Rosas

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sábado, 28 de noviembre de 2020

Don Juan Manuel: de "Rincón de López" a "Los Cerrillos",,

 Por el Prof. Jbismarck

La posesión de este campo ("Rincón de López") de 40 leguas, aproximadamente, fue otorgada por el gobierno virreinal a Clemente López de Osornio en 1761 por un período de cuarenta años, al cabo de los cuales, si había podido defender y limpiar este sitio de indios y alimañas, sus descendientes podían lograr la propiedad de la posesión, algo que pudo realizar su hija Agustina, y su marido León Ortiz de Rozas, cuando ésta recibió la estancia en herencia, luego de la muerte trágica de su padre y su hermano mayor a manos de un malón en 1783, y lograron el título en 1811

 
 Durante varios años, Don Clemente López fue abastecedor oficial del gobierno en el ramo de Guerra, cargo que consistía en juntar ganado realengo en tierras fiscales y trasladarlas en grandes arreos a los ejércitos virreinales, y así pudo ir poblando y ocupando numerosos terrenos sobre la costa del río Salado.                                                  La estancia el Rincón de López  se convierte en la cuna de su formación de estanciero, aprendizaje que luego volcará en sus Instrucciones para la administración de estancias, y en donde se evidencia el profundo conocimiento que había adquirido sobre las tareas rurales. Se cree que fueron escritas entre 1819 y 1825.  Rosas escribió estas Instrucciones para los administradores que, en su ausencia, debido a las crecientes funciones y compromisos políticos que iba asumiendo, debían regentear sus propiedades 

La administración del campo, las poblaciones y el personal, y los demás al cuidado de las especies caballar, vacuna, lanar y demás. La buena observancia de estas reglas permitiría una marcha segura y exitosa de los negocios.                                                            En 1811, a la edad de 18 años y lejos de la efervescencia política de la Buenos Aires independiente, pasa, por orden de su padre, a dirigir la estancia El Rincón, y a los dos años, en 1813, se casa con la hija de un comerciante, Juan Ignacio Ezcurra, Encarnación Ezcurra y Arguibel con quien tuvo tres hijos pero sobrevivieron dos, Juan Bautista y Manuela. Juan Bautista se casó con Mercedes Fuentes y tuvieron un hijo, Juan Manuel; y Manuela casó con Máximo Terrero y tuvieron dos hijos, Manuel y Rodrigo.                     A partir de su casamiento, Encarnación Ezcurra se convertirá en la compañera incondicional de su marido, Juan Manuel de Rosas. Mujer en la vida, militante en la política y socia en los negocios. El mismo Rosas dirá que cuando se casaron, su esposa no tenía nada propio, sus padres no aportaron nada y ni siquiera recibió herencia alguna. Lo mismo dirá la propia Encarnación Ezcurra en su testamento: “Nada introduje al matrimonio, porque nada tenía, ni he tenido herencia después. Todo, pues, cuanto me corresponda por ley, después de mi muerte será entregado a mi esposo Juan Manuel a cuyo trabajo constante y honrado son debidas nuestras propiedades”.  Rosas dijo “Cuando entregué las estancias a mis padres, recién casado, y salí a trabajar por mi cuenta, fue mi primer paso dar aviso a mi primer amigo, pobre también como yo, Juan Nepomuceno Terrero. Le propuse trabajar en compañía, encargándose él de lo que debiera hacerse en la ciudad, y yo en los trabajos de campo” (Ibarguren).  

Se independiza de los negocios familiares y en 1815 forma sociedad con su gran amigo (y luego consuegro), Juan Nepomuceno Terrero, y Luis Dorrego. La sociedad, cuyo 50% de capital fue aportado por Dorrego y la parte restante, de común acuerdo, por Rosas y Terrero, se dedicaría a la explotación ganadera, saladero y exportación de carne salada a Río de Janeiro y La Habana. La dirección de los trabajos, así como el acopio de materiales y la venta de los productos de este establecimiento, denominado las Higueritas, ubicado al sur del río Barracas, en Quilmes, correría por cuenta de Rosas y Terrero, quienes, cada seis meses, se comprometían a presentarle a su socio Dorrego, el correspondiente estado de cuentas. Las utilidades serían repartidas en partes iguales. Cabe señalar que Dorrego se retiró de la sociedad en 1821 y en 1837 finalizó la asociación entre Rosas y Terrero, aunque no así su amistad.   La disolución, por mutuo consentimiento de los asociados, resultó en la división de ganados y de tierras. La estancia San Martín, Los Cerrillos y los terrenos al exterior del río Salado, quedaron para Rosas, en tanto Las Perdices y El Rincón del Cardalito, para Terrero.  

En 1817 Rosas compró a Julián del Molino Torres una fracción de 18 leguas en la Guardia del Monte, sobre el río Salado, que será la base de la estancia Los Cerrillos y a donde trasladó la fábrica de salar carnes. El éxito del negocio, después de pasada la crisis saladeril de la época del Directorio, por la cual algunos estancieros acusaron a dichos establecimientos de ser los causantes del despoblamiento de la campaña y del desabastecimiento del abasto público, le permitió a Rosas reinvertir sus ganancias y seguir ampliando su patrimonio territorial. En 1821 agrega 2 y ¼ de leguas en el partido de la Matanza (estancia San Martín y luego llamada por Rosas Del Pino) y 2 leguas en el partido de Magdalena (estancia El Rey); en 1826, 1 y ¼ legua en Monte; y en 1829 54 y ¼ en enfiteusis.

Bibliografía

BUSANICHE, José Luis (1955]). Rosas visto por sus contemporáneos. Buenos Aires: Hyspamérica. 

DELLEPIANE, Antonio (1957). El Testamento de Rosas. Buenos Aires: Oberón. 

FITTE, Ernesto J. (1973). El proceso a Rosas y la confiscación de sus bienes. Buenos Aires: Emecé. 

IBARGUREN, Carlos (1930]). Juan Manuel de Rosas. Su vida, su drama, su tiempo. Buenos Aires: Theoría. 

REGUERA, Andrea (2006). “Entre la ley y el azar. La trama vincular del mundo político-empresarial de la frontera sur pampeana en el siglo XIX”. 

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