Rosas

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sábado, 10 de octubre de 2020

Marcos Paz: los problemas políticos frente a la muerte del vicepresidente

Por Antonio Marcos

En la noche del 2 de enero de 1868, en medio del mayor pico de mortalidad (con un promedio de 90 muertos por día), Guillermo Rawson -para entonces Ministro del Interior- escribía al Presidente Bartolomé Mitre, quien se encontraba desempeñándose como Comandante General de los Ejércitos Aliados en guerra con Paraguay:

Mi querido presidente y amigo: Ayer le escribí avisándole la enfermedad del vicepresidente y el favorable camino que seguía. Pero desde esta madrugada se ha agravado de tal suerte, que apenas tengo esperanzas de salvarle la vida.  Llego en este momento (11 de la noche) de San José de Flores, donde él está. Los síntomas del cólera se han desarrollado en una forma de las más alarmantes, sigue la profunda postración y se le presenta un síntoma, la hemorragia del estómago, que he mirado siempre como fatal.  Casi a todas horas estoy a su lado, y continuaré así hasta que se decida la suerte de este amigo. Entretanto, es preciso que usted se prepare a venirse inmediatamente, si por desgracia llegase a fallecer el Dr. Paz. No sé lo que haremos en ese caso para dar movimiento a la maquina mientras usted llega. Nos inspiraremos de las circunstancias provisoriamente.  Si esa funesta novedad ocurre, se lo avisaré a usted sin pérdida de un momento por un vapor expreso.    Su afmo. amigo - G. Rawson

Por la mañana, Rawson envió otra carta a Mitre desde el pueblo de San José de Flores, confirmándole que “sigue gravísimo el estado del Dr. Paz. Creo que no pasará el día de hoy. He mandado preparar un expreso para que lleve a usted la triste noticia, en caso de verificarse”. Lejanas quedaban las expectativas de este médico y Ministro del Interior, que algunos días antes diagnosticaba una convalecencia leve ante lo que él entendía había sido “una colerina que amenazaba por momentos tomar formas y proporciones muy alarmantes”. Al momento de su muerte, la ciudad semidesierta se cubrió de nuevas escenas y actores: médicos y visitadores domiciliarios, fogatas de alquitrán en las esquinas, casas cerradas, enfermos por las calles y carros fúnebres en dirección al recientemente creado Cementerio del Sur y también al Cementerio de la Recoleta.  De acuerdo con la prensa, su muerte aconteció a las 13 horas -algunos como La Tribuna afirmaban que fue a las 12 horas-. La conmoción principal fue política: no había en la Constitución Nacional un sucesor directo del Vice presidente en ejercicio si éste fallecía.    Si bien el artículo 72 de la Constitución Nacional de 1853 aludía a un procedimiento de sucesión, que consistía en que el Congreso Nacional dictaminara un funcionario público provisorio en caso de renuncia o muerte del vicepresidente y el presidente “hasta que haya cesado la causa de la inhabilidad o un nuevo presidente sea electo”, la muerte de Marcos Paz ocurría mientras el Congreso Nacional estaba en receso.  Esto significaba que la posibilidad de reunir a los diputados y senadores de las distintas provincias se volvía una tarea que podía requerir semanas, dado que muchos de ellos volvieron a sus provincias natales, lo que abría un frente de inestabilidad política muy agudo.  Los funcionarios y aliados políticos enviaron cartas a Mitre explicitando “una verdadera urgencia en que usted venga a ponerse al frente del Gobierno”.  Ante ello, los ministros del Poder Ejecutivo Nacional emitieron un decreto informando que se conformarían en un Consejo de Gobierno hasta la llegada del presidente. Luego de esta resolución, se reunieron con Adolfo Alsina, gobernador de la provincia de Buenos Aires, en una búsqueda evidente de consenso entre sectores enfrentados políticamente, dado que para entonces, estaba abierta la carrera a la sucesión presidencial de 1868, y Alsina especulaba con una candidatura a la presidencia.  Esta inusual situación política no pasó desapercibida para otras figuras nacionales.   En la correspondencia que el General Urquiza mantenía con sus jefes políticos de Entre Ríos y con contactos en Buenos Aires, aparece claramente la especulación de tomar partido político de la crisis institucional por la que atravesaba el gobierno nacional a raíz del cólera. En una carta del 4 de enero, Carlos Olhsen le informaba a Urquiza la terrible situación por la que estaba atravesando Buenos Aires, avisándole que “...un vapor debe ir hoy en busca de Mitre, y por cierto, creo verdaderamente que de necesidad tendrían todos que llamar a S.E [Urquiza] por el arreglo de la horrible situación del País.  Ni otro que Ud., se cree, podrá arreglarlo”.  En otra misiva, enviada por el jefe político de Concepción del Uruguay el 6 de enero, resumía muy claramente el problema institucional y las especulaciones entrerrianas:  La muerte de Paz ha dejado en completa acefalia al gobierno hasta que venga a ocuparlo Mitre; y si el cólera nos hiciese el favor de llevarse a éste último, tendrían las provincias que asumir su soberanía.  Como quiera que sea, la muerte de Paz trae un conflicto porque produce una situación enteramente nueva. Por el pacto tratado le corresponde el mando en Jefe del Ejército aliado al jefe del país más inmediato al Teatro de la Guerra. ¿Cómo se hace para que Mitre esté en dos partes al unisonó? De manera que el cólera se insertaba profundizando y reconfigurando tensiones políticas que presagiaban un retorno a los conflictos armados entre las provincias, dado que dos de las figuras nacionales más importantes (Urquiza y Alsina) se presentaban como candidatos con proyectos de Estado enfrentados entre sí.    Los 16 días desde la muerte de Paz hasta el arribo de Mitre a Buenos Aires, estuvieron signados por un clima político tensionado por la precariedad de la estructura de gobierno del Poder Ejecutivo y de las aspiraciones y competencias políticas.   Se enviaron doce jefes y oficiales del ejército a la casa del Dr. Paz para que hagan guardia de honor con una compañía de infantería del primer regimiento de Guardias Nacionales de la Ciudad.  Se decidió realizar una salva fúnebre de cinco cañonazos, disparando además un tiro cada cuarto de hora, hasta que tenga lugar la inhumación. También se citó a todos los empleados de la nación a la estación del Ferrocarril del Oeste, donde junto con la Guardia Nacional de la Ciudad y la Brigada de Artillería, acompañarían el cuerpo hasta el cementerio de la Recoleta. Por último, todos los empleados de la administración nacional llevaron luto durante ocho días. Al mismo tiempo, los regimientos militares brasileros, uruguayos y argentinos acantonados en el frente bélico demostraron idénticas muestras de duelo al tener sus banderas a media asta por 24 horas, portar las armas a la funerala, y realizar una misa en honor del Vicepresidente.  Se celebró en el Templo de Flores un oficio fúnebre ofrecido por el sacerdote local; luego siguió una misa de cuerpo presente.    Promediando las tres y media de la tarde el convoy fúnebre ingresaba al cementerio de Recoleta, y el cadáver fue conducido nuevamente a pulso hasta la capilla. Sobre la tumba, Guillermo Rawson y Héctor Varela pronunciaron discursos alusivos. En cuanto a La Nación, el diario que resumía y defendía las principales ideas del mitrismo, fue mucho más sobrio, demostrando una división interna dentro de este movimiento. Al dar aviso de su muerte, exponía “… Adversarios de aquel magistrado [Paz],… y habiendo deseado su separación del mando, podemos sin embargo deplorar con sinceridad el golpe que hiere a un ciudadano en su individualidad y a una familia en su jefe y en su apoyo”. Esta división interna se había acrecentado con el revés en el frente paraguayo, sumado a la cercanía de las elecciones presidenciales. Marcos Paz tuvo  enfrentamientos con el General Gelly y Obes, y también con Rufino de Elizalde, el candidato de Mitre para sucederlo en la presidencia.   Estos enfrentamientos se tradujeron en una polémica decisión de Paz de presentar su renuncia al cargo de Vicepresidente en dos oportunidades, a fines de septiembre de 1865 y también hacia junio de 1867, lo que mostraba posturas irreconciliables hacia adentro del movimiento.   Los funerales de Estado no podían prescindir de la multitud. 

Finalmente, el fallecimiento de Paz dejó abierto el debate sobre la necesidad de proveer y estipular claramente mecanismos institucionales para la sucesión del poder.

Si bien desde 1866 se debatía en el Congreso Nacional la reforma del artículo 75 de la Constitución Nacional, el proyecto presentado y aprobado en el Senado no lo fue en la Cámara de Diputados, y para fines de 1867 el debate estaba estancado. Luego de la muerte de Paz, el Senado nuevamente dio forma a un proyecto de ley de acefalia en el mes de mayo, y el 19 de septiembre -a menos de un mes de la asunción de Sarmiento como nuevo presidente- se debatió y sancionó en el congreso la Ley Nº 252. Esta establecía que en caso de ausencia del Presidente y Vicepresidente de la Nación, el Poder Ejecutivo sería desempeñado en primer lugar por el Presidente Provisorio del Senado, en segundo lugar por el Presidente de la Cámara de Diputados, y a falta de éstos, por el Presidente de la Corte Suprema. 

jueves, 24 de septiembre de 2020

Jornadas de Homenaje a Arturo Sampay y Carlos Cossio II

 Nuestro Instituto adhiere e invita a la comunidad a participar de las mismas



martes, 22 de septiembre de 2020

Encarnación Ezcurra a 182 años de su fallecimiento

Por Ricardo Geraci del Campo

El próximo 20 de octubre se cumplen 182 años del fallecimiento de una mujer extraordinaria y poco difundida por la Historiografía Oficial.
Doña Encarnación de carácter apasionado, humilde y tumultuosa si era necesario, fue el amor de Juan Manuel de Rosas.
Se casaron el 16 de marzo de 1813, luego de pergeñar una historia a los padres de ambos, para que se celebrase dicha unión. Fue la permanente consulta de Rosas en cuestiones políticas, fue dueña de su hogar, sumisa y apegada a su esposo, pero dueña también de un temperamento de alto voltaje.
Fue una mujer de influencia debido a su apellido de alcurnia, pero ni esto ni los lujos de los cuales podría haberse servido, le hicieron modificar una expresiva humildad, acompañando a su marido en cualquier empresa que encare. Solo en momentos de mucho frio y de la amenaza de los malones desde la Estancia Los Cerrillos, que Encarnación dejó solo a su esposo.
Fue capaz siendo católica y devota, de ayudar a su hermana María Josefa, en su "affaire" con Belgrano y con la siguiente adopción de Pedro Pablo Rosas y Belgrano.
Parte de su carácter puede apreciarse en palabras de la propia Encarnación.
En las cartas que la misma le escribiera a Vicente González, en octubre de 1833, mientras Rosas se hallaba en la Campaña del Desierto y en Buenos Aires se conspiraba contra Balcarce , le decía: " (...) Ya le he escrito a Juan Manuel que si se descuida conmigo,a él mismo le he de hacer una revolución, tales son los recursos y opiniones que he merecido de mis amigos ".
Más alla de este rasgo de una personalidad arrollante, la sumisión y admiración mutua que había entre ambos, generó una complementación extraordinaria que derivó por ejemplo en la llamada " Revolución de los Restauradores" donde tuvo una participación muy activa y diría decisiva. Los diarios unitarios de la época y la traición hacia Rosas de los "cismáticos" o " lomos negros " utilizaban la propaganda grafica para llamarla entre otros improperios como " la mulata toribia", como si ello fuera para la madre de los humildes, un insulto, ya que, el cariño y el afecto que recibiría de los mulatos era mutuo y leal.
En palabras de el mismo Rosas se desprende ese amor y devoción, cuando motivo de su temprana partida, exclamó a su general Pacheco: " Traspasado de un dolor intenso ", le confía: " Esa santa era la esencia de la virtud sublime y del valor sin ejemplo ".

NACE EL CINTILLO FEDERAL.
A la noche siguiente a su partida, nace el cintillo federal. Ya no basta para la demostración de adhesión, el cariño por la causa y el respeto en momentos aciagos para el Restaurador, la divisa punzó.
Los generales se ponen de acuerdo y a la divisa federal que se lleva en la solapa, se agrega una cinta punzó fina, que se coloca en el sombrero.
Fue el mismo Vicente González que inicio la idea, y pasado el luto, mucho tiempo después, se seguía utilizando el mencionado cintillo, como recuerdo y adhesión.

SU MULTITUDINARIO FUNERAL.
Se le hacen funerales imponentes donde asisten alrededor de  treinta mil personas ( en una ciudad de sesenta mil )
Ciento ochenta misas. Durante su vida entera, Rosas le hace decir misas, en Buenos Aires o en Southampton. También levanta un templo en su honor, el de nuestra señora de Balvanera.
Rosas desea en su insoportable dolor, que todos la lloren, que el luto sea total, viste de negro a sus criados. El ejército por su parte, le rinde honores llevando el velillo negro alrededor del morrión o del quepí.
El Restaurador, no fue el mismo luego de semejante perdida, su amiga y compañera, su amor incondicional, su camarada de armas también,se había ido, y Rosas a partir de allí, se recluyó, en la vida administrativa del trabajo y dejó de frecuentar, lugares que atestiguaban verlo. Según Lucio V. Mansilla: " (...) Rosas en los primeros tiempos de su gobierno no vivía aislado. Su aislamiento vino después de la muerte de su mujer. Salía, circulaba, hasta de noche era fácil hallarlo solo por barrios apartados, él mismo parece que hacía su policía tomándole el pulso a la ciudad ".

SEPULCRO.
Su cuerpo fue encerrado en un lujoso ataúd y fue conducido en procesión en la noche del 21 hasta la iglesia de San Francisco, donde fue depositado.
Lo precedia el obispo diocesano doctor Medrano, del de Aulon, doctor Escalada, del senado, del clero y los padres franciscanos y dominicos. Arana, Lamadrid y componentes diplomáticos.
Las parroquias de la ciudad solicitaron a la Legislatura que se le atribuyera el grado de Capitán General.
Fueron tan públicas y populares las manifestaciones, que los ministros extranjeros izaron sus banderas a media asta.

SU LEGADO.
Tuvo dos hijos ( perdió una niña ). Dió a luz un varón el 30 de junio de 1814 que llamaron Juan Bautista y una niña el 24 de mayo de 1817 que llamaron Manuela Robustiana. Crió y adopto a Pedro Pablo y fue una madre ejemplar.
A su partida, fue Manuelita, la que " heredó " la actividad política en connivencia con su padre y el partido federal. A diferencia de la exaltación, pasión y también inteligente mesura  de la madre, la hija fue el equilibrio diplomático que Rosas necesitó, en momentos de mucha fragilidad política, debido al ataque permanente de extranjeros y los propios traidores a la Federación. Fue su "hada buena", mientras que doña Encarnación fue el complemento e impulso necesario que necesitó y fue testigo en momentos donde había que actuar.
Rosas lloró por días enteros, inmerso en una congoja sin fin. Los restos de su mujer, amiga y compañera, descansan a su lado, en la bóveda de los Ortiz de Rozas en el cementerio de la Recoleta, para nunca más separarse.


Fuentes consultadas:
Pacho O' Donnell
Rosas, el maldito de la historia oficial.

Adolfo Saldías.
Historia de la Confederación Argentina.
Tomo II.

Jorge Oscar Sulé.
Cinco mujeres de Rosas.

Imagenes:
Colección Vertanessian.
Autor de " Rosas, el retrato imposible 

lunes, 21 de septiembre de 2020

SIR WOODBINE PARISH Y EL MEGATERIO

Por A. J. Pérez Amuchástegui

Sir Woodbine Parish, pri­mer cónsul británico en Bue­nos Aires (1824-1832), fue un entusiasta aficionado a las ciencias naturales. Du­rante su permanencia en el Río de la Plata, el funciona­rio inglés, al margen de sus tareas diplomáticas, trabajó activamente en la recolección de muestras minerales y de restos fósiles de la fauna prehistórica de las pampas, que envió posteriormente a su país, donde se conservan hoy en distintas sociedades científicas y museos. 

Entre estos materiales se destacan un fragmento de 1.200 libras de peso (560 kilos) del célebre meteo­rito del Chaco —que le fuera obsequiado por el gobierno de Buenos Aires— y los res­tos de dos grandes mamífe­ros antidiluvianos, el gliptodonte y el megaterio.  Repro­ducimos del libro biográfico Sir Woodbine Parish, K. C. H. and eariy days in Argentina, publicado en 1910 por una nieta del cónsul, la descrip­ción de los trabajos que realizó Parish para obtener los huesos fósiles del megaterio. “Su más importante contri­bución a la ciencia fue la colección de huesos fósiles del megaterio y el gliptodonte, que fueron entregados al Real Colegio de Cirujanos, y atrajeron una gran atención a causa de sus dimensiones poco comunes y su buen es­tado de conservación. Se realizaron calcos de los hue­sos y fueron obsequiados, en cumplimiento de /os deseos de sir Woodbine, al Museo Británico, a la Sociedad Geo­lógica y a las Universidades de Oxford y Cambridge... Varios años antes de que es­to ocurriera, Parish había en­tregado a la Sociedad Geoló­gica algunos grandes huesos fósiles de mamíferos que ha­bían sido encontrados en el valle de Tarija, en los confi­nes de Bolivia. Ansioso por obtener otros ejemplares, Pa­rish realizó una serie de ave­riguaciones que le permitieron comprobar que en la pro­vincia de Buenos Aires ha­bían sido hallados frecuente­mente huesos y dientes de cuadrúpedos, especialmente en las cercanías del río Sa­lado, y en los lechos de sus lagos y ríos tributarios. 

Otros huesos fueron también des­cubiertos en la vecina pro­vincia de Entre Ríos, y en la Banda Oriental se encontró un esqueleto casi intacto. Entretanto, Parish recibió la información de que algunos huesos de tamaño extraordi­nario habían sido hallados en el lecho del río Salado, y se los había transportado a Bue­nos Aires desde la estancia de don Hilario Sosa. Al ins­peccionarlos, el cónsul com­probó a primera vista su se­mejanza con los restos del megaterio que en el siglo pasado fuera enviado al Mu­seo de Madrid por el mar­qués de Loreto, y que tam­bién fueron hallados en la provincia de Buenos Aires. Los nuevos huesos, que eran de propiedad de don Hilario Sosa, constituían en una pel­vis, casi intacta, varias vér­tebras, cinco o seis costillas v cuatro dientes. Después de mucho solicitarlo, Parish con­siguió finalmente apropiarse de ellos y, con la esperanza de obtener el resto del esque­leto, envió al señor Oakley, un caballero norteamericano, a realizar las investigaciones necesarias.

El señor Oakley pronto des­cubrió que en el fango del fondo del río se encontra­ban enterrados otros huesos, y mediante el desvío parcial de la corriente logró resca­tar una escápula, un fémur, cinco vértebras cervicales, varios dientes y muchos otros huesos que estaban de­masiado deteriorados como para conservarlos. Además de estos valiosos restos, el señor Oakley obtuvo partes de otros dos esqueletos de megaterios, uno de ellos de un arroyo próximo a Villanueva, y el otro de las orillas del lago Las Averías.

Aunque esta colección de huesos del megaterio era menos completa que la que existía en el Gabinete Real de Madrid, el hecho de que varios de los huesos envia­dos por sir Woodbine Parish eran los que faltaban en el ejemplar español, fue de una gran ayuda para los zoólogos empeñados en reconstruir el monstruo.”

El megaterio  El megaterio (del Latín “megatherion”, donde mega es grande y therion es bestia), era el espécimen mayor de un grupo de mamíferos desdentados que pobló el continente americano, hace más de 60 millones de años y se extinguió hace algunos milenios. Parecido a los actuales perezosos, pero con 5 y hasta 6 metros de largo, se alimentaba con hojas y ramas de los árboles. En la Pampa es donde han aparecido los mejores fósiles de este animal, el primero de los cuales apareció en 1785. Fue enviado a España y estudiado por JUAN BAUTISTA BRU, disecador y pintor anatómico del Real Gabinete de Historia Natural, de Madrid.

Woodbine Parish, primer cónsul británico en Buenos Aires. Aficionado a las ciencias naturales, coleccio­nó fósiles en las pampas argentinas


domingo, 20 de septiembre de 2020

Baños en Buenos Aires en 1829 por Carlos Enrique Pellegrini

Por A. J. Pérez Amuchástegui

El ingeniero francés Carlos Enrique Pellegrini escribió en su cuaderno de apuntes la nota que transcribimos más abajo, fechada en Buenos Aires, en 1829, es decir, pocos meses después de su arribo a la ciudad donde permane­cería hasta su muerte, acaecida en 1875.

Cabe señalar que el ingenie­ro Pellegrini se convertiría poco después en retratista y pintor, llegando a desta­carse en estas actividades. El 11 de octubre de 1846, su esposa, María Bevans, dio a luz a su hijo Carlos, futuro presidente de la Argentina y político de vasta actuación. "...La policía de Buenos Ai­res ha tomado la precaución de exigir para el mejor cui­dado de sus mulas, que éstas sean bañadas hasta la panza en invierno y hasta la grupa en verano. ¿Qué ha dispues­to, en cambio, para el aseo regular de las gentes, a las que también debe cuidar? ¿Qué ha hecho para proteger los pies de los bañistas en la rocalla del río? ¿Qué por la infancia desvalida, tan ne­cesitada de protección en este siglo corrupto?

"Si saludable es el baño en los países fríos, más justifi­cado está en los climas cá­lidos. No es que la canícula nos corte la respiración, pero es que una multitud de in­sectos, estimulados por el calor de la sangre, suelen turbar el sueño, y para librar­se de ellos no hay más re­medio, en verano, que per­manecer en la ribera hasta más allá de la media noche.

"Ved a la caída de la tarde cómo llenan las calles gru­pos de porteñas, seguidas de sus sirvientes, que marchan agobiados bajo el peso del sillón, el farol, los vestidos, las sábanas y las golosinas. A medida que cada familia llega a la orilla del río, eli­ge un lugar cómodo; los ni­ños se sientan en el césped; su prudente madre ha volca­do su vigor en la poltrona y dirige el reflector de la lin­terna sobre el rostro del más curioso espectador. ¡Vana precaución! El observador de la belleza natural se indem­nizará al regreso de las ba­ñistas, cuando éstas desfilen con sus vestidos mojados, que esculpen las formas vo­luptuosas.

“Ahora las enaguas se sacan prestamente por la cabeza, escamoteando, bajo el corpiño ajustado, bustos admira­bles. Las largas trenzas, obras maestras de arte y pa­ciencia, se deshacen, y el peinetón, objeto de culto par­ticular, es colocado en un nido de musgo.

“De pronto, un grito anuncia la primera sensación de fres­cura, y luego, pasada la im­presión, se inician juegos re­tozones, que no son, desde luego, para el negrito sir­viente, que descansa y cuida las ropas de sus amas. La madre podría ejercer esa vi­gilancia, pero ella debe se­guir atenta el baño de sus hijas y fulminar con la mi­rada a los curiosos que pu­jan por ocupar los primeros puestos.

TODAS LAS CLASES SOCIALES

"Observemos otros grupos. He ahí un carruaje de dos ruedas, fatigado aún del ser­vicio de la Aduana, condu­ciendo a las notabilidades de la ciudad, que tienen buenas razones para no desvestirse en público. Más allá un fran­ciscano lucha con las olas y trata que el agua no apague su cigarro. Mas allá una mula­ta, con el auxilio de su negro jabón, procura verse total­mente limpia. Más distante, se creería ver a Venus, radiante de gloria en medio de un cortejo de tritones. Los matrimonios se abrazan en­tre sí, chillan los muchachos, los pobres se lavan, los pe­rros brincan contentos. To­das las clases de la sociedad están confundidas. Patrones y esclavos, hombres y muje­res, blancos y negros. ¡Edad de oro! La luna protege esta fiesta y los barquichelos, car­gados de las frutas primoro­sas del Paraná, colman de placer a la multitud con el jugo de refrescantes y sa­brosos duraznos salvajes. De pronto, una nube oscura se extiende rápidamente por el cielo; se levanta una brisa ligera y el pampero provoca remolinos de polvo. Nuestro grupo de ninfas corre a sus ropas y cada una pretende dar con la suya, pero el apu­ro aumenta el pavor y el desorden. Las fuertes dominan a las débiles; la oscu­ridad favorece el escándalo y el aire se puebla de gritos nerviosos. Hay lágrimas en el entrevero; los ladrones hacen su agosto.

“Una desarrapada volverá a su casa con tres polleras, en tanto que la hija del ma­gistrado llegará a la suya como una Eva.

“Mañana, a la hora del alba, algún gringo dará el último retoque a la escena, y pasea­rá su mirada experta sobre ese campo de hallazgos; llenará su chaqueta de abanicos rotos, peines, pantuflas y muchas otras prendas aban­donadas en la huida feme­nina.

“Los baños domiciliarios no son de menor simplicidad; se dirían antípodas de las termas de Dioclesiano. Cons­tituidos por la mitad de un tonel, que todavía exhala el aroma del «Medoc», se llena con el agua nitrosa de un pozo a balde o la turbia de la ribera. Ese estrecho re­ducto, cubierto, la más de las veces, por un paño blanco, tiene su sitio habitual a poca distancia de los desperdicios de la cocina o de la cuadra y en él se baña la familia de un propietario de diez mil vacas!”

viernes, 18 de septiembre de 2020

Perón y Evita: 75° aniversario de su casamiento por civil

 Por Ignacio Cloppet

Los prolegómenos de este evento, los encontramos en los sucesos que se produjeron el día viernes 12 de octubre de 1945 por la noche, cuando Juan Domingo Perón fue detenido, y luego trasladado en la madrugada del día siguiente en la cañonera “Independencia” a la Isla Martín García.  Su relación amorosa con Eva Duarte por entonces estaba más sólida que nunca. Los militares, sus mismos camaradas y amigos de tantos años como Filomeno Velazco y Virginio Zucal, no habían logrado romper ni menos aún perturbar el amor que los unía.

Desde “La Roca” (isla Martín García), Perón escribió algunas cartas. De todas ellas destaco tres piezas, donde confiesa con absoluta certeza su intención de casarse con Eva Duarte.

Letras esbozadas en un momento de gran depresión. Pues podríamos decir que una persona privada de su libertad, en forma injusta, y con la incertidumbre de su futuro, está debilitada o con la guardia baja.

En esas terribles condiciones, la primera misiva se la escribió de puño y letra a Eva Duarte, de la que se conserva solo la primera página. Está fechada en Martín García el 13 de octubre de 1945, y dice:

"Mi Negrita querida. No sé si ésta llegará a tus manos, mi tesorito, pero mi corazón me indica que como no puedo vivir sin vos, debo escribirte de inmediato…

En lo material no estoy tan mal, así que no te preocupes negrita. Me voy reponiendo poco a poco de lo que me hicieron a mí y a vos. No quiero que te preocupes ni sufras por mí ya que esto va a terminar bien para nosotros. Lo que te pido es que me escribas cuanto antes para poder saber cómo estás.

Querida negrita; tesoro adorado, lo único que te pido y te puedo decir es que cuando termine todo esto, nos vamos a casar y nos vamos lejos

Por lo pronto te pido que tengas paciencia que todo esto se va a arreglar.

Habla con el coronel (Alberto Juan) Job o con Martínez para ver si me pueden mandar una radio, y comunícate con (Juan Carlos) Sibillino para que te cuide bien.

Lo único que te pido es que te cuides mucho, mira que quienes me mandaron acá no tienen contemplaciones...".

Cartas de Juan Perón a Eva Duarte

Cartas de Juan Perón a Eva Duarte

La segunda carta se la escribe a su entrañable amigo el teniente coronel Domingo A. Mercante, fechada el 13 de octubre de 1945, donde entre otras cosas le dice:

“Yo tengo lo que ellos no tienen; un amigo fiel y una mujer que me quiere y que yo adoro. Mando más que ellos porque actúo en muchos corazones humildes...Le encargo mucho a Evita, porque la pobrecita tiene sus nervios rotos y me preocupa su salud. En cuanto me den el retiro, me caso y me voy al diablo”.

La tercera pieza, la esboza también de puño y letra desde Martín García, el día 14 de octubre de 1945, donde le vuelve a manifestar a Evita:

"Mi tesoro adorado: Hoy sé cuánto te quiero y que no puedo vivir sin vos. Esta inmensa soledad está llena de tu recuerdo. Hoy he escrito a Farrell pidiéndole que me acelere el retiro, en cuanto salgo nos casamos y nos iremos a cualquier parte a vivir tranquilos...

De casa me trasladaron a Martín García, y aquí estoy no sé por qué y sin que me hayan dicho nada. ¿Qué me decís de (Edelmiro) Farrell y (Eduardo J.) Ávalos? Dos sinvergüenzas con el amigo. Así es la vida.

En cuanto llegué lo primero que hice fue escribirte. No sé si habrás recibido mi carta que mandé certificada.

Te encargo le digas a Mercante que hable con Farrell para ver si me dejan tranquilo y nos vamos a Chubut los dos".

Estas tres cartas, demuestran cabalmente el amor que sentía Perón por la joven Eva Duarte, que se lo manifestó con total sinceridad. Si alguna duda les quedaba a sus enemigos, con estas letras las zanjó definitivamente.

En esos difíciles momentos, observamos que estaba más que dispuesto a casarse, mantenía vivo su característico romanticismo, hasta llegar a ofrendar su vida por ella.

¿Quiénes forjaron el 17 de Octubre de 1945?

Los sucesos continuaron, y Eva Duarte no estuvo sola en esos terribles instantes, mientras Perón estuvo privado de su libertad.

La acompañaron indistintamente, amigos y compañeros que tomaron la misión y el plan de movilizar a los trabajadores para libertar a Perón. Las personas leales a Perón en esas difíciles horas fueron: los doctores Román A. Subiza, Belisario Gaché Pirán, Alejandro S. Cloppet y Juan A. Bramuglia; el coronel Domingo A. Mercante e Isabel Ernst (secretaria privada de Mercante en el Correo); los “doce apóstoles” (de la seguridad del coronel Perón): Agustín Casaretto, Roberto Pettinato, Baldomero y Julio Lamela Pérez, Rómulo Aranguren, Yrurtia, Framino Pardo, Gregorio Gutiérrez; los periodistas Krhon y Vanoli, Valdés; y los “combativos” Guillermo Coolen, Botticcini, Piérola, Félix Odorissio, Barreiro, el “Negro” Frías, Mikulicich, el “Gordo” Acebo y Almejún. También estaban: Rodolfo Freude (h), Francisco Muñoz Azpiri, Víctor Lamarque, Alberto Proia, Eliseo Sardi, Antonio Santamarina, René S. Orsi, Manuel Bianchi, Juan Collazo, Benjamín Bambill, Juan Zerillo, Miguel Gamboa, y los líderes sindicales Ángel G. Borlenghi y Cipriano Reyes.

Todos ellos, en mayor o menor medida fueron colaboradores de extrema confianza del coronel Perón. Desde el día que lo detuvieron, estaban trabajando en un plan para liberarlo, y se constituyeron en los constructores del 17 de octubre de 1945.

La movilización del 17 de Octubre. ¿Evita tuvo alguna participación?

El miércoles 17 de octubre de 1945, hay quienes sostienen que Eva Duarte tuvo una participación intensa en la movilización popular, y otros dicen que no.

Hay quienes afirman que ese día no estaba en Buenos Aires, sino en la ciudad de Junín, junto a su familia en la casona que alquilaba en la Calle Gervasio I. Arias 171.

¿Cuál es la verdad histórica? Hay certezas que Eva Duarte hizo todo lo que estaba a su alcance para pedir por la libertad de Perón. Durante los días que el coronel estuvo privado de su libertad, Eva no dejó puerta sin golpear, ya sea en algunos sindicatos, como así también en la Policía Federal. Así lo recuerda el comisario Miguel Gamboa, del círculo íntimo de Perón: “Evita estaba desesperada y el 16 cayó como una tromba al Departamento Central de Policía, a los gritos: «Liberen a Perón, liberen a Perón»”.

No existen dudas que Eva Duarte estuvo presente en reuniones previas al 17 de octubre, con amigos y el círculo íntimo de Perón.

El historiador Jorge Crespo, sostiene que Evita participó “de los planes esenciales para una movilización, aun cuando no buscó personalmente el apoyo, en este sentido, con los gremios ni con los delegados. Escribió mucho después sobre la resignación de esos días, imponiéndose un juramento: «El 17 de octubre el pueblo hizo que el coronel Perón retornara a su corazón, nunca olviden esa fecha puesto que fue la primera vez que los poderosos insensibles retrocedieron ante la fuerza del pueblo los que no querían que se imponga la justicia social. Perón los obligó con la ley respaldado por el pueblo y los sindicatos a respetar la dignidad de los trabajadores»”.

Así las cosas, podemos asegurar que Eva Duarte no tuvo ningún protagonismo en la movilización popular del 17 de octubre, como sostienen erróneamente y sin fundamento algunos historiadores, con total orfandad de certezas documentales.

En cuanto a quienes mantienen que ese día ella estaba en Junín, se apoyan en un documento fechado ese mismo día, y que fue firmado en presencia de testigos y ante el escribano Hernán A. Ordiales.

Se trata de un poder que Eva Duarte les otorgó a los doctores Román Subiza y Justo Álvarez Rodríguez, mediante la escritura número cuarenta y tres. El poder especial era amplio y les confería realizar todo tipo de trámites administrativos y judiciales en organismos públicos, privados, celebrar contratos, etc. La firma la hizo hecho en presencia de dos testigos: Aquiles S. Valente y Enrique A. Zerbini.

El motivo de ese poder fue el miedo que tenía Eva Duarte mientras Perón estuvo encarcelado, pues temía por su vida, y no se descartaba que, en sus planes, existiera la posibilidad de dejar el país o que se refugiara en alguna provincia.

El documento ya fue publicado. Si bien he visto una copia que se conserva en el Archivo Ordiales, nada puedo agregar sobre el mismo. Hay quienes dudan que Evita haya estado presente el mismo 17 de octubre en Junín, una ciudad que dista a 266 kilómetros de Buenos Aires. Hoy en el estado que posee la ruta, se demora en llegar a Buenos Aires unas tres horas y media. Es posible que, en 1945, el tiempo estimado de viaje en automóvil, durase el doble, o sea siete horas.

Si nos aferramos al instrumento público que da fe de lo sucedido, entonces debemos creer que Eva Duarte estuvo en Junín ese día. En ese caso, sería posible que haya estado en la escribanía a primera hora de la mañana, y que inmediatamente después de firmar el poder, haya emprendido el regreso a Buenos Aires en el automóvil de Román Subiza, junto a su hermano Juan Duarte. Si esto sucedió, habría llegado a la Capital entre las 14 y las 15 horas.

El 17 de octubre fue un día fatídico para Eva Duarte. Por la tarde ya en Buenos Aires, intentó –sin éxito– visitar a Perón en el Hospital Militar, que había llegado de Martín García a las 6 de la mañana.

Luego del fallido intento, Eva Duarte junto a su hermano Juan, se dirigieron a su departamento de la calle Posadas 1567, donde permanecieron durante el resto del día. El verdadero motivo por el que no lo pudo ver, es que no era familiar, y que no tenía ningún parentesco con el coronel. El que sí lo pudo ver a Perón en el Hospital, fue su cuñado Cipriano Tizón, que eran muy compinches. Destaquemos que Cipriano tenía un juego de llaves del departamento de la calle Posadas de Perón.

Algo para ponderar de ese inmemorial día, es que Perón tuvo la fortuna de conocer al doctor Ramón Carrillo, que se desempeñaba como jefe del Servicio de Neurocirugía del Hospital Militar, quien generosamente colaboró con Perón, haciendo varios viajes del Hospital Militar a la Casa Rosada, siendo su interlocutor.

Ese día Perón le dijo al médico: «No puede ser que en este país tengamos un ministerio para las vacas, y no tengamos uno para atender la salud de la gente. ¡Cuidamos más a las vacas que a los pobres!». De esa charla, al tiempo surgió la creación del ministerio de Salud Pública.

El 16 de octubre, el papel de Carrillo había sido acondicionar médicamente la habitación que ocuparía Perón. También, en misión confidencial, debió entregar dos cartas recibidas de manos del coronel, una a Filomeno Velazco, ex jefe de policía, y la otra, a Evita. El 17 entre Perón y Carrillo se produjo una simbiosis que significaría el germen de la mayor revolución sanitaria que conoció el país.

Por la noche Perón se dirigió al Palacio Presidencial Unzué, donde fue recibido por el presidente Farrell, cerca de las 21 horas, quien le solicitó que vaya a la Casa Rosada y le hable a toda la multitud allí reunida, para que la persuada a que abandonen la Plaza de Mayo. Evita no lo pudo acompañar.

Tampoco estuvo presente cuando Perón pronunció su encendido discurso a las 23.15 horas, desde el balcón de la Casa Rosada del 17 de octubre, en compañía del presidente Farrell y Mercante, quienes habían dado a modo de introducción unas breves palabras.

“Ha llegado ahora el momento del consejo. Trabajadores: únanse; sean hoy más hermanos que nunca. Sobre la hermandad de los que trabajan ha de levantarse en esta hermosa tierra la unidad de todos los argentinos... Confiemos en que los días que vengan sean de paz y de construcción para el país. Mantengan la tranquilidad con que siempre han esperado aún las mejoras que nunca llegaban”.

Evita pudo escuchar a Perón por la radio. Ella quedó en su departamento aguardando el regreso de su amado, lo que sucedió a eso de las 1.30 horas de la madrugada del 18 de octubre, donde pasaron la noche.

Esa madrugada Perón había ganado la partida. Mercante fue designado secretario de Trabajo y Previsión; renunció todo el gabinete, en realidad había solo dos ministros, el general Eduardo J. Ávalos y el almirante Héctor Vernengo Lima; el gobierno no fue entregado a la Corte Suprema; y, finalmente, todas las conquistas sociales efectuadas por Perón fueron reconocidas y mantenidas.

El día 18 de octubre fue un día atípico. Hubo una huelga general declarada por la CGT, provocando un paro total de actividades en todo el país. Fueron designados como ministro de Guerra el general Humberto Sosa Molina, ministro de Marina el almirante Abelardo Pantín y ministro de Asuntos Exteriores Juan I. Cooke. Los coroneles Filomeno Velazco y José. D. Molina, jefe y subjefe de la Policía Federal respectivamente, fueron reintegrados en sus cargos.

Esa movilización popular del 17 de octubre cambió drásticamente la forma de hacer política, donde se puso fin a la Argentina liberal y oligárquica. Perón se transformó en el hombre más importante de entonces, con el apoyo popular masivo, produciéndose un hecho inédito en la historia argentina.

El matrimonio civil de Perón y Evita en Junín

Desde comienzos de 1944 era conocido el malestar que existía en el Ejército y en el gobierno, por la situación cuasi marital irregular en la que vivía su vicepresidente, ministro de Guerra y secretario de Trabajo y Previsión.

En esas circunstancias, después de producido el 17 de octubre, Perón desbordado de alegría, cumplió con su promesa expresada en las cartas del 13 y 14 de octubre, y decidió legalizar la relación de concubinato, por lo que se casó por civil con Eva Duarte, el día lunes 22 de octubre de 1945.

Los preparativos formales recayeron en el hombre de confianza que tenía Perón, el escribano Hernán A. Ordiales (forjador del Proto-Peronismo en Junín y en la 4ª sección electoral), quien se puso a disposición para facilitar todos los detalles.

¿Dónde se realizó la ceremonia civil? Hay distintas versiones del lugar donde habría transcurrido la ceremonia de los contrayentes.

Si nos aferramos a los documentos públicos, se desprende indefectiblemente que el enlace se produjo en la ciudad de Junín, el 22 de octubre de 1945 en la Escribanía Ordiales, donde funcionaba el Registro Público.

En cambio, hay quienes sostienen que el acto no se realizó en la Oficina Pública. Si bien la sede de la Sección Primera, era la hermosa casona de la Avenida Arias 154, esquina presidente Quintana, producido el arribo de Perón y Mercante, el libro de inmediato habría sido trasladado a la vivienda de enfrente, al 171, donde habitaba la familia Duarte. Allí, en la habitación que tenía una artística estufa–hogar en el rincón y de cuyo interior se podía ver la calle a través del balcón, María Eva y Juan Domingo se casaron.

Pocos fueron los que presenciaron y sellaron con aplausos el acontecimiento. «Fue una ceremonia austera –dijo descriptivamente años después el escribano Ordiales–, solemne, casi triste. Perón y Eva Duarte estaban muy emocionados. El vestía un traje de gabardina grisácea. Ella, un tailleur color marfil, sobre el que contrastaban sus cabellos largos, rubios. También estaban emocionados los testigos».

La otra versión es tal vez más endeble. La misma sostiene que Perón y Eva Duarte se casaron en el departamento del 4° piso “B” de la calle Posadas 1567 de la Ciudad de Buenos Aires, y que el escribano Ordiales habría viajado especialmente para realizar ese acto, suscribiendo y registrando el mismo en el Libro correspondiente a la Sección Primera del Registro Civil de Junín.

Resulta difícil creer que Ordiales, siendo un hombre práctico e idóneo en su profesión, haya sido fedatario de una falsedad tan flagrante, la que hubiera provocado la nulidad del acto, por haber dado fe de un acto realizado fuera de su jurisdicción.

Teniendo en cuenta lo referido, no tengo dudas que todo sucedió en la ciudad de Junín, donde ambos contrayentes contaban con la absoluta confianza de su amigo Ordiales. Además, “Evita” tenía domicilio en Junín. No quedan dudas, que el escribano Ordiales fue el oficial público que celebró el matrimonio civil entre Juan Domingo Perón y María Eva Duarte, en la ciudad de Junín, el lunes 22 de octubre de 1945.

Muestra acabada de ello, es una imagen de la “Libreta de Familia” del Registro Civil de Junín, Año 1945, donde consta: “Matrimonio celebrado el 22 de Octubre de 1945, en la ciudad de Junín, entre don Juan Domingo Perón, nacido el 8 de octubre de 1895 en Capital Federal, profesión militar, domiciliado en la Capital Federal, y doña María Eva Duarte, nacida el 7 de mayo de 1922 en Junín, profesión artista, domiciliada calle José Arias 171. Acta No 182, Sección I. Lugar y fecha: Junín, 22 octubre de 1945. Firmado Hernán Antonio Ordiales, jefe”.

Los detalles no fidedignos que obran en la libreta de matrimonio antedicha y en la partida labrada, responden a la declaración que habrían manifestado los contrayentes, que fue ratificada por los testigos: Juan Duarte y Domingo Mercante. El fedatario no tenía por qué dudar de la verosimilitud de lo declarado y manifestado por los testigos, en cuanto al estado civil o fecha de nacimiento de Evita, siempre que tuviera constancia de que se trataba de personas hábiles y con su cabal conocimiento de sus actos.

Tengamos en cuenta, que, en esos tiempos, no eran requeridas y por ende no se exhibían actas de nacimiento, partidas de bautismo, ni tampoco documentos de identidad, para la celebración de matrimonios y/o la confección de algún poder general o particular. Por lo tanto, todo indica que el matrimonio de Perón con Eva Duarte, se celebró en la ciudad de Junín, tal cual surge del acta pública labrada.

El haber formalizado con el casamiento civil, y unos meses más tarde, el matrimonio religioso celebrado el 10 de diciembre de 1945 en la Iglesia San Francisco de La Plata, por expresa influencia del gran amigo de Perón, Fray Pedro Errecart, el fraile franciscano lego que lo convenció de que se case, resultó determinante para asegurarse el triunfo electoral del 24 de febrero de 1946.

viernes, 11 de septiembre de 2020

12 DE OCTUBRE, VOLVERE Y SERE MILLONES

 Por David Acuña

 ¿Qué se festeja el 12 de octubre? ¿Se festeja? ¿Día del Descubrimiento de América? ¿Día de la Raza? ¿Día de la Hispanidad? ¿Día del Respeto a la Diversidad Cultural Americana? No preguntamos por ocio, y la respuesta que formulemos es claramente un posicionamiento político.

El 17 de abril de 1492 los Reyes Católicos suscriben el documento llamado “Capitulaciones de Santa Fe” donde le otorgaban a Cristóbal Colón los títulos de almirante, virrey y gobernador general de todos los territorios que descubriera, al igual que se le confería el diezmo de todos los bienes que hallase. Los reinos que conformaban España se habían erigido por medio de la guerra y la conquista contra otros pueblos cristianos y musulmanes, por lo cual, los métodos que en tierras americanas reproducen Colón, Cortés, Pizarro o Almagro son constitutivos de su identidad guerrera y señorial... guerreros conquistadores que buscaban gloria para su Dios, para sus reyes y para sí mismos.

Las actuales tierras americanas no estaban carentes de población humana. Las mismas estaban habitadas por una gran diversidad de pueblos con diferentes formas de organización social, económica y cultural. Estos pueblos tenían sus creencias, su idioma, sus contradicciones, sus guerras y también sus inequidades.

Por cierto, el arribo de los europeos a América no implicó un encuentro pacífico de dos mundos, por el contrario, la resistencia de los pueblos originarios se presentó desde el inicio de la conquista y se extendió por siglos. Lo mismo puede decirse de los contingentes africanos traídos como mano de trabajo esclava que se rebelaron en no pocas ocasiones y lograron mantener algo de su acervo cultural ancestral. Nuestra identidad está conformada por este proceso violento y sincrético que amalgama sustratos autóctonos y africanos con el europeo; y a la cual solemos denominar como “latinoamericana”.

En 1780 José Gabriel Condorcanqui Noguera asume el nombre de Tupac Amaru II y es reconocido por un consejo de Amautas y Mamacunas como Inca soberano. Va a liderar la rebelión anticolonial más grande con el objeto de abolir todas las formas de explotación, tributación y sometimiento indígena en territorios hispanoamericanos, decretando, como si fuera poco, la abolición de la esclavitud negra. Al principio no negó la autoridad del rey de España y sólo se proclamó contra “el mal gobierno” de los virreyes, pero no tardó en proclamar la independencia absoluta.

Tupac Amaru II se presentó como rey “Restaurador” y “Redentor”, no solo de las poblaciones originarias, sino de toda América. Él era el Hijo de Inti, el Sol, que regresaba para unificar a las poblaciones y hacerle justicia a los explotados. La rebelión se extendió por todo el sur del Perú, el altiplano boliviano y el norte de Chile y Argentina, Ecuador, Colombia y Venezuela recibiendo el apoyo de indígenas, negros y criollos pobres.

Un año después la rebelión es derrotada y Tupac es ejecutado luego de ser obligado a ver como torturaban y asesinaban a sus hijos, esposa y compañeros más cercanos. Tal fue la impronta redentora de Tupac Amaru que muchos movimientos políticos posteriores fueron acusados de tupamaros o asumieron ese nombre.

No en vano, nuestro himno nacional originario dice:

“se conmueven del Inca las tumbas

en sus huesos revive el ardor

lo que ve renovando a sus hijos

de la Patria el antiguo esplendor”

Tupac Amrú partió en dos la historia de América entre aquellos que se rebelan contra la tiranía y las injusticias y entre aquellos que se someten o colaboran. Antes de que le cortaran la lengua y ejecutaran les gritó a sus verdugos: “Volveré y seré millones”.

Las revoluciones de independencia en toda América se hicieron bajo signo mestizo. Desde el levantamiento campesino indígena y criollo liderado por sacerdote católico Morelos, hasta el apoyo de San Martín a la coronación de un descendiente Inca para gobernar a las Provincias Unidas del Río de la Plata, lo originario de América clama por surgir. Y lo mismo cabe decir de la negritud que acompaño a Bolívar con tropas y recursos cedidos por el haitiano Alexandre Pétion, líder de la primer República del mundo donde los antiguos esclavos lograron libertad y gobierno propio.

 

América Latina es la amalgama de pueblos originarios, africanos, españoles y lusitanos que luego de más de 500 años esperan volver a levantarse y lograr su definitiva Independencia.

Unidos no hay “fuerza capaz de doblegar a un pueblo que tiene conciencia de sus derechos” (Evita).