Rosas

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lunes, 16 de diciembre de 2019

Una semblanza de Pancho Ramírez

Alejandro Gonzalo García Garro.

Francisco Ramírez nació en 1786, un 13 de marzo en el pueblo de Arroyo de la China ya llamado entonces Concepción del Uruguay. Hijo de Juan Gregorio Ramírez y de doña Tadea Jordán. No se le conoce su estampa, su figura. El retrato más conocido del caudillo es el que se encuentra en el salón de los Gobernadores de la Casa de Gobierno de Entre Ríos, en nuestra Paraná. Este muestra la figura de un militar muy napoleónico, de uniforme con charreteras y bordados en oro, con un rostro poblado por decorativas patillas. En rigor de verdad, la hermana de Francisco Ramírez, modeló para el pintor ese retrato por su notable parecido. Pero su figura verdadera no se la conoce, algunos dicen que era alto y rubio otros achinado y retacón. En fin, mucho se dice de Pancho Ramírez pero poco se conoce y la Historia no mucho nos cuenta. Acá va una breve semblanza…

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“Compatriotas: Imitad tan noble entusiasmo para entrar con nosotros al templo del honor, de la gloria, de la inmortalidad. La señal está dada, yo marcharé al frente de vosotros y dirigiré vuestros pasos a un feliz destino. Marchemos al Sud que es llegado el día glorioso de su felicidad.” Francisco Ramírez.
Jorge Abelardo Ramos afirma en “Revolución y contrarrevolución en Argentina” que era descendiente del Marqués de Salina, don Juan Ramírez de Velazco, conquistador y fundador de ciudades, gobernador de Salta y Tucumán. Y añade: “Cabalgador mancebo, con la sangre guaraní dibujándole el rostro anguloso y viril, montado con gracia nativa en un alazán hermosamente puesto, Ramírez, no era justamente el bárbaro de la leyenda porteña.
No fue Ramírez un aprendiz de carpintero como dijo Vicuña Mackenna, ni “chusquero”, como afirma Andrade y muchos menos “caudillo bárbaro” según expresión de Vicente Fidel López, fue un caudillo caballeresco, capaz de concebir ideas y desarrollarlas, organizador por instinto, se recomienda en la historia de nuestra revolución social como el caudillo de mas carácter y disciplina en su ejercito”.
Su madre enviuda y casa en segundad nupcias, alumbrando así a sus medios hermanos, uno de ellos es José Ricardo López Jordán, su compañero de lucha y padre del que fuera mas tarde Ricardo López Jordán, el gran caudillo nacional del federalismo entrerriano.
La figura de Francisco Pancho Ramírez ha despertado polémica entre los historiadores. Se debate el significado político de Ramírez en la historia Argentina, su encontrada relación con Artigas, su trascendencia luego de Cepeda, su temeridad sin límites. No obstante a tanto desacuerdo entre los investigadores, se pueden descubrir dos afirmaciones que parecen ser incuestionables: su capacidad militar y su hombría de bien en la guerra.
Sus cualidades militares han sido juzgadas por una autoridad inapelable. El unitario General Paz, militar de carrera y brillante estratega, afirma en sus “Memorias”: “No está de más advertir que el General Ramírez fue el primero y el único entonces de esos generales caudillos que había engendrado el desorden que puso regularidad y orden en sus tropas. A diferencia de López y Artigas estableció la subordinación y adoptó los principios de la táctica, lo que le dio una notable superioridad”.
Y, en medio de las tremendas luchas que llevó, jamás cometió un atropello, no incurrió en crueldad, en codicia o prepotencia. Rasgo éste, curioso y excepcional en las costumbres de la época. En este punto sí, están de acuerdo todos los cronistas.
El escritor Aníbal Vásquez, un especialista en la vida y gesta del caudillo, en su obra “Ramírez” expresa:
“En su intensa actuación, nada hay que sugiera el convencimiento de que Ramírez se hubiera comportado como un bandolero y un sanguinario, según se ha pretendido para desmerecerlo ante la posteridad. Por eso hemos dicho que ha sido el caudillo más organizador y el de mejores sentimientos. No se extasió con la sangre de sus víctimas, ni asoló ciudades concediendo licencias inauditas a sus tropas, ni asesinó, ni ejercitó la venganza, prodigando por el contrario su generosidad a los enemigos”. Y continua luego comparándolo con otros caudillos de la época: “ No puede encontrarse en su actuación militar nada que ensangriente el resplandor de sus prestigios: ni la desoladora invasión a Santa Fe por el general Viamonte, ordenada por el Directorio; ni el incendio de los ranchos en Rosario dispuesto por Balcarce; ni las atrocidades de Artigas, ni las notas rojas de ese atormentado de Miguel Carrera; ni los actos de bandolerismo de Estanislao López; ni el fusilamiento de Dorrego; ni la inhumanidades de Oribe....”
Su deslumbrante carrera duró solo tres años. Fueron solamente tres fugaces años en que se difundió el nombre de Pancho Ramírez por las Provincias Unidas.
Sus años de juventud no han quedado bien establecidos, algunas historias lo dan como correo de Artigas en los primeros momentos del levantamiento de la campaña Oriental Otras versiones lo presentan como prisionero de los realistas en la ciudadela de Montevideo. Lo que sí nadie duda es que en 1811 Francisco Ramírez, entra en la crónica histórica: figura encabezando la insurrección de Entre Ríos contra la dominación española en la zona de Arroyo de la China.
Luego participa en las luchas insurgentes contra españoles y en la resistencia contra el portugués a las órdenes de Artigas. Desde entonces, a partir de 1813, estará vinculado a Artigas, del cual fue virtualmente su delegado en Entre Ríos.
En las luchas contra los dictatoriales porteños se alinea primero con Hereñú. Pero, cuando éste defecciona a la causa artiguista y se alía con el porteño invasor, Ramírez levanta la bandera de fidelidad al Protector de los Pueblos Libres.
Casi solo, Artigas no podía ayudarlo ocupado en resistir la invasión portuguesa a la Banda Oriental, cae una y otra vez sobre las tropas porteñas invasoras derrotándolas sin darle tregua: Santa Bárbara y el Saucecito son dos victorias arrolladoras contra las tropas del puerto de Buenos Aires.
Estas campañas y acciones guerreras, sus condiciones innatas de conductor, su juventud afanosa, así mismo como la imposición de los hechos, convierten a Francisco Ramírez a partir de 1818 en el puntal básico del artiguismo en el litoral argentino.
Ese mismo año 1818, cumpliendo instrucciones de Artigas, invade Corrientes, para evitar el vuelco de la situación local a favor del Directorio, que había intrigado para deponer al delegado del Protector en la provincia. Cumple el cometido con éxito, reponiendo al mandatario y frustrando así los planes de los porteños de sustraer las provincias del litoral de la influencia artiguista.
Contemporáneamente destaca a su hermanastro Ricardo López Jordán, en auxilio de Estanislao López gobernador de Santa Fe amparado en el protectorado de Artigas que en esos momentos soportaba una segunda invasión porteña.
A esta altura, Ramírez ya estaba en condiciones, políticas y militares de tomar la ofensiva en esa larga guerra contra el Directorio. El régimen cuyas intrigas monárquicas, cuyo centralismo y permanente contubernio con el portugués era repudiado por los pueblos. Ramírez, conjuntamente con López, en ese momento histórico, asumirá tácitamente la representación de los pueblos interiores en esta confrontación contra el poder porteño.
Le espera todavía su hora más gloriosa en Cepeda, su irrupción en la historia más polémica en el enfrentamiento con Artigas, su romántica relación con la Delfina y su legendaria muerte…

1 comentario:

  1. Un gran héroe, sin Cepeda llevaríamos 200 años de ser parte de la corona británica

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