Rosas
viernes, 29 de mayo de 2015
Apuntes sobre la Revolución de Mayo
Por José Pablo Feinmann
¡Cuántos puntos de vista hemos trazado sobre la Revolución de Mayo! ¿Tendrá sentido seguir discutiendo? ¿Qué discutimos? Puedo decir qué discutía yo en 1975 cuando escribí Filosofía y Nación y fui duro y crítico con Moreno y los suyos. Durante esos días, la organización político-militar Montoneros se había trenzado en una guerra aparatista –al margen de todo apoyo de masas; al margen, también, de todo intento de recurrir a ellas– con los grupos terroristas de la derecha del peronismo, respaldada por el aparato del Estado que presidía Isabel Martínez de Perón bajo los mandatos de José López Rega. Las discusiones que sosteníamos eran de superficie. No sé si en la Orga se discutiría algo o se sometería todo a la conducción de Firmenich, Perdía y Vaca Narvaja. Años después, Perdía habría de reconocer que el “pasaje a la clandestinidad” fue el error más grande de la Orga. Fue uno de los tantos, pero determinó la militarización y el accionar violento, la criminalidad indiscriminada, el alejamiento total de las masas, de la población y, sobre todo, del sentimiento popular, que no era el de una guerra de muertes incesantes, muchas inexplicables, o de simples policías a los que –en su totalidad– se había condenado a morir donde se los encontrara. En esta coyuntura atroz se discutió la alternativa a la opción por los fierros, que, como siempre, fue la opción por la política. Pero no hay política en medio de las balas. Y tampoco hay masas ni población que se acerque a algo o que salga con cierta tranquilidad de su casa. Era, Montoneros, la vanguardia armada. No necesitaba del pueblo y el pueblo, para la vanguardia, siempre está al margen de la comprensión profunda de la historia. Puesto a escribir sobre la Revolución de Mayo no me fue difícil llegar a un trazado de historias con similitudes conceptuales, que ayudaran a la comprensión. Moreno y sus amigos eran la vanguardia ilustrada de Buenos Aires. No voy a comparar a Moreno y a Castelli con Firmenich y Perdía, pero la política se hace con los fierros o se hace con los pueblos. Moreno y Castelli no estaban extraviados y posiblemente fueran personajes trágicos, que le pedían a su tiempo algo que no podía entregarles. Grave error político. Un gran músico o un gran escritor puede –según suele decirse– “adelantarse a su tiempo”, pagará su gesto con la soledad y la incomprensión. Estos precios no los puede pagar un revolucionario. Salvo al costo de no hacer una revolución y quedar para la posteridad como un tipo bárbaro, lleno de buenas intenciones, pero fatalmente derrotado por mediocres que no volaban tan alto como él. ¿Pasó esto con Moreno?
Concedo, si quieren, que Moreno era un enemigo del Imperio Británico. Concedo que, en alta mar, según sugiere su hermano Manuel y afirman quienes hacen de Mariano un revolucionario, lo envenenó el capitán de la nave por órdenes del saavedrismo “reaccionario” o del mismísimo Imperio contra el que bravamente había luchado. Confieso que el Plan de operaciones es un gran texto político y que con gusto lo aplicaría hoy mismo en la Argentina. Imagínense: “Centralización de la economía en la esfera estatal, confiscaciones de las grandes fortunas, nacionalización de las minas, trabas a las importaciones suntuarias, control estatal sobre el crédito y las divisas, explotación por el Estado de la riqueza minera” (J. P. F., Filosofía y Nación, p. 36 de la edición de Legasa de 1986. El libro se publicó en 1982. Lo iba a publicar Amorrortu en 1976. Por supuesto no lo hizo). Y luego, en la parte económica del Plan, Moreno propone una de sus medidas más osadas: “Se verá que una cantidad de doscientos o trescientos millones de pesos, puestos en el centro del Estado para la fomentación de las artes, agricultura, navegación, etc., producirá en pocos años un continente laborioso, instruido y virtuoso, sin necesidad de buscar exteriormente nada de lo que necesite para la conservación de sus habitantes, no hablando de aquellas manufacturas que, siendo como un vicio corrompido, son de un lujo excesivo e inútil, que debe evitarse principalmente porque son extranjeras y se venden a más oro de lo que pesan”. Sería fascinante traerlo a Moreno al presente argentino. Decirle, por ejemplo, que, en 2008, un gobierno nacional, democrático, perteneciente al partido de masas más grande del país y de América latina, intentó meter levemente su mano en el bolsillo de los señores de la tierra, no confiscarles su propiedades, no controlar el crédito, no nacionalizar nada, sino meramente retenerles un 3 por ciento de la renta de la que gozan y estalló la patria indignada. Tanto, que el gobierno tambaleó y si se mantuvo aún nadie sabe bien por qué, acaso porque esos mismos que quieren tirarlo tienen, a la vez, terror de gobernar el país con la gente que cuentan entre bobos traidores y malandras pendencieros.
Moreno parecía no comprender acabadamente una regla de oro de las revoluciones: nadie hace una revolución sin una base revolucionaria. Si pretendía ser un jacobino tenía que preguntarse –ante todo– si contaba con una burguesía revolucionaria. Jacobino sin burguesía gira locamente en el aire. Tenía, en Buenos Aires, a los que buscaban comerciar libremente con Gran Bretaña (y ya lo hacían a través del contrabando). A los comerciantes españoles, cada vez menos representativos. Y a los ganaderos bonaerenses, que buscaban exportar y miraban a los países del desarrollo europeo. Esto es tan sencillo que nada les ha costado verlo a Mariátegui, Milcíades Peña o José Luis Busaniche. El país tenía que salir de la órbita española. Había que echar de América a ese imperio decadente, inútil. El Plan tiene muchas concesiones a los ingleses. Si quieren no las vemos. Pero, ¿con qué poder pensaba Moreno hacer lo que proponía ese Plan? Puede conmovernos como Guevara en Bolivia. Pero no llevarnos a decir que la de Mayo fue una Revolución. Castelli puede conmovernos a orillas del lago Tiahuanaco, lugar al que convoca a las comunidades indígenas de la provincia de La Paz, a poca distancia del Titicaca. Claro que rechazamos la broma fascista de Hugo Wast que les hace decir a los indios una burrada infame como respuesta al discurso del orador de Mayo: “¿Qué preferís? ¿El Gobierno de los déspotas o el de los pueblos? Decidme vosotros qué queréis”. Y los indios: “¡Aguardiente, señor!”. Pero aun rechazando la injuria, la tomadura de pelo racista, era cierto que los indios no entendían el idioma de Castelli ni éste el de ellos. Es como Inti Peredo aprendiendo quechua en medio de la selva boliviana. O hablándoles a los campesinos de la Revolución Cubana. Lo que lleva a Guevara a confesarse que los campesinos lo miran con una mezcla de incredulidad y temor.
Lo que hizo Moreno fue introducir en el Plata la Razón Iluminista. Esta razón se centra en Buenos Aires y se desplegará desde ahí. Desde este punto de vista (salvo el interregno “bárbaro” de Rosas) será la razón occidental, la razón del tecnocapitalismo, la razón instrumental, la que triunfará en el Plata como triunfa en todo el mundo colonial. El único sentido lateral que hubo en este país ante esa racionalidad conquistadora fue el de las masas federales. (¿Por qué no Artigas antes que Moreno? ¿Por qué regalárselo a los uruguayos, si hasta muchos de ellos dicen que fue el más grande de los caudillos argentinos? ¿Por qué no Artigas, que era un líder de pueblos, un enemigo de portugueses y británicos y partidario de repartir las tierras a los pobres?) Y las masas federales fueron aniquiladas por el poder de Buenos Aires. Poder que –según nada menos que Alberdi– fue el que vino a centralizar la Revolución de Mayo estableciendo un reemplazo del coloniaje, no su sustitución. A partir de Mayo, Buenos Aires fue la metrópoli; las Provincias, la colonia. Esa lucha duró todo el siglo XIX y concluyó en el ’80, con la conquista del desierto y la federalización de Buenos Aires. Luego de aniquilar a los negros, a los gauchos y a los indios, Buenos Aires festeja el centenario de su revolución en 1910. Ahora, el Otro absoluto es nuevo y vino de afuera: es la chusma ultramarina. La opulenta capital también sabrá castigarla siempre que intente tomar o desordenar la casa.
Etiquetas:
Feinmann José Pablo,
Moreno Mariano
Hace 61 años....bombas sobre Plaza de Mayo
Por Roberto Bardini
En la mañana del 16 de junio de 1955, efectivos de la marina de guerra y "comandos civiles" intentan sin éxito copar la Casa Rosada y tomar prisionero al presidente Juan Perón. El mandatario busca refugio en el edificio del ministerio de Guerra y se dispone a sofocar la rebelión. A mediodía, aviones Gloster Meteor de la Armada bombardean y ametrallan la sede del gobierno y la Plaza de Mayo. Una de las primeras bombas estalla en el techo de la Casa Rosada. Otra, le pega a un trolebús lleno de pasajeros y mueren todos. Los aviadores subversivos lanzan nueve toneladas y media de explosivos.
Hay 350 muertos y 2 mil heridos. Setenta y nueve personas quedan lisiadas en forma permanente. Los agresores huyen hacia Uruguay, donde solicitan asilo político.
En la mañana del 16 de junio de 1955, efectivos de la marina de guerra y "comandos civiles" intentan sin éxito copar la Casa Rosada y tomar prisionero al presidente Juan Perón. El mandatario busca refugio en el edificio del ministerio de Guerra y se dispone a sofocar la rebelión. A mediodía, aviones Gloster Meteor de la Armada bombardean y ametrallan la sede del gobierno y la Plaza de Mayo. Una de las primeras bombas estalla en el techo de la Casa Rosada. Otra, le pega a un trolebús lleno de pasajeros y mueren todos. Los aviadores subversivos lanzan nueve toneladas y media de explosivos.
Hay 350 muertos y 2 mil heridos. Setenta y nueve personas quedan lisiadas en forma permanente. Los agresores huyen hacia Uruguay, donde solicitan asilo político.
Al día siguiente, el diario Clarín –que no se caracteriza por sus simpatías
peronistas– escribe: "Las palabras no alcanzan a traducir en su exacta medida
el dolor y la indignación que ha provocado en el ánimo del pueblo la criminal
agresión perpetrada por los aviadores sediciosos que ayer bombardearon y
ametrallaron la ciudad".
Fue la segunda vez en toda la historia argentina que la ciudad de Buenos Aires era bombardeada. La primera ocurrió a principios del siglo diecinueve, durante las invasiones inglesas de 1806 y 1807. En esta ocasión, a mediados del siglo veinte, no existía un estado de guerra, quienes atacaron por sorpresa vestían uniformes militares argentinos y las víctimas fueron civiles desarmados, también argentinos.
Fue la segunda vez en toda la historia argentina que la ciudad de Buenos Aires era bombardeada. La primera ocurrió a principios del siglo diecinueve, durante las invasiones inglesas de 1806 y 1807. En esta ocasión, a mediados del siglo veinte, no existía un estado de guerra, quienes atacaron por sorpresa vestían uniformes militares argentinos y las víctimas fueron civiles desarmados, también argentinos.
El ataque a traición de los aviadores navales subversivos produce un terrible
impacto emotivo en la población. Durante meses no se habla de otra cosa
en los hogares de todo el país. En "Dossier Secreto - El Mito de la Guerra
Sucia", el periodista norteamericano Martin Andersen cita el informe de
un analista de la embajada de Estados Unidos en Buenos Aires, quien describe
este estupor generalizado en un mensaje enviado a Washington a las tres
semanas del sangriento acontecimiento:
"Este tipo de hecho es enteramente
ajeno a la historia de la Argentina moderna (...). El bombardeo del 16 de
junio de 1955 explotó con una fuerza cataclísmica, por tanto, sobre una
población civil condicionada por un siglo de paz y que tenía la confirmada
creencia de que semejantes cosas no ocurrían en la Argentina. Se detecta
en la gente no sólo el sentimiento de escándalo, sino de vergüenza de que
semejante matanza de civiles inocentes pudiera haber ocurrido en el corazón
de Buenos Aires".
Perón no quería enfrentamiento entre las fuerzas armadas y, mucho menos,
entre militares y trabajadores. Aquel 16 de junio de 1955, después del primer
bombardeo a la Casa de Gobierno, el general le ordenó a un mayor del ejército
que fuera a hablar con el secretario general de la CGT:
– Ni un solo obrero debe ir a la Plaza de Mayo –le dijo al oficial. Y refiriéndose a los aviadores navales, agregó: –Estos asesinos no vacilarán en tirar contra ellos. Ésta es una cosa de soldados. Yo no quiero sobrevivir sobre una montaña de cadáveres de trabajadores.
El relato de este hecho tiene una dimensión mayor porque su autor es Pedro Santos Martínez, un historiador insospechado de simpatías peronistas (citado en "1"6-1955 - La Nueva Argentina", La Bastilla, Buenos Aires, 1988).
Los obreros salieron a la calle igual, al grito de "¡Perón, Perón!" Muchos fueron masacrados desde el aire o al quedar atrapados entre dos fuegos. Sus cadáveres permanecieron dispersos en la Plaza de Mayo, mientras tropas leales y rebeldes se tiroteaban en el triángulo formado por la Secretaría de Marina, la de Ejército y la Casa Rosada.
Martínez describe otro episodio que da una idea de las convicciones morales de los golpistas. Por la tarde, los subversivos atrincherados en la Secretaría de Marina desplegaron una bandera blanca que, de acuerdo a las reglas militares, sólo podía significar dos cosas: diálogo o rendición.
– Ni un solo obrero debe ir a la Plaza de Mayo –le dijo al oficial. Y refiriéndose a los aviadores navales, agregó: –Estos asesinos no vacilarán en tirar contra ellos. Ésta es una cosa de soldados. Yo no quiero sobrevivir sobre una montaña de cadáveres de trabajadores.
El relato de este hecho tiene una dimensión mayor porque su autor es Pedro Santos Martínez, un historiador insospechado de simpatías peronistas (citado en "1"6-1955 - La Nueva Argentina", La Bastilla, Buenos Aires, 1988).
Los obreros salieron a la calle igual, al grito de "¡Perón, Perón!" Muchos fueron masacrados desde el aire o al quedar atrapados entre dos fuegos. Sus cadáveres permanecieron dispersos en la Plaza de Mayo, mientras tropas leales y rebeldes se tiroteaban en el triángulo formado por la Secretaría de Marina, la de Ejército y la Casa Rosada.
Martínez describe otro episodio que da una idea de las convicciones morales de los golpistas. Por la tarde, los subversivos atrincherados en la Secretaría de Marina desplegaron una bandera blanca que, de acuerdo a las reglas militares, sólo podía significar dos cosas: diálogo o rendición.
El general peronista
Juan José Valle y otros oficiales leales se dirigieron al lugar para parlamentar,
con instrucciones de ser tolerantes con los rebeldes. Cuando la comisión
se acercó al edificio, la bandera blanca fue arriada y una ametralladora
los recibió con ráfagas de plomo.
Perón narra en su libro "Del Poder al Exilio", citado por Martínez, que
cuando una multitud enardecida se concentró con garrotes frente a la Secretaría
de Marina, el almirante golpista que estaba al mando envió un "dramático"
mensaje al jefe del ejército: "Intervenga. Mande hombres. Nos rendimos,
pero evite que la muchedumbre armada y enfurecida penetre en el edificio".
Ese mismo día, después de recuperar el edificio, el general Valle le dijo a Perón:
– Mi general, este ejército no le va a servir para la revolución popular. Arme a la CGT.
Ese mismo día, después de recuperar el edificio, el general Valle le dijo a Perón:
– Mi general, este ejército no le va a servir para la revolución popular. Arme a la CGT.
El militar ignoraba que con esas palabras firmaba su propia sentencia de
muerte. El ejército nunca le perdonaría su lealtad a Perón.
En la noche, como reacción popular
a los bombardeos, fueron saqueadas e incendiadas la Catedral Metropolitana
y las iglesias de Santo Domingo, San Francisco, San Ignacio, San Miguel,
La Merced, del Socorro, San Nicolás de Bari, San Juan Bautista, la capilla
San Roque y templos de Olivos y Vicente López. Poco después, trascendió
que el Papa Pío XII ha excomulgado al general Perón.
(Nota al pasar: curiosamente, Pío XII siempre se negó a tomar idéntica medida
con Benito Mussolini y Adolfo Hitler. Según algunos historiadores, el Papa
le debía a Mussolini el reconocimiento del Vaticano como un Estado soberano
de dos kilómetros cuadrados de superficie, con inmunidad diplomática y exención
de impuestos. Investigaciones periodísticas de postguerra evidenciaron,
asimismo, que el Vaticano organizó –a cambio de ciertas compensaciones económicas–
una muy eficaz red de escape de los nazis hacia Estados Unidos y América
del Sur).
Durante años, los antiperonistas repetirán que los incendiarios de los templos contaban con la complicidad de policías y bomberos. Y los historiadores oficiales pondrán más énfasis en la quema de las iglesias que en la masacre de civiles perpetrada horas antes por la aviación naval. Años después, muchos jóvenes repetirán lo que escucharon de chicos en sus casas. Desconocerán que antes los antiperonistas habían matado, herido o mutilado a más de 2 mil personas.
El 6 de julio de 1955, Buenos Aires amanece con nieve por primera vez en muchos años. Algunos agoreros se empeñan en interpretar la novedad como una señal de que vendrán tiempos difíciles. Los acontecimientos posteriores confirmarán las sombrías predicciones.
Luego del bombardeo de la aviación naval a la Plaza de Mayo, Perón no sólo no toma revancha –contrariando el sentimiento de sus propios seguidores– sino que busca la pacificación interna. En julio, levanta el estado de sitio, deja en libertad a varios detenidos políticos y elimina algunas restricciones políticas. El 31 permite utilizar la radio, el principal medio de comunicación de la época, a dirigentes opositores.
Perón ofrece renunciar a la jefatura del movimiento peronista y mantener sólo el cargo de presidente de la nación. En búsqueda de la reconciliación, el general cambia a integrantes de su gabinete, sustituye al jefe de policía y se desprende de Raúl Apold, su jefe de propaganda. Al mismo tiempo, designa a Cooke como interventor del partido en la Capital Federal.
Sin embargo, la situación ha llegado a un punto sin retorno. Conservadores, radicales, comunistas y socialistas exigen la renuncia del presidente. El Ejército, la Marina y la Aeronáutica conspiran abiertamente y los "comandos civiles" se organizan.
El 31 de agosto, Perón ofrece su dimisión. Una concentración en Plaza de Mayo, organizada por la CGT, lo obliga a retirarla. En ese mismo acto, el general cambia su tono de voz y rectifica el rumbo: "Por cada uno de los nuestros que caiga, caerán cinco de ellos", promete a la muchedumbre. (Dos décadas más tarde, miles de muchachos peronistas corearán: "¡Cinco por uno / no va a quedar ninguno!").
En su libro "45", el historiador Félix Luna sostiene: "La oratoria de Perón era fresca, original, feliz en sus ocurrencias y hasta en sus ocasionales chabacanerías. Expresaban una personalidad arrolladora, sanamente agresiva, nutrida de una sabiduría suburbana que su auditorio comprendía inmediatamente. Los discursos de 1955, en cambio, fueron ululantes convocatorias al odio".
Durante años, los antiperonistas repetirán que los incendiarios de los templos contaban con la complicidad de policías y bomberos. Y los historiadores oficiales pondrán más énfasis en la quema de las iglesias que en la masacre de civiles perpetrada horas antes por la aviación naval. Años después, muchos jóvenes repetirán lo que escucharon de chicos en sus casas. Desconocerán que antes los antiperonistas habían matado, herido o mutilado a más de 2 mil personas.
El 6 de julio de 1955, Buenos Aires amanece con nieve por primera vez en muchos años. Algunos agoreros se empeñan en interpretar la novedad como una señal de que vendrán tiempos difíciles. Los acontecimientos posteriores confirmarán las sombrías predicciones.
Luego del bombardeo de la aviación naval a la Plaza de Mayo, Perón no sólo no toma revancha –contrariando el sentimiento de sus propios seguidores– sino que busca la pacificación interna. En julio, levanta el estado de sitio, deja en libertad a varios detenidos políticos y elimina algunas restricciones políticas. El 31 permite utilizar la radio, el principal medio de comunicación de la época, a dirigentes opositores.
Perón ofrece renunciar a la jefatura del movimiento peronista y mantener sólo el cargo de presidente de la nación. En búsqueda de la reconciliación, el general cambia a integrantes de su gabinete, sustituye al jefe de policía y se desprende de Raúl Apold, su jefe de propaganda. Al mismo tiempo, designa a Cooke como interventor del partido en la Capital Federal.
Sin embargo, la situación ha llegado a un punto sin retorno. Conservadores, radicales, comunistas y socialistas exigen la renuncia del presidente. El Ejército, la Marina y la Aeronáutica conspiran abiertamente y los "comandos civiles" se organizan.
El 31 de agosto, Perón ofrece su dimisión. Una concentración en Plaza de Mayo, organizada por la CGT, lo obliga a retirarla. En ese mismo acto, el general cambia su tono de voz y rectifica el rumbo: "Por cada uno de los nuestros que caiga, caerán cinco de ellos", promete a la muchedumbre. (Dos décadas más tarde, miles de muchachos peronistas corearán: "¡Cinco por uno / no va a quedar ninguno!").
En su libro "45", el historiador Félix Luna sostiene: "La oratoria de Perón era fresca, original, feliz en sus ocurrencias y hasta en sus ocasionales chabacanerías. Expresaban una personalidad arrolladora, sanamente agresiva, nutrida de una sabiduría suburbana que su auditorio comprendía inmediatamente. Los discursos de 1955, en cambio, fueron ululantes convocatorias al odio".
Etiquetas:
Bardini Roberto,
Bombardeo a Plaza de Mayo,
Valle Juan José
lunes, 11 de mayo de 2015
Conferencia de Castagnino en el Museo Regional Juan Manuel de Rosas
El prestigioso historiador disertó sobre las causas de la Guerra de "La Triple Alianza" o de la "Triple Infamia". De manera clara, sencilla, erudita y didàctica, Castagnino explicó los antecedentes y el contexto nacional e Internacional de los paises Beligerantes. Un pùblico numeroso y entusiasta aplaudió al disertante y posteriormente se lo homenajeò con empanadas y vino de honor.
Etiquetas:
Ballester Horacio,
Barbera Carlos Adamo,
Otaño Julio R.
lunes, 4 de mayo de 2015
Sarmiento: mito, personaje y barbarie
Dr. Gonzalo García
"Amaba
a la Patria, pero no a sus compatriotas; a la educación, pero no a los
maestros; a la humanidad, pero no a sus semejantes". Opinión que Roca
habría vertido sobre Sarmiento en varias oportunidades, citado por
varios autores.
Domingo Faustino Sarmiento poseía una idiosincrasia especial.
Ninguna persona que lo conoció pondría en duda esta afirmación, todos
sus biógrafos hacen referencia a esto. Que ése temperamento le puso una
impronta a un período de la historia argentina tampoco se puede dudar.
La historia es forjada por la marcha de los pueblos no por individuos aislados, héroes o antihéroes. Las figuras individuales son emergentes del momento histórico, son el resultado de su tiempo y de la sociedad en que vivieron y, con este criterio es preciso profundizar la imagen histórica de Sarmiento, su mundo, su controvertida personalidad, sus escritos, sus actuaciones y sus opiniones. En fin, su larguísima e intensa vida nos da elementos para comprender su tiempo y su propio mito hoy alojado en el imaginario colectivo.
Nace en San Juan en 1811. Su madre fue Paula Albarracín, que ciertamente, como luego difundió la leyenda para escolares, fue una madre laboriosa y abnegada que tuvo que hacerse cargo de todos sus hijos, a diferencia de su padre, José Clemente Sarmiento, "que ha recibido de sus antepasados dos herencias: la pobreza absoluta y el vicio de mentir".
Estudia durante nueve años en la Escuela Patria, esos son sus únicos estudios formales y es durante este tiempo que recibe la influencia de José de Oro, su tío, un presbítero pintoresco y trasgresor. Se adhiere a las filas unitarias de su provincia a pesar de descender de una familia de cuño federal y cuando en 1831 Quiroga invade San Juan opta por el exilio. Será su primer exilio chileno que dura hasta 1836.
En 1836 vuelve a San Juan. Nazario Benavidez, caudillo rosista, lo recibe benévolamente y comienza a relacionarse epistolarmente con el grupo de intelectuales románticos exiliados en Montevideo conducidos por Echevarria y Alberdi.
En 1841 recrudecen las guerras civiles y Sarmiento parte a su segundo exilio chileno que durará diez años. Durante éste largo destierro tiene una actividad prolífera como escritor y periodista, escribe su famoso "Facundo" en 1845 y ese mismo año parte para hacer un largo viaje a Europa y Estados Unidos donde estudiará por encargo del gobierno chileno los diferentes sistemas educativos en esos países. En 1848 se casa con una viuda chilena-argentina, Benita Martínez, madre de Dominguito (1), el matrimonio, de conveniencia para ambos, será un verdadero fracaso y fuente permanente de conflictos que lo perturbarán un largo trecho de su vida.
En 1850 escribe "Argíropolis" y "Recuerdos de provincia".
En 1851, cuando Urquiza se pronuncia contra el gobierno de Don Juan Manuel de Rosas, Sarmiento se incorpora al "Ejercito Grande" como boletinero con grado militar. Luego de Caseros, conoce la ciudad de Buenos Aires donde residirá corto tiempo. Decepcionado tanto de Urquiza como de los separatistas porteños decide volver a Chile como autoexiliado hasta 1855. Durante ésta, su tercera estadía chilena, se produce la polémica con Alberdi en la prensa chilena. Cuando Sarmiento vuelve a Buenos Aires, la provincia estaba separada de la Confederación y es designado por Mitre como ministro de Gobierno. En aquellos días inicia una relación amorosa con la hija de Dalmacio Vélez Sardfield, Aurelia Vélez (2).
Luego de la batalla de Pavón, Mitre se hace cargo de facto del gobierno nacional y en 1862 es nombrado Sarmiento gobernador en San Juan y Director de Guerra. Conduce la represión de las montoneras federales en Cuyo y el Noroeste argentino que termina con el asesinato del Chacho Peñaloza en Olta. Su cometido como gobernador de San Juan genera problemas complicados con los vecinos de la provincia y decide renunciar reconociendo su fracaso.
Mitre lo nombra en 1865 (año en que comienza la guerra contra el Paraguay) embajador en los Estado Unidos. En 1866 viviendo en U.S.A. se entera de la muerte de su hijo Dominguito en la batalla de Curupaitý y en 1867 se informa de su candidatura promovida por un sector del ejército y apoyada por los autonomistas.
En el año 1868 asume la Presidencia de la Nación acompañado en la Vicepresidencia por Adolfo Alsina. Su mandato dura los seis años establecidos en la Constitución. Terminada su presidencia en 1874 es nombrado Director General de Escuelas por el Presidente Avellaneda y es electo Senador por su provincia natal. A fines de la presidencia de Avellaneda, es designado Ministro del Interior para manejar desde el gobierno nacional el enfrentamiento con el gobernador porteño Carlos Tejedor.
Después de buscar sin éxito algo del poder y el protagonismo perdido, en 1880 Sarmiento se convierte en uno de los opositores más severos del roquismo. Participa activamente en la polémica sobre la educación laica o religiosa. Funda en 1885 el diario "El Censor" desde donde lleva una durísima campaña contra la política de Roca y la llamada "generación del 80".
En 1887 decide trasladarse a Asunción del Paraguay donde muere el 11 de septiembre de 1888.
Se nota que tuvo Sarmiento una larga y multifacética existencia que es preciso desmenuzar para conocer que hay efectivamente detrás de tanta diversidad y presunto talento.
¿Qué hay de cierto detrás tanta actividad, tanta obra y tantos escritos? ¿Que se encuentra detrás del mito del "padre del aula? ¿Qué formación intelectual tenía el gran educador? ¿Qué hay de cierto acerca de la calidad literaria de sus escritos? Y por último ¿Qué se sabe realmente sobre su carácter estrafalario y excéntrico?
Un gran pensador liberal y democrático
Veamos primero lo referente a su formación intelectual. Sin dudas, Sarmiento era una inteligencia superior a la media, pero lo que tratare aquí es de ver si realmente era una mente brillante, forjadora de civilizaciones como afirma el liberalismo argentino.
En esta cuestión he decidido seguir los estudios que Manuel Gálvez ha plasmado en su monumental biografía "Vida de Sarmiento". Expone el escritor nacionalista, refiriéndose a las lecturas adolescentes de Sarmiento: "Pero estos estudios son caóticos. Sin dudas constituye su "bachillerato". Sin preparación alguna, Domingo ha leído hasta manuales de metafísica. Todo lo ha devorado en desorden. Muchas cosas no puede haberlas comprendido, si bien las retiene porque le sobra memoria. Esta formación intelectual deplorable, sin disciplina, marca el espíritu de Sarmiento para toda su vida". Y continúa más adelante: "Su cultura será informe, llena de lagunas y harto periodística. No es culpa suya, él se instruye como puede."
Estamos ante una formación ecléctica y superficial, una formación que no admitía conceptos doctrinarios, sistemas teóricos o ideas filosóficas. Un pragmático que vivió en perpetua contradicción ideas mal leídas y peor digeridas. Se ha escrito bastante sobre las ideas sociales de Sarmiento y de una supuesta sociología que las sustentaban. No es verdad, "su inteligencia no estaba hecha para sistemas o doctrinas. El solo comprendía ideas concretas".
Tampoco tiene una formación política sistemática y su ideología es cambiante, confusa y heterogénea. ¿Romántico, "socialista", positivista, liberal, social- cristiano? Según... las épocas, los libros leídos y la pasión que le ponía a la temática.
Para la posteridad que lo idolatró, Sarmiento fue un gran liberal y un gran demócrata, incluso sus apologistas lo consideran el padre del liberalismo argentino. Un verdadero liberal o un demócrata no son partidarios del autoritarismo ni en la teoría ni en la práctica como Sarmiento lo era. Tampoco puede ser liberal un espíritu dogmático. No puede ser liberal Sarmiento que durante años sirvió en Chile a gobiernos despóticos y autoritarios. No puede ser auténticamente democrático estando en contra del sufragio universal: deseaba prohibir el voto a los menores de 21 años, a los analfabetos y a los negros. Un genuino liberal cree en la igualdad de los hombres: para Sarmiento, racista confeso, los negros, los indios los gauchos apenas eran seres humanos que aborrecía profundamente. Un verdadero liberal republicano le niega al Estado el derecho a matar, pero durante su presidencia fueron fusiladas sin juicio previo más de 30 personas y puso precio a la cabeza de un gobernador electo por los entrerrianos: Ricardo López Jordán. No es demócrata quien quiere el máximo de poder en el gobierno y en función de esto declara sin argumentos jurídicos el estado de sitio en las provincias cada dos por tres.
En esto tenía razón Jaruretche: el problema no es Sarmiento sino los sarmientistas. Es la "posteridad" que construye el mito de Sarmiento liberal y democrático. Él siempre se expresó en sus escritos coherentemente como antiliberal y jamás renegó sus principios autoritarios que puso en práctica durante toda su vida pública.
El "Padre del aula"???
¿Fue Sarmiento, como lo expresa su posterior mitificación, un educador, el más grande educador de América, "padre del aula?" En realidad el gran mérito de la presidencia de Sarmiento fue la política educacional en el nivel secundario ya que la enseñanza primaria y superior incumbía a las provincias. Se crean durante su presidencia cinco colegios nacionales y dos colegios normales.
Pero en verdad no es suya la obra, sino de su ministro de educación Avellaneda que, en sus "Escritos y Discursos" se atribuye todo el mérito: "El nombre del señor Sarmiento al frente del gobierno era por sí solo una dirección dada a las ideas y a la opinión a favor de la educación popular; su firma al pie de los decretos era una autoridad que daba prestigio a mis actos. Su intervención se redujo, sin embargo a esta acción moral".
En síntesis, mientras ocupó la presidencia, cuanto se realizó en materia educativa fue obra de Avellaneda. Luego como Director de Escuelas de la Provincia y Superintendente General de Escuelas de la Nación poco o nada hizo.
Paúl Groussac, cuya opinión es necesario tener en cuenta ya que ocupó altos cargos en la enseñanza en vida de Sarmiento, ha escrito: "es dudoso que el autor de "Facundo" fuera el gran educacionista de nuestros estribillos". Y agrega que, en materia de enseñanza, no tuvo Sarmiento nunca una idea propia.
Lo que es innegable es la influencia que tuvo Sarmiento como publicista de la necesidad de "educar al soberano". "Fue un animador -escribe Manuel Gálvez- convenció no a muchos, pero si a quienes correspondía, de la necesidad de que todos supiesen leer y escribir".
Alberdi publica en 1871 su única novela poco conocida: "Peregrinación de Luz del Día" (3). El texto es una maravillosa parodia escrita en código que desenmascara el sistema de poder y la corrupción de la sociedad argentina en ese tiempo. A Sarmiento Presidente lo encarna un personaje de ficción al que Alberdi llama "Tartufo". Tartufo, en la novela mencionada, es un apóstol de la educación. Con detalles va exponiendo su plan de educación pública que consiste en instruir a los niños en las verdades falsificadas de las logias haciéndolos disciplinados instrumentos de su política. "¿Pero Tartufo tiene escuela de niños? - Pregunta "Luz del Día" - ¡No faltaría más - contesta éste - que yo vendiese mi tiempo y mi paciencia por $ 30 al mes, el salario del último sirviente! Yo me ocupo de la educación para lo que es exaltar y ponderar sus ventajas, porque eso produce buen efecto y da opinión. Yo me ocupo de hablar y escribir de educación, pero no de educar yo mismo; de enseñar a educar sin educar. De dirigir, de administrar, de gobernar la educación: pero no de darla, porque éste es oficio humilde, subalterno, y sobre todo, para darla, es preciso haberla recibido".
Un gran escritor
Continúo ahora, profundizando otra de las publicitadas facetas del "ilustre sanjuanino": La de escritor. Tanto su más entusiasta panegirista, Leopoldo Lugones, como su más riguroso crítico, Manuel Gálvez, se ponen de acuerdo en señalar las limitaciones de Sarmiento escritor.
Leopoldo Lugones, que fue uno de los más grandes críticos literarios de su tiempo, en "Vida de Sarmiento" opina que: "Sarmiento fue periodista antes de ser autor de libros, circunstancia cronológica que determina, como es natural, la formación del escritor, y con esto el examen crítico. Las cualidades y defectos más prominentes de aquél, son rasgos de periodista. Las peculiaridades que producían en su prosa la impresión del estilo, siempre urgente. La gala literaria, resultante de un temperamento nativo de escritor, le viene al correr de la pluma. Por eso es siempre fragmentaria y comúnmente de tosco engarce. El positivismo es también su cualidad dominante, y de aquí la escasez de metáforas. Él periodista debe decir las cosas directamente, interesando a su lector con el valor intrínseco de las mismas. Esto excluye también el sistema filosófico y literario. Las ideas, tanto como la literatura del periodista, dependen de la impresión de su día. Son fugaces por naturaleza, como la hoja que las edita. Su lógica es la de los acontecimientos, no la de las ideas."
Lo que Lugones tiene que decir obligatoriamente de manera elíptica y elegante, Manuel Gálvez lo formula sin eufemismos: "No tenía idea de la técnica literaria. No sabía componer sus párrafos. Carecía de todo orden retórico. Su prosa es inconexa, desmadejada, arbitraria, antiartística, llena de flecos inútiles, de repeticiones, de incoherencias, de faltas contra el gusto." Y continúa más adelante: "los más graves defectos en su prosa son la confusa construcción y la bárbara sintaxis. Por causa de ambos defectos, muchísimas veces no se le entiende. Es preciso releer con cuidado millares de frases suyas para saber que ha querido decir o a que persona o suceso se refería".
Pero Sarmiento que tenía voluntad para escribir y cosas para decir, a pesar de sus limitaciones literarias, escribió muchísimo (sus Obras Completas suman en total 52 tomos); ensayos sobre temas diversos, narró sus viajes, escribió biografías, su autobiografía, comentarios pedagógicos, historia, política, análisis sociológicos intuitivos, etc. Miles de páginas componen sus Obras Completas. De toda su enorme obra, "Recuerdos de Provincia" y "Facundo" son las únicas sobrevivientes, oxigenadas, por supuesto, por la currícula escolar que hizo casi obligatoria su lectura.
"Recuerdos de Provincia" es una autobiografía carente de profundidad. Contiene tantas cosas sin interés alguno que creo que su perpetuidad corre peligro. El libro fue escrito para presentarse ante sus contemporáneos como futuro presidente. Es una aburrida cronología de su ascendencia y relata algunas anécdotas de juventud con algo de color. Sirvió, entre otras cosas, para presentar al candidato como un hombre del interior, con un barniz federal.
"Facundo", su obra más afamada y sobredimensionada en sus bondades literarias es una biografía novelada y su grandeza radica en la exageración de la figura del caudillo de manera tal que termina fundando un mito popular. "Sin Sarmiento, Quiroga fuera uno de tantos caudillos valerosos y oscuros. Por él es un protagonista shakesperiano! Sublimes paradojas estas venganzas geniales!" interpreta Lugones.
Esta es su mejor obra, por su estilo moderno y ameno, para muchos la mejor del siglo XIX. En la cultura argentina se disputa con el "Martín Fierro" de José Hernández el titulo de "libro patrio", a pesar de representar antítesis políticas. Pero más allá de la polémica sobre la calidad literaria, "Facundo" fue un ensayo político sin ningún valor histórico porque está repleto de mentiras que nadie cree, un libelo, un folleto político contra Rosas que desarrolla en su antinomia de "civilización o barbarie" la teoría que justificará el posterior genocidio del gauchaje en nombre de la mentada civilización y el ansiado "progreso".
Y para terminar, su singular personalidad o el personaje construido. Sarmiento fue estigmatizado en vida como "loco" por la sociedad de su tiempo, en especial por los porteños que se burlaban permanentemente de sus ocurrencias. El mote de "loco" se fundaba en las conductas excéntricas derivadas de su expansiva personalidad.
Su extraño temperamento fue analizado por un médico legista, el psiquiatra Nerio Rojas (hermano de aquel Ricardo Rojas, autor del "Santo de la Espada" ) que en el año 1916 publicó un trabajo titulado "Sicología de Sarmiento". En el mismo comenta que, "de joven evidencia un temperamento anormal" y que, a fines de 1835 Sarmiento al enfermarse de fiebre tifoidea, las secuelas de ésta enfermedad, le pudo haber traído aparejado "depresión melancólica, seguidos de fuerte excitación psíquica". La conclusión más sugestiva del trabajo es el diagnóstico del psiquiatra: "Cenestesia de genio". Esto significa que "se sentía completamente genio, tenía autoconciencia de su genialidad y actuaba en consecuencia. Y de allí su carácter indoblegable, su férrea voluntad, el sentido de su autoridad, y el de su responsabilidad personal".
Intrigado también por la increíble personalidad de Sarmiento, Manuel Gálvez intenta rastrear la "locura" de Sarmiento en su genética, donde sí, encontramos varios cuadros patológicos: "Algunos miembros de estas familias fueron o son locos o chiflados. Un Albarracín es imbécil. Otro, el fraile Miguel, fue hereje y extravagante. Fermín Mallea, tío de Sarmiento, enloquecerá en 1848. Miguel de Oro, casado con Elena Albarracín, tiene dos locos en su familia: un hermano y una hija. El clérigo José de Oro, su hijo, está lejos de ser enteramente cuerdo, lo mismo que José Clemente Sarmiento, el padre de Domingo Faustino".
Sus apologistas encuentran y justifican sus chifladuras como el resultado de una mente genial, fuera de serie, a la que algunos, como el propio Lugones, le atribuyó dotes adivinatorias... ¡Oh Sarmiento, Genio y Figura!
Hubo un tiempo en la Argentina en que estuvo de moda hablar y escribir sobre la inescrutable personalidad de Sarmiento. De todas las explicaciones, hipótesis y calificativos dados a la misma entiendo que la de Alberdi es la más clara al juzgarlo como un "Tartufo". Como vimos, Alberdi personaliza en su novela "Peregrinación a la Luz del Día" al propio Sarmiento presidente en el personaje de la obra de Moliere. "Tartufo o el impostor" así se llama la famosa comedia francesa en que Tartufo, su personaje central, representa la simulación, la falsedad, la hipocresía. Por su malicia e hipocresía se nos hace odioso, verdaderamente execrable. Por sus engaños, es un hombre bastante listo y rastrero, que no duda en engañar y aprovecharse de los inocentes que creen en su palabra; tiene además, un especial aspecto bufonesco que divierte muchísimo al público. El personaje Tartufo describió de manera tan excelsa al ser hipócrita que este nombre es utilizado ahora en el Diccionario de la Real Academia Española para definir a la persona impostora, embaucadora y falsa. Alberdi, que sí lo conocía bien a Sarmiento, lo había tratado epistolarmente desde su juventud, sabía de sus limitaciones, sabía que simulaba.
Después de haber reflexionado estas lecturas mencionadas se puede pensar que Sarmiento, conscientemente, histriónicamente, trabajó para el público y para la posteridad su personaje de loco. Simulando serlo... actuando su "locura" que nunca le impidió perder el sentido de la realidad. Solamente una mente que exageraba su propia locura pudo escribir una carta a Mitre que aconsejaba entre otras: "No trate de economizar sangre de gauchos. Es lo único que tienen de humano. Este es un abono que es preciso hacer útil a país". El texto es injustificable, data de 1861... Y el texto lo escribe "el más grande educador de América".
El sanjuanino también escribió, con motivo de la Guerra del Paraguay, cartas como esta: "Estamos por dudar que exista el Paraguay. Descendientes de razas guaraníes, indios salvajes y esclavos que obran por instinto o falta de razón. En ellos, se perpetúa la barbarie primitiva y colonial... Son unos perros ignorantes... Al frenético, idiota, bruto y feroz borracho Solano López lo acompañan miles de animales que obedecen y mueren de miedo. Es providencial que un tirano haya hecho morir a todo ese pueblo guaraní. Era necesario purgar la tierra de toda esa excresencia humana, raza perdida de cuyo contagio hay que librarse".
Todo es simulación en Sarmiento que, tal vez especulaba como Nerón: "Ódienme con tal de que me teman", es de la única manera en que se puede entender que escribirse algo tan inhumano con tanta impunidad. Ni loco- demente, ni genio, ni extraño personaje, sino un simulador, un impostor, un Tartufo megalómano con una gran capacidad histriónica como varios personajes de la historia argentina la han tenido. Pero más allá de la locura simulada, no dejó de ser un asesino y genocida.
El Sarmiento del panteón liberal
Veamos ahora la construcción del mito Sarmiento perpetrada por el aparato cultural de la oligarquía portuaria. De cómo y porqué se manipuló su imagen y se inventó un "Sarmiento inmortal" que hoy se levanta en el altar de la patria como especial referente de los educadores, la escuela pública y los niños educandos.
El proceso de mitificación de su figura fue especialmente veloz. A los 20 años de su muerte ya era un personaje mitológico. En su glorificación ha contribuido el liberalismo, tal vez el poder subterráneo de la masonería de fines de siglo, pero fundamentalmente un sector de intelectuales a sueldo del régimen. Se falsificó la historia haciendo hincapié en la grandeza de su alma y se lo presentó como un "buen abuelito" amante de los niños, algo temperamental, democrático, liberal y profundamente humanista.
El Estado y el "régimen" de fines de siglo XIX en Argentina necesitaba con urgencia de personajes, historias heroicas y leyendas épicas que dieran sustento al incipiente Estado y a la ansiada "unión nacional" lograda a sangre y fuego después de Caseros. Historias y mitos que evitaran una posible disgregación ante el avance de la inmigración europea. Esta situación de posible desintegración social era muy temida por las clases dirigentes de entonces. Este escenario, no previsto por los defensores de la inmigración, concibe entonces que se organice una escuela pública donde se infunda una verdadera "religión cívica" según los dictados de la ideología liberal dominante.
José Ramos Mejía, presidente del Consejo Nacional de Educación, es un personaje clave para comprender la falsificación de la historia en la escuela pública y la introducción del mito Sarmiento, tanto en los programas escolares como en el imaginario colectivo. En algunos de sus escritos sociológicos, decididamente positivistas, propone la manipulación de la educación popular y propicia adaptarla a la sensibilidad puramente emotiva de las clases populares. Así nace la visión de la historia como una epopeya y el culto de los próceres como semidioses despojados de toda condición humana. Sarmiento incluido.
En éste proceso de glorificación de figuras históricas llevadas a cabo por el "régimen" le tocó rápido el turno a Sarmiento. A Leopoldo Lugones, escritor del diario "La Nación", el mencionado Ramos Mejía le encarga una biografía de Sarmiento. No una biografía de carácter histórico sino una exaltación de la figura del "gran sanjuanino".
"Porque se trata, ante todo, de glorificar a Sarmiento. Es este el objeto del encargo que me ha dado el señor Presidente del Consejo Nacional de Educación, doctor José Ramos Mejía, a cuya distinción quiero corresponder". (Prefacio de "Historia de Sarmiento". Leopoldo Lugones, enero de 1911.). Y no solo lo glorificó y lo trocó en mármol sagrado, sino que tuvo el atrevimiento intelectual de intentar su canonización: "Santo en efecto, a la manera de aquellos varones formidables y coléricos que iniciaron los grandes movimientos cristianos e islamitas; santo, ni por la perfección de su virtud, por la altura de su misticismo, conducentes a la vía unitiva de los teólogos en estado de contemplación inefable; si no por la abnegación valerosa que superaba todas sus imperfecciones, así como el cerro parecido saca de entre matorrales, derrumbaderos y cavernas, luminosa en la inmensidad, su punta blanca."
Y este libro, hoy quizás de dificultosa lectura por su estilo artificial y recargado, fue muy leído y también estudiado por las primeras generaciones de argentinos del siglo XX. Se instituyó como lectura canónica para educadores sin conciencia nacional, estudiantes de magisterio, alumnos e intelectuales de la pequeña burguesía urbana. Leopoldo Lugones fue para Sarmiento con su "Historia de Sarmiento" lo que Ricardo Rojas significó para San Martín con el "Santo de la Espada", salvando las distancias en cuanto a las diferencias políticas sustanciales de los personajes históricos tratados.
Así se dio el fenómeno de mitificación de Sarmiento que no logró consolidarse tanto como los poderes hubiesen deseado.
A principios de los sesenta (1960) la imagen de Sarmiento como apóstol de la educación y gran liberal comienza a ser cuestionada por sectores del nacionalismo. El revisionismo histórico desenmascaró al "gran sanjuanino" responsabilizándolo por el asesinato del Chacho. Se publicaron muchos ensayos críticos sobre "Facundo" demostrando el verdadero significado de la contradicción "civilización y barbarie". El exacerbado extranjerismo de Sarmiento, en especial su admiración por lo yanqui y el odio por todo lo nuestro, contribuyó para conquistarse la repulsión de todo el campo nacional y popular.
Sarmiento fue socialmente un desclazado, un marginal de la oligarquía a la que también detestaba según el mismo decía, pero fue un instrumento político de la clase dominante y después de muerto, funcional a la misma desde su dudoso bronce. El no era un hombre de la oligarquía portuaria. Por su condición de clase pertenecía a una antigua y pobre familia de provincias arruinada por el librecambio. No obstante su marginalidad, su barbarie, sus "locuras"; la oligarquía que lo ridiculizaba, lo eligió para colocarlo en el Olimpo con los otros padres de la patria como un maniquí condecorado por la Gloria. ¿Por qué?
Permita el lector que responda la pregunta Juan José Hernández Arregui en este retrato inefable, que muestra, la quintaesencia de la oligarquía argentina: "Su patriciado (el de la oligarquía) es un derecho divino y hereditario establecido por la Constitución de 1853, la ley sagrada y depósito histórico de sus privilegios codificados. Racionalista y tradicionalista a su tiempo, en el sentido relatado, ama los mausoleos de sus próceres y los adorna con epitafios sobre la libertad jacobina, desfigurando el contenido feudal de su propia función de clase con máximas progresistas. Del ahí su admiración por Sarmiento, el bárbaro culto, cuyos consejos conservan vivos en su memoria de clase: "Debe darse muerte a todos los prisioneros y a todos los enemigos" o "Debe manifestarse un brazo de hierro y no tenerse consideración con nadie". O mejor aún "Todos los medios son buenos y deben emplearse sin vacilación". Por eso la oligarquía admira a Sarmiento." (J. J. Hernández Arregui."La formación de la conciencia nacional". Pág. 64.)
Murió el poeta José María Castiñeira de Dios
Multipremiado en América Latina, España y Francia, entre sus
principales obras se encuentran Campo Sur y Del Amor para siempre, entre
otras.
El poeta y escritor José María Castiñeira de Dios falleció esta tarde luego de permanecer internado durante veinte días, tras las complicaciones ocasionadas por un cuadro de neumonía, informó su hija Elena.
Castiñeira de Dios había nacido el 30 de marzo en Ushuaia, Tierra del Fuego, y desde muy joven abrazó la causa del peronismo, al que se acercó a través de quien fuera su maestro de quinto grado en la escuela primaria y quien luego lo introdujo en el mundo de las letras, el también escritor Leopoldo Marechal.
Multipremiado y reconocido tanto en nuestro país como en
América Latina, España y Francia, entre sus principales obras se
encuentran Campo Sur, Del Amor para siempre, Los poetas cantan a sus
patrias chicas, Del Ímpetu Dichoso y Oda Filial a Tierra del Fuego,
entre otras.
El poeta y escritor José María Castiñeira de Dios falleció esta tarde luego de permanecer internado durante veinte días, tras las complicaciones ocasionadas por un cuadro de neumonía, informó su hija Elena.
Castiñeira de Dios había nacido el 30 de marzo en Ushuaia, Tierra del Fuego, y desde muy joven abrazó la causa del peronismo, al que se acercó a través de quien fuera su maestro de quinto grado en la escuela primaria y quien luego lo introdujo en el mundo de las letras, el también escritor Leopoldo Marechal.
Desde 1990 era
miembro de número de la Academia Argentina de Letras y desde 1994
integró la Academia Nacional de Periodismo, ofició que ejerció en los
diarios, Tribuna, Democracia, Clarín, La Nación y La Voz, que dirigió en
la década de los años 80. Además ejerció la función pública en
distintos ámbitos: de 1950 a 1952 fue subsecretario de Cultura de la
Nación y simultáneamente, director general de Cultura del Ministerio de
Educación, presidente de la Comisión Nacional de Cultura y presidente
del Instituto Nacional Sanmartiniano. En 1973 fue Secretario de Prensa y
Difusión de la Nación; de 1989 a 1991, director de la Biblioteca
Nacional y de 1991 a 1994, Secretario de Cultura de la Nación.
“José María fue uno de los fundadores del grupo de poetas que iba todas las semanas a la residencia presidencial para leer poesía frente a Evita –recuerda el escritor Horacio Salas–. Eran un grupo de 15 o 20 intelectuales que iban a cenar y después se leía”. Castiñeira fue uno de los que presentaron La Razón de mi vida.
Esos encuentros fueron seguramente la inspiración de la histórica frase de Evita (ver Eva Perón...). “Fue un peronista completo. Aunque no estuviera de acuerdo en algo con el movimiento, no lo decía. No lo hacía por alcahuete sino por convencimiento de que así era la política”, dice Salas. La Universidad Nacional de Lanús editó su obra completa de poesía, en un tomo único titulado Obra, 1938 - 2008.
“La vida, mi larga vida, no había pasado en vano”, dijo alguna vez.
“José María fue uno de los fundadores del grupo de poetas que iba todas las semanas a la residencia presidencial para leer poesía frente a Evita –recuerda el escritor Horacio Salas–. Eran un grupo de 15 o 20 intelectuales que iban a cenar y después se leía”. Castiñeira fue uno de los que presentaron La Razón de mi vida.
Esos encuentros fueron seguramente la inspiración de la histórica frase de Evita (ver Eva Perón...). “Fue un peronista completo. Aunque no estuviera de acuerdo en algo con el movimiento, no lo decía. No lo hacía por alcahuete sino por convencimiento de que así era la política”, dice Salas. La Universidad Nacional de Lanús editó su obra completa de poesía, en un tomo único titulado Obra, 1938 - 2008.
“La vida, mi larga vida, no había pasado en vano”, dijo alguna vez.
jueves, 30 de abril de 2015
Roberto Siminian presenta su libro “La Hora del Vecinalismo”
El edil vecinalista en el Frente Renovador realizará la presentación oficial de su libro este jueves 28 de mayo a las 18.30hs en el Salón Auditorio del Colegio de Abogados de San Martín, cito en Avenida Ricardo Balbín 1750, en San Martín
Bartolomé Mitre, un personaje siniestro
Por Sergio Ortíz
El 19 de enero de 1906 murió Bartolomé Mitre, ex presidente de la Nación entre 1862 y 1868, ex comandante de la guerra fratricida contra el Paraguay comenzada en 1865 y terminada cinco años más tarde, y fundador del diario oligárquico "La Nación" en 1870, vocero de los terratenientes, monopolios e imperialistas.
otras instituciones mitristas son la Academia Nacional de Historia, la Academia Nacional de Periodismo, la Academia de Ciencias Morales y Políticas y otros sellos por el estilo, todas presididas por personeros suyos. Por caso, la de Historia está a cargo de Miguel Angel de Marco y César García Belsunse, habituales columnistas del diario. La de Periodismo es dirigida por José Claudio Escribano, subdirector de la "tribuna de doctrina" donde estuvo los últimos cincuenta años. La de Ciencias Morales tiene poca moralidad porque cuenta a ex funcionarios de la dictadura como Alberto Rodríguez Varela, que ocupa el sitial "Pedro Eugenio Aramburu", Juan Aguirre Lanari, ex canciller de la dictadura, sentado en el "Justo José de Urquiza", y Rosendo Fraga, ex asesor del dictador Roberto Viola, ubicado en el "Cornelio Saavedra".
En esa academia de supuestas Ciencias Morales y Políticas también revista
Horacio García Belsunse, quien el 16 de setiembre último publicó una nota
elogiando la "Revolución Fusiladora" como la única revolución
verdadera del siglo XX. ¿Dónde se publicó esa apología del delito? En "La
Nación", por supuesto. Hablamos de la oligárquica familia que, con
inversiones financieras poco claras, terminó siendo noticia por el asesinato de
María Marta García Belsunse, del que está acusado su esposo.
El Partido de la Liberación repudia los actos del centenario de Mitre porque glorifican a uno de los dirigentes que abonaron el proyecto agroexportador dependiente de la Generación del ´80, ligado al imperialismo británico.
Todo lo vinculado con "don Bartolo" tiene ese sesgo terrateniente y antipopular. Por caso, su visión "liberal" de la historia, lo emparenta con lo sarmientino, en contra del gaucho, del indio, de las montoneras federales y de José G. Artigas; lima los aspectos jacobinos de Mariano Moreno y su plan de Operaciones en el Río de la Plata.
Como presidente lo descalifica haber encabezado el pacto de la Triple Alianza (Triple Infamia) con Brasil y Uruguay, para destruir la progresista nación de Paraguay y matar más de 300.000 personas. Todo eso en beneficio del Reino Unido y del "libre comercio", como el propio Mitre lo proclamó: "en la guerra del Paraguay ha triunfado no sólo la República Argentina sino también los grandes principios del libre cambio. Cuando nuestros guerreros vuelvan de su campaña, podrá el comercio ver inscripto en sus banderas victoriosas los grandes principios que los apóstoles del libre cambio han proclamado" Como periodista, lo aborrecemos por haber fundado el diario del establishment y vocero de la Sociedad Rural, que hizo suyas todas las causas injustas, desde la celebración de la criminal victoria sobre Paraguay hasta la mal denominada "Campaña del Desierto"; desde la condena a los primeros sindicatos y huelgas en el país hasta el apoyo a los golpes de Estado en 1930, 1955, 1966 y 1976; desde la apología del neoliberalismo y la deuda externa hasta la represión a las huelgas y piqueteros.
El Partido de la Liberación repudia los actos del centenario de Mitre porque glorifican a uno de los dirigentes que abonaron el proyecto agroexportador dependiente de la Generación del ´80, ligado al imperialismo británico.
Todo lo vinculado con "don Bartolo" tiene ese sesgo terrateniente y antipopular. Por caso, su visión "liberal" de la historia, lo emparenta con lo sarmientino, en contra del gaucho, del indio, de las montoneras federales y de José G. Artigas; lima los aspectos jacobinos de Mariano Moreno y su plan de Operaciones en el Río de la Plata.
Como presidente lo descalifica haber encabezado el pacto de la Triple Alianza (Triple Infamia) con Brasil y Uruguay, para destruir la progresista nación de Paraguay y matar más de 300.000 personas. Todo eso en beneficio del Reino Unido y del "libre comercio", como el propio Mitre lo proclamó: "en la guerra del Paraguay ha triunfado no sólo la República Argentina sino también los grandes principios del libre cambio. Cuando nuestros guerreros vuelvan de su campaña, podrá el comercio ver inscripto en sus banderas victoriosas los grandes principios que los apóstoles del libre cambio han proclamado" Como periodista, lo aborrecemos por haber fundado el diario del establishment y vocero de la Sociedad Rural, que hizo suyas todas las causas injustas, desde la celebración de la criminal victoria sobre Paraguay hasta la mal denominada "Campaña del Desierto"; desde la condena a los primeros sindicatos y huelgas en el país hasta el apoyo a los golpes de Estado en 1930, 1955, 1966 y 1976; desde la apología del neoliberalismo y la deuda externa hasta la represión a las huelgas y piqueteros.
El diario llegó al orgasmo con Jorge
Zorreguieta en la secretaría de Ganadería, José A. Martínez de Hoz en Economía
y Jorge R. Videla como dictador. La asociación con esos intereses ganaderos y
exportadores se mantiene hasta hoy, cuando organiza Expochacra, con los
fabricantes extranjeros y nacionales de maquinaria agrícola.
"La Nación" está asociada a los capitales españoles del Grupo Correo, con quien comparte junto a Clarín la empresa CIMECO, propietaria de La Voz del Interior de Córdoba y Los Andes de Mendoza.
Luego de fogonear la campaña por las privatizaciones durante los ´90, el matutino apoyó en su editorial del 17/12 la decisión de Néstor Kirchner de pagar la deuda al FMI aunque reclamándole que también pague al resto de los acreedores. "Además, es bueno reconocer que muchas de las reformas estructurales que reclama el organismo financiero internacional, lejos de ser negativas, resultan imprescindibles para dotar a nuestro sistema político y económico de la necesaria previsibilidad que reclamaría cualquier potencial inversor. Entre tales reformas, se encuentran la nunca tratada ley de coparticipación federal, un mandato de la Constitución de 1994 que jamás fue cumplido; la eliminación de los impuestos distorsivos, como las retenciones a las exportaciones y el impuesto al cheque, y la postergada renegociación de los contratos de servicios públicos", exigió la Gaceta Ganadera.
"La Nación" está asociada a los capitales españoles del Grupo Correo, con quien comparte junto a Clarín la empresa CIMECO, propietaria de La Voz del Interior de Córdoba y Los Andes de Mendoza.
Luego de fogonear la campaña por las privatizaciones durante los ´90, el matutino apoyó en su editorial del 17/12 la decisión de Néstor Kirchner de pagar la deuda al FMI aunque reclamándole que también pague al resto de los acreedores. "Además, es bueno reconocer que muchas de las reformas estructurales que reclama el organismo financiero internacional, lejos de ser negativas, resultan imprescindibles para dotar a nuestro sistema político y económico de la necesaria previsibilidad que reclamaría cualquier potencial inversor. Entre tales reformas, se encuentran la nunca tratada ley de coparticipación federal, un mandato de la Constitución de 1994 que jamás fue cumplido; la eliminación de los impuestos distorsivos, como las retenciones a las exportaciones y el impuesto al cheque, y la postergada renegociación de los contratos de servicios públicos", exigió la Gaceta Ganadera.
El medio fundado por Bartolo ni siquiera mantuvo su carácter no confesional
sino que pasó a comulgar con las cúpulas reaccionarias de la Iglesia. Un
detalle lo revela: su jefe de editoriales es Bartolomé De Vedia, miembro de la
Academia de Ciencias Morales y Políticas que tiene el Premio Santa Clara de
Asís, "por su contribución a la difusión del pensamiento cristiano",
1989; el Premio Estrada, de la Arquidiócesis de Buenos Aires, "por la
permanente objetividad con que sirvió a la difusión informativa de las actividades
pastorales y doctrinarias de la Iglesia", 1995; el Premio Educar Juntos,
otorgado por el Arzobispado de Buenos Aires, 2002, y el Premio San Gabriel,
otorgado por el Episcopado Argentino, 2002.
Entre sus columnistas hay que mencionar a Mariano Grondona, ex asesor del golpista Juan Carlos Onganía en 1966 y de la Fuerza Aérea de la última dictadura. En el 41º Coloquio de Idea, realizado en Mar del Plata el pasado 25 de noviembre, Grondona apoyó a los hipermercadistas acusados de cartelización y aumentos de precios. Arengó a los de 500 popes de Idea para que intervengan en la lucha política a favor de un partido de los monopolios y dejen de estar a la defensiva frente a un gobierno que calificó de "autoritario".
En síntesis, a "La Nación" hay que leerla con el punto de vista del mayor Bernardo Alberte, asesinado por la dictadura, quien decía: "leo ´La Nación´ porque es el parte diario del enemigo y tengo la obligación de saber qué piensa el enemigo".
Entre sus columnistas hay que mencionar a Mariano Grondona, ex asesor del golpista Juan Carlos Onganía en 1966 y de la Fuerza Aérea de la última dictadura. En el 41º Coloquio de Idea, realizado en Mar del Plata el pasado 25 de noviembre, Grondona apoyó a los hipermercadistas acusados de cartelización y aumentos de precios. Arengó a los de 500 popes de Idea para que intervengan en la lucha política a favor de un partido de los monopolios y dejen de estar a la defensiva frente a un gobierno que calificó de "autoritario".
En síntesis, a "La Nación" hay que leerla con el punto de vista del mayor Bernardo Alberte, asesinado por la dictadura, quien decía: "leo ´La Nación´ porque es el parte diario del enemigo y tengo la obligación de saber qué piensa el enemigo".
General de División Enrique Mosconi
Nació en Buenos Aires el 21
de febrero de 1877, siendo hijo del ingeniero Enrique Moscóni y de doña María
Juana Canavery.
Ingresó al Colegio Militar
de la Nación el 26 de mayo de 1891, y se graduó con diploma de honor de subteniente
de infantería el 20 de noviembre de 1894.
Su foja de servicios registra los siguientes ascensos:
26 de noviembre de 1896 Teniente 2º de Infantería
13 de junio de 1899 Teniente 1º de Infantería
12 de agosto de 1903 Capitán de Infantería
17 de octubre de 1907 Mayor de Ingenieros
3 de abril de 1912 Teniente Coronel de Ingenieros
31 de diciembre de 1917 Coronel de Ingenieros
31 de diciembre de 1925 General de Brigada
31 de diciembre de 1933 General de División
26 de noviembre de 1896 Teniente 2º de Infantería
13 de junio de 1899 Teniente 1º de Infantería
12 de agosto de 1903 Capitán de Infantería
17 de octubre de 1907 Mayor de Ingenieros
3 de abril de 1912 Teniente Coronel de Ingenieros
31 de diciembre de 1917 Coronel de Ingenieros
31 de diciembre de 1925 General de Brigada
31 de diciembre de 1933 General de División
En el año 1899 desempeñó
comisiones topográficas en la cordillera, en Mendoza, tomando parte en los
levantamientos topográficos y estudios estadísticos de la zona.
En el año 1900 formó parte
de la Comisión que realizó los estudios del ferrocarril estratégico de
Confluencia a Pino Hachado. En junio de
1903 se graduó como ingeniero civil, en la Facultad de Ciencias Exactas
Físicas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires; en septiembre del mismo
año se le reconoció como ingeniero militar, siendo transferido al arma de
Ingenieros.
Durante su prestación de
servicios en el Ministerio de Guerra, ganó el primer premio, entre 11
concursantes, para los proyectos de un cuartel de infantería y uno de
caballería a levantarse en el lugar que hoy ocupa el Regimiento de Granaderos
a Caballo General San Martín. En noviembre de 1904 viajó a Italia, Bélgica y
Alemania, donde realizó estudios para la construcción de la usina
hidroeléctrica y a gas pobre que funcionara en Campo de Mayo, adquiriendo
además los materiales de hierro, sanitarios y eléctricos para los cuarteles que
se levantaron en los años 1905/1910, siendo felicitado por el Ministerio de
Guerra por las grandes economías que obtuvo para el Estado, en estas
adquisiciones.
De octubre de 1906 a
octubre de 1908 fue incorporado al ejército alemán en el Batallón 10 de
"Pioners de Wesphalia", y tomó parte en las maniobras imperiales de
1907. Cursó la Escuela Técnica de Artillería e Ingenieros de Charlotenburgo, y
volvió a realizar maniobras como mayor en el Regimiento 48 de Infantería. En Suiza realizó maniobras con la III
División de Berna. En diciembre de 1909 fue nombrado vocal de la Comisión de
Ingenieros que viajó a Europa para realizar estudios y adquisiciones de
materiales técnicos del arma, y tomó parte en ejercicios de los cuerpos de Zapadores
Pontoneros, Telegrafistas y Ferrocarrileros de Alemania, Francia y Austria
Hungría.
En 1910 patentó en Alemania
y cedió al Ministerio de Guerra de la Argentina, un dispositivo para cambio de
trocha en rodados militares. Tomó parte
en los grandes ejercicios técnicos realizados en el Elba en julio de 1913. En junio de 1914 fue incorporado como
Teniente Coronel al III Regimiento de Infantería de la Guardia, con el cual
participó en maniobras de regimiento y de brigada.
Regresó al país en
diciembre de 1914, y volvió a comandar el 1° de Ingenieros hasta 1915 en que
fue nombrado Subdirector General de Arsenales de Guerra. A mediados de 1916 se
le designó Director del Arsenal Esteban de Luca. El 16 de marzo de 1920 se le nombró Director
de Aeronáutica, fundó el Grupo 1° de Aviación, y dio gran impulso al arma.
Director del servicio de Aeronáutica del Ejército en 1922, un día se irritó
ante el reclamo de la West India Oil Co., filial de la Standard Oil de New
Jersey, de cobrar por anticipado la nafta para los aviones. En su libro El
petróleo argentino Mosconi mismo escribió el relato de la entrevista: “Advierta, le dije entonces, que el
Servicio Aeronáutico del Ejército no debe un solo centavo a su compañía; que se
trata de una repartición militar solvente y dependiente del Ministerio de
Guerra y que, por lo tanto, no sólo me sorprenden sus manifestación y
exigencia, sino que las considero impertinentes y no las acepto”. Mosconi
se guardó lo que pensó y no dijo: “Allí,
en el mismo escritorio, me propuse, juramentándome conmigo mismo, cooperar por
todos los medios legales a romper los trusts. Designado director general de YPF
el 19 de octubre de 1922, realicé tal propósito siete años después, para bien y
progreso de nuestra Patria y mayor ventaja de sus habitantes”. Cuando Alvear lo designó al frente de
YPF, Mosconi se propuso estructurar una empresa fuerte y luego “tomar la
dirección de nuestro mercado de consumo, llevando
los precios a un nivel conveniente y equitativo para los intereses nacionales”
para arrastrar a la baja “a todas las firmas importadoras”.
En 1926, al hacer su propio balance, consignaba Mosconi que “se opina comúnmente que el Estado es mal administrador”. Pero “el juicio es exacto cuando el Gobierno no traza ni mantiene normas de buena administración”. En 1922 la industria petrolera fiscal producía un promedio diario de 942 metros cúbicos, contra 2.61 de 1926. Mosconi envió técnicos a especializarse en los campos petrolíferos de los Estados Unidos, México, Venezuela y Europa. Sus estudios sirvieron de base para el Boletín de Informaciones Petroleras y para la creación de cursos complementarios de cinco meses para formación en el área en la Escuela Industrial de la Nación. El mismo espíritu animó en 1928 la fundación del Instituto de Petróleo en la Universidad de Buenos Aires con aprobación del rector, Ricardo Rojas. Rojas quería formar “técnicos argentinos aptos que nos libren de la declamación, más o menos patriótica”.
Mosconi quería una ley para nacionalizar los yacimientos, que veía difícil con la composición del Congreso en 1928. Esa herramienta sería “una valla infranqueable a los avances de empresas que, como la Standard Oil Co. en el norte, inicia y consolida sus conocidos sistemas de penetración y amenaza perturbar nuestro futuro económico y, por consecuencia, nuestra situación política”. El Senado no quiso aprobar la iniciativa de Hipólito Yrigoyen, presidente en su segundo mandato entre 1928 y 1930, y el golpe de Uriburu terminó de abortar la iniciativa.
El 9 de septiembre de
1930, se retira de YPF. El ciclo de
golpes de Estado del siglo XX comenzó el 6 de septiembre de 1930, cuando José
Félix Uriburu derrocó a Hipólito Yrigoyen. Quedó en la historia con un mote:
“Golpe con olor a petróleo”. Y algo se habrá olido en aquel momento el
director de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, el ingeniero y general Enrique
Mosconi, porque sólo cuatro días después
presentó su renuncia.
A las empresas petroleras inglesas y
norteamericanas no les fue fácil conseguir que Uriburu, incluso con un gabinete
afín a capitales de ese origen y de Alemania, lograra desmontar los ocho años
de gestión de Mosconi. No alcanzaron el arresto y la investigación a la que fue sometido el general. YPF se había convertido en una estructura industrial poderosa. La destrucción sólo sería posible 60 años después, en la primera presidencia de Carlos Menem. Y no es que en los dos años de Uriburu faltaron intentos. La Standard Oil, con matriz en los Estados Unidos, presionó para conseguir avances en Salta. Sin chances de liquidar a YPF, la estrategia privada apuntó a ganar espacios en paralelo. De 1931 es la instalación de la destilería de Shell en Dock Sud. En simultáneo, las otras compañías presionaban para anular la reserva a favor de la explotación estatal dispuesta por el presidente radical Marcelo Torcuato de Alvear en 1924 para las cuencas de Chubut, Santa Cruz, Neuquén, Tierra del Fuego, La Pampa, Salta, Jujuy y Mendoza.
Entre los años 1931 y 1932,
permanece en Italia estudiando la Aeronáutica de ese país.
Cuando regresó fue
designado Director General de Tiro y Gimnasia, y se retiró del Ejército con el
grado de General de División, el 31 de diciembre de 1933.
Después de una larga
enfermedad falleció el 4 de junio del año 1940.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


















