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sábado, 26 de febrero de 2022

Huaqui, historia de un brutal desengaño Reportaje a Alejandro Rabinovich

Por Pablo Otero

El 20 junio de 1811, en un lugar inhóspito, cerca el lago Titicaca, en el límite del virreinato del Perú con el virreinato del Río de la Plata, es decir, en el límite entre el actual Perú y Bolivia, tuvo lugar la batalla de Huaqui.  Se enfrentaron las tropas revolucionarias al mando de Balcarce y Castelli contra las fuerzas realistas lideradas por Goyeneche.  Ni bien comenzó el combate se generalizó el pánico y en pocos minutos seis mil hombres revolucionarios se dispersaron, huyeron de sus puestos de combate y dejaron abandonado gran parte del armamento. No sólo se trató de la primera gran derrota militar de la revolución, sino que además, originó importantes cambios políticos.    El historiador argentino Alejandro M. Rabinovich recientemente publicó Anatomía del pánico. La batalla de Huaqui, o la derrota de la Revolución (1811) (Sudamericana, 288 páginas), libro en el cual reconstruye de manera exhaustiva y en base a documentos inéditos, el desarrollo de aquella batalla y las consecuencias que ocasionó.  En diálogo con La Prensa habló no sólo de su investigación sino del método innovador, para nuestro país, que utilizó:

          
-El historiador británico John Keegan con su obra El rostro de la batalla (1976) innovó en cuanto a la manera de investigar los combates. ¿En qué consiste y cuál fue su aporte?

-Keegan cambia completamente la perspectiva. Hasta él, las batallas se estudiaban desde arriba, desde el punto de vista de los generales que las comandaban y que son quienes escribían los partes del combate. Se veía la táctica, la estrategia, la manera en que se utilizaban batallones y escuadrones. En cambio, Keegan estudia la batalla desde abajo, a ras del piso, desde la experiencia de un soldado raso que dispara el fusil o pega un sablazo. Aparece entonces la experiencia del combatiente, que es precisamente lo que me interesa a mí.

-¿Qué lo llevó a priorizar este método para su investigación?

-En nuestro país la historiografía académica (la que se hace en las universidades o en el Conicet) no venía trabajando sobre las batallas. Los militares sí, pero desde una perspectiva táctica tradicional. Considero que estudiar las batallas de nuestra historia desde la perspectiva que propongo en este libro, que combina los aportes de Keegan con los de la sociología, la antropología y la psiquiatría militar, nos va a dar un mayor y mejor conocimiento de las sociedades que las protagonizaron. El problema es contar con una cantidad y calidad adecuadas de fuentes para hacer un análisis en profundidad.

-¿La batalla de Huaqui reúne esas características?

-En ese sentido es excepcional y probablemente única en nuestra historia. Al volver del Alto Perú, el escándalo desatado por la disolución completa del ejército hizo que el gobierno entablara un enorme proceso (el primer gran juicio político de nuestra historia patria) contra los oficiales que participaron de la misma. Así, durante dos años, un grupo de fiscales le tomó declaraciones

puntillosas a decenas de combatientes de aquella jornada, tratando de entender lo que había ocurrido y asignar cuotas de responsabilidad. Dos de los tres libros de esta causa se conservan en el Archivo General de la Nación y es gracias a ellos, principalmente, que se puede escribir un libro como Anatomía del Pánico. Es en esas declaraciones en que se llega a conocer realmente lo que le pasaba por la cabeza a un infante o a un húsar de caballería de aquellas épocas, lo que afrontaban, lo que les tocaba vivir. Algunas historias son conmovedoras, otras terroríficas, otras desopilantes.

-¿Cuál es el contexto histórico en el que se desarrolla el combate?

-Es el momento en que la primera ola expansiva de la revolución llega a su punto máximo y parece que se lleva puesto a todo el sistema virreinal. El ejército que combate en Huaqui había salido de Buenos Aires un año antes, caminando más de 3.000 kilómetros, reclutando y formando nuevos batallones en el camino. Tenía el espíritu de los morenistas, quienes proponían una revolución radical, agresiva, a todo o nada. Si Castelli triunfaba ese 20 de junio probablemente el Perú entraba en revolución, la guerra se hubiera terminado ahí y nuestros países se hubieran ahorrado 15 años de una guerra desoladora que los dejaron desgarrados por medio siglo.

-¿Y el costado político?

-Los revolucionarios, en ese contexto, se encontraban consumidos por una interna feroz entre los saavedristas (que dirigen la Primera Junta) y los morenistas (que se hicieron fuertes en el Ejército Auxiliar del Perú). Esa interna se expresa en la batalla: Viamonte, que comanda una división, es el alfil de Saavedra en el ejército, mientras que Castelli es el jefe de la facción contraria. Los fiscales de aquél entonces intentaron explicar la derrota a partir de esa disputa, pero creo que exageraron. Más allá de la enemistad política, la batalla se perdió por cuestiones estructurales que minaban la capacidad de combate de ese ejército. Por ejemplo, la poca preparación de los jefes para comandar una acción de esa magnitud en un terreno montañoso, o el hecho de que algunas unidades altoperuanas no respondían sino formalmente a la comandancia del ejército.

-Pese a la derrota la revolución sobrevivió. ¿Qué cambios originó?

-Huaqui significa la ruina política tanto de Castelli como de Saavedra, e impone un recambio en la primera elite revolucionaria, esa que había protagonizado el 25 de mayo. La Asamblea del año XIII va a retomar varias de las causas defendidas por los morenistas, pero hay un optimismo radical, jacobino, que a mi entender se pierde para siempre. Para sobrevivir la revolución se vuelve más desconfiada tanto del pueblo como de los cuerpos colegiados, se concentra el poder (primero en un triunvirato, después en un Director Supremo) y se limita la participación política con instituciones como la Logia Lautaro. Creo que la principal consecuencia, sin embargo, es el desmembramiento del Alto Perú, que hace colapsar las bases de la economía rioplatense y genera en los altoperuanos un enorme recelo respecto del liderazgo porteño.

-¿Cuándo y cómo se originó pánico en el campo de batalla?

-Eso no se lo voy a contar porque es el secreto del libro. Pero, generalmente, el pánico es una ola de terror imparable, contagiosa, que hace que un grupo numeroso de gente pierda la cabeza. Lo que yo trato de mostrar es que, incluso a pesar de lo que pensaban algunos militares de aquella época, el pánico no es una fatalidad o un puro azar de la guerra. Hay factores que predisponen a que una tropa pueda entrar en pánico. Su poco tiempo de instrucción es uno, pero también la cohesión que tienen las unidades, la confianza en sus oficiales, sus experiencias previas y cuestiones más inmediatas: ¿ese día tuvieron tiempo de desayunar, sus oficiales los arengaron para calmarles los nervios, caminaron en orden a ocupar su posición de combate? Son todas cosas que los oficiales podían subsanar y que ayudaban a que una tropa estuviera mejor predispuesta. Los británicos, en aquella época, decían que hacían falta tres años de ejercicio continuo para que un batallón de infantería fuera realmente inmune al pánico.

-¿Se trató de un caso único en la historia militar argentina?

-Para nada. Tres años después un pánico bastante similar vuelve a disolver a ese mismo Ejército Auxiliar del Perú, ya bajo el mando de Manuel Belgrano, en Vilcapugio. Y en la campaña de Chile se produce el pánico nocturno de Cancha Rayada en que se pierde buena parte del Ejército de los Andes creado por José de San Martín. Es decir que durante la guerra de independencia el pánico es un límite estructural para el esfuerzo militar de los revolucionarios. La tropa de línea, sencillamente, no está preparada para el tipo de combate al que la están exponiendo. Los jefes lo fueron entendiendo y empezaron a evitar la batalla campal, como en el caso de San Martín en la campaña del Perú, o a experimentar con otro tipo de organización militar, como van a hacer todas las provincias después de 1820.

-¿Qué enseñanzas dejó el combate?

-Hay una generación de hombres jóvenes que para 1810 tenía una visión un tanto idealizada de la guerra. Las grandes historias de las campañas napoleónicas circulaban y a partir de las invasiones inglesas muchos rioplatenses, de distintos niveles sociales, sintieron el llamado de las armas. Por eso hubo tantos voluntarios y en efecto el ejército que salió de Buenos Aires rumbo al norte estaba animado por el entusiasmo. Creían (lo creyeron hasta el último momento) que un ejército de hombres libres como ese era invencible y que seguiría su marcha triunfal hacia Lima, coronado de gloria. En este sentido Huaqui significó un desengaño brutal. La guerra apareció de repente como una desolación absoluta, el combate como un asunto miserable. Se dieron cuenta de que el entusiasmo y la voluntad podían poco frente a tropas mejor disciplinadas y mejor mandadas. Para los cientos y cientos de jóvenes rioplatenses que salieron corriendo de Huaqui, se transformaron en desertores e intentaron volver a pie para sus provincias, la experiencia fue traumática. No les quedaba más que robar para comer, matar para no ser capturado y ajusticiado.

-En definitiva, hay algo que se quiebra en lo estructural...

-Efectivamente, de a poco vemos como los voluntarios desaparecen, los soldados empiezan a ser todos pobres paisanos enrolados por la fuerza y obligados a servir. El Estado renuncia al entusiasmo e impone una disciplina de hierro. Los sectores populares van a vivir esto como una injusticia y una nueva forma de tiranía, se va a cuestionar a la dirección revolucionaria y al Estado central. Van a surgir pues liderazgos nuevos, como los de Güemes o Artigas, que van a expresar esa frustración y van a movilizar a su gente de otra manera. Es el comienzo de nuestras larguísimas guerras civiles, que en cierto sentido son guerras para no hacer la guerra, o al menos para no tener que hacerla de la manera que se imponía desde Buenos Aires.

viernes, 25 de febrero de 2022

Acto Oficial del Aniversario del Nacimiento del Capitán General Don José de San Martín: el Libertador

Acto por el aniversario del nacimiento del Gral San Martín y la creación de nuestro Partido. Asistieron el Intendente Fernando Moreira, la Secretaria de Integración Nancy Katopodis, el Presidente del Instituto Nacional San Martiniano  Eduardo Emanuel García Caffi y de las Asociaciones Sanmartinianas de Gral San Martín Prof. Nora Fasani y Dr. Juan Dmytrow, Presidente del HCD Sergio González, Pta del Consejo escolar de Gral San Martín Lidia Trinidad, asistieron Héroes de Malvinas, funcionarios y muchos compañeros y vecinos. Se recordó a la inolvidable Mujer de la Cultura Sanmartinense Prof. Pina Poggi

Nuestro Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas de Gral. San Martín adhirió al acto y se hizo presente a través de su Presidente Dr. Carlos De Santis, su Vicepresidente Tte Cnel Horacio Morales y su secretario Dr. Julio R. Otaño




























miércoles, 23 de febrero de 2022

Arturo Jauretche contra Félix Luna

Por el Prof. Jbismarck

Muchas veces consideran a Luna como “revisionista” o “radical”…claramente Luna es un publicista de la “Historia Social” continuadora de la Historia liberal u oficial.  Ello le vale una polémica con Arturo Jauretche en 1972. con motivo de la exhibición de la película Juan Manuel de Rosas, de Manuel Antín, Luna sostiene que “el mismo primitivismo con que la historia de Grosso dividía a los argentinos en buenos y malos es el que campea en esta película. La diferencia consiste en que los malos de Grosso son los buenos de Antín y viceversa... Aquí se revive aquel viejo esquematismo con el más elemental maniqueísmo”.  Jauretche le refuta sosteniendo que Luna se coloca “en esa posición de ‘bendigo a tutti’ que desde un púlpito neutral le permite distribuir justicia mitad por mitad, eclécticamente”. Luna recoge el guante y sostiene “Creo en la ecuanimidad”... y con una estocada antiperonista agrega: “no soy de los que postulan ‘Al enemigo, ni justicia’”... y teoriza: “El país lo han hecho todos, con sus errores y con sus aciertos, y usted mismo, le guste o no, está viviendo en un país estructurado por los hombres que detesta. Podrá intentar modificarlo, pero no puede renunciar a él, ni puede pretender que el país se desprenda de toda una mitad de su historia para asumir solamente la otra mitad...”.

Desde la revista Dinamis llega, poco después, la respuesta de Jauretche: “... Es que el doctor Luna supone que la posición revisionista en que estamos es una posición de jueces. El que se coloca en juez, puede ser ecuánime, nosotros no somos jueces, somos fiscales. Estamos construyendo el proceso a la falsificación de la historia y develando cómo se la falsificó, por qué y qué objeto actual y futuro tiene esa falsificación. No somos jueces porque la historia falsificada no está sentada en el banquillo de los acusados para que nosotros la juzguemos. Lo que queremos es sentarla en el banquillo para acusarla ante los jueces, que son las generaciones que vendrán... no puede haber ecuanimidad hasta que no esté demolido el edificio de la mentira. Le pregunto: ¿Qué estatuas están sobre los pedestales?, ¿qué retratos presiden todos los salones de las escuelas y de los edificios públicos de la república?, ¿qué hechos se rememoran oficialmente y cuáles se silencian?, ¿qué dicen los programas escolares secundarios y hasta universitarios?, ¿qué enseñan los maestros?, ¿qué enseñan los libros de textos desde 1° grado?, ¿quiénes están en las academias?, ¿qué dicen los grandes diarios?... No, Luna, no. ‘Igualá y largamos’ como dice el jinete que se apresta a correr una carrera con otro. No es tiempo de ecuanimidad todavía porque para ello hace falta que todos hayan sido - hombres y hechos- medidos con la misma vara y que las oportunidades sean para todos iguales. ¿No se ha dado cuenta, usted Luna, que la Plaza 11 de Setiembre recuerda un episodio indignante y es una de las plazas más importantes de Buenos Aires?”. Finalmente sostiene: “No confunda, doctor Luna, ecuanimidad con encubrimiento. Y no crea que el revisionismo consiste en desnudar a un santo para vestir a otro. No. Los santos que nosotros defendemos hace ratos que están desnudos y lo que queremos es que los otros se saquen los ropones con que los han disfrazado -hombres y hechos- para empezar, desde allí, entonces sí, una historia con ecuanimidad. La falsificación de la historia es una política de la historia. La revisión también es una política de la historia y debe ser una política combatiente... Es un error frecuente confundir ecuanimidad con eclecticismo. Es lo que le pasa a ese desarrollismo hecho sobre la base de las palabras, puestas por el país y los hechos puestos por el extranjero, que sólo es una variante de la visión crematística liberal que impera en el país después de Caseros: hacer un país en cifras. Nosotros creemos que hacer un país es hacer hombres para que, a su vez, los hombres hagan el país”

Una vez más queda al descubierto que el planteo de Luna y de la Historia Social conduce a vaciar a la historia argentina de toda pasión argentina, de todo el interés vivo -de polémica ideológica y material. Si la Argentina la hicieron tanto unos como otros, según los Halperín y los Luna, quedan en el mismo plano las víctimas y los represores, los incorruptibles y los entregadores, los idealistas que lucharon por un mundo mejor y quienes empujaron hacia atrás por un mundo peor.

En esta glorificación del eclecticismo y este reconocimiento de víctimas y victimarios como iguales hacedores de la argentina, Luna y Romero (h.) se abrazan, intentando legitimar su conducta con el argumento de que "las corrientes historiográficas eclécticas imperan en el mundo” o que "es preferible la tendencia al equilibrio y la conciliación, por parte de la sociedad argentina”. Olvidan -dada su sumisión ideológica a los países centrales- que la riqueza de los mismos (intercambio desigual, exacción imperialista, intereses de la deuda externa) morigera en ellos los enfrentamientos sociales y por ende la controversia ideológica y política, y olvidan que la clase dominante de la Argentina, agotado su período de esplendor, impulsa "esa tendencia general de la sociedad argentina hacia "la armonía”, por sobre los "conflictos”, pues ese aparente empate -el eclecticismo- le sirve tanto para resguardar su pasado como para consolidar su presente.

Bibliografía:  “Las Polémicas de Jauretche”, Los Nacionales editores, Bs. As., 1982.

domingo, 20 de febrero de 2022

Tras las huellas de Raúl Alfonsín. Ciudad de Chascomús. Febrero 2022.

 Por Claudia Heredia

Raúl Ricardo Alfonsín nació el 12 de marzo de 1927 en Chascomús, ciudad que lo vió crecer, dar sus primeros pasos en la política y convertirse para muchos en el “Padre de la Democracia” al ser elegido Presidente de la Nación tras 7 años de gobierno militar. Lo cierto es que, desde el punto de vista turístico, la ciudad supo sacar provecho en torno a su figura, promocionando el llamado “Circuito Raúl Alfonsín”: un recorrido por su historia a partir de los sitios que solía frecuentar o que preservan su memoria.

El punto de partida es la Plaza Independencia en el casco histórico. Frente al imponente edificio del Banco Nación en Lavalle 227 se encuentra una casa pintada de gris oscuro; es la vivienda que la familia Alfonsín habitó entre los años 1957-1972. Una placa nos recuerda que allí tambien tenía su estudio jurídico. La casa de 8 ambientes pasó a ser Museo-Hotel y durante la pandemia fue puesta en venta y comprada por el ex futbolista Gastón  Sessa, quien deberá respetar su fachada por tratarse de un edificio con valor patrimonial para la ciudad.



En la intersección de las calles Cramer y Mitre, justo frente al Palacio Municipal, encontramos la casa que le fuera donada durante su Presidencia. Con un estilo neo-colonial, respeta el diseño del casco histórico y solo está señalizada por una pequeña placa que la UCR colocó al conmemorarse un año de su fallecimiento. Cuentan los vecinos que cuando Alfonsín viajaba  a Chascomús solía alojarse allí y burlar a su custodia para atravesar la plaza rumbo al Club de Pelota-Paleta.


Frente a la vivienda se halla el Honorable Consejo Deliberante que con orgullo conserva la banca que el ex-Presidente ocupó en 1954 cuando fue elegido concejal



A pocos pasos, en el anfiteatro Municipal, el Mural realizado para el documental “Raúl, la democracia desde adentro” en el año 2018.
Obra de Marcelo Carpita y su equipo, es una síntesis de su vida y su gobierno. El mural nos muestra a un Alfonsín niño, en cama con asma, y su madre leyéndole un libro, la laguna, sitio que adoraba y que lo identificaba. Además vemos imágenes que recuerdan hechos históricos, como la representación de la  foto que recorrió el mundo entero, la de la rendición de los soldados británicos en Malvinas el 2 de abril de 1982; el hundimiento del Crucero General Belgrano; su asunción como Presidente de la Nación el 10 de diciembre de 1983 y el comienzo de la decadencia: los conflictos con el sector agropecuario y su polémico y abucheado discurso en la Sociedad Rural, la hiperinflación representada por el changuito elevado por los globos, el fracasado Plan austral, la ESMA y las leyes del Punto Final y Obediencia Debida como intento de negociación con las Fuerzas Armadas.




Dejando atrás el casco histórico, yendo hacia la laguna, en uno de los vértices del Parque Libres del Sur, nos encontramos con un Alfonsín en bronce de 2,20 metros de altura acompañado a modo de placa gigantesca por parte del texto del Preámbulo de la Constitución Nacional, con el que el ex-Presidente terminaba todos sus discursos.

 



La escultura es obra del artista Luciano Garbati, quien también realizó el busto en el Mausoleo del Cementerio de la Recoleta donde descansan sus restos.

Raúl Alfonsín falleció el 31 de marzo de 2009 a los 82 años de edad. Su figura siempre será para muchos. símbolo de la Democracia en Argentina y de la recuperación de las libertades individuales.
 Su pueblo,  Chascomús, lo mantiene vivo en el recuerdo.


Imágenes  propias: Vivienda de la calle Lavalle 227, vivienda en el casco histórico, placas conmemorativas, banca en el HCD., Mural, Monumento en parque Libres del Sur, Mausoleo en el cementerio de La Recoleta.

 

miércoles, 16 de febrero de 2022

Homenaje al Brigadier General Juan Facundo Quiroga, palabras del Prof. Dr. Julio R. Otaño

Organizado por el Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, presente a través de su Presidente Dr. Alberto Gelly Cantilo y comisión Directiva: Lic. Vázquez. Dr. Sandro Olaza Pallero y Pepe Muñoz Azpiri y el Instituto Juan Facundo Quiroga con su presidente Lic. Miguel Angel Lentino. Con la Adhesión del Instituto Juan Domingo Perón a traves del Diputado Lorenzo Pepe y del Instituto Juan Manuel de Rosas de Gral San Martín presidido por el Dr. Carlos De Santis. Palabras del Prof. Otaño refiriendose al Brigadier Quiroga como Caudillo, como militar, su relación con Juan Manuel de Rosas, su muerte y los misterios de su sepultura. GRACIAS A MATÍAS RIVERO POR LA FILMACIÓN

 

jueves, 10 de febrero de 2022

22 de Febrero, Día de La Antártida Argentina

Por José Luis Muñoz Azpiri (h)

Este es un homenaje a todos nuestros compatriotas que con esfuerzo y sacrificio han estado o están ahora, ejerciendo soberanía en la Artántida por 121 años. Un enorme abrazo a los integrantes de la Dotaciones de Base Marambio, Matienzo, Brown, Orcadas, Melchior, Petrel, Sobral, entre otras.  El polo Sur es un lugar solitario. En todas las direcciones se dilata un escenario de absoluta desolación, una extensión plana de hielo y nieve barrida por los vientos, cegadoramente blanca bajo el claro verano del Ártico, envuelta en la sombra impenetrable durante la larga noche antártica. Repelente. Inhóspita. Y desafiante.  No obstante, cuando en julio de 1816 nuestro país declaró la independencia de España, se constituyó de hecho en heredero de esos territorios que correspondían a la Madre Patria, dentro de los límites del Virreinato del Río de la Plata y que llegaban hasta el mismo Polo Sur en virtud de las Bulas Intercaeteras del año 1493 y el Tratado de Tordesillas.  


Casi todo el siglo XIX sólo conoció expediciones de aventureros y cazadores de focas en las islas Shetland y continente antártico entre los cuales los foqueros del Río de la Plata (a bordo del “Espíritu Santo”, “San Juan Nepomuceno” y otros) estuvieron allí antes que los europeos y norteamericanos (William Smith, Bellingshausen y Palmer) se atribuyeran el descubrimiento. Es decir, que lo que hoy consideramos como Sector Argentino de la Antártida, y lo fue desde que la patria nació y no necesita otra fundamentación por más que las haya y en abundancia.  Recién a fines del siglo XIX y comienzos del XX se reavivó el interés sobre el Sexto Continente que había sido previamente abandonado con el exterminio del codiciado lobo de dos pelos o foca peletera, con la instalación de un faro y un observatorio en la isla Observatorio del grupo Año Nuevo en 1901 y la intervención del alférez Sobral en la expedición del Dr. Nordenskjöld durante 1901 a 1903. Y allí nuevamente la Argentina, pese a ser un país de recursos limitados, sin los medios con que contaban otras poderosas naciones, estuvo presente en 1903 con la corbeta Uruguay, comandada por el entonces teniente de Navío y luego vicealmirante Julián Irízar, para rescatar la expedición sueca del nombrado Nordenskjöld que debió invernar forzosamente al ser destruido su barco Antartic. De esta manera, nuestro país efectivizó su participación en la gran Expedición Antártica Internacional. Un año después, el 22 de febrero de 1904, se izó la bandera nacional en la estación meteorológica de la isla Lauría, del grupo de las Orcadas del sur, ubicadas dentro del área considerada y comenzó así, la ocupación permanente más antigua en la Antártida de nación alguna, reafirmándose nuestra vocación de ejercer soberanía sobre lo que nos pertenecía. Durante 40 años fue ésa la única base permanente, recién en 1944 Inglaterra inauguró Faraday.   Al mismo tiempo que el observatorio, empieza a funcionar allí la primera estafeta postal antártica y en 1927 la primera estación radiotelegráfica oficial. En 1907 la Oficina Meteorológica Nacional establece otro observatorio meteorológico en Grytviken, Georgias del Sur. Durante esos años la corbeta Uruguay mientras realiza el relevo de las dotaciones de Orcadas y busca a la expedición de Charcot en las Shetland del Sur en 1905, efectúa levantamiento hidrográficos y trabajos específicos que darán lugar a la publicación en 1916 de la primera carta náutica argentina del Antártico, a las que siguieron otras de años posteriores; estas cartas, los faros y señales establecidas por nuestra marina de guerra en todo nuestro sector, fueron valiosas ayudas para los navegantes de todo el mundo que surcaron las rutas australes, con la seguridad que le ofrecían los datos meteorológicos de Orcadas.  En 1948 se incluye en la jurisdicción de la autoridad del Gobernador Marítimo del Territorio Nacional de la Tierra del Fuego, el Sector Antártico Argentino y las Islas del Atlántico Sur. Para esa fecha ya funcionan dos destacamentos navales argentinos en el Sexto Continente, Melchior y Decepción, y en 1951 la Primera Expedición Científica a la Antártida Continental Argentina funda la primera base en aquel continente bautizada General San Martín, gracias al tesón y la voluntad inquebrantable de un militar visionario: el general Hernán Pujato. Este soldado memorable fundó, asimismo, el Instituto Antártico Argentino, primera institución Científica del mundo dedicada exclusivamente a las investigaciones antárticas. El Instituto Antártico tiene una base permanente, Jubany, establecida a fines de 1953 en la isla 25 de Mayo, de las Shetland del Sur. El 29 de octubre de 1969 se fundó la Base Marambio. Y el 11 de abril de 1970 aterrizó allí el primer avión Hércules C-130. Aún en los peores meses de invierno, el Hércules C-130 va y viene de Marambio, es que en esa base existe una pista de aterrizaje de tierra compactada, de 1.20 kilometros de longitud y 40 de ancho, que permite el arribo de aviones con tren de aterrizaje convencional, es decir, con ruedas,. Entre las bases antárticas y Marambio se realizan vuelos con el DHC-6 Twin Otter, un avión que utiliza esquíes con lo que puede descender sobre el hielo. Durante la campaña de verano, se usan también helicópteros Bell 212 entre los campamentos científicos, las bases, Marambio y el eventual rompehielos que reemplaza momentáneamente al malogrado Irízar.   El 1° de diciembre de 1959 se firmó el Tratado Antártico, que entró en vigor el 13 de junio de 1961. Los países signatarios originales fueron la Argentina, Australia, Bélgica, Chile, estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Japón, Noruega, Nueva Zelanda, Sudáfrica y la Unión Soviética.   Básicamente el tratado compromete a las naciones a no utilizar al continente para otros fines que no sean de investigación científica y cooperación internacional, y prohíbe toda forma de contaminación o de actividad bélica. Un acuerdo firmado en Madrid en 1991 complementa este tratado y consagra a la Antártida como “reserva natural dedicada a la paz y a la ciencia.”    Sin embargo, a cuarenta años de la guerra de Malvinas, Gran Bretaña ya reclama el control soberano de casi un millón de kilómetros cuadrados del lecho marino encuadrado dentro de la porción del continente antártico hoy reivindicada por nuestro país. Cabe recordar que con fecha 20 de octubre de 2010 el Honorable Senado de la Nación Argentina sancionó la Ley N° 26651, que establece la obligatoriedad de utilizar en todo los niveles y modalidades del sistema educativo, como así también su exhibición pública en todos los organismos nacionales y provinciales, el mapa bicontinental de la República Argentina que fuera confeccionado por el Instituto Geográfico Nacional, el cual muestra el sector antártico en su real proporción con relación al sector continental e insular. Es por ello que debemos permanecer alertas. La Antártida, en ese sentido, nos ofrece una gran oportunidad: es uno de los pocos espacios donde existe una política de Estado que se ha mantenido a lo largo de cien años, un proyecto que comparten los sectores políticos, científicos y militares. Y eso no es poco.

lunes, 31 de enero de 2022

Recorriendo la Isla Martín García

 Por Claudia Alejandra Heredia

En 1516, el explorador Juan Díaz de Solís navegó por primera vez las aguas del Río de la Plata en busca de nuevos horizontes. Fue durante este viaje que el despensero de la expedición murió y el español decidió buscar un lugar para sepultarlo. Fue así que el tripulante fue enterrado en la isla y que Solís decidió bautizar el lugar con el nombre de ese navegante: Martín García.  En 1838 fue  Su soberanía fue disputada Por Argentina y Uruguay. La polémica sobre la soberanía de la isla continuó hasta 1973, año en que La República Oriental del Uruguay y la República Argentina firmaron el Tratado del Río de la Plata.  En el tratado con Uruguay se señala que la isla será destinada exclusivamente a reserva natural para la conservación y preservación de la fauna y flora autóctonas, bajo jurisdicción de la República Argentina.

 En 1814 fue testigo de la primer gran hazaña naval del Almirante Guillermo Brown y en 1838 de la defensa Heroica de nuestra soberanía por el Tte Cnel Jerónimo Costa frente a la Escuadra Francesa y sus aliados unitarios y riverista. Tanto Brown como Costa serán grandes actores de la Confederación Argentina liderada por el Brigadier General Juan Manuel de Rosas.    La isla se hizo famosa por ser un lugar de confinamiento. Los presos comunes fueron quienes trabajaban en las canteras de granito y volcaban la producción de adoquines en grandes carros que, mediante un sistema de rieles, llegaban hasta el muelle de la isla donde las piedras eran cargadas en los barcos.  Estos primeros “adoquines” dieron origen a las calles de lo que hoy se denomina el casco histórico de la ciudad de Buenos Aires, sobre todo la calle Defensa, que fue la primera en comunicar el puerto de Buenos Aires con la Plaza de Mayo o la Plaza del Mercado, como se la conocía entonces.

 La isla albergó a presidentes e importantes políticos derrocados. Fue pensado a lo largo de la historia como un lugar ideal para mantener incomunicados a distintos líderes políticos.   Luego del golpe de estado de 1930 que derrocó a Hipólito Yrigoyen, éste fue trasladado a la cárcel de la isla.  A esa misma cárcel fue preso el expresidente Marcelo Torcuato de Alvear, que llegó con su mujer, su médico personal y toda su comitiva, además de llevar su inodoro personal de porcelana pintado, que hoy se exhibe en el museo de la isla.   En 1945, el poder militar encarceló a Juan Domingo Perón que fue liberado cuando el 17 de octubre una multitud se reunió en Plaza de Mayo para pedir el regreso de su líder. En 1962 fue confinado el presidente Arturo Frondizi fueron algunas de las reconocidas figuras que estuvieron presos en la isla.  En 1983 se la declaró Monumento Histórico Nacional, por ser un sitio en el que se dieron importantes hechos históricos para el país.  En la actualidad, la isla se encuentra prácticamente deshabitada en los años '50 vivían unas 4.700 personas, ahora quedaron apenas 180 personas.








Es una de las islas más lindas del Delta y es conocida por la mayor parte de los argentinos sólo por referencia.  Surge como una de las más interesantes propuestas ecoturísticas de los alrededores de Buenos Aires. En la isla existen más de 800 especies de árboles, más de 250 especies de aves y 123 especies de mariposas.  










La isla es para recorrer a pié, las caminatas son fáciles y accesibles. Tiene un sendero que la circunda junto a la costa y pasa por los puntos más interesantes como el barrio Chino, el Parque a los Héroes, el cementerio, el faro y la pista de aterrizaje. Caminando se puede apreciar la vegetación formada por ceibos, tipas y jacarandás y la fauna donde se destacan variedad de aves, mariposas y los lagartos overos.









En la isla Martín García funciona una hostería y un camping.  En la Isla funciona el restaurante-comedor Solís donde se ofrece comida casera a buen precio. Está abierto al mediodía y por la noche. Además cuenta con una piscina que se puede utilizar durante el verano.   Vale la pena visitar

Museo Histórico – Teatro - Ruinas del penal - Plaza Guillermo Brown y Centro Cívico - Batería 25 de Mayo  - La cantera y la laguna  - La Panadería - Playas