Rosas
lunes, 30 de enero de 2023
Francisco de Miranda, el criollo UNIVERSAL: ¿precursor?, ¿cipayo?
Juan Domingo Perón y el Che Guevara
Por el Prof. Jbismarck
Es muy curiosa la visión actual del Che. Desde sectores ultraderechistas hablan de un furioso antiperonismo, de los sectores neoliberales de un personaje repudiable al igual que Perón y desde la izquierda como un revolucionario y ven a Perón como un viejo facho enemigo de las conquistas clasistas...EN REALIDAD EXISTIÓ UNA RELACIÓN ENTRE ELLOS. Ernesto Guevara (1928-1967) pasó por distintas etapas en su evolución política. Proviene de una familia burguesa antiperonista, con influencia de la izquierda liberal. Solo después de abandonar el país comprenderá que Perón conducía una lucha contra la oligarquía y el imperialismo y que en el campo social promulgara leyes de protección de los trabajadores. Durante los últimos años de su carrera de medicina Ernesto realiza varios viajes por la Argentina y su primer viaje por América latina con Alberto Granado. También durante algunos meses trabajó de enfermero de YPF, en la marina mercante argentina, recorriendo los puertos más importantes de América latina. Uno año después del segundo gobierno del General Perón en 1953, con el título de médico bajo el abrazo, decide realizar junto a su entrañable amigo Carlos “Calica” Ferrer, su segundo y definitivo viaje que lo convertiría en el Che. En carta a su madre del 20 de junio de 1955 (cuatro días después del salvaje bombardeo a la Plaza de Mayo que había dejado medio millar de muertos), Guevara se adelanta a los tiempos, califica a esos: “mierdas de los aviadores que después de asesinar gente a mansalva se van a Montevideo a decir que cumplieron con su fe en Dios” luego continua con estas palabras “matarán a cientos de “negros” por delito de defender sus conquistas sociales” También le dirá: "La caída de Perón me amargó profundamente, no por él sino por lo que significa para toda América (…) Estarás muy contenta, podrás hablar en todos lados con la impunidad que te da el pertenecer a la clase en el poder".
John William Cooke, "el gordo", líder de la izquierda peronista, exiliado en Cuba, había convencido al Che de que ningún proyecto revolucionario era viable en Argentina sin el apoyo del general Perón, quien contaba con la idolatría de los sectores populares. Guevara tuvo dos encuentros con Perón, ambos en puerta de Hierro, el primero en 1964 y el otro en 1966, antes de la experiencia boliviana. Enrique Pavón Pereyra dice que al recibirlo la situación de asilado del General no era muy cómoda, (era vigilado por Franco) así que evitaba recibir abiertamente a políticos de izquierda porque después venían las protestas y las amenazas de expulsión. Así sucedió, por ejemplo, cuando recibió al chileno Allende, entonces senador por el socialismo. Durante la entrevista le contó a Perón su plan de insurgencia en el Alto Perú. Perón se mostró sorprendido y al principio no le creyó, o se hizo el que no le creía. 'Esto va en serio' dijo el Che, y dio los detalles de la operación. El general le dijo "Yo conozco bien la zona porque allí cursé el segundo año de la instrucción militar que hicimos en Brasil, en Bolivia y en Chile", le dirá y luego pronosticará con dramatismo: "Disculpe, Comandante, que sea franco con usted, pero usted en Bolivia no va a sobrevivir. Es contra natura. Suspenda ese plan. Busque otras variantes". Luego de algunos segundos de silencio agregó, grave: "No se suicide". Perón le dijo que no estaba en condiciones de darle una ayuda formal del Movimiento Justicialista mientras las acciones se desarrollaran en territorio boliviano, pues las circunstancias no favorecían que comprometiese en una operación internacional a un partido debilitado como el suyo que debía enfrentar la proscripción a que lo habían condenado las dictaduras militares de la Argentina. Cuando la acción del Che se trasladase a territorio argentino, entonces podría contar con el peronismo. Mientras, prometió, no se opondría a quienes por voluntad propia quisieran participar del foco boliviano". Pavón Pereyra: "Perón me mostró una foto dedicada de Cooke vestido de guerrillero cubano, seguramente se la habría entregado el Che, y me comentó: 'Este hombre ha dejado de ser peronista'". Perón y el Che disentían en la metodología y la estrategia: Perón era esencialmente un político dotado y había incorporado a su proyecto a la mayoría de los sectores del trabajo argentinos en una amplia alianza policlasista con el objetivo de alcanzar sin mayor violencia la meta de una patria económicamente autónoma y políticamente independiente. El Che, en cambio, proponía una revolución socialista tan violenta como su enemigo a partir de su teoría del foco, es decir la instalación de estallidos insurreccionales limitados que promoverían una reacción en cadena que multiplicaría su poder de acción sin necesidad de trabajo de base previo. "Crear dos, tres… muchos Vietnam es la consigna". Enterado del asesinato del Che en La Higuera, Perón escribió desde la Quinta de Puerta de Hierro, en su exilio en Madrid: "Compañeros: Con profundo dolor he recibido la noticia de una irreparable pérdida para la causa de los pueblos que luchan por su liberación. (…) Hoy ha caído en esa lucha, como un héroe, la figura joven más extraordinaria que ha dado la revolución en Latinoamérica: ha muerto el comandante Ernesto 'Che' Guevara. Su muerte me desgarra el alma porque era uno de los nuestros, quizás el mejor: un ejemplo de conducta, desprendimiento, espíritu de sacrificio, renunciamiento. La profunda convicción en la justicia de la causa que abrazó le dio la fuerza, el valor, el coraje que hoy lo eleva a la categoría de héroe y mártir. He leído algunos cables que pretenden presentarlo como enemigo del peronismo. Nada más absurdo. Suponiendo fuera cierto que en 1951 haya estado ligado a un intento golpista, ¿qué edad tenía entonces? Yo mismo, siendo un joven oficial, participé del golpe que derrocó al gobierno popular de Hipólito Irigoyen. Yo también en ese momento fui utilizado por la oligarquía."
Sin embargo Perón deslizó algunas críticas sobre la estrategia guevarista. Así lo planteó a Ricardo Rojo, en respuesta al envío del libro Mi amigo el Che: "Sin cuanto usted nos informa de su paso por el Congo y muchas otras circunstancias, no sería fácil comprender que un hombre ya fogueado y experimentado en la guerra de guerrilla se haya encontrado en Bolivia en una situación tan precaria de medios y preparación. La 'guerra de guerrillas', al contrario de lo que algunos creen, es más vieja que mear en los portones, pues se practicaba en gran escala ya en la época de Darío II. Desde entonces, hasta la II Guerra Mundial de 1938-1945, no ha dejado de ser en algunos sectores y circunstancias, la forma de luchar". "Pero, como forma atípica de guerra, tiene sus exigencias originales, según sean las condiciones que la situación presenta. La empresa de Ernesto Guevara era, a la vez que temeraria, casi suicida". "El Che tuvo que desarrollar sus tremendas operaciones, sin más medios que su extraordinario valor personal y la firme decisión de vencer que le animaba como hombre de una causa. Sin embargo, cuando se opera contra fuerzas regulares especialmente preparadas para esa clase de lucha, tales virtudes no son suficientes; es preciso, por lo menos, contar con algo seguro en cuanto a fuerzas y medios de subsistir en medio tan inhóspito". "Personalmente creo que es un individuo brillante pero del lado equivocado. Tiene una conversación muy interesante y una obsesión por el comunismo muy marcada. Pretende reunir fuerzas no sé de dónde para 'liberar' nuestros pueblos americanos. Advertí en seguida que tiene clara su meta y es capaz de cualquier cosa. Este muchacho va a terminar muy mal según creo. Ya ve usted que hay de todo bajo las viñas del Señor".
viernes, 6 de enero de 2023
TUPAC-AMARU
sábado, 31 de diciembre de 2022
20 de Febrero de 1813: Batalla de Salta
Por Julio R. Otaño
El Ejército del Norte, al mando de los Generales Manuel Belgrano y Eustoquio Díaz Vélez, se enfrentó en los campos de Castañares del norte argentino a las tropas españolas del Virreinato del Perú comandadas por el brigadier Juan Pío Tristán. Sucedió el 20 de febrero de 1813, es conocida como la Batalla de Salta y El conflicto finalizó con la victoria de las Provincias Unidas del Río de la Plata. fue una de las victorias más importantes de la independencia argentina, los realistas se rindieron completamente. Por su parte, el General Manuel Belgrano acordó que el ejército vencido entregara sus armas, banderas e instrumentos, y juraran no volver a luchar contra la nueva patria naciente. A cambio, se les perdonaría la vida y una retirada en paz. 7 Días antes a orillas del río Pasaje, sus soldados juraron fidelidad a la bandera. Desde entonces el curso de agua pasó a llamarse Juramento. El 19 de febrero por la mañana estaba en la hacienda de Castañares. Se sentía enfermo. Sufría de fuertes dolores estomacales y tenía fiebre alta. Tenía preparado un carruaje por si el día de la batalla no pudiese montar.
Con un marco de una lluvia copiosa, Belgrano hizo la presentación de la bandera por él creada, que llevaba su ayudante Mariano Benítez. Por primera vez flamearía en el campo de batalla. Al comienzo de las hostilidades Eustoquio Díaz Vélez, al mando del ala derecha, fue herido de bala en el muslo izquierdo y debió ser reemplazado por el teniente coronel Manuel Dorrego. Belgrano le ordenó a Dorrego llevarse por delante al enemigo, pero sin cruzarse con el fuego de la artillería patriota, quien lo apoyó en un arrollador avance que hizo desbandar el ala izquierda española. Totalmente en caos, huyeron hacia la ciudad, perseguidos por los cuerpos de Dragones y Decididos de Salta. El centro realista quedó rodeado y tenía poca capacidad de maniobra por un profundo zanjón. Recibieron violentas cargas de Dorrego, de Forest y de Superí. También huyeron a la ciudad, abandonando la artillería. Los españoles irrumpieron en la ciudad, escondiéndose en casas particulares y en iglesias, y los soldados no hacían caso a las órdenes dadas por sus superiores. El combate había durado cerca de tres horas. Belgrano sorprendió con su decisión: decidió dejar en libertad a 2776 prisioneros. Les ofreció pasarse de bando y a los que se negasen, deberían jurar no volver a tomar las armas contra las armas de la Revolución. Quiso diferenciarse de los realistas en el trato al enemigo, a fin de ser bien recibido en el Alto Perú. Rechazó la espada que le entregó Tristán y lo abrazó delante de todos. Ordenó abrir una fosa común en el campo de batalla, donde fueron enterrados los muertos de ambos bandos. Muchos de ellos volverían a tomar las armas, ya que un obispo español no tardó en liberarlos de ese juramento. Cuando la noticia llegó a Buenos Aires, todo fue fiesta. Salvas de artillería, repiques de campanas, la ciudad estuvo iluminada tres noches seguidas y sin importar el primer día de cuaresma, se organizó un baile en plena plaza Mayor. Por sus resonantes victorias, el gobierno premió a Belgrano con 40 mil pesos, algo así como ocho kilos de oro. Dividió esa fortuna en cuatro para la construcción de cuatro escuelas a construirse en Tarija, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero. Tan entusiasmado estaba Belgrano que el 25 de mayo de 1813 elaboró un reglamento para dichas escuelas, en donde no dejó ningún detalle al azar. No llegaría a verlas. La de Tarija se construiría en 1974, la de Tucumán, en 1998 y la de Jujuy, en 2004, mientras que la de Santiago del Estero se habría levantado con fondos provinciales.
El saldo en las filas enemigas fue devastador. Quedaron cuatrocientos sesenta muertos en el campo de batalla, unos ciento treinta heridos y el resto del ejército realista había capitulado. Nunca se había logrado semejante resultado en una batalla por la Guerra de la Independencia. Fue entonces cuando se dio la situación que generaría tantas críticas. Belgrano autorizó que el enemigo se marchase con la condición de que sus jefes jurasen que no volverían a luchar contra el ejército de Buenos Aires. Además, los vencidos se comprometían a entregar el armamento y devolver a los prisioneros. También se determinó que partirían cuanto antes de Salta y de Jujuy. A los críticos, Belgrano les respondió que era muy fácil considerar opciones desde escritorios alejados del campo de batalla. Estaba convencido de que la mejor idea era que cada soldado regresara a su casa con una nueva percepción acerca de Buenos Aires y su ejército: los vencedores no eran demonios, no eran salvajes. Los porteños los trataban como hermanos. Tal vez también en esto se inspiró en Tacuarí. Porque Cabañas los tuvo a su merced y, a pesar de la ventaja, los dejó ir. Claro que en aquella oportunidad Belgrano cumplió su palabra. Pero en este caso, cuando Tristán reunió a los hombres en Potosí, les explicó que tenían el perdón del obispo y que el juramento que habían hecho no tenía ninguna validez. Por su parte, el virrey José de Abascal había dicho que la rendición no tenía ninguna validez porque sus generales carecían de autoridad para firmar ese tipo de armisticio. ¿Entonces Belgrano tendría que haberse quedado con ese grupo de prisioneros? ¿Sería posible con sus tres mil hombres mantener a otros tantos cautivos? Debía alimentarlos, vigilarlos, curarlos. Ya había descartado ejecutarlos. Igualmente menos de 300 (de un numero de 3000) no cumplió su juramento ese grupo se hacía llamar “El escuadrón de la muerte”. Porque estaba más que claro que cualquiera de ellos, en caso de ser tomado prisionero por Belgrano, sería ejecutado en forma inmediata. (en las invasiones inglesas tenemos el ejemplo de dennis Pack). Cabe hacer algunas consideraciones sobre la índole de la guerra que se estaba desarrollando en nuestra América, Levene sostenía con firmeza que América nunca fue una colonia de España, sino que sus partes eran provincias del imperio, reinos de ultramar, integrados por vasallos libres de la corona, como proclamo Isabel la Católica desde el Descubrimiento a los indios y luego súbditos, que tenían sus representantes en las Cortes o sea el Parlamento de España. Pero Roberto Marfany y luego Vicente Sierra sostienen que la guerra de la independencia, tanto en España como en América, fue una guerra civil, en la que se enfrentaron dos concepciones: la absolutista de Fernando VII y la liberal de la Junta de Cádiz y demás juntas constituidas. En ambos bandos había españoles y americanos. Prueba de ello es que el liberal General Pío Tristán, vencido en Tucumán y Salta, fue en su país, Perú, el último Virrey in pectore y Ministro de Guerra en el Perú independiente en el 1830. Igualmente, varios presidentes peruanos revistaron y combatieron en el ejército real en el sector liberal, y luego presidieron brillantemente la nación peruana, entre ellos La Mar, Castilla, Santa Cruz y Salaverry. El tremendo e inteligente esfuerzo de Manuel Belgrano logró en tan solo un año, sin recursos, sin apoyo del gobierno central, disciplinando y ordenando un ejército devastado, darnos bandera, victorias y territorio. Logrando asegurar el único movimiento revolucionario de América que tuvo continuidad y permanencia. El cual luego sería catapultado por San Martín. Salta fue el reaseguro de todo ese movimiento revolucionario, he ahí su gloria imperecedera
DON JOSÉ SIN CENSURA
Por ricardo Geraci
Mucho se ha escrito sobre el Libertador José de San Martín. Mucho sobre su vida y su empresa emancipadora con distintos criterios y desde distintas versiones. De hecho, inclusive, sus propias palabras se han tergiversado, quitándole o agregándole a sus famosas correspondencias con Guido, O'Higgins o Goyo Gómez, otros adjetivos que han modificado por completo la naturaleza de su mensaje y omitiendo trascribir los insultos o malas palabras que en un hombre como él, donde la figura de bronce oculta a la humana, se han tratado de evitar por la razón que fuere. Al manifestar desde el título de esta humilde reseña al Don José sin censura, intento -consultando parte de su epistolario y poniendo en medida su contexto- analizar sus preocupaciones, enojos o inclusive sus bromas, con el objeto de seguir en el camino de la comprensión haciendo un trabajo propio de evitar -la mano que mete el diablo- hacer (en lo posible) consideraciones subjetivas sean a favor o en contra del Padre de la Patria.
¿ERA HUMANO EL LIBERTADOR? Aunque parezca que aquí apele al sentido de ironía, en muchas lecturas me ha pasado que no he podido establecer ciertamente como un hombre habría podido cruzar ¡ocho veces! la cordillera de los Andes y sortear todo tipo de obstáculos, sin siquiera ver acabado y rendido su espíritu, ante tantas injurias (los porteños) y ante las enfermedades que padeció durante su gesta militar y su gesta política. Es realmente cierto que todavía una sombría aura de misterio rodea su imagen, ya que el incomprendido general ha manifestado con palabras y acciones, la iniciativa de -justamente- evitar tomar iniciativas por los bandos en pugna que derivaron en una extensa y sangrienta guerra civil. --- ¿ Como un hombre puede no tomar partido cuando de constituir una patria se trata? --- Mientras don José ponía de todo su genio militar y espíritu incansable en liberar del Reino de España a la nueva América, otros se dedicaban a juzgar al hombre anteponiendo a esa idea de patria libre, intereses económicos, políticos o ambos a la vez. Hay hechos que sus propios conceptos son indiscutibles o imposibles de disimular. Su contrariedad al desorden y la anarquía lo hizo un crítico de Artigas. También es cierto que ante las dificultades que el Directorio de Posadas y después Pueyrredón pusieron sobre su empresa, es que llegó a manifestar que era un menor mal, la invasión portuguesa a la Banda Oriental, por lo que veía dificultoso el abrir un frente en Montevideo. La versión mitrista escolar de nuestro pasado y la revisionista han buscado la manera de calzarle a San Martín un traje que el mismo nunca quiso ponerse. Mitre lo entronizó como un prócer de bronce utilizando la documentación necesaria para convencer a los argentinos del don José impoluto de caballo blanco. El Revisionismo hizo por caso un trabajo por sobre todo de investigación más profundo y en los resquicios de sus cartas (las de San Martín que es donde el Libertador se manifiesta) ha encontrado referencias interesantes, pero que también han sido sujetas y forzadas para amoldar el relato, a la figura de un San Martín federal. De mi parte (y soy consciente de ello) es injusto y hasta ridículo hacer valoraciones sobre las obras de historiadores brillantes y mucho más sobre una u otra corriente historiográfica, pero si aquellos que hoy sintetizan el pensar de una u otra en artículos o conferencias inclusive tergiversan a esos historiadores , no es más que una obligación poder expresar en función de esto, mis impresiones.
¿Será que en nuestra lógica de tomar parte, negamos la posibilidad de que la gloria se vista de imparcial? Veamos a continuación dos pasajes de cartas donde el insigne Libertador hace referencia a Artigas y en otra directamente le escribe al oriental y como San Martín en realidad evalúa los males y la posibilidad de lograr con éxito la liberación de América, haciendo todo lo que estaba a su mano, pero sin tomar partido ni por un sector ni por otro. Si bien ante la invasión portuguesa a territorio uruguayo fue San Martín que a Guido reconoce: "Yo opino que Artigas los frega completamente" para luego en vista de lo complejo del asunto y la conocida personalidad de don Gervasio, don José declara: "... a la verdad, no es la mejor vecindad ---pero hablándole a V. con franqueza--- la prefiero a la de Artigas: aquellos no introducirán el desorden y la anarquía, y éste si la cosa no se corta lo verificará en nuestra campaña." No parecen cambios de pareceres de tipo caprichosos. San Martín era un genio militar y el hombre con más previsiones tanto para la conformación del ejército, pertrechos, disciplina y demás asuntos, lo que en su meticulosidad, toda situación política le concernía y sus pensamientos debemos comprender, estaban por fuera de las consderaciones ideológicas o de los actos de justicia social. Aún así, San Martín compartía con los caudillos provinciales la idea de un ejército que avanzaría por tierra sobre Lima que en teoría la tomaría con un movimientos de pinzas completando su acción por mar. Por ello necesitó que las divisiones entre caudillos se arreglaran como fuera ya que si no toda su empresa "se la llevaría el diablo" como repetía en muchas ocasiones. Abocados los porteños en combatir a Artigas, relegando tropas, recursos y esfuerzos a la campaña de San Martín, es que el mismo general le escribe a don Gervasio con el objeto de impedir más enfrentamientos y divisiones. Lo que queda absolutamente probado, que don José hablaba con todos y su campaña Libertadora era su único plan a concretar: "Señor Don José de Artigas. Mi más apreciado paisano y señor: [...] Me hallaba en Chile, acabando de destruir el resto de maturrangos que quedaba y aprontando los artículos de guerra necesarios para atacar a Lima, cuando me hallo con noticias de haberse roto las hostilidades por las tropas de usted y de Santa Fe contra las de Buenos Aires: la interrupción de correos, igualmente que la venida del general Belgrano con su ejército de la provincia de Córdoba, me confirmaron este desgraciado suceso; el movimiento del ejército del Perú ha desbaratado todos los planes que debían ejecutarse, pues como dicho ejército debía cooperar en combinación con el que yo mando, ha sido preciso suspender todo procedimiento por este desagradable incidente; calcule usted, paisano apreciable, los males que resultan, tanto mayores cuanto íbamos a ver la conclusión de una guerra finalizada con honor y debido sólo a los esfuerzos de los americanos, pero esto ya no tiene remedio; procuremos evitar los que pueden seguirse y libertar a la patria de los que la amenazan..." Se puede notar entre las líneas que escribe a Guido y la extensa misiva a Artigas dos cuestiones en San Martín; con Guido goza de una confianza de hermanos, con Artigas y más allá de lo afectuoso que parece don José, no la tenía. En ambos casos, hay quienes determinan las palabras del Libertador sujetas a su relación con la Logia Lautaro o a intereses con los británicos. Lejos de consolidar la idea de un hombre con un solo objeto (el de liberar el continente) se proponen deducciones articulando el contexto como mejor les plazca. No se trata tampoco de sintetizar a San Martín dentro de sus acciones que son de gran interés para nuestro pasado, en un hombre parcial como el término asevera. Hay quienes también lo exponen directamente como un instrumento de la Logia Lautaro como cuando forma parte con Alvear -entre otros- de la Revolución de octubre de 1812, siendo que a la caída del Primer Triunvirato tropas de granaderos se hacen presente en la Plaza Mayor con el fin de -según ellos- "hacer conocer la voz del pueblo" y no como un soldado que recién llegado y con el ojo puesto en la organización de la campaña Libertadora, le es fundamental dejar en Buenos Aires un ejecutivo que responda a los intereses de la emancipación. Allí se sucede también la pregunta de porqué y para qué San Martín se obsesiona con la liberacion de España y no en proponer y custodiar un gobierno que le sea funcional a tal deseo. Por ello, los que señalan a Inglaterra como la verdadera hacedora del plan "libertador" se siguen convenciendo que toda empresa tiene que estar sometida al plan de los intereses conspirativos. No advierten en la posibilidad de un hombre con intereses genuinos y menos si este fue parte de una Logia que no tuvo para nada el objeto de funcionar como lo hacían las logias de la francmasonería, pero que por sólo ser parte de ella, se ponga en duda su filiación religiosa y por ende los objetivos de genuina y sincera emancipación.
EL HOMBRE COMÚN ¿Qué dirán los chicos en las escuelas si les enseñaremos cartas donde San Martín refiere a insultos?. En principio y lejos de toda duda, creo que estarian pudiendo ver algo del hombre de carne y hueso que fue, y no el cuadro que se cuelgan en las aulas donde el Libertador aparece como un santo inalcanzable. Ello también merece San Martín de ser divulgado desde nuestra contemporaneidad para tratar de lograr mejor comprensión sobre su obra. El general no fue un poeta, se sabe además que no era afecto al papel y la pluma, con su laborioso, querido amigo y ayudante en la campaña Libertadora Tomás Guido se pudo "soltar" y sin misterio sus miedos, broncas, decepciones y alegrías se manifestaban como cualquier ser humano lo haría. En la recopilación de sus cartas, actas, órdenes, etc que incluyeron diez tomos de los Documentos de Archivo de San Martín por la Comisión Nacional del Centenario de 1910 se cercenó todo aquello que hiciera ver al Libertador como un ser humano con sentimientos y vulgar fuera de sus compromisos, tratando de establecer su imagen al del "Santo de la Espada". En una ocasión y luego de pactar con Pueyrredón la campaña de Chile durante una entrevista en Córdoba, instruye a su amigo y colaborador principal Guido con ciertas cuestiones de la que como respuesta San Martín no recibe todo el explayamiento que él considera ante tal delicada situación frente a la guerra de la independencia, a lo que escribe exhasperante a Guido en varias ocasiones sin ruborizarse demasiado con las formas ante la negativa de la Logia en el traslado de Guido al lado de su jefe: "Su falta me equivale a un Batallón pues no tengo de quien fiarme, especialmente para las comunicaciones secretas y otras reservadas; y todo es preciso lo haga este hijo de puta" Tanto de esto como de ciertas semblanzas que hacía de alguna u otra manceba, lo hacen a San Martín un hombre íntegro. No tanto por sus cualidades y moral, o su apego a la libertad de los pueblos, independiente de sus ideas de como debía ser la forma de gobierno, sino por la sencillez de hombre mortal que hasta el dia de hoy nos cuesta debatir como si de un tabú se tratara. El general también a Guido llegó a referirse a una hermosa criolla como de "ojos mortíferos" o "apetitosa", pero esta cualidad de hombre común, no rechaza la virtud de hombre educado, estudioso y leído. Tampoco nada tiene que ver con el disciplinado general. Por ello también en él descansaban las ideas del odio hacia el desorden y la anarquía, responsable del saqueo a las fortunas o la presión social hacia los pobres. No concebía la idea de un país en donde uno no pudiera forjarse en paz. Justamente se quejaba de tener que abandonar su patria por el hecho de que en ella las pasiones operaban por y para un reguero de sangre infernal. Aún en la convulsionada Europa, don José encontraba un poco de previsibilidad que necesitó para vivir sus últimos años. Le dolía amar con el alma su tierra y que en ella lo considerasen un ambicioso oportunista. También es de una honestidad necesaria publicar algunos de sus dichos con respecto a la situación política de las Provincias Unidas, que fueron utilizados para exponer su figura a la de un entregador; "... nosotros no somos capaces de constituirnos en Nación por nuestros vicios e ignorancia y que es preciso recurramos [a] algún demonio extranjero que nos salve" Puede tomarse como un acto de hartazgo ante la imposibilidad de lograr un gobierno fuerte y el terror a la anarquía. De hecho, su propia orden a Medrano en la Asamblea que dio lugar al acta de Independencia, es categórica: Fuera de la dominación de CUALQUIER potencia extranjera.
Fuente heuristica: Cartas publicadas en Revista Des-Memoria abril año 2000 Dirección Unamuno, Miguel y Troncoso, Oscar
Pacho O' Donnell / Caudillos Federales
Vicente Fidel López / Historia Argentina Pdf
José María Rosa / Historia Argentina Edit Oriente
La Confederación Argentina contra el Estado Unitario de Bs As. Cepeda (1859)
Rosas y la población negra....
Por Omer Freixa
Durante su gobierno, Juan Manuel de Rosas mantuvo con los negros una muy buena relación. Las procesiones y otros actos gubernamentales contaron siempre con la presencia de ellos. Rosas siempre mantuvo una actitud amistosa hacia negros y mulatos. De hecho, muchos escapados del Brasil, le pidieron la libertad al Restaurador y los morenos lo veían con afecto por considerarlo libertador de los africanos. Los candombes, entre otras manifestaciones, mostraron las dimensiones del rosismo y un próspero momento entre los negros y el poder. El candombe, baile por antonomasia de los negros, tuvo su apogeo en la época rosista y se mantuvo en alza hasta su final, tras la batalla de Caseros, en 1852. Existen varias menciones sobre la importancia de los bailes de negros en el período. "El pueblo bajo, compuesto en buena parte por negros y mulatos, está conforme con Rosas como lo estuvo en la Roma de los Césares con Claudio, con Nerón o con Calígula" expresó un unitario contemporáneo: Valentín Alsina. La relación entre Rosas y sus seguidores morenos marcó a sus enemigos, los unitarios. Sarmiento, uno de sus más acérrimos críticos, señaló la importancia de esa relación: "Rosas se formó una opinión pública, un pueblo adicto en la población negra de Buenos Aires, y confió a su hija, doña Manuelita, esta parte de su gobierno. La influencia de las negras para con ellas, su favor para con el Gobierno, han sido siempre sin límites...".
Rosas, pragmático y
hábil, entendió desde temprano la conveniencia de movilizar a un sector
numéricamente importante, los negros, y para ello contó con la ayuda de su
influyente esposa, Encarnación Ezcurra, quien organizó candombes por cuenta
propia, por más que su marido la alentara, según lo atestigua una carta. En
ésta Rosas le escribe: "Ya has visto lo que vale la amistad de los pobres,
y por ello cuánto importa el sostenerla y no perder medios para atraer y
cultivar sus voluntades. No cortes, pues, su correspondencia. Escribe les
frecuentemente, mándales cualquier regalo sin que te duela gastar en esto. Digo
lo mismo respecto de las madres y mujeres de los pardos y morenos que son
fieles". Como se ve, el matrimonio
en el poder y su hija, Manuelita, tendieron un lazo muy fuerte con la
colectividad negra de la ciudad de Buenos Aires y esa relación quedó reflejada
en los candombes. Así lo entendió el Dr. Ramos Mejía al evocarlos como
"...algo así como las nupcias del amo con la plebe...'. En genuinos actos de provocación, Manuelita
bailaba con hombres negros suscitando el escándalo entre las filas unitarias,
como se plasma en la siguiente observación: "Y hela ahí danzando cuatro o
seis horas con ebrios, con asesinos y hasta con negros una vez. Danzando no los
bailes de la sociedad culta, porque eran unitarios, sino los bailes de la
plebe, con codos esos movimientos repugnantes y lascivos que llaman
'gracia'". Lo hacía al ritmo de las comparsas negras, las reuniones de las
"Naciones', comunidades de afrodescendientes de Buenos Aires. No obstante, haber recibido criticas y quejas
abiertas por eso, don Juan Manuel hizo oídos sordos. Por otra parte, tuvo varios defensores: en
1843, un partidario expresó en el diario oficialista La Gaceta: "El general Rosas aprecia tanto a los
mulatos y morenos que no tiene inconveniente en sentarlos en su mesa y comer
con ellos...". Los candombes, según
sus adversarios, mostraban la parafernalia del régimen rosista y probaban su demonización.
En ellos los negros sacaban a relucir las insignias federales rojas, la divisa
punzó. El baile despertaba los peores temores en los respetables blancos frente
a los excesos de los rosistas negros. Ramos Mejía, quien trazó un perfil
psiquiátrico de Rosas, escribió: "...la
extraña mascarada sugería el presentimiento de que serían aquellas pobres
bestias una vez enceladas por la acción de su chicha favorita o por el cebo
apetitoso del saqueo, consentido y protegido por la alta tutela del
Restaurador". La sensación que se repite en los testimonios es la de
miedo. Muchos percibían en los candombes el siniestro peligro de una invasión
de tribus africanas desnudas, un trasfondo ideal para la proliferación de la
lujuria y el crimen al ritmo del tambor. Esas fiestas, se argumentaba con
preocupación, alentaban la insumisión de los esclavos y eran interpretadas como
una transgresión muy seria a la tradición hispánica y católica. Saludo de
mujeres. Las esclavas negras del Buenos Aires se presentan con pancartas ante
Rosas.
¿Cómo eran los
candombes, los bailes populares, en época de Rosas? Comenzaban con loas al
Restaurador, versos escritos por los negros mismos o por sus propagandistas. Más
de 6.000 negros participaron del acto, según registran las fuentes. Juan
Manuel, Encamación y Manuelita presidieron el candombe, desde su posición de
reyes, acompañando a los jefes de cada uno de los tambos. jomada especial y demostración de las fuerzas populares. Incluso, en uno de los peores gestos de
provocación de los que se recuerda, Rosas utilizó a dos mulatos como
introductores de embajadores extranjeros, Biguá y Eusebio, dos
"locos" que lo entretenían en Palermo. Rosas se fundía entre la multitud, aunque al
comienzo se presentaba vestido con uniforme y revistaba las filas de alegres
bailarines. Más tarde se hacía ver como soldado, engañando y entreteniendo a
los negros que al comienzo lo veían desaparecer y, preguntándose dónde estaría,
luego lo reencontraban vestido como uno más, tras la pequeña broma. Finalmente,
se mostraba ataviado como paisano, y a caballo.
los negros temían dejar de contar con el apoyo de Rosas, pero eso no
aconteció; por el contrario, esas manipulaciones encubiertas mostraban que tras
el aspecto lúdico y la aparente disipación de las fronteras étnicas, había una
fidelidad digna, pero acompañada por una advertencia sobre su poder. Durante su
extenso gobierno, el candombe tuvo su momento de mayor difusión, tras varias
prohibiciones, como la de 1820. Rosas ordenó bailarlo hasta los domingos,
además de las fechas especiales en que ya se acostumbraba y reemplazó la
procesión cívica de días patrios por desfiles de negros. En suma, muchas veces
la ciudad devino una fiesta, porque tras cada victoria federal, desfilaron
bandas de músicos negros por sus calles. Además del candombe, los negros
gozaron de otras ventajas tangibles. Por ejemplo, se abolió el tráfico de
esclavos y fueron frecuentes donativos a las sociedades africanas de ayuda
mutua. La buena relación entre Rosas y sus adeptos negros también se mostró en
el servicio de las armas; si bien el servicio militar más de las veces no era
voluntario y el tiempo de conscripción se hizo muy prolongado (10 a 15 años),
los hombres de color respondieron de buen modo al llamado en defensa de la
Federación. Como en épocas pasadas, también Rosas contó con batallones formados
exclusivamente por negros: la Guardia Argentina y el Batallón Restaurador. Lo negro fue asociado con lo feo y por ello
los críticos del régimen atacaron a la esposa del Restaurador apodándola
"mulata Toribia". El año 1852
quedó registrado como una bisagra tras la derrota en Caseros, muchos volvieron
y se dispusieron a construir un país cuyo modelo mirara a Europa, pero no a la
tradición hispánica, ni mucho menos a la indígena o africana. La adhesión de los negros a Rosas tuvo varios
motivos pero no se pone en duda su autenticidad. Ahora bien, su participación
en las filas del caudillo afectó la reputación social de los de rostro de
bronce tras 1852. Para los unitarios, de
ahora en más dueños de la situación, los negros habían sido callados mientras
el rosismo quedaba como un recuerdo desagradable del pasado. El escritor José
Wilde lo resume así: "Vino el tiempo de Rosas que todo lo desquició, que
todo lo desmoralizó y corrompió, y muchas negras se revelaron contra sus
protectores y mejores amigos. En el sistema de espionaje establecido por el
tirano, entraron a prestarle un importante servicio delatando a varias familias
y acusándolas de salvajes unitarios; se hicieron altaneras e insolentes y las
señoras llegaron a temerlas tanto como a la Sociedad de Marzorca". Entonces, en el espíritu de la nueva era
inaugurada a partir de 1852 se quiso erradicar el pasado salvaje, con una
operación simbólica, derrumbando en 1899 el antiguo caserón de Rosas ubicado en
Palermo, nombre del barrio actual que coincide con el santo más venerado por
los negros de Buenos Aires. Así acabó el último vestigio del período de gloria
para los morenos en su relación con el poder, momento en que el negro se convertía
en poco más que un recuerdo difuso y horroroso del pasado.
Asunción, el “paraíso de Mahoma”.
viernes, 30 de diciembre de 2022
Mitre el golpista….su fracaso increíble en “la Verde”
Por el Prof. Jbismarck
La derrota electoral de Bartolomé Mitre en las elecciones de 1874 frente a Nicolás Avellaneda hizo estallar una revolución de su partido, con la excusa de que éste había triunfado gracias al fraude. El fraude había existido, pero lo habían usado ambos bandos y el propio candidato derrotado lo había utilizado casi siempre en el pasado. La fecha programada para la revolución era al día siguiente de la asunción de Avellaneda, ya que aceptaban como legal al gobierno de Sarmiento; pero como sus preparativos fueron descubiertos, se lanzaron a la rebelión antes de esa fecha. Poco después estallaba otra en San Luis y el sur de la provincia de Córdoba, dirigida por el general Arredondo. Rivas reunió casi 5500 hombres en el sur de Bs As. Pero las provincias que habían comprometido a apoyar al tísico (así lo llamaba Urquiza) especialmente Corrientes y Santiago del Estero, no se unieron a la revolución. El general Rivas, desde Tapalqué, siguió por Saladillo hacia Chivilcoy, siguió incorporando en el trayecto algunos contingentes con los que llegó a aumentar su numerosa tropa. Tomó hacia Las Flores, donde se le incorporó el cacique Catriel con 1.500 indios armados de lanza. Pero, ante la aproximación del coronel Luis María Campos, con una agrupación de las tres armas, que venía de Mercedes, aquel jefe rebelde, con su ejército insurrecto y golpista, se retiró hacia Rauch (S.), evitando una lucha. Entre tanto, el golpista general Mitre había desembarcado en Tuyú (70 Km. al este de Dolores) a fines de octubre, viniendo de Montevideo. Reunió allí algunas fuerzas y de todas ellas y de las de Rivas, asumió el mando en jefe en Médanos (al sur de Tuyú). Comenzó una marcha hacia el oeste para dominar algunos partidos de allí y buscar su reunión con Arredondo. Podían reunir casi 15000 hombres de lucha.
La Verde. El comandante José Inocencio Arias se dirigió a la Estancia de La Verde (40 Km. De Las Flores), porque tuvo noticias dé la presencia allí de una fuerza adversaria que esquivó la lucha. Estando en La Verde se enteró Arias de la aproximación del ejército de Mitre, en marcha al norte, perseguido por Julio Campos, y frente a fuerzas tan superiores, optó por improvisar un frente y ocupar posición con sus 800 hombres esperando el ataque del enemigo. En la madrugada del 6 de noviembre el Ejército Insurrecto rebelde, fuerte de 5.800 plazas, se ponía en marcha para atacar a ese adversario. Mitre habíase dispuesto en tres columnas; de infantes, la del centro, y de caballería las de las alas. Intimada su rendición a Arias, éste la rechazó. (5800 los insurrectos mitristas y 800 los defensores de la constitución) A algo más de un kilómetro del enemigo, Mitre detuvo su marcha y poco después tomó el dispositivo en círculo en el que la infantería está situada delante de la masa principal de la caballería. Adelantado el coronel Borges, comandante de la infantería, para intimar nuevamente rendición al jefe legal y no habiendo éste consentido en ella, empezó el combate con el ataque de la infantería mitrista. El fuego se hizo vivísimo desde un comienzo por ambas partes y con grandes bajas para el atacante sembrado de muertos y heridos, a causa de los Remington enemigos, arma que tenían en mucha cantidad los 800 legales, no así los mitristas insurrectos rebeldes. En ambos cuerpos caen varios jefes y oficiales; el mismo Borges rinde su vida. (estamos hablando del abuelo del luego famoso escritor George Luis Borges)- A pesar de las pérdidas, los atacantes se aproximan a la posición, pero sin que el fuego del defensor disminuya en intensidad y eficacia. Ocupando su posición, defendido por una palizada y por un foso de más de un metro de profundidad y otro tanto de ancho, y protegido además por la tierra extraída del foso, el atacado era sumamente fuerte y poco vulnerable, y sus fuerzas novicias sentían fortalecido el ánimo. Mientras en el combate la infantería actuaba como queda dicho, en el resto del frente tenían lugar episodios provocados por la caballería rebelde; por todas partes el ataque detenido o rechazado con fuertes bajas. A las 7 se había iniciado el combate y media hora después, según algunos, o a las 10 conforme a otros, la acción había terminado, cuando el general Mitre, viendo el triunfo imposible y ante la amenaza de los coroneles Campos, que se aproximaban, ordenó la retirada en dirección a 9 de Julio (noroeste). Mitre con su ineficacia había perdido 1.500 plazas. En el campo del combate habían quedado cerca de 300 y durante la noche del 28 desertaron más de 1.000 guardias nacionales. Las pérdidas de Arias no pasaron de cuarenta. Mitre capitula. — El general golpista y rebelde, batido su ejército y temiendo ser rodeado y atacado por los coroneles Campos, se retiraba. Arias, lo persigue, lo flanquea y hostiliza, reforzado durante el camino. En esos momentos (1ro de diciembre), Julio Campos llegaba a 9 de Julio y Luis María se aproximaba a Junín desde el este, en busca de los rebeldes para cortarles la retirada. Arredondo estaba aún en Mendoza y al general Mitre no le quedaban sino 2.500 hombres, pues el resto se le había desgranado en la retirada. Así, el 2 de diciembre, éste firma con Arias una capitulación en Junín, entregándole su espada y rindiendo sus armas todo el Ejército golpista y rebelde. El 14 de diciembre el jefe vencedor hacía BU entrada en la capital de la República con el 6 de infantería. A mediados de noviembre la escuadra legal, compuesta de cinco unidades, había perseguido a la de los sublevados (dos barcos) hasta el este de Maldonado (Uruguay) donde abandonó la caza. Pero el comandante Erasmo Obligado, con la Paraná, en la oscuridad, se dirigió a Buenos Aires, donde se rindió el 18 de noviembre. En esta, proeza de Arias se comprueban el valor y los resultados que pueden obtenerse con la defensa frente a un enemigo muy superior numéricamente, si se hace un hábil empleo del terreno y la fortificación, lo mismo que de las armas y los fuegos, y, sobre todo, de la influencia moral del jefe, si está resuelto a luchar y sucumbir, antes que rendirse — ya que esto es declararse vencido sin combatir — frente a una intimación. El jefe legal tuvo la decisión de vencer a pesar de la enorme inferioridad de sus efectivos. Se evidencia también en este lance táctico que sin artillería —Mitre había tenido que abandonar sus pocos cañones en el camino por el pésimo estado de éste y de sus caballos — y con un ejército con predominio de caballería, es decir-, de poca infantería, y ésta con armamento anticuado, es sumamente difícil conquistar una posición que debe ser ablandada suficientemente. Terminado el combate, vuelve a contrariar órdenes, al perseguir al vencido con fuerzas muy inferiores y a marchas forzadas, oportunidad en que su triunfo pudo transformarse en derrota, porque ahora podía producirse un combate en campo abierto, pero, bien explotado el éxito, consiguió rendir al vencido, supremo objetivo de la persecución. Al felicitarle por sus triunfos el mismo presidente Avellaneda reconoció que los había obtenido “procediendo por propia inspiración” y “guardando las instrucciones del gobierno en la valija”. La Verde fué vencida la agrupación principal de los revolucionarios; en Junín se rendía poco después el general Mitre con todas sus fuerzas; la cañonera defeccionada se había entregado a la autoridad; los revolucionarios de Corrientes se disolvían; López Jordán no había invadido, tal vez por todo esto; en cuanto a las tropas de Taboada, en presencia de los reveses en el resto del país, eran licenciadas sin combatir; y finalmente, los rebeldes que operaban en Cuyo eran igualmente vencidos en la segunda Santa Rosa. El consejo de guerra a que fué sometido el general Mitre y demás jefes sublevados, condenó al primero a ocho años de destierro (tendría que haber sido fusilado…como él lo hizo con gerónimo Costa), pero Avellaneda, en procura de la paz interna y de la conciliación, dispuso su amnistía y las de los jefes y oficiales, y su reincorporación al ejército en mayo de 1877. Arias fue premiado con el ascenso a coronel; llegaría a ser general y gobernador de la provincia de Buenos Aires. La carrera política de Mitre pasó a un franco segundo plano desde entonces, convertido en una especie de leyenda histórica viviente, que distintos grupos usaron para sus propios fines; pero nunca realmente volvió a reunir apoyos personales tan importantes como hasta esa fracasada revolución. En cuanto a Rivas, su carrera llegó ese día a su fin, y moriría seis años más tarde en un cargo administrativo secundario.sábado, 24 de diciembre de 2022
Masonería en el Cementerio de Recoleta: las "confesiones" de los muertos sobre quiénes fueron en vida
El Cementerio de la
Recoleta es algo más que una simple necrópolis de las familias
patricias argentinas. Durante sus
dos siglos, logró albergar varias historias urbanas y una gran cantidad de
símbolos enigmáticos, en su gran mayoría, masones que
ocultan un gran significado y que pueden considerarse un “mensaje” de los
muertos sobre quiénes fueron en vida. El Cementerio de la Recoleta se inauguró un 17 de
noviembre de 1822, por lo que está cumpliendo este jueves 200 años; la hermandad, por otro lado,
está presente en Argentina desde el siglo XVIII, razón por la cual varias de
las tumbas de las personas que marcaron la historia del país presentan algún
tipo de simbología que refiere a esta logia.
Sin embargo, más
allá de la logia de los Masones en
Argentina y la simbología que pueda llegar a haber en cada una de las tumbas de
los referentes de esta agrupación que descansan en Recoleta, estos símbolos “provienen de orígenes y
circunstancias anteriores a la masonería,
organización que los tomó y los usó de acuerdo con su propio criterio”, según el especialista en
simbología Daniel Pena. En ese sentido, cada uno de estos emblemas
“aglutinan conocimientos y sabiduría ancestral” y están presentes a lo largo y
ancho de todo el cementerio.
Entre algunos de los referentes masones que
descansan en Recoleta se encuentran: Sarmiento, Mitre, Carlos Pellegrini, Pierre Benoit,
Roque Sáez Peña, Roque Pérez, Julio A. Roca, José Figueroa Alcorta, Victorino
de la Plaza, M. T. de Alvear, Valentín y Adolfo Alsina, Salvador M. del Carril
según indicó
Pena. Por esto mismo, en sus tumbas pueden apreciarse estos
símbolos que actúan como un “mensaje” de quiénes fueron en vida y qué creencias
tenían. “Es como si
fuera una necesidad de transmitir este meta mensaje para que muchos se enteren
de verdad de lo que pensaban, lo que sentían y lo que creían las personas en
vida, pero confesándose
abiertamente después de la muerte”, aseguró el especialista en simbología.
La placa de los Masones en honor a Sarmiento.
Como parte de
estas “confesiones”, Pena contó que los signos “exclusivamente” masones que se
encuentran en el Cementerio de la Recoleta son una letra acompañada por tres
puntos, en forma de triángulo o escuadra y el compás, algunas veces acompañados
por la letra “G”. Mientras que el primero funcionaba como un “código de encriptación, reservado
solamente para las personas que puedan interpretarlo”, el segundo es el emblema de
la Gran Logia, que representan la sabiduría y la letra que alude al “Gran
Arquitecto del Universo”. Benoit.
Esos símbolos
pueden verse, por ejemplo, en la tumba del agrimensor e ingeniero argentino
Pedro Simón del Corazón de Jesús Benoit, puesto que puede verse la escuadra y el compás
debajo de su busto. Por otro lado, en la tumba de la Logia de Obediencia
de la Ley, que nuclea las hermandades de todo el país, es una de las que más
símbolos ofrece, ya que, según destacó Pena, presenta el símbolo de los tres puntos, la
escuadra y el compás, acompañados por la G, así como también el búho, símbolo
de prudencia.
Otros de los emblemas que
pueden encontrarse son la serpiente que se come su propia cola, que refiere a
la circularidad del tiempo y el reloj de arena con alas, que simboliza la
eternidad.
Existe una creencia popular
que indica que los ideales masónicos están vinculados al satanismo y el hecho de que estos símbolos estén
presentes en un cementerio alimenta esta teoría. Sin embargo, el especialista en simbología aclaró que
es simplemente una “creencia”, que se originó tras una “campaña de desprestigio
iniciada en el siglo XIX”.
“No hay ninguna práctica satánica dentro
de la masonería no se realizan sacrificios de animales y de personas o de lo
que fuera no se hace ninguna acto violento en contra de determinada creencia religiosa
por sobre todas las cosas no se habla mal de las creencias religiosas, ni de
las ideas políticas partidarias democráticas, si se puede hacer una condena
expresa de las ideologías totalitarias, los extremismo de izquierda o de
derecha este tan comunes en muchas partes y en muchas circunstancias de la
evolución”, sostuvo.
En síntesis, el
Cementerio de la Recoleta es mucho más que un emblema y punto turístico de la
Ciudad de Buenos Aires, sino que también es un cofre de “confesiones” de los muertos
que descansan en él sobre quiénes fueron en vida.
