Rosas

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sábado, 4 de noviembre de 2023

Estanislao López 1ra parte

por Pacho O'Donnell
La ciudad de Santa Fe fue fundada por Juan de Garay el 1º de noviembre de 1573 y su jurisdicción abarcaba las actuales provincias de Santa Fe, Entre Ríos y parte de la provincia de Buenos Aires. Allí estalló en el milseiscientos la revolución de “los siete jefes”, una sublevación de criollos contra el despotismo de los españoles que fue reprimida sangrientamente. Durante la colonia su principal riqueza vendría de ser el monopolizador de la distribución de la yerba mate paraguaya en el resto del Virreinato. Los asaltos de los charrúas, abipones y guaraníes obligaron a cambiar la ciudad de lugar. En su proximidad se fundaron otras ciudades, como las actuales Rosario y Coronda. La industria del cuero se desarrolló con vigor a favor de la abundancia de pasturas aptas para la cría del ganado. En territorio santafesino se dieron, en los primeros tiempos de las luchas por nuestra independencia, dos hechos históricos: la creación de la bandera y el combate de San Lorenzo.  El compromiso de la provincia con la insurrección colonial fue grande desde el principio: cuando Belgrano pasó por la ciudad de Santa Fe camino al Paraguay se lo proveyó de reclutas, de fondos, de animales y de alimentos a expensas de algunos de sus habitantes como fue el caso del comerciante Francisco Candiotti quien donó toda su fortuna.  Estanislao López nació en Santa Fe el 22 de noviembre de 1782, hijo natural de Juan Bautista Roldán y María Antonia López. Se incorporó, apenas adolescente, al Cuerpo de Blandengues en el que su padre era capitán. Eran agrupaciones de caballería ligera que debían repeler las incursiones de los indios y proteger los caminos. En sus escaramuzas contra los indios mocovíes y abipones el joven López aprendió de ellos tácticas montoneras que más tarde utilizaría contra los ejércitos regulares porteños.  Tomó parte en la reconquista de Buenos Aires, en 1806, contra los británicos, y luego de Mayo, enrolado a las órdenes de Manuel Belgrano en la campaña del Paraguay, participó de las batallas de Campichuelo y Paraguarí, siendo apresado por los realistas en la derrota patriota en Tacuarí. Enviado a Montevideo logró escapar a nado y a su regreso a Santa Fe fue ascendido a oficial de su regimiento.
En la disputa, iniciada ya en tiempos de la colonia, entre un Buenos Aires que pretendía imponer sus intereses a las provincias y una Santa Fe que se consideraba con derecho a la autonomía, se dio que el Director Supremo, el porteño Carlos de Alvear, en abril de 1815 atacó Santa Fe en el intento de destruir la incipiente reunión en su contra de las provincias litoraleñas con el caudillo de la Banda Oriental José Gervasio Artigas. Instituyó a Eustaquio Díaz Vélez como gobernador santafesino, pero poco después éste fue desalojado por la insurrección popular del 23 de abril de 1815. En su lugar se nombró al citado Candiotti.  Buenos Aires no se conformó y su nuevo Director Supremo, Ignacio Alvarez Thomas, envió otro poderoso ejército al mando de Juan José Viamonte quien, luego de variadas alternativas, debió ceder ante los insurrectos que nombraron a Mariano Vera como gobernador bajo el auspicio del llamado Protector de los Pueblos Libres, Artigas. Luego de una victoriosa expedición contra los indios en el norte de la provincia que lo colmó de prestigio, Estanislao López retornó a la capital de Santa Fe para asumir el gobierno provincial el 23 de julio de 1818 en sustitución de Vera, considerado demasiado pro porteñista, hasta su muerte, veinte años más tarde.  El 17 de diciembre de 1819 casó con la joven de la alta sociedad santafesina María Josefa Rodríguez del Fresno con quien tuvo siete hijos. La burguesía librecambista de Buenos Aires no se conformó con la autonomía santafesina y envió tropas para devolverla a la situación anterior pero los Dragones, con sus tácticas guerrilleras, rechazaron los intentos porteños.  Aliado con el jefe oriental Artigas y con el caudillo entrerriano Francisco Ramírez formó ejércitos para resistir la prepotencia de Buenos Aires. Los dirigentes porteños se sintieron amenazados por los provincianos y su Director Supremo, Martín de Pueyrredón, sustituido luego por José Rondeau, ordenó el regreso del Ejército de los Andes, a lo que San Martín se negó. En cambio Manuel Belgrano, jefe del Ejército del Norte, quizás para cubrir la desobediencia del Libertador y apoyar su expedición al Perú, acató la instrucción de marchar sobre Santa Fe. Pero en Arequito sus fuerzas se rebelaron bajo las órdenes de destacados oficiales como Juan Bautista Bustos, luego gobernador de Córdoba y uno de los más inteligentes y patrióticos caudillos federales, y José María Paz, quien más tarde tomaría partido por el bando unitario erigiéndose en un temible rival de la Confederación.  El conflicto entre las provincias y Buenos Aires dificultaba y demoraba la organización del Ejército de los Andes. Para San Martín era esencial poner fin o por lo menos postergar esa guerra civil. Con ese propósito el Libertador, quien también lo hizo con Artigas, escribió a Estanislao López, dando muestras de que no consideraba a los caudillos “bárbaros” con quienes era imposible dialogar: “Paisano y muy señor mío: el que escribe a usted no tiene más interés que la felicidad de la Patria. Unámonos, paisano mío, para batir a los maturrangos que nos amenazan; divididos seremos esclavos, unidos estoy seguro que los batiremos. Hagamos un esfuerzo de patriotismo, depongamos resentimientos particulares y concluyamos nuestra obra con honor. La sangre americana que se vierte es muy preciosa y debía emplearse contra los enemigos que quieren subyugarnos. Unámonos, repito, paisano mío. El verdadero patriotismo en mi opinión consiste en hacer sacrificios; hagámoslos, y la Patria sin duda alguna es libre, de lo contrario seremos amarrados al carro de la esclavitud. Mi sable jamás saldrá de la vaina por opiniones políticas.  En fin, paisano, transemos nuestras diferencias; unámonos para batir a los maturrangos que nos amenazan, y después nos queda tiempo para concluir de cualquier modo nuestros disgustos, en los términos que hallemos por convenientes, sin que haya un tercero en discordia que nos esclavice”.
En esta mediación se evidencia la preponderancia que San Martín otorga a la liberación y unión de la Patria Grande. Además escribe al caudillo con respeto y consideración. Pero el planteo no es aceptable unilateralmente:: la política de aduana, puerto único y libre cambio por parte de los intereses portuarios en perjuicio de las economías interiores constituye el principal impedimento para la unión confederal y la convicción de los jefes provinciales es que no existe posibilidad de superar el escollo a través de acuerdos voluntaristas sino estableciendo por la fuerza el predominio del interés nacional por sobre los localismos portuarios.
La actitud del Libertador frente a la elite porteña fue siempre clara y contundente: les enrostró que estaban más preocupados por imponer su dominio sobre las provincias que en contribuir a la emancipación del continente. Eso era evidente en que los recursos que Buenos Aires decía no disponer para el ejército acantonado en Cuyo y luego en Chile, sobraban en cambio para armar a los ejércitos que embestían contra la confederación provincial. En el capítulo dedicado a Artigas hemos conocido que Pueyrredón se negó a la propuesta de intermediación que ofreció San Martín y sus emisarios chilenos ni siquiera fueron recibidos por el Director Supremo.  Fue la respetuosa relación del Libertador con los caudillos y su resistencia “desenvainar su espada en nuestras guerras civiles”, es decir a combatir en su contra , lo que decidió al doctor Juan Gregorio Tagle, ministro directorial, a sustituirlo en el mando del ejército de Cuyo por Marcos Balcarce.
El l° de febrero de 1820, en la batalla de Cepeda, López y Ramírez derrotaron a las fuerzas de Buenos Aires comandadas por Rondeau, poniendo fin temporariamente al dominio de los directoriales. Allí también fenecieron las tratativas monarquistas por lo que el republicanismo votado en 1816 en Tucumán quedó a salvo. Las alternativas del Tratado de Pilar, su texto completo y las vicisitudes posteriores han sido descriptas en el capítulo dedicado a Francisco Ramírez.  Ante la renuencia porteña a cumplir con lo pactado en Pilar de llamar a una Convención Constituyente y de castigar a los directoriales que habían llevado adelante las negociaciones para entronizar al duque de Lucca, Carlos de Borbón, en el Río de la Plata, el santafesino avanza sobre Buenos Aires, derrota a las fuerzas que le salen al paso y le pone sitio.  La gravedad de la situación obliga al nuevo gobernador de Buenos Aires, Martín Rodríguez, a llegar a un acuerdo que iniciará una persistente alianza entre Santa Fe y Buenos Aires y que excluirá a Ramírez, quien al derrotar a Artigas y quedar dueño de las provincias del Litoral emergía, autodesignado “Presidente de la República de Entrerríos”, con un poder envidiable y amenazante. El escenario del pacto fue la estancia de don Tiburcio Benegas firmándose el 24 de noviembre de 1820 y estableció el compromiso del fuerte estanciero y carismático comandante de milicias Juan Manuel de Rosas a proveer, de sus propias haciendas, 25.000 cabezas de ganado vacuno que permitieron repoblar los campos de la provincia de López devastada por las continuas guerras contra Buenos Aires. Desde entonces se estableció una vigorosa relación personal y política entre el porteño y el santafesino. En comunicación al gobernador Martín Rodríguez el futuro Restaurador explicaría: “Santa Fe en armonía, paz y amistad es una columna de orden en nuestra provincia. Ante tal conflicto medité que para que la paz fuera sólida sería un arbitrio proporcionar cómo hacer propietarios en la campaña de Santa Fe y dar ocupación a sus habitantes”(Chiaramonte, Cussianovich, Tedeschi).
Desde entonces Buenos Aires gozaría de lo que la historia oficial recuerda como “la feliz experiencia”, casi una década de paz y crecimiento del puerto a favor del drama del caudillaje federal: Guemes asesinado, Artigas asilado en Paraguay y sus aliados portugueses dominando la Banda Oriental, López y Ramírez enfrentados rabiosamente entre sí, Buenos Aires desentendido de San Martín y su ejército como represalia por no haber regresado a Buenos Aires para luchar contra los caudillos. Esos años, que Vicente López y Planes, en carta a San Martín, llamase “el período de la contrarrevolución”, dio a pie a que los ministros de Rodríguez, Bernardino Rivadavia y Manuel García, dieran forma política y conceptual al unitarismo, importando fórmulas europeizadas que serían confundidas con lo civilizado, cavando siderales distancias culturales con el federalismo provincial consustanciado con lo criollo y las tradiciones hispánicas.
En 1821 López se negó a conceder a Ramírez el permiso para cruzar su provincia con el objeto de luchar contra su aliado Juan Bautista Bustos en Córdoba y ello hizo que el entrerriano se lanzara a una guerra despareja contra sus ex aliados reforzados por fuerzas porteñas. El “Supremo Entrerriano” hallaría la muerte en Río Seco a manos de una partida de montoneros de López. Esos hombres quisieron hacerle un regalo al gobernador. Para ello le encargaron la tarea a Manuel Rodríguez quien luego extendió una factura cuyo original está en el Archivo de la provin­cia de Santa Fe y de allí lo rescató Félix Luna:

Pesos  
“Por doze pesos de estrato de Vino ratificado
12
Más de diez pesos de iodo alcanforado
10
Por veinte pesos de mi trabajo personal por las operaciones que he executado con la expresada Caveza, como son la del Trépano i demás Cirúrgicas cuyo valor es sumamente ínfimo como lo descontará qualesquiera Facultativo en el dicho Ramo
20
IMPORTA PESOS
42
Por manera que según la Cuenta que precede asciende esta a la cantidad de cuarenta y dos pesos y por ser así firmo el presente documento en la Ciudad de Santa Fe a 23 de julio de 1821.
Manuel Rodríguez.”

¿Para qué servía esta extraña fórmula? Nos lo aclara el encabezamiento:
“RELACION DEL GASTO OCASIONADO PARA PRESERVAR DE CORRUPCION LA CAVEZA DEL FINADO SUPREMO DE ENTRE RÍOS FRANCO RAMIREZ, EL QUE HE VERIFICADO POR MANDATO DEL GOBERNADOR SUBSTITUTO DE ESTA PROVINCIA.”
Estanislao López conservó la cabeza de su anterior aliado Fran­cisco Ramírez dentro de una jaula y son mentas que cuando recibía a algún montonero redomón la ponía sobre su escritorio.

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