económica y proporcionaría trabajo a obreros de ambo sexos. Esa fue al menos la experiencia de Corrientes. Esta provincia solía importar azúcar; ahora el azúcar se produce y elabora en su territorio, y la provincia mejoró su balanza de comercio en cerca de $ 80.000…Este resultado prueba el beneficio que recibiría la provincia de Cuyo, si la nación cerrase la entrada de los vinos y aguardientes extranjeros…El hecho es que la Argentina, después de un régimen de comercio libre de más de veinte años, se halla ahora dirigida por un puñado de extranjeros. Si el proteccionismo diera como resultado el desplazamiento de los comerciantes extranjeros de sus posesiones de preeminencia, el país se podría felicitar por haber dado el primer paso para recuperar la independencia económica…La nación no puede vivir sin las restricciones que pueden desarrollar su industria.”[8]

Minada la firmeza de la doctrina liberal por la Insubordinación Ideológica protagonizada por Ferré, Leiva, Marín y otros hombres representativos de las provincias, una ascendente ola a favor de la instauración del proteccionismo económico, partió de los artesanos y fabricantes, que fueron acompañados en sus demandas, por numerosos intelectuales de las clases medias.

La Ley de Aduanas y el comienzo de la Insubordinación Fundante


La protesta generalizada contra el liberalismo económico tuvo amplio eco en La Legislatura de la Provincia de Buenos Aires. Fue entonces que el Gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, se decidió por la instauración definitiva del proteccionismo económico. El 18 de diciembre de 1835, después de 25 años de aplicación radical del libre comercio, se sanciona la Ley de Aduanas.[9] La conversión de Rosas al proteccionismo se define “sin cortapisas”. En el mensaje del 31 de diciembre del año 1835, refiriéndose a la nueva ley, sostiene: “Largo tiempo hacía que la agricultura y la naciente industria fabril del país se resentían de la falta de protección, y que la clase media de nuestra población, que por cortedad de sus capitales no puede entrar en empleos de ganadería, carecía de gran estímulo al trabajo que producen las fundadas esperanzas de adquirir con él, medios de descanso en la ancianidad y de fomento de sus hijos. El gobierno ha tomado este asunto en consideración, y notando que la agricultura e industria extranjera impiden esas útiles esperanzas, sin que por ello reporten ventajas en la forma y calidad…ha publicado la ley de Aduanas.” [10]

Las provincias del interior, Córdoba, Catamarca, Cuyo, Tucumán y Salta, que habían sufrido los efectos desbastadores de la política librecambista instaurada desde 1778 y, reforzada desde 1810, recibieron alborozadas la nueva Ley de Aduanas.[11]

Evaluando la figura política de Rosas, su condición de clase y la política económica aplicada durante sus gobiernos, Arturo Jauretche afirma: “Rosas es uno de los pocos hombre de la clase alta que no desciende de los Pizarros de la vara de medir que en el contrabando y en el comercio exterior fundaron su abolengo. Por eso no tuvo inconvenientes en ser burgués. Fundó la estancia moderna y después fundó el saladero para industrializar su producción, y fundó, paralelamente, el saladero de pescado para satisfacer la demanda del mercado interno. Y defendió los ríos interiores y promovió el desarrollo náutico para que la burguesía argentina transportara su producción; integró la economía ganadera con la industrialización y la comercialización del producto y le dio a Buenos Aires la oportunidad de crear una burguesía a su manera. Pero, además con la Ley de Aduanas, de 1835, intentó realizar el mismo proceso que realizaban los Estados Unidos: frenó la importación y colocó al artesanado nacional del litoral y del interior, en condiciones de afirmarse frente a la competencia extranjera de la importación, abriéndole las posibilidades que la incorporación de la técnica hubiera representado, con la existencia de un Estado defensor y promovedor, para pasar del artesanado a la industria.”[12]Siguiendo el certero análisis de Jauretche es posible afirmar, entonces, que Rosas, con la Ley de Aduanas, retoma, aunque con limitaciones, el sendero iniciado por Artigas: el camino de la Insubordinación Fundante.[13]

Importa precisar que, cuando Rosas se decidió, durante su segundo gobierno, a emprender un proceso de Insubordinación Fundante, tendientea completar laindependencia política, declarada en 1816, con la independencia económica, es decir a liberar a la Argentina del dominio informal inglés, el gobierno de Gran Bretaña estaba en las manos de uno de los políticos más brillantes de su historia: Henry John Temple, tercer Vizconde de Palmerston, quien fuera autor intelectual de la Guerra del Opio, luego de la cual China no sólo se vio obligada a permitir la importación y el consumo de opio sino que, perdió el control de sus aduanas, debiendo aceptar el libre comercio, así como que quedara en las manos de Inglaterra, la potestad de fijar el régimen arancelario del Imperio chino. Este hecho no puede ser, livianamente, pasado por alto cuando se analiza objetivamente este periodo de la Historia Argentina. [14]

Por otra parte, para comprender la importancia de La ley de Adunas, como piedra angular de la Insubordinación Fundante que se inicia en el segundo gobierno de Rosas, hay que ubicarla en el contexto de otras medidas tendientes a la librar a la Argentina de la subordinación británica. La primera de estas medidas fue la disolución del denominado Banco Nacional controlado por el capital inglés, producida el 30 de mayo de 1836. Dicho Banco fue reemplazado por una ComisiónFiscal que, funcionando en la Casa de la Moneda, comenzó a actuar como un verdadero Banco estatal.

La segunda de las medidas aludidas fue la prohibición de exportar oro y plata decretada el 31 de agosto de 1837. Evaluando esta medida, Vivian Trías sostiene: “Así se enjugó la pérdida incesante de metálico que aparejaba el comercio exterior deficitario (agravado por la guerra) y, también, se entorpeció el funcionamiento del patrón oro en la relación con la economía rioplatense. Es otro certero golpe contra los intereses del Imperio británico que habría de gravitar en los esfuerzos del gobierno de su Majestad por tumbar al gobernador federal.”[15]

Importa precisar además que, en 1837, se reforzaron las normas proteccionistas. Se estableció entonces, que todos los artículos que pagaban un 10% ad valoren o más, sufrieran un recargo del 2 al 4% (el 2% los que pagaban del 10 al 17% y los que tributaban el 24 o más, el 4%).

En 1838, el primer ministro británico, Lord Palmerston, al constatar la insistencia de Rosas en el proteccionismo, “…comunicó al Ministro británico que no hiciera uso del derecho de protesta formalmente, pero que deseaba que el Ministro aleccionara al Gobierno de Buenos Aires sobre las virtudes del libre comercio y la locura de los altos impuestos aduaneros, y que le señalara los perniciosos efectos sobre el comercio del país que con tanta seguridad se seguirían de aquellos.” [16]

“No hay duda -sostiene Vivián Trías- de que la virazón en la política aduanera de Rosas, influyó en el cambio operado en las relaciones con Gran Bretaña.”[17] En noviembre de 1845, una flota anglo francesa compuesta por 22 barcos de guerra, equipados con la tecnología militar más avanzada de laépoca, penetró en el Ríode la Plata. El objetivo anglo francés era claro: imponer el libre comercio.[18]Laguerra que se desató entonces, de la cual la Confederación Argentina resultó victoriosa, fue calificada por el General José de San Martín de “Segunda Guerra de Independencia.”

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Desde el punto de vista económico es preciso remarcar que: Debido a la Ley de Aduanas y quizás por los propios bloqueos se neutralizó la importación de productos extranjeros – tal como había ocurrido en los Estados Unidos cuando éste, en 1812, entró en guerra también con Gran Bretaña – permitiendo la aceleración de un proceso de industrialización importante que, de haberse sostenido a través del tiempo, hubiese convertido a la Argentina en un país tempranamente industrializado.[19]Sin embargo, no todas las provincias respetaron la ley de aduanas, ni estuvieron a favor del proteccionismo económico. “Es importante subrayar que, en Entre Ríos no regía la ley aduanera de 1835, ni la prohibición de exportar oro; Urquiza(gobernador de la provincia)practicaba el liberalismo económico tal como la City (Londres) lo predicaba.”[20]

 


La caída de Rosas y la victoria de la Patria Chica


El gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas que había logrado resistir con éxito la invasión anglo francesa, cayó, el 3 febrero de 1852 en la batalla de Caseros. El gobernador de Entre Ríos, jefe del ejército de vanguardia que la Confederación Argentina había preparado para la Guerra contra el Brasil, luego de entrar en tratos con la diplomacia brasileña, decidió marchar sobre Buenos Aires y no, contra Río de Janeiro.

Creemos que las razones que explican el cambio de bando de Urquiza y la posterior derrota de Rosas, más allá de la conocida flaqueza de principios del General entrerriano, deben buscarse en los cambios producidos en el sistema económico internacional y, principalmente, en su centro,: Gran Bretaña.

En 1843, el sistema capitalista entra en una larga onda de prosperidad – a pesar de la recesión de 1847- que va a acelerar la incorporación de las periferias dependientes, al sistema. Se produjo, en ese período, una revolución en los transportes, con el ferrocarril y el barco a vapor, y, una revolución en las comunicaciones, con el telégrafo. La primera, le permitió a Gran Bretaña llegar al corazón de las áreas subordinadas y, la segunda, la aplicación de nuevos procedimientos bancarios como la letra de cambio que le dieron a los movimientos financieros internacionales una inusitada velocidad. Por otra parte, en Gran Bretaña, centro de la economía internacional, las fábricas de tejido de lana se multiplicaron “pasando de 32 mil a 80 mil entre 1838 y 1850.” [21]

Para funcionar, el complejo textil lanero británico necesitaba importar el 70% de la materia prima que consumía, como insumo básico. Los estancieros de la Mesopotamia argentina, con Urquiza a la cabeza, advirtieron, perspicazmente, esa situación y se decidieron a emprender la explotación ovina en gran escala para abastecer al mercado británico en mejores condiciones – dada la mayor proximidad a Inglaterra- que lo que lo venían haciendo los ganaderos australianos. Los estancieros entrerrianos estaban “dispuestos a ajustarse a los nuevos requerimientos”[22] del mercado inglés y no estaban, en consecuencia, interesados, en la aplicación de leyes proteccionistas -como la ley de aduanas de 1835 – que eran, para Inglaterra, causal de excomunión. Esta actitud de los estancieros entrerrianos – destaca agudamente Trías – significaba la sujeción política a las exigencias de Gran Bretaña. Es decir, “…la apertura de los ríos al comercio internacional (que Rosas había rechazado con éxito venciendo a la flota anglo francesa), el liberalismo económico y el libre comercio ( al cual Rosas ponía un freno con la Ley de Aduanas de 1835), la paz con el gobierno de Montevideo (a la cual Rosas se oponía en la esperanza de lograr, en el tiempo, la reincorporación de la Banda Oriental a la Confederación Argentina),yel abandono de esa áspera e intransigente defensa de la soberanía que Rosas había llevado alextremo.” [23]La arquitectura económica que Rosas trataba de implantar en la Confederación Argentina, era, claramente, contraria a los intereses de los ganaderos entrerrianos y, por lógica consecuencia, los estancieros mesopotámicos estaban predispuestos a enfrentar a Rosas ni bien las circunstancias les parecieran favorables.

En 1851 Urquiza llega a la conclusión que, con el apoyo, en tropas, armas, dinero y logística del Imperio del Brasil estaría en condiciones de eliminar el principal obstáculo para la “alianza” (léase subordinación) con Inglaterra, ese obstáculo era Rosas. En febrero de 1852, los hechos estaban consumados.[24]Lo indiscutible es, como afirma Manuel Gálvez, que: “Cuando cayó Rosas y con él su ley de Aduanas, nuestras industrias se arruinaron. Ya he dicho que solamente en Buenos Aires había ciento seis fábricas y setecientos cuarenta y tres talleres y que la industria del tejido florecía asombrosamente en las provincias. El comercio libre significó la entrada, con insignificantes derechos aduaneros, de los productos manufacturados ingleses, con los que no podían competir los nuestros. Y la industria argentina murió.”[25]

Analizando el significado histórico de la derrota de Rosas en la batalla de Caseros, Arturo Jauretche afirma:“Caseros es la victoria de la PATRIA CHICA, con todo lo que representa desde la desmembración geográfica al sometimiento económico y cultural: la historia oficial ha disminuido su carácter de victoria de un ejército y una política extranjera, la de Brasil. Si para los liberales y unitarios la caída de Rosas y la confederación significaba un cambio institucional y la posibilidad de un nuevo ordenamiento jurídico, para los intereses económicos de Gran Bretaña significó la destrucción de todo freno a su política de libertad de comercio y la creación de las condiciones de producción a que aspiraba. Para Brasil fue cosa fundamental. Derrotado siempre en las batallas navales y terrestres, Brasil tenía conciencia clara de que su marcha hacia el sur y hacia el oeste estaría frenada mientras la política nacional de la PATRIA GRANDE subsistiera en el Río de la Plata. Era necesario voltear a Rosas, que la representaba, y sustituirlo en el poder por los ideólogos que odiaban la extensión y que serían los mejores aliados de la política brasileña, destruyendo al mismo tiempo toda perspectiva futura de reintegración al seno común de los países del antiguo virreinato. Caseros significa así, en el orden político internacional, la consolidación de la disgregación oriental, altoperuano y paraguaya y las manos libres para su expansión para el Brasil, para su expansión definitiva sobre los países hispanoamericanos limítrofes, de los que la Confederación constituía el antemural.[26]

Para dejar en claro la errónea visión, actualmente muy en boga entre cierta línea de historiadores que se esmeran en presentar a Caseros como una victoria del federalismo por sobre el unitarismo y de elevar a Urquiza al nivel de adalid de las banderas del interior, Jauretche agrega: “Lo que importa, es dejar establecido que, en Caseros, triunfó la Política Nacional del Brasil por sobre la Política Nacional de los argentinos y que, su resultado en la política de la guerra significa el abandono de la línea Nacional. Pero lo más grave no consiste en que Caseros sea una victoria brasileña, sino que se la presente como una victoria argentina, porque ese punto de partida falso imposibilita la construcción de un esquema racional de nuestra política exterior y de defensa. Así la revisión histórica se impone como una exigencia lógica para establecer las bases del razonamiento y del punto de apoyo de nuestras acciones. Sabiendo que Caseros es una victoria brasileña y una derrota argentina, la Política Nacional es una e inversa, ignorándolo.”[27]



Caseros y Gettysburg




En una nota dirigida a Lord Palmerston, el encargado de negocios británico en Buenos Aires, Mr. Gore, relata que, al recibir al cuerpo diplomático en Palermo, Urquiza lo apartó del resto de los concurrentes y le habló francamente. Resumiendo la exposición de Urquiza, el historiador anglocanadiense Ferns, anota que, el General entrerriano, le había formulado al encargado de negocios de su Majestad, las mismas “…promesas y esperanzas formuladas en dimensiones más amplia por Rivadavia, un cuarto de siglo antes.”[28]

Estos hechos demuestran, como bien lo entendía Jauretche, que el que estaba “disfrazado” de federal era el interesado y crematístico General entrerriano y no, Rosas, como está de moda sostener por algunos historiadores que “lavan la cara y modernizan la historia mitrista.”

En cumplimiento de sus promesas, Urquiza firma, en julio de 1853, el Tratado de Libre Navegación, que le aseguraba a Inglaterra el libre intercambio mercantil. Paradójicamente, el Tratado había sido tramitado por Sir Charles Hotham, el vencedor de Obligado.

Como sostuviera, reiteradamente, Arturo Jauretche, el análisis objetivo de los hechos históricos muestra que, mientras en la guerra civil norteamericana, en la batalla de Gettysburg, triunfó el proteccionismo sobre el librecomercio, en guerra civil argentina, en la batalla de Caseros, se impuso el librecomercio, sobre el proteccionismo.



Por un debate sin vanidades


A modo de conclusión, digamos de que no se trata, por supuesto, de que con estas breves líneas queramos clausurar el debate en torno a la figura de Rosas, ni pretendemos, tampoco, establecer una ortodoxia jauretcheana, arrogándonos la vara de medir de quiénes son verdaderos discípulos de Jauretche. Pero, como premonitoriamente advirtiese el propio Arturo Jauretche, para que el debate en torno a la figura de Rosas, “… sea fecundo no debe ser el producto de la vanidad personal de los historiadores que se apoyan en los caudillos, simplemente por no dar su brazo a torcer respecto de Rosas.”[29]





[1]. JAURETCHE Arturo, Política Nacional y Revisionismo histórico, Buenos Aires, Ed. Corregidor, 2006, p. 8.

[2]. Ibíd., 77.

[3]. JAURETCHE, Arturo, Ejército y Política, Buenos Aires, Ed. Peña Lillo, 1976, p. 44.

[4]. JAURETCHE, Arturo, Política Nacional y Revisionismo histórico, Op. Cit., p. 71.

[5]. “Desde su primer gobierno – afirma Vivian Trías – Rosas se preocupó de abatir el costo de vida para los menesterosos. Un autor hostil, como Antonio Dellepiane, lo consigna, sin duda alguna: ‘Lo referente al bienestar físico de la plebe fue, así, objeto de su constante preocupación y de su más escrupulosa reglamentación y defensa. El precio de la carne y el pan, el estaqueo del cuero para que no se defraudara al comprador, el precio de las haciendas, los pesos y las medidas absorbían su atención’. (por otra parte, continua Trías), la época de Rosas fue de salarios altos. La economía creció más que la disponibilidad de mano de obra – en opinión de M. Burgin – la existencia de obreros, en Buenos Aires era, normalmente, insuficiente para satisfacer la demanda.” TRÏAS, Vivián, Juan Manuel de Rosas, Montevideo, Ediciones de la Banda Oriental, 1970, págs. 50 y 51.

[6]. Afirma Vivian Trías que Rosas llega al poder por segunda vez después de la insurgencia popular llamada “Revolución de los Restauradores”.Es claro que: “Nadie puede discutir, ni poner en tela de juicio la inmensa popularidad del caudillo en el seno de las masas populares.” Los enemigos políticos de Rosas pensaban enjuiciarlo y encarcelarlo pero, en la noche del 11 de octubre, una muchedumbre se aglomera en la actual Plaza de Mayo al grito de ¡Viva Rosas! “La policía no obedece las ordenes de disparar y el tumulto se propaga como un río desbordado”. Rosas exige, entonces, la realización de un plebiscito – como condición para asumir el cargo de gobernador- que se realiza los días 26, 27 y 28 de marzo. Acudieron, prácticamente, todos los hombres aptos para votar y 9720 lo hicieron a favor; siete por la negativa. Nunca había votado tanta gente en Buenos Aires. Sarmiento avala su autenticidad: ‘No se tiene noticia de ciudadano alguno que no fuese a votar…debo decirlo en obsequio a la verdad histórica: nunca hubo gobierno más popular, más deseado, ni más bien sostenido por la opinión”. TRIAS, Vivian, Juan Manuel de Rosas, Op. Cit., págs. 51, 66, 69 y 70.

[7]. TRÍAS, Vivián, Juan Manuel de Rosas, Op Cit., pág. 98.

[8]. TRÍAS, Vivián, Juan Manuel de Rosas, Op. .Cit., pág. 99.

[9]. En sus puntos más importantes la Ley de Aduana establece: “La protección a los talleres de herrería, platería, lomillería y talabartería, prohibiendo la importación de manufacturas de hierro, hojalata, latón…gravando con derechos del 24 al 35% ciertos artículos de cuero, plata, cobre y estaño. También protege a las carpinterías…a las zapaterías, gravando con un 35% la introducción de zapatos. A la tejedurías, prohibiendo la importación de ponchos, ceñidores, flecos, ligas y fajas, de lana o algodón y gravando con un 24% la introducción de cordones de hilo, lana y algodón y con un 35% las ropas hechas, frazadas y mantas de lana…Las sillas de montar sufren un recargo del 50%..El azúcar es aforado con un 24%, los alcoholes con un 35% y la sidra y la cerveza con 35 y 50% respectivamente…Las exportaciones son gravadas con un módico 4%…No pagan impuestos los productos pecuarios uruguayos…Tampoco la producción chilena que viniera por tierra. La marina mercante nacional era beneficiada no cobrándose impuestos a la exportación de carne salada transportada en barcos de bandera argentina”. ROSA, José María, Defensa y pérdida de nuestra soberanía, citado por TRIAS, Vivian, Juan Manuel de Rosas, Op. Cit,.pág. 101

[10]. ROSA, José María, Historia argentina, citado por TRIAS, Vivian, Juan Manuel de Rosas, Op. Cit., pág. 100.

[11]. La provincia de Salta, por ejemplo, expresó su gratitud mediante una ley de homenaje a Rosas del 14 de abril de 1836, en cuyos considerado dice:..3º) Que la ley de aduana expedida en la provincia de su mando consulta muy principalmente el fomento de la industria territorial de las del interior de la República….

Tucumán siguió la misma huella y el 20 de abril del mismo año, dictó una ley similar: ‘Considerando que impelido de sentimientos en tal alto grado nacionales y filantrópicos, ha destruido ese erróneo sistema económico que había hundido a la República en la miseria, anonadado a la agricultura y a la industria; con lo que ha abierto canales de prosperidad y riqueza.”

Catamarca, por ley del 17 de agosto de 1836, decía: ‘Considerando…que la ley de Aduanas…refluye poderosamente en el aumento de la industria territorial de la República…”. ROSA, José María, Defensa y pérdida de nuestra independencia económica, citado por TRIAS, Vivian, Juan Manuel de Rosas, Op..Cit., Págs. 102 y 103.

[12]. JAURETCHE, Arturo, El medio pelo en la sociedad argentina, apuntes para una sociología nacional, Buenos Aires, Ed. Peña Lillo, 1984, págs. 36 y 37.

[13]. Algunos historiadores argentinos, críticos de Rosas, contraponen su figura a la de Artigas y los posteriores caudillos de las provincias del interior de la Argentina. Esa postura crítica, afirma que Rosas era un representante de los intereses de Buenos Aires, un unitario disfrazado de federal, y que, por eso, no procedió a nacionalizar la Renta de la Aduana. Al respecto de ese debate, que consiste en oponer las figuras de los caudillos federales del interior a la de Rosas, Arturo Jauretche contesta, como ya apuntásemos, que el valor de los hechos es superior al de las ideologías y que, en la práctica, Rosas protegió, en `particular desde las ley de Aduanas de 1835, el comercio y la industria nacionales. Estas razones fácticas, terminan, además, dejando en evidencia que contraponer la figura de Artigas a la de Rosas no sólo es falaz, sino tendencioso. Lejos de oponerse a la figura y política de Artigas, Don Juan Manuel de Rosas fue, en la práctica y dentro del marco de las circunstancias históricas en que se desarrolló su gobierno, su más fiel continuador.

[14]. Para poder evaluar, entonces, el peso político del contrincante que tuvo que enfrentar Juan Manuel de Rosas, en su política de Insubordinación, es preciso, al menos, realizar una apretada síntesis de la biografía política de Lord Palmerston: tras acceder al Parlamento en 1807, ocupó su primera cartera, como Ministro de Guerra, cuando apenas tenía 25 años, en el difícil año de 1809, en que Inglaterra estaba empeñada en una guerra total contra la Francia napoleónica. Lord Palmerston, salvo durante un breve lapso de tiempo -entre 1834 y 1835- continuó, de modo interrumpido, integrando todos y cada uno de los gabinetes gubernamentales, hasta 1869. Siempre, sea desde Ministerio de Guerra o, desde el Foreing Office, o, más adelante, desde el Ministerio del Interior, participó en la política colonial británica durante la época más esplendorosa del Imperio. Desde el Partido Conservador, al principio, y dentro de los gabinetes Whig, a partir de 1830, desplegó una intensa actividad diplomática que llevó al Reino Unido a intervenir en buena parte de los conflictos desarrollados en todo el sistema internacional. Así, participó en la creación de la Cuádruple Alianza, entre el Reino Unido, Francia, España, y Portugal (1834), orquestó la Convención de los Estrechos (1841), mediante la cual consiguió consolidar la influencia británica en Egipto, debilitó la francesa y confinó al Imperio Ruso en las costas del Mar Negro, y fue un elemento decisivo en el estallido y el desarrollo de la Guerra del Opio con China, conflicto con el que se obtuvo la apertura de los puertos chinos al comercio internacional. En uno de los momentos más críticos del Imperio inglés, como durante la Guerra de Crimea, fue nombrado Primer Ministro. Controló a las colonias con mano de hierro y sin concesiones. Por último, digamos que fue Lord Palmerston, quien ordenó la represión brutal de los cipayos de la India, alzados en armas, en 1857 y 1858.

[15]. TRIAS, Vivian, Juan Manuel de Rosas, Op. Cit., p 107.

[16] .Ibíd., p. 104.

[17]. Ibíd., p. 104.

[18]..Los objetivos de la política exterior inglesa consistían en: 1) Asegurar en la Cuenca del Plata un mercado para sus exportaciones y para sus créditos e inversiones. 2) Abrir la navegación de los ríos interiores. 3) Crear un nuevo estado tapón conformado por las provincias de Entre Ríos, Corrientes y Misiones. Al respecto ver, TRIAS, Vivian, Juan Manuel de Rosas, Op.Cit., Págs. 186 y 187.

[19]. “La jabonería de Larroudé, las fábricas de dulces de Noel y Lasalle, los astilleros de Juan Berisso, la fábrica de tejas y cerámicas de Ayerza, las primeras fundiciones y talleres mecánicos de José Solari, las fábricas industrializadoras de carne de Jerónimo Rocca y Juan Repetto, de productos de droguería de Demarchi y Cranwell, etc., son precursores de la industria nacional. Existe un cabotaje nacional en franco tren de extenderse al comercio ultramarino…Una sólida estructura bancaria oficial asegura el desarrollo, los inmigrantes fluyen de a miles y hasta los primeros proyectos ferroviarios con capitales nacionales datan de esa época. La fabricación de azúcar con sus ingenios, funciona en el Tucumán, los alcoholes en Cuyo y provincias del Noroeste, la industria y artesanía del vestido en las provincias del Centro, la industrialización del tabaco en las provincias del Norte, la de yerba en Misiones y Corrientes, la construcción de carretas, balandras, o sea el rodado de la época , procedía del Litoral, Mendoza y Tucumán, carpintería de ribera para la fabricación de buques de cabotaje las había en Corrientes y Buenos Aires. En la Capital de la Confederación había 106 fábricas montadas entre ellas dos fundiciones, una de molinos de viento, una de tafiletes…”. SULE, Jorge Oscar, Los heterodoxos del ’80, Buenos Aires, Ed. Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas de General San Martín, 2008, p. 57.

[20]. TRIAS, Vivian, Juan Manuel de Rosas, Op.Cit., p. 234.

[21]. TRIAS, Vivian, Juan Manuel de Rosas, Op .Cit., p. 232.

[22] .Ibíd., p. 233.

[23] .Ibíd., p. 233.

[24]. Sintetizando la causa profunda de la derrota de la Insubordinación Fundante que, encabezaba Rosas, Vivían Trías sostiene: “La Confederación (Argentina) vivía, al promediar el siglo XIX, una encrucijada. O tomaba el atajo de la entrega, del estatuto colonial, o se enfrentaba con la tarea gigantesca y revolucionaria de destruirlo y sustituirlo por un nuevo orden basado en el nacionalismo económico y la soberanía popular.” La clase dominante optó, naturalmente, por lo primero y Urquiza lo expresó admirablemente. Rosas pareció optar por lo segundo, pero se quedó a medio camino; obstruyó las pretensiones colonizadoras de los Imperios, pero no cumplió los objetivos de respaldar su política de independencia y soberanía con nuevas estructuras económico-sociales esbozadas en algunas de sus soluciones del segundo gobierno. Rosas no entendió cabalmente la relación que había entre soberanía y poder popular y entre éste y la expropiación del latifundio y la industrialización contra viento y marea.” Sin embargo, para otros autores como Jorge Sulé, las medidas económicas de Rosas habían sido exitosas pues éstas habían creado las condiciones capitalistas de un desarrollo autónomo “Esta afirmación –sostiene Sulé- parece coincidir con los archivos del Foreign Office cuyos documentos fueron utilizados por el historiador canadiense H. A. Ferns radicado en Inglaterra para escribir el libro Britain and Argentina in the Nineteenth Century en cuyo estudio llega a la siguiente conclusión: ‘La sociedad urbana y mercantil que surgió después de la caída de Rosas hubiese podido seguir el camino de Estados Unidos después de la guerra civil, si no hubiese existido una presión extranjera en favor de los terratenientes”. SULE, Jorge Oscar, Op. Cit., p. 58.

[25]. GALVEZ, Manuel, Vida de Sarmiento. El hombre de autoridad. Buenos Aires, Emecé Editores, 1945, p.662.

[26]. JAURETCHE, Arturo, Ejército y Política, Op. Cit., Págs. 54 y 58.

[27]. Ibíd., pág. 63.

[28]. TRIAS, Vivian, Juan Manuel de Rosas, Op.Cit., pág. 264.
[29]. JAURETCHE, Arturo, Política Nacional y Revisionismo histórico, Op. Cit. pág 71

jueves, 10 de noviembre de 2016

Perón y el Fascismo

Por Enrique Pavón Pereyra
¿Por qué el gobierno argentino no es fascista? Tal ideario político, u otro de igual naturaleza, comporta necesariamente el propósito de crear un Estado absoluto en lo político, moral, racial o económico. Es decir, ‘un Estado absoluto frente al cual el individuo sería relativo’. El Gobierno Argentino, por el contrario, tiene fe en las instituciones democráticas del país porque ellas son la resultante de su proceso histórico, y porque nacen y se apoyan en la participación de todos los ciudadanos ‘en la soberanía del Estado’. La gestación, el estallido y el desarrollo revolucionario que forja el gobierno actual se enciende en ideales puros y renovadores de índole popularísima. El país vivía un régimen democrático aparencial. El gobierno se lograba mediante elecciones torpemente viciadas. (…) El gobierno revolucionario terminó con una época nefasta para el país y desea: en lo político, la aplicación pura y simple de las disposiciones de su Carta Fundamental; en lo económico, un régimen de libertad constitucional que concluye, como se sabe, donde empieza la libertad de los demás, y que exige el control del Estado; y en lo social, la creación del Derecho del Trabajo que permita al ser humano ‘por el hecho de nacer, el derecho de vivir con dignidad’. Aspira, en suma, al restablecimiento de la aplicación clara y leal de la ley. Por eso, el ordenamiento jurídico que se busca rápidamente en el juego normal de sus instituciones, o lo que es lo mismo, la normalidad constitucional, no importará jamás volver al engaño de las masas, porque el fundamento del Estado es la felicidad del conjunto, vale decir, la realización integral de la Justicia.”
                                                                   Juan Domingo Perón 
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En una de sus últimas “zonceras”, Jauretche se refirió a las acusaciones de “fascismo” que todavía recibía el movimiento liderado por el viejo líder exiliado Juan Domingo Perón. Con gran ironía, decía el autor de Los profetas del odio: “Es precisamente lo racial o lo irracial lo que impide que pueda existir eso que llaman nipo-nazi-fasci-falanjo-peronismo, en un país donde después de mezclar todo no han quedado más que dos razas: los blancos y los cabecitas negras, como afirman nuestros antiracistas (...) La intelligentzia argentina se pasó desde 1943 hasta 1955 manejando ese trabasesos...”.
Las acusaciones habían comenzado tempranamente, recién instalada la Revolución de Junio de 1943, que derrocara al último gobierno de la Década Infame. Tanto del lado de los pro-aliados como de los pro-soviéticos consideraban que no faltaban elementos para tal acusación: desde la férrea neutralidad argentina durante la Segunda Guerra Mundial, la autodefinición de “ni yanquis ni marxistas” posterior, hasta las evidentes simpatías hacia el nazismo o el fascismo de Mussolini expresadas por algunos dirigentes de la revolución, incluido el mismo Perón.
Pero esta situación no fundaba las acusaciones lanzadas por el Departamento de Estado norteamericano, que escondía más bien el rencor de Estados Unidos hacia la “rebeldía” argentina, por un lado, y el manifiesto temor de los tradicionales sectores dominantes del país de perder su control sobre el Estado. Años más tarde, el mismo ex embajador inglés David Kelly diría:“desde mi primera entrevista con Perón, llegué a la conclusión de que era brillante improvisador, con un fuerte sentido político y gran encanto personal, pero sin interés alguno por la ideología nazi ni por ninguna otra”. En pocas palabras, que su visión -en ese sentido- era del pragmatismo propio de la realpolitik.

jueves, 3 de noviembre de 2016

El Día de la Soberanía

Por Julio R. Otaño

El 20 de noviembre, se recuerda el Aniversario de la "Guerra del Paraná" que diera lustre a nuestra Patria con los distintos hechos que marcaron significativamente nuestro pasado. Por eso el 20 de noviembre, aniversario del combate de Vuelta de Obligado, es para los argentinos el Día de la Soberanía.   Allí el 20 de noviembre de 1845 en las costas del Río Paraná, se batieron con alma y vida las tropas argentinas hasta quedar sin munición, y vencidos por la superioridad de las fuerzas invasoras, con armas de alta tecnología como los nuevos "barcos de guerra a vapor" y los cañones estriados de carga posterior.

La Flota Inglesa al mando del Almirante Inglefield y la francesa al mando del almirante Lainé. Después del bombardeo y al desembarco, las cargas de bayoneta se repitieron y los principales jefes argentinos fueron heridos en combate. Los gritos de Viva la Patria se repetían y en medio del combate, la banda de Música del Regimiento Nº 1 de Patricios por orden del General Lucio Norberto Mansilla, tocó el Himno Nacional Argentino, coreado a gritos de rabia por los bravos que defendían la posición. Por eso el 20 de noviembre, recordamos en nuestra Patria, el 160º Aniversario del Día de la Soberanía Nacional ".
El Dr. Sabino O'Donnell, a quienes algunos consideran nuestro primer cronista de guerra, deja un valioso testimonio sobre el combate:
“Hoy he visto lo que es un valiente. Empezó el fuego a las 9 y media y duró hasta las 5 y media de la tarde en las baterías, y continúa ahora entre el monte de Obligado el fuego de fusil (son las 11 de la noche). Mi tío ha permanecido entre los merlones de las baterías y entre las lluvias de balas y la metralla de 120 cañones enemigos.  Desmontada ya nuestra artillería, apagados completamente sus fuegos, el enemigo hizo señas de desembarcar; entonces mi tío se puso personalmente al frente de la infantería y marchaba a impedir el desembarco, cuando cayó herido por el golpe de metralla; sin embargo se disputó el terreno con honor, y se salvó toda la artillería volante.  Nuestra pérdida puede aproximarse a trescientos valientes entre muertos, heridos y contusos; la del enemigo puede decirse que es doblemente mayor; han echado al agua montones de cadáveres (...)   Esta es una batalla muy gloriosa para nuestro país. Nos hemos defendido con bizarría y heroicidad”
Al día siguiente de la batalla llegarían los doctores Mariano Martínez y Claudio Silva, del Hospital del cuartel de Santos Lugares, enviados por Rosas. Sostendrán una junta médica con O´Donnelll y con el doctor Mariano Marenco y el profesor Cornelio Romero. El informe a Palermo, fué el siguiente:
“El doctor D. Sabino O´Donnell que había asistido al Sr. General desde los primeros momentos, nos hizo la historia de los accidentes que había sufrido y los medios que había empleado para evitar perniciosas consecuencias. El Sr. General Mansilla recibió en la tarde del 20 un golpe de metralla (la que hemos visto y pesa más de más de una libra) en el lado izquierdo del estómago, sobre las distintas costillas, y según hemos reconocido, ha sido fracturada una de estas. Cayó sin sentido, sufrió por muchas horas desmayos, vómitos, y otros molestos accidentes que fueron calmando gradualmente; se le ha aplicado un vendaje apropiado para remediar la fractura de la costilla, y se emplean los medios que aconseja el arte”
Fue una honrosa derrota de las Fuerzas de la Confederación Argentina , pero no fue el fin de la Guerra. La victoria de las Fuerzas Navales Franco-Inglesas fue un gran problema, porque forzaron el paso del Río Paraná y dominaron todo el río, para proteger sus buques mercantes, pero NO podían avanzar tierra adentro fuera de las costas, comerciando con sus cien buques cargados de mercaderías en los principales puertos de la Mesopotamia , el Paraguay y el Uruguay. Pero el sentimiento de toda la Nación Argentina se oponía a ello.
Soberanía Nacional que defiende el Brigadier Juan Manuel de Rosas por la ambición desmedida de los Gobiernos de Gran Bretaña, de Francia y del Imperio de Brasil. Oportunidad donde se deshace: el proyecto de independizar la Mesopotamia (gestionado por los interventores extranjeros en el tratado de Alcarás, entre Urquiza y Jefes unitarios. Se termina la intervención naval Anglo-Francesa. Y poco después, el 13 de julio de 1846, Sir Samuel Tomás Hood, con plenos poderes de los gobiernos de Inglaterra y Francia, presenta humildemente ante Rosas "el más honorable retiro posible de la intervención naval conjunta". Que el Restaurador de las Leyes lo haría pagar en un bien ganado "precio de laureles". Donde finaliza la posibilidad de Intervenir al Paraguay, y que el Uruguay pase a ser una colonia francesa.
Previamente las potencias europeas se habían desligado del Imperio de Brasil y no le permiten intervenir en la contienda y las "utilidades comerciales" del ambicioso proyecto. Teniendo que definir la ocupación definitiva de las Misiones Orientales recién después de Caseros, con la colaboración de Urquiza,cuando derrotan al Gral Oribe en el Uruguay primero y a Rosas en la Confederación Argentina.
El anciano General San Martín desde Francia envió una carta a Rosas el 11 de enero de 1846, donde le escribía sobre: "...la injustísima agresión y abuso de la fuerza de la Inglaterra y de la Francia contra nuestro país...". Tal fue su sentimiento que en carta anterior a la contienda, ofreció su espada y que se subordinaba a Rosas para combatir al enemigo que acechaba y atacaba a nuestra Patria.
El fin de la Guerra del Río Paraná se logró luego de la derrota de los invasores el 4 de Junio de 1846 en el combate en "El Quebracho", lo que llevaría al cese de las hostilidades por parte de Gran Bretaña y luego Francia y el posterior reinicio de las relaciones comerciales y amistosas con la Confederación Argentina , y con el Brigadier General Juan Manuel de Rosas, defensor de la Soberanía Nacional.
San Martin y el Bloqueo anglofrances.
Un prominente comerciante inglés, Jorge Federico Dickson, dirigió una respetuosa carta al Gral. San Martín requiriendo su opinión sobre la invasión anglofrancesa al Río de la Plata, sabiendo el comerciante que la opinión del Libertador, reconocido militar americano autoexiliado en Europa, tendría enorme influencia en las legislaturas de ambos países agresores y en la opinión pública, y desalentaría las intenciones de los más belicistas (en noviembre ya se había producido la guerra del Paraná y se temía una invasión terrestre). San Martín no perdió el tiempo y le contestó a dicho comerciante el 28 de diciembre de 1845 con el siguiente análisis:
“...Bien es sabida la firmeza del carácter del Jefe que preside la República Argentina...con siete u ocho mil hombres de caballería...fuerza que con gran facilidad puede mantener el General Rosas, son suficientes para tener en un cerrado bloqueo terrestre a Buenos Aires, sino también impedir que un ejército europeo de 20.000 hombres, salga a más de treinta leguas de la capital, sin exponerse a una ruina completa por falta de recursos, tal es mi opinión y la experiencia lo demostrará a menos (como es de esperar) que el nuevo ministro inglés, no cambie la política seguida por el precedente...”.
Esta carta a Dickson, como era de esperar, provocó un gran revuelo. En carta a Guido del 10 de mayo de 1846 le expresa:
“...ya sabía la acción de Obligado, de todos los interventores habrán visto por este echantillon que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que el abrir la boca...”
En enero de 1845 Francia e Inglaterra deciden la intervención militar a la Confederación Argentina , y que debían adoptar la insólita forma de una impuesta "mediación" forzosa.
Gran Bretaña designó como "mediador" a Sir William Gore Ouseley, quien fue el primero en partir en el vapor de guerra "Firebrand". Francia nombró al Barón Deffaudis, partidario del Ministro Thiers y de brillante actuación en México cuando el conflicto con Francia de 1838. Ouseley llegó a Montevideo el 27 de abril de 1845 y algo después arriba Deffaudis al Plata. Los "mediadores" se apoyaban en imponentes escuadras navales de guerra. La Inglesa al mando del Almirante Inglefield y compuesta por nueve buques a vela y tres vapores de guerra, con 136 cañones último modelo estriados y de retrocarga "Peysar".
La Francesa al mando del Almirante Lainé, se componía de 3 grandes fragatas, cinco corbetas y bergantines a vela y dos vapores de guerra, con 282 cañones-obuses estriados y de retrocarga "Paixhans" que disparaban balas de 80 libras .
El 12 de mayo Ouseley, presentó una nota amenazante al gobierno de Buenos Aires, reclamándole el cese de la guerra en la Banda Oriental y el retiro de tropas y fuerzas navales.
El 17 de junio ambos comisionados ordenaron la inmediata suspensión de hostilidades en el Uruguay.
El 21 de Julio los ahora "interventores" presentan un "ultimátum" a Rosas. Conceden 10 días para el retiro de tropas argentinas y el retiro de los barcos de Brown de Montevideo.
El 22 de julio la marinería anglo-francesa desembarca en el Uruguay para reforzar las defensas de Montevideo. El 2 de agosto la Flota Naval franco-inglesa captura la escuadra de río del Alte Brown, quien había recibido órdenes expresas de "evitar todo incidente y no abrir el fuego".
Era la guerra disfrazada de mediación.
Ante ese hecho Juan Manuel de Rosas elevó los antecedentes a la Legislatura de Buenos Aires, que lo autorizó "para resistir la intervención y salvar la integridad de la patria". Ouseley y Deffaudis recibieron pasaportes para salir de Buenos Aires. La guerra había empezado.
El 30 de agosto, después del bloqueo naval de los puertos del General Oribe, Colonia del Sacramento es saqueada por Garibaldi y los mercenarios extranjeros contratadas por los unitarios. El 5 de setiembre le toca el turno a Martín García, el 20 a Gualeguaychú y a fines de octubre a Salto. Sólo Paysandú resistió los embates del aventurero italiano y evitó su saqueo y depredación.
El 13 Rosas suspende los pagos de los bonos de la deuda externa (incluidos los pagos a la Casa Baring Brothers de Londres).
El 17 de octubre Rosas ordena al embajador argentino en Londres Dr Manuel Moreno que reclame enfáticamente y si no tiene respuesta satisfactoria que exija sus pasaportes.
El 18 se concreta el bloqueo naval de todos los puertos argentinos.
El restaurador logra el apoyo del cuerpo diplomático extranjero en Buenos Aires, incluso del francés M. Mareuil, y de unos 15 mil residentes galos y británicos, que firman un petitorio solicitando la No intervención.
El 20 de octubre Sir William Gore Ouseley informa al Foreing Office sobre: "El reconocimiento del Paraguay como nación Independiente, conjuntamente con el posible reconocimiento de Entre Rios y Corrientes y su erección en Estados Independientes, asegura la navegación del río Parana y del río Paraguay"
(John F. Cady – "La intervención extranjera en el Río de la Plata " – Ed Losada.)
El 23 se retira del país el embajador francés (firmante del petitorio a favor de Rosas)
Los "interventores" recibieron refuerzos en barcos y en hombres, al llegar el Regimiento Británico Nº 45 y muy pronto tras la Flota Naval Conjunta, se reunieron más de 90 navíos con mercaderías de diversas banderas, listos para vender en el litoral y en el Paraguay.
Para el desembarco los ingleses recibieron 600 infantes de marina y los franceses 200. También sumaron una Batería de cohetes a la Congreve. Y comenzaron la navegación, por el río Paraná. 160 años del Combate de "Vuelta de Obligado" – Día de la Soberanía Nacional "

La defensa de la "Vuelta de Obligado":
ElBrigadier Gral. Juan Manuel de Rosas ordena organizarla sobre el río Paraná en el lugar denominado Vuelta de Obligado (San Pedro), donde las fuerzas al mando del Gral Lucio Norberto Mansilla habían fortificado la costa y colocado una fila de chalupas y pontones sosteniendo gruesas cadenas de costa a costa, para impedir el paso de los buques.
De buques de guerra se habían desmontado los cañones para la defensa, eran 5 baterías con un total de 30 cañones antiguos, lisos y de avancarga, con balas de calibres de 8 a 20 libras servidas por 100 artilleros al mando del Capitán de marina Thorne y lo protegían tropas de Infantería y de caballería para repeler posibles desembarcos.
El Regimiento Patricios al mando del Coronel Rodríguez, la caballería a cargo del Coronel Martin Isidro Santa Coloma los cuerpos de milicias rurales al mando del Tte Facundo Quiroga (el hijo del Tigre de los Llanos), fueron los más destacados.
El 20 de noviembre el combate comenzó a las 8 de la mañana con intenso fuego de artillería desde los buques, los cañonazos se confundían con los gritos del paisanaje a órdenes de Mansilla, con vivas y cantos a la Patria.
Barcazas con cadenas cortando el Paraná La Banda militar de Patricios toca los compases del Himno Nacional que es coreado a grito pelado, mientras las muerte los rodeaba. A la tarde comenzó el desembarco de los invasores. Fueron quedando sin municiones y destruídas las baterías. La pelea se prolongó hasta caer la tarde y con lucha cuerpo a cuerpo, con contraataques de la caballería. Derrocharon heroísmo, dejando a sus jefes heridos, con 250 muertos (incluído el Héroe de la recuperación de Malvinas y Soldado de Patricios, el "gaucho" Antonio Rivero y 400 heridos de un total de 2.160 combatientes criollos.
El parte de Batalla del Jefe Francés Trehouart a su gobierno, es el mejor homenaje e los héroes argentinos, que dice: "Siento vivamente que esta gallarda proeza, se halla logrado a costa de tal pérdidas de vidas, pero considerando la fuerte oposición del enemigo y la obstinación con que fue defendida la plaza, debemos agradecer a la Divina Providencia que no haya sido mayor".
Mientras el Almirante inglés Inglefield, en su informe de guerra lo califica, "Bizarro hecho de armas, desgraciadamente acompañado por mucha pérdida de vidas de nuestros marinos y desperfectos irreparables en los navíos. Tantas pérdidas han sido debidas a la obstinación del enemigo", informa a la Corona Inglesa el bravo marino.
Al amanecer del día siguiente continuaron su navegación por el Paraná. Los buques de guerra atacantes sufrieron serias averías y de los 90 mercantes que acompañaban la Flota , solo 52 pudieron pasar de inmediato, por el paso forzado. Comerciaron libremente con Entre Ríos, Corrientes y el Paraguay pero no estuvieron tranquilos, siendo atacados en forma contínua desde la costa.
"La Guerra del Paraná" se desarrolla, con los combates del 2 de enero de 1846 , el "2do encuentro de Vuelta de Obligado" con los argentinos al mando de Thorne, con artillería volante y lanceros de caballería que enfrentan el desembarco de 300 infantes de marina al mando del Cap Honthan, que continuará con los combates de "Tonelero" , "Acevedo" , "San Lorenzo" y la "Angostura del Quebracho" donde el 4 de junio de 1846 el Gral Mansilla los enfrenta nuevamente, desde la barrancas del Quebracho, al norte de San Lorenzo. Logrando una aplastante victoria argentina, que significa el fin de la aventura colonialista.
"Obligado" fue para Inglaterra y Francia, una victoria militar y una grave derrota política y comercial.
Consecuencias de la Guerra :
El Brigadier Juan Manuel de Rosas, defiende la Soberanía Nacional ante la ambición desmedida de los Gobiernos de Gran Bretaña, de Francia y del Imperio de Brasil.
Se opone e impide con las fuerzas que dispone, que las potencias realicen la "libre navegación" de los ríos interiores de la Confederación Argentina. Que las Grandes Naciones no puedan comerciar libremente con las Provincias Mesopotámicas, sin pagar impuestos ni hacer Aduana.
Hasta Caseros la Confederación Argentina, no reconoció la Independencia del Uruguay y del Paraguay, la incorporación de las Misiones Orientales al Imperio del Brasil y la anexión del Brasil de grandes extensiones de territorio del Norte de Uruguay. ( ex -Misiones Jesuíticas gobernadas desde Buenos Aires antes y durante el Virreynato del Río de la Plata – "Los 30 Pueblos Jesuitas" - )
Finaliza el proyecto "secreto" de independizar la Mesopotamia (gestionado por los interventores de Francia e Inglaterra en el "Tratado de Alcarás", y firmado entre Urquiza y las Provincias mesopotámicas con acuerdo con los Jefes unitarios exiliados en el Uruguay y Brasil.
Se termina la intervención de las Fuerzas navales anglo-francesas, y poco después, el 13 de julio de 1846, Sir Samuel Tomás Hood, con plenos poderes de los gobiernos de Inglaterra y Francia, presenta humildemente ante Rosas: "el más honorable retiro posible de la intervención naval conjunta".
A lo que el Restaurador de las Leyes les haría pagar con un buen precio ganado, "en honores y de laureles":
- El fin del Bloqueo Naval de Francia e Inglaterra a los puertos argentinos.
- Devolver la Flota Argentina capturada.
- Devolver la Isla Martín García.
- Saludar la Bandera Argentina con 21 cañonazos, por parte de cada una de las Flotas intervinientes.
- Reconocer la Soberanía Argentina y la NO navegación de los ríos interiores.

Finaliza la posibilidad de Intervenir al Paraguay, y que el Uruguay pase a ser una colonia francesa. Las potencias europeas alejan la posibilidad de la ingerencia del Imperio del Brasil.
Es el momento del máximo poder interno y de la admiración de los pueblos de América y de Europa, hacia el Brigadier General don Juan Manuel de Rosas.
"A aquellos argentinos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su Patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempo de la dominación española; una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer." (Carta de San Martín a Rosas. 10 de Junio de 1839).


En marzo de 1849, Rosas contestó una carta al Libertador en los siguientes términos:
"Nada he tenido más a pecho en este grave y delicado asunto de la intervención, que salvar el honor y dignidad de las repúblicas del Plata, y cuando más fuertes eran los enemigos que se presentaban a combatirlas, mayor ha sido mi decisión y constancia para preservar ilesos aquellos queridos ídolos de todo americano. Usted nos ha dejado el ejemplo de lo que vale esa decisión y no he hecho más que imitarlo.
Todos mis esfuerzos siempre serán dirigidos a sellar las diferencias existentes con los poderes interventores de un modo tal que, nuestra honra y la independencia de estos países, como de la América toda, queden enteramente salvos e incólumes."
(Juan Manuel de Rosas).